Auroras boreales: ¿el espectáculo más fascinante del cielo puede representar un peligro para los viajeros?

Cada año, miles de turistas viajan a Islandia, Noruega, Finlandia y otros destinos cercanos al Ártico para contemplar las auroras boreales. Aunque estas luces no representan un riesgo directo para quienes las observan desde tierra, las tormentas solares que las producen pueden afectar los vuelos, los sistemas GPS y las comunicaciones. Qué dice la ciencia y cuáles son las precauciones que conviene conocer.

Las auroras boreales se convirtieron en uno de los grandes atractivos del turismo de naturaleza. La posibilidad de contemplar enormes cortinas de luces verdes, violetas y rojizas que se desplazan por el cielo nocturno atrae cada temporada a viajeros de todo el mundo hacia las regiones próximas al círculo polar ártico.

Islandia, el norte de Noruega, la Laponia finlandesa, Suecia, Alaska y el norte de Canadá se encuentran entre los principales destinos para quienes buscan vivir esta experiencia. Sin embargo, detrás de la belleza del fenómeno existe una actividad solar que, en determinadas circunstancias, puede provocar perturbaciones tecnológicas y aumentar la exposición a radiaciones a gran altitud.

Un artículo publicado por la revista francesa Ça m’intéresse el 16 de octubre de 2026 plantea una pregunta que rara vez aparece en las recomendaciones turísticas: ¿pueden las auroras boreales resultar peligrosas para la salud?

La respuesta científica es tranquilizadora para la gran mayoría de los visitantes. El espectáculo luminoso es inofensivo cuando se observa desde la superficie terrestre. Los riesgos potenciales están relacionados con la actividad solar que puede acompañarlo, especialmente sus efectos sobre la aviación y las infraestructuras tecnológicas.

Por qué se producen las auroras boreales

Las auroras aparecen cuando partículas energéticas, canalizadas por el campo magnético terrestre, interactúan con los gases de las capas superiores de la atmósfera.

El proceso provoca emisiones de luz de diferentes colores. El oxígeno es responsable de buena parte de los tonos verdes y de algunos rojos, mientras que el nitrógeno contribuye a las tonalidades azules, violetas y rosadas.

El fenómeno se produce generalmente a más de 80 kilómetros de altitud, muy por encima de los niveles a los que vuelan los aviones comerciales.

Las auroras pueden intensificarse durante las tormentas geomagnéticas, provocadas por perturbaciones de la magnetosfera terrestre asociadas con la actividad del Sol. Cuando las condiciones son particularmente intensas, las luces pueden observarse en latitudes mucho más bajas de lo habitual.

Estas tormentas no deben confundirse con las auroras en sí mismas: las primeras pueden afectar sistemas tecnológicos, mientras que las segundas son su manifestación visible en la atmósfera.

¿Existe algún peligro para quienes viajan a verlas?

Para quienes contemplan las auroras desde el suelo, no existe evidencia de un riesgo sanitario significativo asociado con su observación.

La atmósfera y el campo magnético de la Tierra funcionan como barreras protectoras frente a gran parte de la radiación procedente del espacio. Las luces que se observan en el cielo no son radiaciones peligrosas que lleguen directamente a los espectadores.

De acuerdo con la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA), las auroras constituyen un efecto inofensivo de las interacciones entre las partículas solares y la atmósfera terrestre.

Por eso, los principales riesgos para los turistas son mucho más convencionales: exposición al frío intenso, superficies congeladas, desplazamientos nocturnos por caminos poco iluminados y condiciones meteorológicas adversas.

En las excursiones organizadas, resulta especialmente importante contar con ropa térmica adecuada, seguir las indicaciones de los guías y evitar desplazarse hacia lugares aislados únicamente para conseguir una fotografía.

El verdadero riesgo está en los vuelos polares

Aunque observar una aurora desde tierra no representa un peligro, la situación es diferente cuando se considera la aviación a gran altitud.

Durante tormentas solares especialmente intensas, las partículas energéticas pueden aumentar la exposición a radiaciones ionizantes en determinadas rutas aéreas, especialmente aquellas que atraviesan las regiones polares.

Los pasajeros ocasionales no deberían interpretar esto como una amenaza habitual para su salud. La cuestión preocupa principalmente por la exposición acumulada de pilotos y tripulantes, que pasan muchas horas volando, y por los episodios extraordinarios de actividad solar.

La Administración Federal de Aviación de Estados Unidos (FAA) publicó en julio de 2026 una actualización de su informe sobre exposición ocupacional a radiaciones ionizantes. El documento explica que la radiación cósmica aumenta con la altitud y la proximidad a los polos magnéticos, y que ciertos acontecimientos solares poco frecuentes pueden incrementar las dosis recibidas durante un vuelo.

En determinadas circunstancias, las aerolíneas pueden modificar o desviar las rutas polares para reducir riesgos y preservar las condiciones operativas.

Cómo pueden afectar las tormentas solares a los viajes

El problema más importante para el turismo no está necesariamente relacionado con la salud, sino con el funcionamiento de sistemas tecnológicos esenciales.

Las tormentas geomagnéticas intensas pueden modificar las condiciones de la ionosfera, una capa de la atmósfera por la que atraviesan numerosas señales de comunicación y navegación.

Esto puede provocar interferencias en las comunicaciones por radio de alta frecuencia, reducir temporalmente la precisión del GPS y afectar ciertos sistemas satelitales.

En la aviación, estas perturbaciones pueden obligar a modificar procedimientos de navegación, cambiar rutas o introducir demoras. La FAA señala que las comunicaciones de alta frecuencia utilizadas en vuelos polares y oceánicos son especialmente sensibles a determinados episodios de actividad solar.

Los efectos también pueden alcanzar a las redes eléctricas. Uno de los antecedentes más conocidos ocurrió en Quebec, Canadá, en marzo de 1989, cuando una tormenta geomagnética provocó un apagón que dejó a millones de personas sin electricidad durante varias horas.

Para un viajero, esto significa que una tormenta solar excepcional podría generar complicaciones indirectas en transportes o servicios, aunque la probabilidad de experimentar personalmente un episodio grave sigue siendo baja.

Northern Lights Forecast in Tromsø | Tromsø App

Dónde viajar para ver auroras boreales

Tromsø (Noruega)

Uno de los centros más conocidos de turismo de auroras boreales, con excursiones nocturnas y paisajes de fiordos y montañas.

Northern Lights in Finnish Lapland: Complete Aurora Guide

Laponia finlandesa

Combina alojamientos especializados, bosques nevados y experiencias invernales con observación del cielo.

Islandia

Discover whales, arctic lakes, and myths on iceland’s arctic coast way | National Geographic

Sus paisajes volcánicos y espacios abiertos permiten buscar las luces lejos de la contaminación lumínica.

Abisko (Suecia)

Un destino reconocido por sus posibilidades de observación del cielo nocturno y su entorno natural.

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La temporada de observación suele extenderse desde fines de agosto o septiembre hasta marzo o abril, según la región. Las noches largas favorecen la experiencia, aunque también es indispensable que el cielo esté despejado.

La actividad solar influye en la intensidad de las auroras, pero no garantiza su aparición en una fecha determinada. Por eso, los operadores suelen recomendar pasar varias noches en el destino para aumentar las posibilidades de contemplarlas.

¿Conviene viajar durante una tormenta solar intensa?

Una mayor actividad geomagnética puede favorecer auroras más brillantes y extensas. Sin embargo, una tormenta solar no es una garantía de espectáculo ni una razón para exponerse a condiciones meteorológicas peligrosas.

Para los turistas, las principales recomendaciones siguen siendo elegir la temporada adecuada, consultar el pronóstico meteorológico, buscar lugares con poca contaminación lumínica y contratar excursiones responsables cuando no se conoce la región.

También resulta útil seguir las previsiones de actividad geomagnética, como las publicadas por el Centro de Predicción del Clima Espacial de la NOAA, que permiten conocer las condiciones previstas.

El crecimiento del turismo de auroras demuestra que estos fenómenos naturales despiertan una fascinación cada vez mayor. Y aunque las tormentas solares recuerdan que la Tierra forma parte de un entorno espacial dinámico, la ciencia permite separar los riesgos reales de los temores infundados.

Para los viajeros que observan auroras desde el suelo, el principal desafío continúa siendo el frío y no la radiación solar. La verdadera vulnerabilidad se encuentra en algunos de los sistemas tecnológicos que hacen posibles nuestros desplazamientos.