Bodie Creek, el puente colgante de las Malvinas que lleva un siglo suspendido sobre un arroyo en medio de la estepa

En un paisaje de pastizales, viento y estancias ganaderas de la isla Soledad se conserva una de las obras de ingeniería más singulares de las islas Malvinas. Construido en 1925 para facilitar el traslado de ovejas, el puente colgante Bodie Creek es considerado uno de los más australes del planeta. Hoy está clausurado y su deterioro amenaza con hacer desaparecer un patrimonio histórico poco conocido.

En el extremo austral del Atlántico Sur, lejos de las grandes ciudades y de las rutas más transitadas, un puente de acero se extiende sobre un curso de agua en medio de las llanuras de la isla Soledad, en las Malvinas. Su estructura, sostenida por cables y torres metálicas, contrasta con el paisaje de pastizales y suaves colinas que caracteriza a esta región del archipiélago.

Se trata del puente Bodie Creek, construido hace poco más de cien años y considerado uno de los puentes colgantes más australes del mundo. Aunque dejó de utilizarse en 1997, todavía constituye un testimonio de la historia ganadera de las islas y de las soluciones de ingeniería que hicieron posible desarrollar actividades productivas en un territorio aislado y de condiciones climáticas exigentes.

Situado en la región de Lafonia, al sur de las localidades de Pradera del Ganso y Puerto Darwin, el puente tuvo durante décadas una función estrictamente práctica: permitir que grandes rebaños de ovejas cruzaran el arroyo Bodie sin necesidad de realizar largos rodeos por terrenos difíciles.

Un puente construido para las ovejas de las Malvinas

La historia de esta estructura comenzó en 1922, cuando la Falkland Islands Company proyectó concentrar las actividades de esquila de distintas explotaciones ganaderas en Pradera del Ganso. Para conseguirlo, necesitaba resolver un problema: el arroyo Bodie interrumpía el paso directo de las majadas provenientes del sur de Lafonia.

La solución fue encargar un puente colgante a la empresa británica David Rowell & Co., especializada en estructuras metálicas. Las piezas fueron fabricadas en Londres y transportadas en barco hasta las islas, donde se ensamblaron en condiciones considerablemente más difíciles que las de una obra convencional.

La construcción comenzó en octubre de 1924 y la estructura principal quedó terminada en julio de 1925. Los caminos de acceso se completaron en octubre de ese año, lo que permitió inaugurar el paso a tiempo para la temporada de esquila.

El ingeniero Charles P. Peters dirigió los trabajos con un pequeño equipo de operarios, que debió construir las bases, instalar los cables y montar el tablero utilizando recursos mecánicos limitados. El costo del puente fue de 2.281 libras esterlinas de la época.

Una pequeña obra de ingeniería en el Atlántico Sur

Fuente: Falkland Islands Museum & National Trust. Las dimensiones están convertidas de pies a metros.

El puente tiene una luz principal de 400 pies, equivalentes a unos 122 metros, y un tablero de aproximadamente 2,44 metros de ancho. Está sostenido por cuatro cables de acero que pasan sobre dos torres de unos doce metros de altura.

Algunas publicaciones indican que su longitud total ronda los 150 metros, pero esa cifra puede incluir partes de los accesos. La documentación histórica del museo de las islas establece que el tramo suspendido propiamente dicho mide unos 122 metros.

En una época en que la mayoría de los cruces rurales se resolvían mediante vados o estructuras sencillas, Bodie Creek representó una solución de ingeniería excepcional para la región. También demuestra hasta qué punto la ganadería ovina condicionó las infraestructuras y los caminos del archipiélago durante el siglo XX.

De paso ganadero a patrimonio histórico en peligro

Durante más de siete décadas, el puente permitió reducir las distancias entre las áreas de pastoreo y los establecimientos de esquila. Pero el paso del tiempo, la exposición permanente al viento y la humedad, y las dificultades de mantenimiento terminaron deteriorando la estructura.

En marzo de 1997 fue cerrado al tránsito y dejó de cumplir su función original. Actualmente presenta un deterioro importante, particularmente en el tablero y otros componentes, por lo que no está habilitado para cruzarlo.

El Falkland Islands Museum & National Trust ha advertido sobre la necesidad de conservarlo, aunque reconoce que las tareas de restauración resultarían complejas y costosas. Sin una intervención adecuada, existe el riesgo de perder uno de los testimonios más singulares de la ingeniería histórica del archipiélago.

Cómo conocer el puente Bodie Creek

Para quienes visitan las Malvinas interesados en su patrimonio histórico y sus paisajes rurales, Bodie Creek representa un atractivo poco habitual. Se encuentra al sur de Pradera del Ganso, aproximadamente a quince minutos en vehículo, aunque el estado de los caminos y las condiciones meteorológicas pueden modificar los tiempos de desplazamiento.

El puente puede observarse desde sus inmediaciones, siempre que las condiciones locales y los permisos de acceso lo permitan. No está permitido cruzarlo, debido al deterioro de su estructura. Conviene consultar previamente con un operador local, ya que algunos accesos atraviesan terrenos rurales y la infraestructura turística es limitada.

Su visita puede combinarse con los paisajes de Lafonia y el patrimonio histórico de Darwin y Pradera del Ganso, localidades estrechamente vinculadas con la historia ganadera de las islas y también con los acontecimientos de la guerra de 1982.

Bodie Creek comparte época de construcción con otros puentes colgantes argentinos, como el Ingeniero Marcial Candioti de Santa Fe, inaugurado en 1928, y el Hipólito Yrigoyen, que une Necochea y Quequén desde 1929. Aunque sus dimensiones y soluciones técnicas son diferentes, los tres recuerdan un período en el que las grandes estructuras metálicas se convirtieron en símbolos de modernización.

Hoy, cuando el puente Bodie Creek ya no puede cumplir la función para la que fue construido, su valor reside en otra dimensión: conservar la memoria de una época en que cruzar un pequeño curso de agua en una región remota podía requerir una extraordinaria obra de ingeniería.