¿Cómo se censa una colonia de 120.000 parejas de pingüinos? El ejemplo de Cabo Vírgenes

Cada primavera, miles de pingüinos de Magallanes regresan a Cabo Vírgenes, en el extremo sur de Santa Cruz, para reproducirse. Del 16 al 18 de octubre, investigadores realizarán un nuevo relevamiento de la colonia, que en 2025 registró unas 120.000 parejas reproductivas. El trabajo permitirá evaluar los efectos de una gran ola que dañó sectores de nidificación, pero también comprender cómo la disponibilidad de alimento en el océano determina el futuro de estas aves marinas.

Cada primavera, el paisaje de Cabo Vírgenes, en el extremo sudoriental de Santa Cruz, experimenta una transformación extraordinaria. Miles de pingüinos de Magallanes regresan desde sus áreas de alimentación y migración en el océano para ocupar los mismos sectores donde, temporada tras temporada, intentan reproducirse. Entre arbustos, pequeñas depresiones del terreno y nidos excavados en el suelo, las parejas se instalan, ponen sus huevos y comienzan un nuevo ciclo de crianza.

La magnitud de esta concentración plantea una pregunta aparentemente sencilla: ¿cómo se cuentan los pingüinos de una colonia que ocupa cerca de cien hectáreas y reúne unas 120.000 parejas reproductivas?

La respuesta no consiste en recorrer el territorio contando individualmente a cada ave. El censo es un trabajo científico que combina observaciones de campo, técnicas de muestreo estadístico y conocimientos sobre el comportamiento reproductivo de la especie. Su objetivo tampoco se limita a determinar cuántos animales hay: permite conocer cómo se distribuyen, qué sectores utilizan para construir sus nidos y cómo responden a los cambios ambientales.

Entre el 16 y el 18 de octubre de 2026, especialistas del Consejo Agrario Provincial de Santa Cruz, la Fundación Por el Mar, la Universidad Nacional de la Patagonia Austral (UNPA) y Wildlife Conservation Society (WCS) realizarán un nuevo relevamiento de la colonia de Cabo Vírgenes. La investigación tendrá un objetivo particular: evaluar las consecuencias de una gran ola que en 2025 afectó parte de la vegetación utilizada por los pingüinos para nidificar.

El trabajo permitirá comparar la situación actual con los registros de temporadas anteriores y obtener información para orientar la conservación de una de las colonias más importantes de esta especie en la costa argentina.

No se cuentan pingüinos, se cuentan nidos activos

Aunque habitualmente se habla de un censo de pingüinos, la principal unidad que utilizan los investigadores durante la temporada reproductiva no es el ave individual, sino el nido activo.

La distinción resulta fundamental. Un pingüino puede encontrarse temporalmente fuera de la colonia buscando alimento, mientras su pareja permanece incubando los huevos. Otros individuos pueden caminar por el territorio sin estar reproduciéndose. Contar las aves visibles en un momento determinado produciría, por lo tanto, una imagen incompleta y potencialmente engañosa del tamaño de la población reproductora.

En cambio, identificar los nidos ocupados durante el período de puesta permite estimar cuántas parejas están intentando reproducirse.

“Usamos métodos de muestreo estadístico. Hacemos un recorrido y contamos, en determinadas áreas, el número de parejas reproductivas o nidos activos, que es lo mismo”, explica Esteban Frere, doctor en Ciencias Biológicas, investigador de la UNPA y WCS y uno de los especialistas que participa en el monitoreo.

A mediados de octubre, cuando se realizará el trabajo de campo, las parejas deberían encontrarse instaladas en los sectores reproductivos. Muchos nidos pueden contener ya uno o dos huevos, una característica que facilita su identificación.

Sin embargo, el relevamiento no pretende contabilizar todos los ejemplares que utilizan Cabo Vírgenes a lo largo del año. La cifra de 120.000 parejas reproductivas registrada en 2025 representa una estimación de la población que se reproduce en la colonia, no el número total de pingüinos que pueden estar presentes en el área durante toda la temporada.

Cómo se hace el censo: muestras pequeñas para estudiar una colonia enorme

Cabo Vírgenes presenta una dificultad particular para cualquier relevamiento: una gran parte de la colonia está cubierta por vegetación arbustiva densa. Los pingüinos aprovechan esos espacios para construir sus nidos, protegerse del viento y reducir la exposición de los huevos y pichones.

Recorrer sistemáticamente las cien hectáreas e inspeccionar cada nido sería una tarea enorme y podría provocar perturbaciones innecesarias a los animales. Por eso, los investigadores trabajan con técnicas de muestreo.

El procedimiento consiste en seleccionar sectores representativos de la colonia y contar los nidos activos dentro de superficies delimitadas. A partir de esos registros y de la superficie y distribución de los distintos ambientes, es posible realizar una estimación estadística del número total de parejas reproductivas.

La metodología exacta —como el tamaño de las unidades de muestreo, su selección y las fórmulas utilizadas— depende del protocolo científico aplicado. El material difundido sobre el relevamiento de octubre no especifica esos parámetros, pero sí confirma que se emplea un sistema de muestreo en lugar de un conteo exhaustivo.

En términos generales, un relevamiento de esta naturaleza permite trabajar con tres variables estrechamente relacionadas: la densidad de nidos, su distribución espacial y la superficie efectivamente utilizada para la reproducción.

La ventaja de este método es que permite obtener estimaciones comparables sin necesidad de intervenir en toda la colonia. Si se utiliza una metodología consistente entre temporadas, los especialistas pueden detectar aumentos o disminuciones en la población reproductora, así como cambios en la distribución de los nidos.

Un dato importante es que toda estimación estadística tiene un margen de incertidumbre. Por eso, los resultados se interpretan a partir del diseño de muestreo y no como si se tratara de un número exacto de aves contadas individualmente.

Qué estudian los científicos además del número de parejas

El tamaño de una colonia es un indicador importante, pero no alcanza por sí solo para determinar su estado de conservación. Una población puede mantener una cantidad considerable de parejas reproductivas y, al mismo tiempo, experimentar problemas que comprometan su éxito reproductivo.

Por eso, los programas de monitoreo de pingüinos pueden incorporar otras variables, aunque no todas forman parte necesariamente de cada campaña de censo.

Entre ellas se encuentra la ocupación de los nidos, que permite conocer qué proporción del ambiente disponible es utilizada por las parejas. También interesa observar si los animales regresan a los mismos sectores o comienzan a instalarse en áreas diferentes.

Otra variable es el éxito reproductivo, que requiere seguimientos adicionales: cuántos huevos se ponen, cuántos llegan a eclosionar y cuántos pichones sobreviven hasta abandonar el nido. Ese dato no puede establecerse únicamente mediante un censo de tres días al comienzo de la temporada, porque el proceso de crianza todavía está en desarrollo.

Los investigadores también pueden estudiar las características de la vegetación, la exposición de los nidos al viento, la presencia de predadores y otros factores capaces de influir en la supervivencia de huevos y pichones.

En Cabo Vírgenes, uno de los principales intereses de este nuevo relevamiento será conocer si los pingüinos siguen utilizando las zonas que fueron afectadas por el oleaje de 2025 o si desplazaron parte de sus áreas reproductivas.

La ola de 2025: qué ocurre cuando desaparece la vegetación que protege los nidos

El nuevo censo tiene una particularidad que lo diferencia de campañas anteriores. Durante 2025, un episodio de oleaje de gran magnitud alcanzó Cabo Vírgenes y modificó parte de su paisaje costero.

El fenómeno ocurrió fuera de la temporada reproductiva, cuando los pingüinos se encontraban en el mar. Por lo tanto, no afectó directamente a una colonia ocupada por adultos incubando o pichones en crecimiento. Sin embargo, sus consecuencias quedaron visibles en la vegetación utilizada habitualmente para construir los nidos.

“Produjo un destrozo en los arbustos, en dos zonas muy grandes, un par de hectáreas, que son las que usan los pingüinos para nidificar”, explica Frere.

Para comprender la importancia de ese daño es necesario conocer cómo se reproducen estas aves. A diferencia de especies que anidan sobre superficies abiertas de hielo o roca, el pingüino de Magallanes (Spheniscus magellanicus) utiliza cuevas excavadas en el suelo y sectores protegidos por arbustos. Esa cobertura puede ayudar a resguardar huevos y pichones de la exposición solar, del viento y de determinados predadores.

Si una zona pierde buena parte de su vegetación, las parejas pueden encontrar condiciones diferentes de las que utilizaron en temporadas anteriores. Algunas podrían continuar ocupando los mismos lugares, mientras otras podrían desplazarse hacia sectores menos alterados.

Precisamente, el relevamiento de octubre permitirá comenzar a evaluar qué sucedió después de la ola. Los investigadores podrán observar si las áreas afectadas mantienen nidos activos, si disminuyó su ocupación y cómo se distribuyen las parejas en relación con los años anteriores.

“Queremos ver cómo sigue evolucionando respecto de ese fenómeno que ocurrió en 2025”, señala Frere.

Un cambio en la distribución no significa necesariamente una disminución equivalente de toda la población. Para establecerlo, será necesario comparar los datos de densidad, ocupación y superficie reproductiva. Tampoco puede saberse todavía si los sectores afectados recuperarán sus condiciones anteriores o si requerirán medidas específicas de manejo.

Marisol Espino, directora provincial de Áreas Protegidas del Consejo Agrario Provincial, destaca que el monitoreo permite tomar decisiones basadas en información verificable. “Contar con información continua y actualizada es fundamental para una gestión efectiva”, sostiene. Según la funcionaria, la continuidad de los estudios permite comprender cómo evoluciona la especie y cómo responde a los cambios ambientales y a las actividades humanas.

Por qué un solo censo no alcanza para saber si una colonia está saludable

Una fotografía del tamaño de la población es útil, pero adquiere verdadero significado cuando puede compararse con los resultados de otros años.

En los estudios de poblaciones animales, las variaciones registradas durante una única temporada no siempre indican una tendencia permanente. Factores climáticos, disponibilidad de alimento, cambios en la edad de los reproductores y alteraciones locales del hábitat pueden afectar temporalmente la cantidad de parejas que se instalan en una colonia.

Por eso, los monitoreos de largo plazo son especialmente valiosos. Permiten distinguir fluctuaciones anuales de cambios sostenidos y detectar señales que podrían pasar inadvertidas en una observación aislada.

Cabo Vírgenes cuenta con una historia científica importante. Frere comenzó a visitar el lugar en 1986 y, pocos años después, desarrolló allí investigaciones para su tesis doctoral.

En 1996, junto con Patricia Gandini y P. Dee Boersma, publicó en la revista científica El Hornero un estudio sobre la biología reproductiva y las tendencias poblacionales de los pingüinos de Magallanes de Cabo Vírgenes. La investigación incluyó el seguimiento de aproximadamente 160 nidos activos por temporada, desde la puesta de los huevos en octubre hasta la independencia de los pichones, hacia fines de enero. También utilizó parcelas de muestreo para estimar la densidad y ocupación de los nidos.

Ese tipo de trabajo demuestra la diferencia entre censar una colonia y estudiar todo su ciclo reproductivo. El censo estima cuántas parejas se reproducen en un momento determinado; el seguimiento de los nidos permite conocer qué sucede con los huevos y pichones durante los meses siguientes.

El dato más relevante no siempre es la cantidad de aves presentes, sino la capacidad de la colonia para producir nuevas generaciones.

La pregunta más importante está en el mar: ¿tienen suficiente alimento?

Pingüino Patagónico (Spheniscus magellanicus) | Fotografía en Cabo Virgenes | EcoRegistros - EcoRegistros

Aunque el trabajo de los investigadores se concentra en tierra firme, una parte fundamental de la explicación sobre el tamaño y la productividad de Cabo Vírgenes se encuentra en el océano.

La colonia está situada en una región donde las aguas del estrecho de Magallanes se encuentran con las del Atlántico Sur. Las condiciones oceanográficas favorecen una elevada productividad biológica, que sostiene concentraciones de peces y otros organismos marinos.

Entre las presas importantes para los pingüinos se encuentra la sardina fueguina, un recurso alimentario decisivo durante la reproducción.

“El estrecho de Magallanes, en el encuentro con el Atlántico, genera un área de alta productividad. Las aguas frías son muy productivas y hay grandes concentraciones de sardina fueguina, que es lo que comen los pingüinos”, explica Frere.

La disponibilidad de alimento determina cuánta energía pueden obtener los adultos durante sus viajes de alimentación y cuánto pueden aportar al desarrollo de sus pichones.

Cuando un pingüino adulto necesita recorrer distancias mayores para encontrar peces, puede permanecer más tiempo fuera del nido. Esto afecta la frecuencia con la que alimenta a sus crías y, si las condiciones son desfavorables durante períodos prolongados, puede reducir su supervivencia.

Por el contrario, la proximidad de áreas marinas productivas favorece el abastecimiento de las parejas reproductoras y contribuye a explicar la existencia de grandes concentraciones de pingüinos en determinados sectores de la costa.

“Eso permite que la colonia sea tan grande y tan productiva. Es una de las más productivas entre las más de 60 colonias que hay a lo largo de la costa argentina”, destaca el investigador.

Esta relación entre el ambiente marino y el éxito reproductivo muestra por qué conservar una pingüinera no consiste exclusivamente en proteger la superficie terrestre donde se encuentran los nidos.

Las aves también dependen de la disponibilidad de peces, del estado de los ecosistemas oceánicos y de la reducción de amenazas como la contaminación, las interacciones con las pesquerías y las alteraciones relacionadas con el cambio climático.

Qué información permitirá obtener el nuevo relevamiento

El censo previsto para octubre permitirá actualizar la estimación de parejas reproductivas de Cabo Vírgenes y estudiar su distribución espacial. A partir de esos resultados, los investigadores podrán comenzar a responder preguntas concretas sobre la situación actual de la colonia.

La primera será si el número de parejas se mantiene cerca de las 120.000 registradas en 2025 o si presenta variaciones significativas. La segunda estará relacionada con las superficies utilizadas para nidificar y los posibles cambios provocados por el oleaje del año anterior.

También será importante establecer si las áreas que perdieron vegetación continúan siendo utilizadas por las aves y qué relación existe entre la alteración del ambiente y la densidad de nidos.

Los resultados no permitirán por sí solos atribuir cualquier variación a la gran ola. Para llegar a esa conclusión será necesario considerar otros factores y comparar la situación con información histórica y ambiental complementaria.

El relevamiento forma parte de una estrategia de monitoreo que busca orientar decisiones de conservación. Si se identifican sectores especialmente vulnerables, las autoridades podrán evaluar si corresponde aplicar medidas de protección, restauración o manejo del uso público.

“La colonia no es solo un hito biológico de gran relevancia regional, sino que fue precisamente el motivo fundacional que dio origen a nuestra área protegida”, recuerda Espino.

La funcionaria señala que Cabo Vírgenes conserva además valores geográficos, históricos y paisajísticos que enriquecen el patrimonio santacruceño, pero considera esencial mantener el seguimiento de la especie que dio origen a su protección.

Cabo Vírgenes: un laboratorio natural en el extremo de la Patagonia

Ubicado al sudeste de Río Gallegos, en las proximidades de la entrada oriental del estrecho de Magallanes, Cabo Vírgenes es uno de los ambientes costeros más singulares de Santa Cruz.

Su paisaje combina estepa patagónica, sectores de arbustos, playas, acantilados y ambientes marinos que sostienen una importante diversidad de aves y mamíferos.

Cada primavera, los pingüinos de Magallanes regresan a sus sitios de reproducción. Los adultos se instalan durante septiembre y octubre, las hembras depositan habitualmente dos huevos y las parejas se alternan en la incubación y posterior alimentación de las crías. Durante el verano, los pichones crecen hasta desarrollar el plumaje que les permitirá ingresar al mar.

La presencia de una colonia tan numerosa constituye uno de los principales valores biológicos del área protegida y también un atractivo para el turismo de naturaleza. Sin embargo, las visitas deben adecuarse a las normas de conservación, especialmente durante la reproducción, cuando los animales son más sensibles a las perturbaciones.

Para los viajeros interesados en observar pingüinos, resulta fundamental mantenerse en los sectores habilitados, no acercarse a los nidos, evitar bloquear el desplazamiento de las aves y no utilizar drones sin autorización. Los pingüinos necesitan circular entre el mar y sus áreas reproductivas, por lo que cualquier obstáculo puede interferir con sus movimientos cotidianos.

Los trabajos científicos también requieren minimizar las alteraciones sobre la colonia. La observación prolongada de un animal, la aproximación excesiva o la manipulación innecesaria pueden modificar comportamientos que los investigadores precisamente buscan estudiar.

Una colonia que permite comprender la salud del océano

El relevamiento de Cabo Vírgenes ofrece una oportunidad para observar cómo se investiga una población de fauna silvestre y por qué resulta necesario sostener estos trabajos durante décadas.

Contar los nidos es apenas el punto de partida. Los datos permiten identificar tendencias poblacionales, evaluar la calidad de los ambientes reproductivos y comprender la relación entre las aves y los recursos marinos de los que dependen.

La gran ola de 2025 introdujo una nueva variable en ese seguimiento: la modificación de sectores de vegetación utilizados para nidificar. Determinar cómo respondieron las parejas será uno de los objetivos centrales del próximo censo.

Pero, más allá de ese episodio, el futuro de Cabo Vírgenes continúa vinculado con procesos que ocurren a muchos kilómetros de los nidos. La disponibilidad de alimento, las condiciones oceanográficas y la salud de los ecosistemas marinos influyen sobre las posibilidades de reproducción de miles de parejas.

Frere resume esa relación en una frase que sintetiza buena parte del sentido de la investigación: “Lo que pasa en el mar es lo que afecta en tierra”.

Después de casi cuatro décadas de estudios, el científico continúa regresando a Cabo Vírgenes para observar una colonia cuya evolución conoce desde sus primeros trabajos de campo.

“Cada vez que vuelvo me genera mucha satisfacción, sabiendo que esa colonia que llevo casi 40 años visitando sigue en perfectas condiciones y tan productiva como siempre”, cuenta.

El nuevo relevamiento permitirá comprobar cómo se encuentra actualmente. Y, sobre todo, aportará información para que las futuras generaciones de pingüinos sigan encontrando en este extremo de la Patagonia un lugar donde reproducirse.