El Ohel, el rincón espiritual de Nueva York que recibe cerca de un millón de visitantes al año

En un cementerio de Queens, la tumba del Rebe de Lubavitch se convirtió en un fenómeno de peregrinación internacional. Visitantes de todo el mundo llegan para rezar, escribir cartas y pedir bendiciones.

Por Ariel Ferrero – Sunny News

Nueva York tiene lugares que aparecen en todas las guías y otros que parecen pertenecer a una ciudad secreta. El Ohel, en Queens, forma parte de estos últimos.

En el Old Montefiore Cemetery, sobre Francis Lewis Boulevard, se encuentra el lugar de descanso del rabino Menachem Mendel Schneerson, séptimo Rebe de Lubavitch y una de las figuras más influyentes del judaísmo contemporáneo.

Lo que sucede allí todos los días resulta difícil de imaginar para quien nunca lo visitó. Según Chabad, alrededor de un millón de personas peregrinan cada año al Ohel, a cualquier hora del día y de la noche. En fechas especiales, la afluencia se multiplica: durante la semana del 32º aniversario de la muerte del Rebe, en junio de 2026, más de 50.000 hombres, mujeres y niños llegaron desde distintos lugares del mundo.

Luis de la Colina, de Argenc NYC Travel, conoce de cerca este movimiento de visitantes y destaca cómo el lugar se fue incorporando a los recorridos de quienes llegan a la Gran Manzana.

“El Ohel se ha vuelto muy, muy conocido. Atrae a muchísima gente de todo el mundo. Hay personas que llegan a Nueva York y quieren pasar por allí antes de continuar su viaje”, explica a SunnyNews.

Mucho más que una tumba

“Ohel” significa literalmente “tienda” y es el nombre con el que se conoce al espacio que alberga las tumbas del Rebe y de su suegro y predecesor, el sexto Rebe de Lubavitch, rabino Yosef Yitzchak Schneersohn.

La tradición judía de visitar los lugares de descanso de los tzadikim —los justos— se remonta a tiempos bíblicos. No se trata de rezarles a ellos, sino de dirigirse a Dios invocando sus méritos y buscando un ámbito especialmente propicio para la plegaria.

El propio Menachem Mendel Schneerson visitaba frecuentemente el Ohel de su suegro durante su vida. Tras su fallecimiento en 1994 y su entierro en el mismo lugar, el sitio comenzó a recibir una cantidad cada vez mayor de visitantes.

Hoy llegan judíos observantes y seculares, familias, jóvenes, empresarios y viajeros procedentes de numerosos países. Muchos nunca conocieron personalmente al Rebe, pero encuentran en el lugar un espacio para detenerse, reflexionar y pedir una bendición.

Una carta antes de entrar

Una de las tradiciones más características del Ohel es escribir una carta. Se la conoce como pidión néfesh, o pan, y contiene los pedidos personales que cada visitante desea presentar: salud, hijos, pareja, trabajo, sustento económico, decisiones difíciles, fortaleza para atravesar un problema o simplemente agradecimiento.

La guía entregada a los visitantes aconseja escribir con sinceridad y en el idioma propio. Cuando se pide por una persona judía, tradicionalmente se incluye su nombre hebreo y el de su madre.

Antes de ingresar, la carta se lee en silencio. Después se rompe y los pequeños trozos de papel se depositan sobre el lugar de descanso del Rebe.

De la Colina destaca que esta tradición es una de las experiencias que más impactan a quienes llegan por primera vez.

“La gente va a hacer sus pedidos, a expresar lo que está necesitando. Se escribe una carta, una petición bastante formal. Y si uno no la preparó antes, cuando llega al lugar hay mesas donde puede sentarse a escribirla”, cuenta.

El operador turístico también señala que muchos visitantes atribuyen a sus plegarias experiencias personales que consideran extraordinarias.

“Hay gente que vuelve porque siente que se le cumplieron muchas cosas. Eso también hace que el lugar sea cada vez más conocido”, agrega.

Y no hace falta estar físicamente en Nueva York. Personas de todo el mundo envían sus cartas para que sean llevadas hasta el Ohel; Chabad señala que millones de peticiones han llegado a lo largo de los años por medios electrónicos y otros canales.

Cómo es la visita

La experiencia tiene sus propios rituales. Los hombres deben cubrirse la cabeza y hay kipot disponibles. Según la guía del Ohel, dentro del recinto no se utiliza calzado de cuero y hay calzado de materiales sintéticos para los visitantes. También se acostumbra realizar una donación, encender una vela antes de ingresar y llevar un libro de oraciones o de Salmos.

Hombres y mujeres acceden por entradas diferentes. Antes de entrar se golpea ligeramente la puerta como señal de respeto. Una vez dentro, se permanece de pie y las oraciones se realizan en voz baja, teniendo consideración por quienes están alrededor.

Tras leer la carta y depositarla en el lugar, el visitante puede continuar rezando, meditando o simplemente permanecer unos minutos en silencio.

Existe incluso un pequeño gesto cargado de simbolismo: al retirarse, la tradición es caminar hacia atrás durante unos pasos, manteniendo el rostro orientado hacia el lugar de descanso del Rebe.

Salmos y silencio en medio de Nueva York

Entre las oraciones sugeridas se encuentra el Maané Lashón, una recopilación tradicional destinada a ser recitada en los lugares de descanso de los justos, además del libro de los Salmos.

También existe la costumbre de recitar el capítulo de Salmos correspondiente a la edad del Rebe.

Pero quizá uno de los aspectos más llamativos del Ohel sea que no hace falta conocer todas esas tradiciones para comprender la experiencia.

En una ciudad asociada con el ruido, las luces, los rascacielos y millones de personas desplazándose sin pausa, detrás de los muros de un cementerio de Queens aparece un pequeño espacio abierto donde la dinámica cambia completamente.

No hay atracciones, pantallas ni monumentos espectaculares. Hay cartas. Oraciones. Silencio. Y personas que llegan desde distintos lugares del planeta llevando consigo algo que quieren pedir, agradecer o resolver.

Un fenómeno que sigue creciendo

La influencia del Rebe no desapareció con su muerte. Más de tres décadas después, su tumba continúa atrayendo nuevas generaciones de visitantes.

El fenómeno alcanza su punto máximo alrededor del 3 de Tamuz, aniversario de su fallecimiento según el calendario hebreo. En 2025 más de 50.000 personas llegaron al Ohel por esa fecha, y la cifra volvió a superar las 50.000 en 2026.

El centro de visitantes fue ampliado con el paso de los años para recibir el creciente flujo de personas y cuenta con espacios para estudiar Torá, rezar, escribir las cartas y prepararse antes de ingresar al Ohel.

Una parada espiritual cerca del aeropuerto JFK

La ubicación del Ohel también favorece su incorporación a los itinerarios turísticos de Nueva York.

Situado en Queens, a unos 20 o 25 minutos en automóvil del aeropuerto internacional John F. Kennedy, según las condiciones del tránsito, el lugar se ha convertido en una parada para viajeros que aprovechan su llegada o partida de la ciudad.

“Muchas veces, cuando la gente viene a Nueva York, coordina el servicio para hacer una parada en el Ohel y después seguir al aeropuerto, o viceversa. Son miles de personas las que lo hacen”, explica De la Colina.

El operador recuerda además que figuras políticas internacionales, como Donald Trump y Javier Milei, también han visitado el lugar, contribuyendo a despertar la curiosidad de públicos que no necesariamente conocían su historia.

Es una cara de Nueva York muy diferente de Times Square, Central Park o la Quinta Avenida. Y quizá allí esté buena parte de su atractivo.

Porque el Ohel no es un lugar que se visita solamente para verlo. Para cientos de miles de personas, es un lugar al que se va con algo que decir.

Datos útiles

Ohel Chabad-Lubavitch

226-20 Francis Lewis Boulevard
Cambria Heights, Queens, Nueva York 11411

El lugar recibe visitantes durante todo el año, las 24 horas, y cuenta con espacios de preparación, oración y escritura de cartas.

Información oficial: https://www.ohelchabad.org/
argeNYCtravel@gmail.com

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