Los peligros de la cría industrial del salmón en el extremo sur de Chile: para la salud humana, la biodiversidad y el turismo

Mientras Noruega logró reducir drásticamente el uso de antibióticos en la producción de salmón, Chile avanza en sentido contrario. La creciente dependencia de estos medicamentos vuelve a poner bajo la lupa a una industria clave para la economía chilena y abre un debate que excede al comercio: qué impacto tiene el modelo de salmonicultura sobre la biodiversidad de fiordos, canales y áreas protegidas de la Patagonia y, por extensión, sobre el turismo de naturaleza que depende de esos mismos ecosistemas.

La salmonicultura chilena atraviesa una paradoja que comienza a adquirir una dimensión internacional. El país es uno de los grandes protagonistas del mercado mundial de salmón, pero continúa enfrentando un problema sanitario que mantiene elevado el uso de antimicrobianos: la piscirickettsiosis, causada por la bacteria Piscirickettsia salmonis. Al mismo tiempo, Noruega, el principal productor mundial, logró mantener su utilización de antibacterianos en niveles extremadamente bajos gracias a décadas de vacunación, vigilancia sanitaria y estrategias preventivas.

Los datos más recientes permiten dimensionar la brecha. Según el informe de Sernapesca correspondiente a 2025, la industria chilena utilizó 415,4 toneladas de principio activo antimicrobiano, frente a las 351,1 toneladas de 2024. Es decir, el volumen total aumentó un 18,3% en un año. Como la producción también creció, el indicador por tonelada pasó de aproximadamente 340 a 360 gramos de principio activo por tonelada producida, un incremento de 5,88%.

La comparación con Noruega es especialmente llamativa. El informe NORM/NORM-VET 2025, publicado en septiembre de este año, registró apenas 498 kilos de antibacterianos para toda la piscicultura noruega, incluidos los utilizados en peces distintos del salmón. El dato representa una reducción del 99% respecto del máximo registrado en 1987. Además, las autoridades noruegas señalan que durante 2025 el número de prescripciones para salmón atlántico en fase de engorda fue muy bajo pese a una producción de alrededor de 1,75 millones de toneladas.

Hay una precisión importante: ese 99% no significa que el salmón noruego individualmente haya reducido su consumo en 99% durante los últimos años, sino que el uso de antibacterianos en la acuicultura noruega se encuentra 99% por debajo del máximo histórico de 1987. El dato sigue siendo contundente, pero la comparación debe hacerse con esa salvedad.

Una diferencia que comienza antes de la cosecha

La explicación no se reduce a una cuestión de regulación. La experiencia noruega muestra el peso que puede tener una estrategia sanitaria basada en la prevención. El Instituto Noruego de Salud Pública señala que las vacunas contra enfermedades bacterianas comenzaron a ser una herramienta fundamental de la acuicultura del país desde comienzos de la década de 1990 y contribuyeron decisivamente al bajo consumo de antibióticos. En 2025, prácticamente todo el uso de antibacterianos en la piscicultura noruega se concentró en cantidades muy pequeñas y las prescripciones para salmón atlántico en fase de engorda siguieron siendo excepcionales.

En Chile, en cambio, el principal desafío continúa siendo Piscirickettsia salmonis. El informe oficial de Sernapesca muestra que el 98,83% de los antimicrobianos utilizados en 2025 se administraron durante la fase marina y que la piscirickettsiosis explica el 97,51% del uso de antimicrobianos en los ciclos productivos cerrados analizados. El principal principio activo fue el florfenicol, que representó el 97,57% del consumo, seguido muy de lejos por la oxitetraciclina.

El dato permite matizar otra afirmación frecuente sobre la salmonicultura chilena. No es correcto decir que la industria utiliza indistintamente una larga lista de antibióticos: el florfenicol concentra prácticamente todo el uso en los ciclos marinos, mientras que la oxitetraciclina tiene mayor peso relativo en la fase de agua dulce. En esta última etapa, ambos principios activos representaron en conjunto el 99,78% de los antimicrobianos utilizados.

El problema es una bacteria particularmente difícil

P. salmonis provoca la septicemia rickettsial del salmón, conocida como SRS o piscirickettsiosis, y constituye desde hace años la principal causa sanitaria detrás del uso de antimicrobianos en Chile. La bacteria tiene además características que complican su control y existen distintos genogrupos circulando en el país.

La investigación científica ha mostrado que las vacunas chilenas no tienen una eficacia uniforme frente a todas las variantes. Un estudio publicado en 2024 encontró que la estrategia de vacunación utilizada habitualmente mostraba una protección muy alta frente al genogrupo EM-90, pero una protección menor frente a LF-89. El trabajo estimó una supervivencia relativa del 100% frente a EM-90 y del 77% frente a LF-89 para la estrategia estudiada, evidenciando una protección cruzada incompleta.

Otra investigación experimental encontró que una vacuna viva atenuada puede ofrecer protección prolongada, pero que su eficacia está condicionada por la temperatura durante la inmunización. Los peces vacunados a temperaturas de 10 °C o superiores mostraron una mejor respuesta que aquellos inmunizados a 7-8 °C, un rango particularmente relevante para las condiciones de cultivo chilenas.

Esto ayuda a explicar por qué la comparación con Noruega no puede reducirse a decir que un país “elige vacunas” y otro “elige antibióticos”. Las condiciones ambientales, los patógenos predominantes, las variantes bacterianas, los sistemas de producción y la eficacia de las herramientas disponibles son diferentes.

Un problema que también alcanza a la biodiversidad patagónica

El debate sobre los antibióticos no puede separarse del impacto ambiental más amplio de la salmonicultura en los fiordos y canales del sur de Chile. El problema no consiste únicamente en la eventual presencia de residuos farmacológicos: el cultivo intensivo en jaulas genera una combinación de presiones sobre ecosistemas particularmente sensibles, entre ellas la acumulación de materia orgánica bajo los centros de cultivo, el uso de productos farmacológicos, los escapes de peces y la transmisión de enfermedades. Una revisión científica publicada en 2026 identifica a la salmonicultura de alta densidad como uno de los principales factores de presión sobre la biodiversidad en la Patagonia chilena y señala que cerca de un tercio de la actividad salmonera se desarrolla dentro de áreas marinas protegidas. El estudio advierte que el riesgo debe analizarse a escala de ecosistema, considerando no solo la productividad de los centros sino también la pérdida potencial de biodiversidad y de servicios ecosistémicos.

El fondo marino en las zonas de salmonicultura:

La preocupación adquiere una dimensión particular en territorios como Los Lagos, Chiloé y Aysén, donde la naturaleza constituye también la principal materia prima del turismo. Fiordos, canales, bosques, glaciares, fauna marina y paisajes prácticamente prístinos sostienen actividades como navegación, kayak, pesca recreativa, avistaje de fauna y turismo de naturaleza. Sernatur define precisamente a Aysén como un destino de naturaleza y aventura, con una amplia red de lagos, ríos, fiordos y áreas protegidas; durante enero de 2026 la región alcanzó una ocupación hotelera del 76,3%, por encima del promedio nacional. Por eso, cualquier deterioro persistente de la calidad ambiental puede terminar afectando no solo a la biodiversidad sino también al atractivo turístico que diferencia a la Patagonia chilena de otros destinos.

Turismo y salmonicultura: un equilibrio todavía pendiente

La relación entre ambas actividades no es necesariamente de exclusión, pero sí plantea un desafío de planificación territorial. Un estudio sobre turismo de naturaleza y salmonicultura en el sur de Chile encontró que 67% de los turistas consultados tenía una percepción ambiental negativa respecto de la actividad acuícola, aunque casi la mitad reconocía su importancia económica para las comunidades costeras. Esto muestra que el conflicto no se limita a la contaminación o a la biodiversidad: también involucra la imagen que un destino proyecta y la expectativa de quienes llegan buscando una experiencia asociada a naturaleza poco intervenida. Al mismo tiempo, otra investigación realizada sobre Puyuhuapi encontró que la simple presencia visual de jaulas salmoneras no produjo diferencias significativas en la valoración de determinados paisajes por parte de potenciales turistas, lo que indica que el impacto turístico no debe darse por supuesto y depende de múltiples factores.

Para el turismo, por lo tanto, la cuestión de fondo no es solamente cuántos antibióticos utiliza la industria, sino qué capacidad tiene el territorio para conservar los ecosistemas que constituyen su principal atractivo. En una Patagonia que se promociona internacionalmente a partir de sus aguas, fiordos, bosques, fauna y espacios protegidos, la pérdida de biodiversidad tendría un costo que excedería al sector pesquero: podría afectar la calidad de la experiencia turística, la reputación ambiental del destino y las oportunidades de desarrollo de actividades basadas en la naturaleza. La reciente estrategia nacional de biodiversidad de Chile, aprobada para el período 2025-2030, justamente plantea como objetivo proteger y recuperar la naturaleza y avanzar hacia la conservación del 30% del territorio continental y marítimo al 2030.

Chile empieza a cambiar la estrategia

Precisamente por eso, una de las noticias más importantes de los últimos meses no es el aumento de antibióticos, sino la respuesta que Chile está construyendo frente a ese problema.

En 2026, Sernapesca aprobó un nuevo Programa Sanitario Específico de Vigilancia y Control de Piscirickettsiosis mediante la Resolución Exenta 980/2026. El programa incorpora vacunación obligatoria, un plan voluntario de gestión preventiva y nuevas medidas para reducir la densidad de peces en las jaulas. También establece un laboratorio de referencia especializado en la identificación de los distintos genotipos de P. salmonis que circulan en los centros de cultivo.

La medida resulta significativa porque reconoce explícitamente que la SRS es la principal patología de la salmonicultura chilena y la principal causa del uso de antimicrobianos. El objetivo declarado por Sernapesca es desplazar progresivamente el manejo hacia la prevención, la vigilancia y el control temprano.

A esto se suma la Alianza Yelcho, una iniciativa público-privada que durante 2025-2026 evaluó siete estrategias de vacunación y nuevos prototipos frente a los genogrupos EM-90 y LF-89. Los primeros resultados fueron presentados en julio de 2026 y fueron calificados como positivos por los responsables del proyecto, aunque todavía no permiten afirmar que Chile haya resuelto el problema de la eficacia vacunal en condiciones comerciales.

Hay, además, otra señal de que la reducción es posible incluso dentro de Chile. Los ciclos certificados por PROA-Salmón, el programa voluntario de Sernapesca para optimizar el uso de antimicrobianos, registraron en 2025 un índice de 13,47 gramos por tonelada, un 96% inferior al promedio de los ciclos marinos cerrados. Esto demuestra que existen modelos productivos dentro del propio país capaces de operar con consumos muy inferiores.

El impacto ya no es solamente sanitario

La cuestión trasciende la salud de los peces. El uso intensivo de antimicrobianos es observado también desde la perspectiva de la resistencia antimicrobiana y del enfoque One Health, que considera de manera conjunta la salud humana, animal y ambiental. Una revisión científica publicada en 2026 identifica precisamente el elevado uso de florfenicol y oxitetraciclina en Chile como un desafío de resistencia y sustentabilidad, y vincula el problema con la persistencia de P. salmonis.

La dimensión económica hace que el asunto sea especialmente relevante. El salmón y la trucha generaron US$6.549 millones en exportaciones durante 2025, equivalentes a alrededor del 6% de las exportaciones chilenas y consolidando al sector como el segundo producto exportado por el país después del cobre.

Eso convierte a la sanidad del producto y a la reputación ambiental de la industria en una cuestión de competitividad internacional. Una dificultad sanitaria puede transformarse en una barrera comercial, especialmente cuando los mercados importadores aplican límites de residuos, controles específicos o estándares ambientales propios.

Rusia, Canadá y el riesgo de los mercados compradores

La historia reciente muestra que ese riesgo no es teórico, aunque algunos de los ejemplos que circulan actualmente necesitan ser contextualizados.

Rusia, por ejemplo, sí impuso restricciones a establecimientos chilenos después de detectar residuos farmacológicos y sustancias no autorizadas. En 2020, las autoridades rusas restringieron inicialmente a 19 establecimientos y posteriormente fueron levantando las medidas. En aquel episodio, Rusia informó haber detectado oxitetraciclina, mientras que Sernapesca cuestionó algunos de esos resultados y trabajó con el organismo ruso para resolver las diferencias técnicas.

Pero el antecedente volvió a tener una dimensión comercial en 2025. Rusia suspendió temporalmente la certificación de varios establecimientos chilenos después de nuevas inspecciones, aunque las observaciones de ese episodio estuvieron vinculadas también con documentación y requisitos sanitarios y no pueden atribuirse exclusivamente al uso de antibióticos. Siete empresas quedaron con restricciones mientras otras 34 pudieron continuar exportando.

El caso canadiense que suele citarse es todavía más antiguo. En 2011, Canadá individualizó a una empresa chilena después de detectar emamectina e ivermectina en una partida de salmón. Por lo tanto, no debería presentarse como un episodio reciente, aunque constituye un antecedente histórico de cómo los residuos de productos veterinarios pueden transformarse en un problema de acceso a mercados.

Una señal incómoda para la sustentabilidad

También resulta significativo que el Seafood Watch del Monterey Bay Aquarium mantenga actualmente al salmón de cultivo chileno dentro de la categoría Avoid en su guía de consumidores. La organización no basa esa clasificación exclusivamente en los antibióticos: considera también escapes, impacto sobre ecosistemas, parásitos, productos químicos y otros factores ambientales. En su guía de 2026 incluye al salmón de cultivo de Chile, junto con el de otros grandes productores, entre las opciones que recomienda evitar.

Por eso, el problema del salmón chileno no puede reducirse a una discusión sobre cuántos kilos de antibióticos se utilizan. La pregunta de fondo es qué modelo sanitario y productivo puede sostener una industria de más de US$6.500 millones anuales sin trasladar sus costos ambientales y sanitarios hacia el ecosistema.

Chile ya tiene algunas herramientas para cambiar esa ecuación: PROA-Salmón demuestra que determinados ciclos pueden reducir drásticamente el consumo; la nueva regulación hace obligatoria la vacunación contra SRS; la Alianza Yelcho busca mejorar las estrategias disponibles; y Sernapesca está incorporando sistemas de vigilancia y genotipificación.

El dato de 2025, sin embargo, muestra que la transición todavía no se produjo a escala de toda la industria. El consumo total de antimicrobianos aumentó, la intensidad por tonelada también lo hizo y casi todo el uso continúa concentrado en una enfermedad: la piscirickettsiosis. La verdadera prueba para la salmonicultura chilena será comprobar si las medidas adoptadas en 2026 consiguen que los próximos informes muestren, finalmente, un descenso estructural y no solamente variaciones interanuales.

Datos clave actualizados

IndicadorChileNoruega
Antimicrobianos 2025415,4 t en salmonicultura498 kg en toda la piscicultura
Producción 20251,167 millones t de salmónidos cosechados1,75 millones t de salmón atlántico
Consumo relativo aproximado360 g/tmenos de 1 g/t
Principal problema bacterianoPiscirickettsia salmonisMucho menor incidencia en salmón de engorda
Estrategia claveAntimicrobianos + vacunación en transiciónVacunación y prevención
Cambio recienteVacunación obligatoria contra SRS desde 2026Sistema preventivo consolidado

Las cifras de ambos países no son perfectamente equivalentes porque las estadísticas nacionales utilizan universos productivos diferentes, pero permiten dimensionar la enorme diferencia entre ambos modelos.

Fuentes y fotos: Sernapesca (Chile) y Folkehelseinstituttet (Noruega).