La Atlántida es argentina. Hubo dos en total y ambas son ahora atracciones turísticas

Dos antiguos destinos termales argentinos crecieron alrededor de lagunas saladas, llegaron a vivir su propia edad de oro turística y fueron golpeados por grandes inundaciones. Mientras Villa Epecuén quedó abandonada y sus ruinas se convirtieron en un singular destino de turismo de memoria, Miramar de Ansenuza reconstruyó su vida junto a la laguna y hoy suma naturaleza, observación de aves, navegación y patrimonio histórico.

Hay dos lugares de la Argentina donde el agua funciona al mismo tiempo como atractivo turístico, protagonista de la historia y fuerza capaz de transformar por completo un territorio. Villa Epecuén, en el sudoeste de la provincia de Buenos Aires, y Miramar de Ansenuza, en la costa cordobesa de la laguna Mar Chiquita, nacieron y crecieron como balnearios vinculados a las propiedades de sus aguas salinas. Décadas después, ambos sufrieron grandes inundaciones que modificaron para siempre sus paisajes y sus comunidades.

La comparación resulta especialmente interesante porque las historias no son idénticas. En Epecuén, la inundación terminó provocando el abandono definitivo de la localidad y dejó detrás un paisaje de ruinas que hoy constituye uno de los escenarios de turismo de memoria más singulares del país. Miramar, en cambio, perdió buena parte de su antiguo frente urbano y hotelero, pero reconstruyó su núcleo habitado en terrenos más altos y convirtió la convivencia con la laguna en parte de su nueva identidad turística.

Cuando el agua era el principal atractivo

Villa Epecuén fue fundada como villa turística en 1921, a orillas de una laguna cuya elevada concentración salina había atraído desde temprano a viajeros interesados en sus propiedades terapéuticas. Durante las décadas de 1950 a 1970 llegó a recibir unos 25.000 turistas por temporada y se consolidó como uno de los principales destinos termales bonaerenses. La laguna era el centro de la experiencia: sus aguas hipersalinas permitían flotar con facilidad y se promocionaban por sus beneficios para afecciones reumáticas y de la piel.

El balneario de Villa Epecuen en las décadas previas a la inundación:

El desarrollo turístico también produjo una identidad cultural propia. Hoteles, balnearios, comercios y actividades sociales conformaron una pequeña ciudad de veraneo cuya memoria permanece en las construcciones que sobrevivieron. Incluso las historias literarias terminaron formando parte de ese patrimonio. Un trabajo histórico sobre Epecuén documenta cómo dos relatos creados en las primeras décadas del siglo XX —uno de Samuel J. Benchetrit y otro de Carlos A. Grau— fueron progresivamente difundidos por la comunidad, las instituciones educativas, los museos y el propio sector turístico hasta transformarse en parte del imaginario del destino. Texto pegado

En Miramar de Ansenuza ocurrió algo semejante. La localidad se convirtió desde las primeras décadas del siglo XX en un centro de turismo de salud asociado a las aguas y al barro de Mar Chiquita. La etapa de mayor esplendor llegó durante las décadas de 1960 y 1970, cuando la ciudad contaba con una importante infraestructura hotelera y turística. El Gran Hotel Viena, construido en la década de 1940, se transformó en uno de sus símbolos y fue considerado uno de los primeros establecimientos de tipo spa integral de la Argentina.

El balnerario de Mar Chiquita antes de la inundación de los años 1970:

Dos inundaciones que cambiaron el mapa turístico

La tragedia llegó primero a Miramar. A partir de 1977, una extraordinaria crecida de la laguna Mar Chiquita avanzó sobre el área urbana y terminó afectando unas 37 manzanas de la antigua ciudad. Viviendas, comercios y numerosos hoteles quedaron bajo el agua. El Gran Hotel Viena también sufrió daños estructurales y con el tiempo se convirtió en uno de los principales testimonios materiales de aquella etapa. Las fuentes históricas utilizan 1977 y 1978 para referirse al proceso de inundación, que se prolongó durante varios años.

Las ruinas de Miramar:

La diferencia fundamental con Epecuén estuvo en la respuesta posterior. Miramar no desapareció. La población reconstruyó parte de la ciudad en cotas más elevadas, se realizaron nuevas defensas y durante la década de 1990 comenzó una recuperación de la actividad turística. La ciudad volvió a mirar hacia la laguna y, con el tiempo, sumó a su tradicional perfil de balneario y turismo de salud una oferta vinculada con la naturaleza, las excursiones náuticas y la observación de aves.

En Epecuén, en cambio, el desenlace fue definitivo. El 10 de noviembre de 1985, después de un período de lluvias y de una fuerte sudestada, el terraplén que protegía a la villa fue sobrepasado y el agua comenzó a ingresar al pueblo. La evacuación fue total y Villa Epecuén quedó progresivamente cubierta por la laguna. El Museo de Epecuén conserva testimonios y fotografías de aquellas jornadas, cuando los habitantes intentaban retirar de sus casas muebles y pertenencias antes de abandonar el lugar.

Las ruinas de Epecuen:

El agua permaneció durante años sobre la localidad. Con la posterior bajante de la laguna, las construcciones comenzaron a emerger y quedaron expuestas a la acción de la sal, el viento y el paso del tiempo. El resultado es un paisaje extraordinario: calles, árboles, paredes, restos de hoteles, el antiguo cementerio y el Matadero Modelo de Francisco Salamone aparecen en medio de un territorio blanco y salitroso. El sitio es hoy uno de los principales atractivos de Carhué y cuenta con un circuito turístico específico dedicado a las ruinas.

Dos maneras de viajar hacia el pasado

La diferencia entre ambos destinos permite plantear dos experiencias turísticas complementarias. En Villa Epecuén, el viaje está fuertemente asociado a la memoria de una ciudad desaparecida. Caminar entre las ruinas permite comprender la dimensión de la antigua villa turística y, al mismo tiempo, observar cómo la naturaleza transformó las construcciones. El antiguo Matadero Modelo, obra de Salamone, es uno de los puntos más reconocibles del recorrido, junto con el cementerio y las edificaciones que todavía permanecen en pie.

La visita se puede complementar en Carhué con el Museo Regional, el patrimonio arquitectónico de Salamone, las termas, el frente del lago y actividades de naturaleza. La agenda turística local también incorpora visitas guiadas a las ruinas, recorridos nocturnos, senderos y propuestas de observación de aves. En octubre de 2026, la Municipalidad mantiene una agenda específica de visitas y experiencias en Epecuén y recomienda consultar previamente días y horarios.

Miramar de Ansenuza propone, en cambio, una experiencia en la que las huellas de la inundación conviven con una ciudad viva. El antiguo Gran Hotel Viena puede recorrerse mediante visitas guiadas y constituye una pieza central para comprender el pasado turístico de la localidad. El Museo Fotográfico permite reconstruir visualmente la transformación del pueblo, mientras que el Museo de Ciencias Naturales Aníbal Montes incorpora la dimensión geológica, paleontológica y ambiental de Ansenuza.

A eso se suma uno de los grandes valores actuales de Miramar: la naturaleza. La laguna Mar Chiquita integra el Parque Nacional Ansenuza, creado en 2022, un área protegida de más de 661.000 hectáreas que conserva humedales de importancia internacional. El sistema alberga más de 350 especies de aves y constituye un sitio fundamental para las tres especies de flamencos de Sudamérica.

La laguna que vuelve a mostrar sus ruinas

Las fluctuaciones del nivel de Mar Chiquita hacen que el paisaje de Miramar tampoco sea estático. Las bajantes han permitido que vuelvan a aparecer sectores de la antigua trama urbana, estructuras y restos de construcciones que permanecieron durante décadas bajo el agua. Es una característica que acerca nuevamente la experiencia de Miramar a la de Epecuén: en ambos casos, el viajero puede observar físicamente las marcas que dejó el agua sobre antiguas ciudades turísticas.

Pero en Ansenuza existe otra dimensión que modifica completamente la experiencia: la biodiversidad. La Administración de Parques Nacionales señala que el humedal concentra cerca del 36% de la avifauna registrada en la Argentina y puede reunir hasta medio millón de aves migratorias y playeras. En 2025, además, se confirmó la nidificación del flamenco andino dentro del parque, un dato relevante para la conservación de una especie considerada vulnerable.

Las excursiones náuticas permiten combinar ambas dimensiones. Desde Miramar se pueden realizar recorridos por la laguna, visitar sectores de las antiguas ruinas y observar flamencos y otras aves en su ambiente natural. La temporada más cálida, entre octubre y marzo, resulta especialmente apropiada para las actividades acuáticas, mientras que durante el invierno las posibilidades de observar las distintas especies de flamencos adquieren particular interés.

Dos destinos para entender cómo cambia el turismo

Epecuén y Miramar de Ansenuza muestran, en definitiva, dos respuestas diferentes frente a un mismo tipo de fenómeno: la transformación radical de un destino turístico por la dinámica de un gran lago salado. En un caso, la ciudad desapareció y regresó como paisaje patrimonial; en el otro, la población consiguió reconstruirse y convirtió la propia laguna —con sus cambios, sus aves y sus ruinas— en parte de una nueva propuesta turística.

Por eso el interés de ambos lugares va más allá de la fotografía de las ruinas. Son destinos donde historia, paisaje, patrimonio, turismo de salud y naturaleza se encuentran en un mismo territorio. Epecuén propone caminar sobre las huellas de una ciudad que el agua convirtió en memoria; Miramar permite observar cómo una comunidad decidió permanecer junto a una laguna que continúa cambiando.

Datos útiles para planificar el viaje

Villa Epecuén y Carhué. La referencia turística para visitar las ruinas es Carhué, en el partido de Adolfo Alsina. El complejo de ruinas y el Centro de Interpretación tienen horarios que pueden variar según la temporada; la Municipalidad recomienda consultar la agenda vigente antes de viajar. Además de las ruinas, conviene reservar tiempo para las termas, el circuito Salamónico, los museos, el Lago Epecuén y las propuestas de observación de aves.

Miramar de Ansenuza. La localidad está a unos 196 kilómetros de la ciudad de Córdoba por ruta. El Gran Hotel Viena, el Museo de Ciencias Naturales Aníbal Montes y el Museo Fotográfico son algunos de los principales puntos para reconstruir la historia local. Para navegación y excursiones por la laguna conviene contratar prestadores habilitados y consultar condiciones según la época del año.

Un dato importante para quienes quieran visitar el Parque Nacional Ansenuza: actualmente la Administración de Parques Nacionales informa que el área protegida todavía se encuentra en etapa de planificación y no está abierta al público como parque nacional. Esto no impide visitar Miramar ni realizar las actividades turísticas disponibles en la localidad y su entorno, pero conviene distinguir entre el destino turístico de Miramar y los sectores del parque que aún no cuentan con visitación habilitada.

Datos prácticos para visitar Villa Epecuén y Miramar de Ansenuza

Villa Epecuén y Carhué: cómo organizar la visita

La visita a Villa Epecuén se realiza desde Carhué, ubicada aproximadamente a 7 kilómetros de las ruinas. El sitio oficial de turismo de Carhué propone actualmente un circuito que incluye las ruinas propiamente dichas, el antiguo cementerio, el Cristo del Camino, el Matadero Modelo, el llamado Castillo de la Princesa y el Museo y Centro de Interpretación.

El Museo y Centro de Interpretación de Villa Epecuén funciona en la antigua estación ferroviaria, uno de los pocos edificios que sobrevivieron a la inundación. La exposición permite reconstruir la evolución de Epecuén desde su nacimiento como destino termal hasta la inundación y posterior recuperación de las ruinas. El Instituto Cultural bonaerense destaca además que el centro incorpora material geológico, información sobre la fauna de la laguna, fotografías y objetos recuperados.

¿Cuánto tiempo dedicarle? Para una primera visita conviene reservar al menos medio día entre el Centro de Interpretación, las ruinas y el Matadero. Si se quiere sumar el circuito histórico de Carhué, las termas y los atractivos naturales, lo recomendable es quedarse dos noches.

El horario también puede variar según la temporada. Por eso, para las ruinas es aconsejable consultar previamente con Turismo de Carhué, especialmente fuera de los meses de mayor movimiento. El sitio oficial ofrece además la aplicación Experiencia Carhué, que reúne información sobre el circuito turístico.

Qué llevar a Epecuén

Es importante recordar que se trata de un espacio abierto, expuesto al sol y al viento, donde buena parte del recorrido se realiza caminando. Conviene llevar agua, protección solar, gorra o sombrero, calzado cerrado y cómodo y, especialmente para fotografía, disponer de tiempo suficiente para recorrer las calles sin apuro.

El paisaje salino puede resultar particularmente intenso en verano. Para fotografía, las primeras horas de la mañana y el final de la tarde ofrecen condiciones de luz más interesantes y permiten evitar las horas de mayor exposición solar.

También es recomendable no trepar estructuras, ingresar en edificios inestables ni retirar objetos de las ruinas. El valor del lugar reside precisamente en conservar esas huellas de la antigua ciudad.

Más que las ruinas: qué hacer en Carhué

La escapada puede complementarse con las aguas hipermarinas del Lago Epecuén, las propuestas de termalismo y spa de Carhué, la Playa Ecosustentable, actividades de observación de aves y el Sendero del Molle. El municipio presenta actualmente el destino alrededor de cuatro ejes: aguas hipermarinas, termas, cultura e historia y naturaleza.

Otro circuito recomendable es el patrimonio de Francisco Salamone. Carhué conserva el Palacio Municipal y otras obras del arquitecto, mientras que el antiguo matadero situado en el acceso a Epecuén constituye uno de los puntos más singulares del recorrido. El edificio fue inaugurado en 1938 y está protegido como Bien de Interés Histórico y Artístico Nacional.

Para quienes quieran prolongar el viaje, desde Carhué también se pueden organizar salidas hacia Rivera, una antigua colonia agrícola de la Jewish Colonization Association situada a unos 50 kilómetros, y otros puntos del sudoeste bonaerense.

Miramar de Ansenuza: un destino para combinar naturaleza e historia

Miramar de Ansenuza está a unos 197 kilómetros de la ciudad de Córdoba y es el único núcleo urbano situado directamente sobre la Laguna Mar Chiquita. La localidad combina playas y costanera con navegación, observación de aves, museos y patrimonio histórico.

Uno de los mejores modos de conocerla es comenzar por la costanera, recorrerla a pie o en bicicleta y reservar el atardecer para la laguna. Córdoba Turismo recomienda especialmente los miradores y el paseo costero, desde donde se pueden observar aves y contemplar la puesta del sol.

El Gran Hotel Viena es imprescindible para comprender la historia turística de Miramar. El edificio fue construido en la década de 1940 y las visitas guiadas recorren sus diferentes sectores y reconstruyen su historia. El sitio oficial de turismo local informa que las visitas duran aproximadamente una hora y comienzan puntualmente, pero advierte que los horarios varían según la temporada. Para octubre de 2026 conviene consultar directamente antes de concurrir.

El Museo de Ciencias Naturales Aníbal Montes permite entender por qué Mar Chiquita es una laguna salada y conocer la geología, paleontología, arqueología, fauna y flora de Ansenuza. También cuenta con una importante sección dedicada a la ornitología. El museo ha tenido diferentes horarios según temporada, por lo que es conveniente verificarlos antes de planificar la visita.

El Museo Fotográfico Dante Marchetti, situado en Libertad 175, reúne fotografías, documentos y audiovisuales que permiten reconstruir la evolución de Miramar, incluyendo las diferentes inundaciones y su transformación en destino turístico. El sitio oficial local informa atención durante la mañana y la tarde, aunque también advierte que los horarios pueden modificarse.

Otro pequeño atractivo es la Capilla Museo San Antonio, identificada como la primera capilla croata de la provincia de Córdoba. El horario publicado actualmente por el sitio turístico de Miramar es sábados y domingos de 15 a 18.30, con charlas narrativas a las 15.30 y 17 horas.

Navegar por la laguna y observar flamencos

La navegación es una de las experiencias que mejor complementan la visita histórica. Existen excursiones embarcadas por la laguna que permiten observar aves y comprender la dimensión del humedal. Córdoba Turismo incluye la navegación por Mar Chiquita entre las actividades de una estadía de dos o tres días en Miramar.

La observación de aves es otro de los grandes argumentos para viajar. Ansenuza concentra una biodiversidad excepcional y es especialmente conocida por sus flamencos, además de garzas, gaviotas, patos y numerosas especies migratorias. La Administración de Parques Nacionales señala que el área alberga una proporción muy importante de la avifauna argentina y puede reunir enormes concentraciones de aves migratorias y playeras.

Una aclaración importante sobre el Parque Nacional Ansenuza

Este punto debería figurar necesariamente en la nota porque puede generar confusión al viajero. El Parque Nacional Ansenuza existe, pero actualmente no está abierto al público para actividades turísticas y recreativas dentro del área protegida. La Administración de Parques Nacionales informa que esas actividades todavía se encuentran en etapa de planificación. Sí existen sedes administrativas en Miramar y otras localidades, mientras que las actividades turísticas que ofrece actualmente la localidad de Miramar se desarrollan en su entorno urbano y lacustre.

El parque conserva más de 661.000 hectáreas y protege humedales de enorme importancia ecológica. Por eso, en términos periodísticos es más preciso hablar de “Miramar de Ansenuza, puerta de entrada turística a la región de Ansenuza” que presentar actualmente todo el parque como un área abierta a la visita convencional.

Excursiones para extender la estadía

Miramar funciona bien como base para recorrer otros puntos del corredor de Ansenuza. Córdoba Turismo propone circuitos que incorporan La Para, Marull y Santa Rosa de Río Primero, además de la propia Miramar. En una estadía de dos o tres días se pueden combinar museos, navegación, observación de aves, gastronomía y recorridos por las localidades cercanas.

Para una primera visita, dos noches resultan suficientes para conocer Miramar sin apuro. Un esquema razonable es dedicar la primera tarde a la costanera y el atardecer; reservar la mañana siguiente para el Museo Aníbal Montes y el Museo Fotográfico; hacer luego la visita guiada al Gran Hotel Viena y dejar una franja para navegación u observación de aves.