Una investigación de la Universidad de Waterloo (Bélgica) desarrolló dos modelos de mingitorios capaces de reducir drásticamente las salpicaduras mediante principios de mecánica de fluidos. El diseño Nautilus, distinguido con el Ig Nobel de Física 2026, también plantea soluciones de accesibilidad, limpieza y uso eficiente del agua que pueden resultar relevantes para hoteles, restaurantes y otros espacios de alta circulación.
Hay investigaciones científicas que parecen destinadas a provocar una sonrisa antes de revelar que detrás de ellas existe un problema concreto. Es el caso del trabajo que recibió el Ig Nobel de Física 2026: un equipo internacional estudió durante más de una década cómo evitar que los urinarios produzcan salpicaduras y terminó desarrollando dos diseños, Nautilus y Cornucopia, que modifican la geometría tradicional del sanitario. El premio fue entregado el 3 de septiembre en Zúrich, dentro de la 36ª ceremonia de los Ig Nobel.
La investigación, liderada por Zhao Pan, de la Universidad de Waterloo, junto con Kaveeshan Thurairajah, Randy Hurd y Tadd Truscott, había sido publicada en 2025 en PNAS Nexus. El estudio combina mecánica de fluidos, modelización matemática, experimentación y diseño industrial para resolver un inconveniente muy cotidiano: qué sucede cuando un chorro de líquido impacta contra una superficie demasiado inclinada.

La clave está en los 30 grados
El punto de partida de los investigadores fue determinar cuál es el ángulo máximo de impacto que permite reducir considerablemente el rebote del líquido. Para comprobarlo utilizaron una boquilla que reproducía las características de un chorro humano y realizaron experimentos con agua coloreada sobre diferentes superficies.
El resultado fue que cuando el líquido impacta contra la superficie con un ángulo de 30 grados o menos, las salpicaduras se reducen de manera significativa. Por encima de ese ángulo aumenta la posibilidad de que parte del líquido rebote y termine fuera del sanitario.
A partir de ese dato, los científicos plantearon el problema como una cuestión geométrica: diseñar una superficie en la que el ángulo de incidencia se mantuviera dentro de ese límite en prácticamente toda su extensión. De allí surgieron los diseños Nautilus y Cornucopia.
El Nautilus, inspirado en la forma de una concha, fue considerado por los investigadores como la alternativa más versátil. Su geometría permite reducir las salpicaduras con usuarios de distintas alturas y, además, incorpora un borde bajo que facilita el acceso a personas de baja estatura y usuarios de sillas de ruedas.

Un problema de limpieza que también es un problema de hotelería
Lo interesante para la industria hotelera está precisamente en aquello que parece menos científico: qué ocurre alrededor del urinario después de cientos o miles de usos.
Las salpicaduras no solamente afectan la experiencia del usuario. También terminan en el piso, las paredes, los zapatos y otras superficies del baño. El estudio señala que los pisos próximos a los urinarios pueden presentar concentraciones elevadas de amoníaco y bacterias, y relaciona ese fenómeno con el splashback.
En un hotel, restaurante, aeropuerto, centro de convenciones o estadio, la cuestión adquiere otra dimensión. Un sanitario que genera menos dispersión de líquido puede significar menos superficie contaminada, menos intervenciones de limpieza y menor necesidad de utilizar agua y productos químicos para mantener el área en condiciones.
La investigación no constituye por sí misma un estudio económico sobre hoteles ni demuestra cuánto podría ahorrar un establecimiento concreto. Pero sí aporta una evidencia experimental que permite considerar el diseño del sanitario como parte de una estrategia más amplia de operación y mantenimiento.
Menos salpicaduras, menos limpieza
Los investigadores compararon los nuevos diseños con urinarios convencionales y encontraron reducciones muy importantes en las salpicaduras, aunque el resultado depende de las condiciones de uso. En determinadas pruebas, el Nautilus consiguió reducciones de hasta 95% respecto de un modelo comercial cuando se utilizaban condiciones de flujo que generaban mucha dispersión en el modelo convencional.
El estudio también plantea una estimación a escala nacional: si los aproximadamente 56 millones de urinarios públicos de Estados Unidos fueran reemplazados por el diseño Nautilus, se podría evitar que alrededor de un millón de litros de orina llegaran al piso cada día. Esa cifra no equivale directamente a un ahorro de un millón de litros de agua, porque se refiere al líquido que dejaría de caer al suelo; el potencial ahorro de agua deriva de la menor necesidad de limpiar esas superficies.
Para la hotelería, esta distinción es importante. El beneficio potencial no está solamente en gastar menos agua, sino en reducir el trabajo necesario para conservar limpio un espacio que tiene una utilización intensiva.
La accesibilidad como parte del diseño
El proyecto también introduce una cuestión especialmente relevante para hoteles: la accesibilidad no tiene por qué ser un elemento añadido después del diseño.
Uno de los problemas de los urinarios convencionales es que una altura determinada puede resultar adecuada para un adulto pero menos apropiada para un niño o una persona con movilidad reducida. El Nautilus utiliza un borde significativamente más bajo y una superficie abierta que permite adaptarse a un rango mayor de usuarios. Según los autores, el borde puede situarse entre 430 y 140 milímetros del suelo, dependiendo de la configuración, y el diseño puede superar los requisitos habituales de accesibilidad.
Para hoteles, esto abre una discusión más amplia: baños accesibles no solamente como habitaciones adaptadas o instalaciones específicas, sino como diseño universal aplicado a cada componente del espacio.
Una oportunidad para hoteles, aeropuertos y cruceros
El propio estudio señala otros ámbitos en los que el diseño podría resultar particularmente interesante: aviones y barcos, donde el movimiento del usuario y del vehículo puede dificultar todavía más la precisión. Los investigadores consideran que la tolerancia del Nautilus frente a diferentes alturas y trayectorias podría resultar útil en esos entornos.
La lógica puede trasladarse también a hoteles y establecimientos turísticos de gran circulación. Los baños de los lobbies, restaurantes, salones de eventos, casinos, centros de convenciones y áreas comunes reciben un volumen de usuarios muy superior al de un baño residencial. Allí, pequeñas mejoras en el diseño pueden multiplicarse por miles de usos.
Además, el estudio destaca que la geometría abierta del Nautilus facilita la limpieza, otro aspecto que puede ser determinante para instalaciones que necesitan rotación permanente de personal de mantenimiento.

Cuando la física entra en el diseño de la experiencia
El caso del urinal o mingitorio premiado con el Ig Nobel permite observar una tendencia más amplia en el diseño hotelero: algunos problemas que parecen exclusivamente operativos pueden abordarse desde la arquitectura, la ingeniería y la experiencia del usuario.
Un huésped probablemente nunca pensará en la ecuación diferencial detrás de un urinario. Tampoco debería necesitar hacerlo. Pero sí puede notar que un baño está limpio, que no hay agua o líquido alrededor, que resulta fácil de utilizar y que sus instalaciones parecen diseñadas para personas de diferentes características físicas.
En ese sentido, la investigación de Waterloo plantea una idea que excede ampliamente al sanitario: el diseño de los espacios turísticos puede resolver problemas antes de que lleguen a convertirse en problemas para el usuario o para el personal del establecimiento.
Y allí está probablemente la verdadera utilidad de un invento que comenzó como una pregunta aparentemente absurda. Los Ig Nobel distinguen investigaciones capaces de hacer reír y luego pensar; en este caso, además, la pregunta científica tiene una aplicación concreta en uno de los espacios más utilizados y menos visibles de la hotelería.








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