Cómo es la nueva especie de pingüino que fue descubierta en 2026 y acaba de ser oficialmente pronunciada científicamente

Una investigación genética publicada en Communications Biology confirmó la existencia de Pygoscelis kerguelensis, una nueva especie de pingüino papúa que habita las remotas islas Kerguelen, territorio francés en el sur del océano Índico. El hallazgo, basado en ejemplares y muestras genéticas, también modifica la clasificación de todo el grupo de los pingüinos papúa y vuelve a poner en primer plano la extraordinaria biodiversidad de las islas subantárticas.

La nueva especie no apareció recientemente en las costas de las islas Kerguelen. En realidad, llevaba más de un siglo en las colecciones científicas. El ejemplar de referencia fue capturado el 31 de diciembre de 1897 y conservado desde entonces en el American Museum of Natural History de Nueva York, identificado como un pingüino papúa. Recién ahora, gracias a la genómica, los investigadores pudieron demostrar que pertenecía a un linaje evolutivo diferente.

La investigación fue publicada el 23 de abril de 2026 en Communications Biology y constituye la primera descripción de una nueva especie de pingüino en más de un siglo. El estudio no se limitó a reconocer a Pygoscelis kerguelensis: sus autores sostienen que lo que durante décadas se consideró una única especie de pingüino papúa comprende en realidad cuatro especies diferenciadas genéticamente.

Una especie que no se distingue a simple vista

El caso resulta especialmente interesante porque Pygoscelis kerguelensis es una especie críptica. Es decir, prácticamente no puede identificarse por su aspecto exterior. Como otros pingüinos papúa, presenta el dorso oscuro, el vientre blanco y las características manchas blancas sobre los ojos. Las diferencias son mucho más evidentes en su genética, sus vocalizaciones y algunos rasgos morfológicos.

Para llegar a esta conclusión, el equipo internacional secuenció el genoma completo de 64 pingüinos papúa procedentes de 10 colonias, cubriendo prácticamente toda el área de distribución del grupo. El análisis permitió identificar miles de variaciones genéticas y establecer que las cuatro poblaciones evolucionaron de manera independiente durante cientos de miles de años.

La clasificación propuesta distingue al pingüino papúa del norte, Pygoscelis papua, presente en las islas Malvinas y la isla Martillo, en Sudamérica; al pingüino papúa austral, Pygoscelis ellsworthi, distribuido por la Antártida y Georgia del Sur; al pingüino papúa oriental, Pygoscelis taeniata, asociado a Crozet, Marion y Macquarie; y al nuevo pingüino papúa del sudeste, Pygoscelis kerguelensis, identificado en Kerguelen y posiblemente también relacionado con la cercana isla Heard.

El aislamiento como motor de la evolución

La historia de estos pingüinos es también una historia de aislamiento geográfico. Las poblaciones quedaron separadas en diferentes islas y regiones del océano Austral y fueron acumulando adaptaciones propias. A ello se suma la Frente Polar Antártica, una zona oceanográfica que constituye una importante barrera para el desplazamiento de numerosas especies.

Los investigadores estiman que los distintos linajes de pingüinos papúa comenzaron a diferenciarse hace aproximadamente 300.000 a 500.000 años. Las diferencias genéticas no son solamente una cuestión taxonómica: algunas están relacionadas con la capacidad de producir calor, almacenar energía, utilizar oxígeno durante las inmersiones y adaptarse a las condiciones particulares de cada ambiente.

El trabajo tiene además un componente sudamericano. La investigación fue liderada por científicos vinculados con la Universidad de Chile y la Universidad Andrés Bello, junto con investigadores de la Universidad de California, Berkeley y especialistas de otros países. La primera autora es Daly Noll, de la Universidad de Chile, mientras que Juliana Vianna, de la Universidad Andrés Bello, es una de las autoras principales.

Kerguelen, un laboratorio natural en el océano Austral

Las islas Kerguelen forman uno de los territorios más aislados administrados por Francia. El archipiélago tiene aproximadamente 7.215 km² de superficie, está compuesto por una isla principal —Grande Terre— y más de 300 islas e islotes, y su punto culminante es el monte Ross, de 1.850 metros. La “capital” es Port-aux-Français (foto de abajo).

Su aislamiento es precisamente uno de los factores que permitió conservar procesos evolutivos y ecosistemas de enorme valor científico. Kerguelen forma parte de las Tierras y Mares Australes Franceses, inscritas por la UNESCO como Patrimonio Mundial desde 2019. El sitio reúne los archipiélagos de Crozet y Kerguelen y las islas Saint-Paul y Ámsterdam, además de numerosos islotes y una enorme superficie marina protegida.

La UNESCO destaca la concentración excepcional de aves y mamíferos marinos de estos territorios. En Kerguelen, por ejemplo, se encuentra una de las mayores poblaciones de elefantes marinos del planeta, además de grandes colonias de aves marinas y distintas especies de pingüinos. La combinación de aislamiento, productividad marina y ausencia de población permanente convierte al territorio en un importante laboratorio natural para estudiar la evolución y los efectos del cambio ambiental.

Una nueva especie, pero también una nueva alerta climática

El descubrimiento tiene una consecuencia particularmente importante para la conservación. Al reconocer cuatro especies donde antes se consideraba que había una sola, también cambia la manera de evaluar el estado de sus poblaciones.

Los investigadores utilizaron modelos climáticos para analizar cómo podría cambiar el hábitat adecuado para cada una hacia 2050. El resultado es preocupante para los linajes que viven en islas subantárticas: bajo un escenario de cambio climático moderado, podrían perder buena parte de las condiciones ambientales favorables en sus actuales territorios y encontrar pocas alternativas hacia las cuales desplazarse. El problema es particularmente serio para especies insulares con áreas de distribución reducidas, porque no tienen necesariamente otros territorios cercanos disponibles para colonizar.

En contraste, el linaje antártico, Pygoscelis ellsworthi, podría ampliar su área potencial de distribución. Esto no significa que el cambio climático sea beneficioso para el ecosistema antártico: otros pingüinos especializados en ambientes de hielo, como el emperador y el Adelia, enfrentan condiciones mucho más adversas a medida que disminuyen el hielo marino y los recursos asociados a él.

El mismo material genético obtenido para el estudio puede tener nuevas aplicaciones. Los científicos ya están utilizando genomas de pingüinos para investigar la respuesta frente a amenazas como la influenza aviar, que está afectando a aves y mamíferos en diferentes regiones del mundo.

¿Se pueden visitar las islas Kerguelen?

Para el viajero interesado en la naturaleza, las Kerguelen representan uno de esos destinos que existen más como frontera científica que como producto turístico convencional. No se trata de un lugar al que se pueda llegar como a cualquier destino de naturaleza o fauna. El acceso a las islas está estrictamente regulado por la administración de las TAAF, y determinados sectores están completamente cerrados debido a su condición de áreas de protección integral o de investigación científica.

Además, las TAAF informan actualmente que ya no ofrecen estancias turísticas a bordo del Marion Dufresne. El acceso a los territorios australes mediante embarcaciones particulares también está muy limitado y requiere autorizaciones específicas; los desplazamientos en tierra están sujetos a la autorización del jefe de distrito y existen sectores donde el ingreso está prohibido.

Esta restricción forma parte de la propia estrategia de conservación. La UNESCO ha pedido mantener un control estricto de las visitas, las operaciones turísticas y los accesos para evitar que el aumento de la presencia humana afecte ecosistemas particularmente frágiles.

La aparición de Pygoscelis kerguelensis demuestra, precisamente, por qué estos territorios tienen un valor que excede ampliamente su atractivo turístico. Una especie puede estar presente durante más de un siglo sin que la ciencia comprenda exactamente qué la diferencia de sus parientes. En las Kerguelen, la investigación no solo está descubriendo nuevas especies: también está revelando cuánto queda todavía por conocer sobre la evolución y la biodiversidad del extremo austral del planeta.