El hombrecito del semáforo no es igual en todas partes: cómo las ciudades transformaron un símbolo universal en un atractivo y un distintivo

Parece uno de los pocos lenguajes realmente universales: una figura roja ordena esperar y otra verde invita a cruzar. Sin embargo, basta viajar con un poco de atención para descubrir que ese peatón anónimo cambia radicalmente de una ciudad a otra. Lleva sombrero en Berlín, se convierte en parejas en Viena, adopta la imagen de Hans Christian Andersen en Dinamarca, recuerda a una sufragista en Nueva Zelanda y hasta se transforma en corazón en Islandia. La artista Maya Barkai convirtió esas diferencias en Walking Men Worldwide, un archivo visual que demuestra que incluso la señal más funcional puede contar la historia, los valores y el sentido del humor de una ciudad.

Uno está apurado por cruzar una avenida y difícilmente se detenga a analizar la anatomía del pequeño personaje luminoso que aparece delante. Sin embargo, ese dibujo aparentemente banal esconde una de las formas más curiosas de diversidad gráfica urbana. Hay peatones encorvados, erguidos, atléticos y casi abstractos; algunos parecen caminar con tranquilidad y otros correr desesperadamente. Cambian sus piernas, brazos, cabeza, proporciones, sombreros y vestimenta, e incluso dejan de ser individuos para convertirse en parejas, personajes históricos o figuras procedentes de la cultura popular.

Esa observación cotidiana fue el punto de partida de Maya Barkai, artista nacida en Jerusalén y radicada en Nueva York, que comenzó a reunir fotografías de señales peatonales enviadas por colaboradores de distintas ciudades. Su proyecto Walking Men Worldwide debutó en enero de 2010 con Walking Men 99, una instalación que cubrió unos 150 metros de cerramientos de obra en Lower Manhattan con 99 peatones procedentes de todo el planeta. En 2012 se presentó una segunda edición ampliada, y posteriormente el proyecto viajó por Rusia, Israel, Australia, Argentina y Taiwán.

Un idioma que todos entienden, pero nadie dibuja igual

La paradoja es justamente lo que hace atractivo el proyecto. La función del pictograma exige ser inmediatamente comprensible para cualquier persona independientemente del idioma que hable, pero esa necesidad de universalidad no produjo un único diseño mundial. Cuando se colocan decenas de siluetas juntas, como hizo Barkai, empiezan a aparecer gestos que normalmente pasan inadvertidos: una inclinación diferente del torso, piernas abiertas en ángulos distintos, un cuerpo más geométrico, otro más humano, figuras hechas con puntos luminosos frente a siluetas compactas.

Cuando Walking Men Worldwide llegó a Sydney en 2013, la ciudad explicó la instalación precisamente desde esa contradicción: las figuras podían entenderse en cualquier cultura, aunque cada país parecía haber inventado su propia versión del “hombre común”. Más de una década después, esa diversidad resulta todavía mayor porque muchas ciudades comenzaron a utilizar deliberadamente sus semáforos como soportes de identidad local.

Buenos Aires también formó parte de esa historia. En 2015, una versión de la obra ocupó sectores de Diagonal Norte, Mitre y San Martín, en el Microcentro, con más de 100 señales peatonales procedentes de distintas ciudades. La intervención mostraba hasta qué punto un dibujo entendido instantáneamente por todos podía conservar, al mismo tiempo, una impronta particular.

Berlín: cuando un peatón sobrevivió a un país

El caso más famoso probablemente sea el Ampelmännchen berlinés. La pequeña figura con sombrero fue diseñada en 1961 por el psicólogo del tránsito Karl Peglau para los semáforos peatonales de Alemania Oriental. Peglau buscó una forma amigable y muy visible que permitiera reconocer rápidamente las órdenes de detenerse o avanzar; el resultado terminó sobreviviendo incluso a la República Democrática Alemana que lo había creado.

Después de la reunificación alemana existió el riesgo de que fuera sustituido por los diseños occidentales, pero la defensa ciudadana terminó convirtiéndolo en símbolo de Berlín y de la memoria de la antigua Alemania del Este. Hoy ya no es solamente señalización vial: existe toda una industria de souvenirs con cientos de productos y tiendas específicas dedicadas al personaje. Es quizá el mejor ejemplo de cómo un pictograma técnico puede terminar convertido en atracción turística e icono cultural.

Alemania llevó posteriormente esa lógica mucho más lejos. En Maguncia, desde 2016 algunos cruces utilizan a Det, uno de los Mainzelmännchen, pequeños personajes animados asociados históricamente con la cadena ZDF. La propia ciudad reconoce que los semáforos se transformaron en puntos llamativos para los visitantes. Y en Friedberg, donde Elvis Presley realizó parte de su servicio militar entre 1958 y 1960, desde 2018 la silueta del cantante guía a los peatones en los alrededores de la plaza que lleva su nombre.

Viena: el peatón dejó de caminar solo

Otra transformación importante ocurrió en Viena. Antes del Festival de Eurovisión y del Life Ball de 2015, la ciudad reemplazó determinados peatones individuales por parejas: hombre y mujer, dos hombres o dos mujeres, acompañados por pequeños corazones. La iniciativa pretendía expresar diversidad y apertura, pero terminó produciendo un efecto inesperado: las figuras se hicieron tan populares que permanecieron instaladas y se convirtieron en motivos fotográficos para turistas.

El experimento tuvo además un componente práctico. Un estudio realizado para la ciudad encontró que la mayor superficie iluminada hacía los pictogramas más visibles y registró menos cruces con luz roja en los puntos analizados. Así, lo que podía parecer simplemente una intervención simpática terminó mostrando que la personalización no necesariamente entra en conflicto con la seguridad vial.

Londres siguió un camino relacionado en 2016, cuando unas 50 señales peatonales alrededor de Trafalgar Square sustituyeron al caminante tradicional por distintos símbolos de diversidad relacionados con Pride. Una década después, Transport for London continúa manteniéndolos y en junio de 2026 celebró precisamente los diez años de aquella intervención.

Ginebra se preguntó por qué el peatón siempre era un hombre

Hay ciudades que utilizaron la señalización para plantear una pregunta todavía más básica: ¿por qué la figura supuestamente “neutra” debía representarse siempre como masculina? En 2020, Ginebra sustituyó 250 de las 500 señales informativas vinculadas con pasos peatonales por seis diseños femeninos diferentes, entre ellos una mujer embarazada, una persona mayor y dos mujeres caminando juntas. La medida formó parte de la política municipal de igualdad y buscaba cuestionar quién aparece representado en el espacio público.

Aquí el cambio resulta especialmente interesante porque muestra que incluso el pictograma más elemental transmite decisiones culturales. Una silueta sin rostro ni detalles puede parecernos neutra únicamente porque estamos acostumbrados a verla. Al modificarla, la señal deja de ser invisible y obliga a reconsiderar esa supuesta neutralidad.

Dinamarca convirtió escritores y vikingos en peatones

En Odense, ciudad natal de Hans Christian Andersen, el escritor de La sirenita y El patito feo llegó también a los semáforos peatonales. Las siluetas inspiradas en Andersen aparecen en cruces de la ciudad y fueron incluidas por Walking Men Worldwide precisamente como ejemplo de una señal funcional transformada en homenaje local.

El fenómeno se repite de distintas maneras en ciudades que buscan convertir elementos diminutos del paisaje cotidiano en marcas territoriales. El atractivo para el viajero no está tanto en organizar un viaje exclusivamente para encontrar un semáforo, sino en descubrir que la identidad local aparece incluso en lugares donde normalmente nadie la buscaría.

Utrecht: una coneja infantil también puede ordenar el tránsito

En los Países Bajos, Utrecht tiene una de las versiones más entrañables: un semáforo peatonal dedicado a Miffy —Nijntje en neerlandés—, la pequeña coneja creada por el ilustrador local Dick Bruna. La oficina turística de la ciudad lo presenta como el único semáforo de Miffy del mundo y lo incluye dentro de una pequeña ruta informal que también puede continuar por Miffy Square y el museo dedicado al personaje.

El ejemplo revela cómo estas señales pueden convertirse en microatracciones. No requieren entrada, horario ni reserva; forman parte de la vida cotidiana y, precisamente por eso, proporcionan una manera diferente de mirar una ciudad. Encontrarlas obliga a prestar atención a algo que normalmente se atraviesa sin pensar.

Wellington: una sufragista en lugar del “hombre verde”

En Wellington, Nueva Zelanda, algunos semáforos sustituyeron la habitual figura masculina por Kate Sheppard, una de las protagonistas del movimiento sufragista neozelandés. La elección tiene un significado histórico particularmente fuerte: Nueva Zelanda se convirtió en 1893 en el primer país autónomo del mundo donde las mujeres obtuvieron el derecho al voto en elecciones nacionales. Documentación del propio Ayuntamiento de Wellington registra que la instalación de la figura de Sheppard en determinados cruces fue muy bien recibida.

Aquí el símbolo ya no sirve simplemente para identificar una ciudad. Funciona como monumento diminuto y repetido, capaz de introducir un personaje histórico dentro de la experiencia diaria de miles de peatones.

Taiwán inventó un hombrecito que realmente caminaba

Taiwán llevó el concepto un paso más allá al introducir movimiento. Su famoso Xiaolüren, el “pequeño hombre verde”, apareció acompañado de una cuenta regresiva y durante años aceleraba su animación conforme se agotaba el tiempo disponible para atravesar la calle. El sistema desarrollado inicialmente en Taipéi a fines de los años 90 se convirtió en una de las señales peatonales más reconocibles del país e incluso en motivo de fotografías para visitantes extranjeros.

Pero hay una novedad significativa en 2026: las autoridades taiwanesas decidieron eliminar la animación que hacía correr al hombrecito, porque podía inducir a interpretar que los peatones debían apurarse cuando quedaban pocos segundos. La nueva normativa establece que el parpadeo debe entenderse como advertencia para que quien todavía no inició el cruce espere al siguiente ciclo. Es un magnífico ejemplo de cómo un icono urbano puede ser culturalmente exitoso y, al mismo tiempo, continuar evolucionando por razones de seguridad.

Islandia: detenerse ante un corazón rojo

En Akureyri, al norte de Islandia, la personalización ni siquiera necesita representar una persona. Desde 2008, determinados semáforos muestran corazones rojos. La iniciativa surgió inicialmente alrededor de un festival local y ganó un significado mucho mayor después de la crisis financiera islandesa de aquel año, cuando una campaña municipal comenzó a utilizar corazones y mensajes positivos para levantar el ánimo de la comunidad.

La idea gustó tanto que permaneció. Actualmente los corazones forman parte de la promoción turística de Akureyri y existe incluso un semáforo específico para selfies instalado junto al centro cultural Hof, apartado del tránsito para que los viajeros puedan fotografiarlo sin correr riesgos. Un mecanismo pensado para ordenar automóviles y peatones terminó transformado en souvenir fotográfico de la ciudad.

De señal invisible a pequeña atracción turística

Esa es quizá la transformación más curiosa de todas. Los semáforos peatonales fueron concebidos para ser vistos durante unos segundos y olvidados inmediatamente después de cruzar la calle. Sin embargo, en Berlín existen tiendas dedicadas a su personaje; Viena los convirtió en un símbolo de diversidad; Akureyri diseñó un punto especial para fotografiarlos; Utrecht los incorpora a la ruta de Miffy y Maguncia admite que sus figuras se convirtieron en imanes para visitantes.

Para el turismo urbano, esto encaja además con una tendencia más amplia: buscar detalles minúsculos y cotidianos que distinguen una ciudad de otra, en lugar de limitar el viaje a monumentos y atracciones convencionales. Un viajero atento puede empezar a coleccionar hombrecitos de semáforo del mismo modo que otros fotografían tapas de alcantarilla, carteles de calles, buzones o cabinas telefónicas.

No hace falta que todos sean extravagantes. Parte del interés está precisamente en comparar pequeñas diferencias: el modo en que Varsovia geometriza una pierna, la postura de un peatón de París o la forma en que Buenos Aires resolvió gráficamente el movimiento. Puestos unos junto a otros, dejan de parecer copias y empiezan a comportarse como pequeños retratos urbanos.

Para viajeros: algunos semáforos curiosos que vale la pena buscar

CiudadQué aparecePor qué es especial
BerlínAmpelmännchen con sombreroSímbolo de la antigua Alemania Oriental convertido en icono berlinés
MagunciaMainzelmännchenPersonajes históricos de la televisión alemana
FriedbergElvis PresleyRecuerda el servicio militar del cantante en la ciudad
VienaParejas heterosexuales y del mismo sexoNacieron en 2015 como mensaje de diversidad y permanecieron
LondresSímbolos de diversidadInstalados alrededor de Trafalgar Square para Pride en 2016
OdenseHans Christian AndersenHomenaje al escritor nacido en la ciudad
UtrechtMiffyÚnico semáforo dedicado a la famosa coneja de Dick Bruna
WellingtonKate SheppardRecuerda a una figura central del sufragio femenino
AkureyriCorazones rojosSurgieron como símbolo de optimismo y hoy son atractivo turístico
Taipéi / TaiwánXiaolüren animadoHistórico hombrecito con cuenta regresiva, modificado en 2026
GinebraDistintas figuras femeninasBusca equilibrar la representación en el espacio público