Los últimos asientos del avión suelen quedar entre los menos elegidos por su cercanía con los baños y el mayor movimiento de pasajeros. Sin embargo, también pueden ofrecer algunas ventajas: mayores probabilidades de encontrar lugares libres alrededor, acceso rápido al servicio de a bordo y, en ciertos aeropuertos, una salida más ágil si se utiliza la puerta trasera. Incluso algunos análisis históricos de accidentes señalaron mejores tasas de supervivencia en la parte posterior de la cabina. Pero no todo aplica a todos los vuelos.
Cuando llega el momento de elegir asiento en un avión, la mayoría de los pasajeros mira hacia adelante. Las primeras filas permiten salir antes, los asientos sobre las alas suelen asociarse con menor sensación de movimiento y las salidas de emergencia ofrecen, en determinados aviones, más espacio para las piernas.
En cambio, las últimas filas suelen quedar relegadas. La cercanía con los baños, el movimiento constante de pasajeros y la posibilidad de viajar en un asiento con menor reclinación hacen que muchos viajeros intenten evitarlas.
Sin embargo, esa mala reputación también puede jugar a favor. En vuelos que no están completos, sentarse al fondo puede aumentar las probabilidades de tener un asiento libre al lado, recibir antes algunos servicios y, en ciertas operaciones, desembarcar rápidamente por la puerta trasera. La clave está en entender qué ventajas son reales y cuáles dependen del avión, la aerolínea y el aeropuerto.

La parte trasera y la seguridad: qué dicen los datos históricos
Uno de los argumentos que suele mencionarse a favor de los últimos asientos tiene que ver con la seguridad. Un análisis publicado por Time a partir de varias décadas de accidentes aéreos encontró que, dentro de los casos estudiados, los pasajeros sentados en la parte posterior de la cabina presentaban una tasa de mortalidad menor que quienes viajaban en las zonas central o delantera.
Eso no significa que exista una “fila más segura” aplicable a cualquier accidente.
Cada incidente es diferente y factores como el tipo de impacto, el incendio, la ubicación de las salidas, la estructura del avión y la posibilidad de evacuar rápidamente pueden modificar completamente el resultado.
Por eso, los organismos de seguridad aérea no establecen una ubicación universalmente más segura dentro de una aeronave.
Sí hay una recomendación mucho más concreta: prestar atención a la demostración de seguridad y saber dónde están las salidas más próximas, incluso las que quedan detrás del asiento.
Más posibilidades de encontrar un asiento vacío al lado
Aquí aparece una ventaja más cotidiana. Los últimos asientos suelen ser menos demandados, precisamente por su proximidad a los baños y las cocinas. En vuelos con ocupación parcial, esa menor popularidad puede hacer que las filas traseras queden con más espacios vacíos.
Para quien viaja solo, conseguir accidentalmente una fila de dos o tres asientos con un lugar libre puede representar bastante más comodidad que pagar un suplemento por una ubicación aparentemente mejor.

No existe garantía: las aerolíneas asignan los lugares según múltiples criterios y un vuelo puede terminar completamente lleno. Pero cuando quedan plazas vacías, la parte trasera suele ser una de las zonas donde todavía pueden aparecer.
El servicio de comida puede llegar antes
Otro posible beneficio está relacionado con el servicio a bordo. En algunos vuelos, la tripulación comienza el reparto de comidas y bebidas simultáneamente desde la parte delantera y la trasera de la cabina. Si ocurre así, quienes están en las últimas filas reciben el servicio muy temprano.
Además, la proximidad con el galley o cocina facilita el acceso de los tripulantes y puede resultar práctica durante vuelos largos. Pero nuevamente hay que evitar convertirlo en una regla general: muchas aerolíneas comienzan el servicio exclusivamente desde adelante o modifican el procedimiento dependiendo de la configuración del avión. Por eso, elegir la última fila únicamente con la expectativa de comer primero puede producir una decepción.
¿También se baja antes?
A veces sí. En numerosos aeropuertos, especialmente cuando el avión estaciona en una posición remota y los pasajeros son trasladados en ómnibus, se utilizan simultáneamente las puertas delantera y trasera. En esos casos, estar sentado al final puede convertir a un pasajero aparentemente mal ubicado en uno de los primeros en pisar tierra.
También es habitual el embarque y desembarque por ambas puertas en algunas compañías de bajo costo. Pero en aeropuertos donde la aeronave se conecta a una manga telescópica, normalmente la puerta utilizada está adelante. En esa situación, viajar en la última fila significa exactamente lo contrario: habrá que esperar a que salga buena parte del avión.

El baño cerca: ventaja y problema al mismo tiempo
Para ciertos pasajeros, especialmente en vuelos largos, viajar a pocos pasos del baño puede ser práctico.
No es necesario recorrer toda la cabina y resulta sencillo advertir cuándo está libre.
El problema es la otra cara de esa comodidad: colas, conversaciones, puertas que se abren y cierran y pasajeros esperando junto al asiento.
En los momentos posteriores al servicio de comidas, la zona puede convertirse en uno de los sectores con más movimiento del avión.
Quienes prioricen dormir o necesiten tranquilidad deberían evaluar ese factor antes de elegir.
Cuidado con la reclinación
Uno de los inconvenientes más importantes puede estar en el propio asiento. Según la configuración de la aeronave, la última fila puede tener una reclinación limitada o directamente no reclinar, especialmente si está pegada a una pared, un baño o una cocina.

No ocurre en todos los modelos, pero merece verificarse. Antes de seleccionar asiento conviene consultar el mapa de cabina publicado por la aerolínea y observar si la última fila aparece con alguna advertencia.
También puede sentirse más movimiento
Los pasajeros sensibles a la turbulencia tienen otro motivo para no elegir el fondo.
Las oscilaciones del avión suelen percibirse con mayor intensidad hacia los extremos de la aeronave, mientras que la zona próxima a las alas tiende a sentirse más estable.
Por eso, quien se marea fácilmente puede preferir un asiento aproximadamente sobre las alas antes que aprovechar las ventajas de la última fila.
Entonces, ¿es realmente la mejor fila?
No existe una respuesta única porque el asiento ideal depende del tipo de viajero.
Para quien busca salir rápido en un aeropuerto que utiliza puertas traseras, tiene sentido. También puede resultar atractivo para quienes prefieren tener los baños cerca o esperan encontrar asientos vacíos alrededor.
En cambio, probablemente no sea la mejor opción para alguien que quiere silencio, máxima reclinación o menor sensación de movimiento.
La mala fama de la última fila, sin embargo, tiene una consecuencia interesante: puede ofrecer ventajas precisamente porque los demás pasajeros la evitan.
En viajes donde la selección de los mejores asientos implica pagar un suplemento, mirar hacia el final de la cabina puede ser una estrategia sencilla para ganar algo de espacio o comodidad sin gastar más.
Qué revisar antes de elegir
Antes de confirmar el asiento, conviene mirar tres cosas: la configuración concreta del avión, si la última fila reclina y dónde están ubicados baños y cocinas.
También puede ser útil averiguar cómo suele desembarcar la aerolínea en el aeropuerto de destino. Si se utilizan dos puertas, las últimas filas ganan valor. Si todo el pasaje sale por una única puerta delantera, sucede lo contrario.
En definitiva, la mejor fila del avión no siempre es la más buscada. A veces, viajar mejor requiere justamente mirar hacia aquellos lugares que casi todos descartan.








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