Un fósil olvidado durante 150 años revela una nueva especie de gliptodonte gigante en Sudamérica

Un cráneo encontrado en las cuevas de Lagoa Santa, Brasil, durante el siglo XIX y descripto científicamente en 1875 resultó pertenecer a una especie desconocida de gliptodonte. Bautizado Glyptotherium deuterophractum, este gran mamífero acorazado habitó amplias regiones de Brasil y Venezuela durante el Pleistoceno tardío. El hallazgo muestra que incluso fósiles conservados en museos desde hace más de un siglo pueden modificar lo que sabemos sobre la megafauna que compartió Sudamérica con los primeros grupos humanos.

No apareció durante una nueva excavación ni estaba oculto debajo de una formación rocosa recién explorada. El fósil llevaba alrededor de 150 años ante los ojos de los científicos.

Un cráneo de gliptodonte recogido en las famosas cuevas de Lagoa Santa, en el estado brasileño de Minas Gerais, y estudiado por primera vez en el siglo XIX acaba de revelar que pertenece a una especie hasta ahora desconocida. Investigadores de Brasil y Dinamarca lo bautizaron Glyptotherium deuterophractum y publicaron la descripción formal el 15 de agosto de 2026 en el Journal of Mammalian Evolution.

El caso constituye un buen ejemplo de cómo funciona actualmente la paleontología: a veces descubrir una especie nueva no exige encontrar nuevos huesos, sino volver a observar con nuevas preguntas, comparaciones y conocimientos materiales que llevan generaciones guardados en colecciones científicas.

Un error taxonómico que duró un siglo y medio

El protagonista de la historia es el cráneo identificado actualmente con el número NHMD 2045557, perteneciente a las colecciones del Museo de Historia Natural de Dinamarca.

El fósil había sido recolectado por el naturalista danés Peter Wilhelm Lund, figura fundamental para el conocimiento de la fauna fósil de Brasil. En 1875, Johannes Theodor Reinhardt lo describió e ilustró bajo el nombre Schistopleurum euphractum, al considerar que estaba relacionado con una especie previamente conocida como Hoplophorus euphractus. Más tarde volvió a ser reclasificado y durante décadas fue asociado con otros gliptodontes.

El problema es que aquellas identificaciones no eran correctas.

Édison Vicente Oliveira, Kasper Lykke Hansen y Kleberson de Oliveira Porpino revisaron tanto el cráneo como la compleja bibliografía acumulada desde los trabajos de Lund y Reinhardt. Al compararlo con ejemplares de Glyptotherium de América del Norte, Central y del Sur, encontraron una combinación de características suficientemente diferente como para reconocer una especie propia. Así apareció, científicamente hablando, Glyptotherium deuterophractum.

Fragmentos del caparazón de gliptodontes.

¿Qué era un gliptodonte?

Para imaginarlo hay que pensar en algo parecido a un armadillo llevado a dimensiones extraordinarias.

Los gliptodontes pertenecían al gran linaje de los xenartros, el mismo grupo evolutivo que actualmente incluye armadillos, osos hormigueros y perezosos. Eran mamíferos herbívoros de cuerpo muy robusto, patas cortas y una enorme coraza compuesta por centenares de piezas óseas denominadas osteodermos.

No todos tenían el mismo tamaño. Algunas formas fueron relativamente moderadas, mientras que los mayores gliptodontes alcanzaron varios metros de longitud y masas superiores a una tonelada. Doedicurus, uno de los gigantes más conocidos del Pleistoceno sudamericano, estuvo entre los representantes más grandes del grupo.

En el caso de Glyptotherium, estimaciones realizadas sobre otros ejemplares del género han arrojado masas en torno de 350 a 400 kilos, por lo que no corresponde atribuir automáticamente al nuevo G. deuterophractum el peso superior a una tonelada alcanzado por otros gliptodontes.

La nueva investigación tampoco propone una estimación específica de longitud o peso para esta especie. Su identificación se apoya principalmente en el cráneo, los dientes, huesos del tarso y la estructura de los osteodermos de la coraza.

La coraza también permitió identificarlo

El cráneo de Lagoa Santa fue la pieza decisiva, pero los investigadores no trabajaron únicamente con él.

Al reconocer sus características distintivas pudieron revisar numerosos restos encontrados anteriormente en distintos puntos de Brasil: fragmentos de coraza, osteodermos aislados, mandíbulas y huesos de las extremidades.

El patrón de los osteodermos —las placas que formaban la armadura— también permitió diferenciar a la nueva especie de Glyptotherium texanum y Glyptotherium cylindricum, conocidos principalmente en América del Norte y Central.

El nombre elegido contiene precisamente una referencia a esa protección. Deutero significa “segundo”, mientras que phraktos remite a algo fortificado o acorazado. Los autores lo explican como una referencia al “segundo gliptodonte de Lagoa Santa”.

Una especie mucho más extendida de lo que parecía

Uno de los aspectos más interesantes del trabajo es que el animal no vivía exclusivamente en Minas Gerais.

Una vez definida la nueva especie, los investigadores pudieron atribuirle fósiles encontrados en Rio Grande do Norte, Pernambuco, Piauí, Alagoas, Tocantins, Amazonas, Minas Gerais y São Paulo, lo que demuestra una amplia distribución por el territorio brasileño.

Y la frontera de Brasil tampoco fue su límite. Restos procedentes del estado de Falcón, en el noroeste de Venezuela, que habían sido asignados previamente a Glyptotherium cylindricum, presentan suficientes semejanzas como para ser incluidos ahora dentro de G. deuterophractum.

El resultado modifica la reconstrucción de la distribución de estos grandes mamíferos en el continente y ayuda a diferenciar una forma sudamericana de las especies conocidas más al norte.

Un animal del final de la Edad de Hielo

La nueva especie vivió durante el Pleistoceno tardío, la etapa final de la última gran Edad de Hielo.

Los fósiles atribuidos a Glyptotherium deuterophractum en el nordeste de Brasil han sido fechados en un intervalo de aproximadamente 58.900 a 19.800 años atrás, mientras que un registro del sudeste brasileño posee una datación cercana a los 17.800 años.

Eso lo sitúa dentro del extraordinario paisaje de megafauna que caracterizó Sudamérica durante el Pleistoceno.

El continente estaba habitado entonces por diversos gliptodontes, enormes perezosos terrestres, toxodontes, mastodontes sudamericanos, macrauquenias y grandes carnívoros, entre otros animales hoy extinguidos.

Y hacia el final de ese período, algunos de ellos coincidieron temporalmente con poblaciones humanas.

¿Los seres humanos cazaban gliptodontes?

La relación entre humanos y megafauna sudamericana continúa siendo objeto de investigación.

Existen yacimientos donde se han documentado posibles señales de aprovechamiento humano de gliptodontes. Investigadores argentinos, por ejemplo, estudiaron cráneos del Pleistoceno tardío encontrados en Venezuela que presentaban fracturas compatibles con golpes dirigidos deliberadamente hacia zonas vulnerables de la cabeza. Los autores consideraron que podrían constituir evidencias de caza, aunque remarcaron que la interpretación debe manejarse con cautela.

Eso no significa que el fósil de Lagoa Santa recientemente reclasificado presente marcas de caza ni que la nueva investigación demuestre interacción directa entre humanos y G. deuterophractum.

Lo que sí muestra la cronología es que estos grandes animales sobrevivieron hasta etapas muy tardías del Pleistoceno, cuando los seres humanos ya estaban expandiéndose por distintas regiones sudamericanas.

La combinación de cambios climáticos y actividad humana continúa siendo una de las grandes discusiones para explicar la desaparición de la megafauna del continente.

De Brasil hacia el norte, y posiblemente de regreso

La investigación tiene además una dimensión que va mucho más allá de bautizar otra especie.

La historia evolutiva de Glyptotherium está relacionada con el Gran Intercambio Biótico Americano, el enorme movimiento de especies que se produjo después de que América del Norte y América del Sur quedaran conectadas por el istmo de Panamá.

Los gliptodontes se originaron en Sudamérica. Algunos linajes avanzaron hacia América Central y Norte, donde se diversificaron. Estudios anteriores habían planteado incluso movimientos posteriores nuevamente hacia el sur. El reconocimiento de G. deuterophractum obliga ahora a precisar ese mapa de desplazamientos y relaciones evolutivas.

Es uno de los motivos por los que un viejo cráneo brasileño termina teniendo importancia continental.

Lagoa Santa, uno de los grandes archivos de la prehistoria sudamericana

El lugar de procedencia tampoco es casual. La región de Lagoa Santa, al norte de Belo Horizonte, posee cientos de cuevas y depósitos calcáreos que conservan uno de los registros paleontológicos y arqueológicos más importantes de Brasil.

Fue allí donde Peter Wilhelm Lund desarrolló durante el siglo XIX investigaciones pioneras sobre mamíferos extinguidos y restos humanos. Sus colecciones terminaron en buena medida en Dinamarca y continúan siendo estudiadas casi dos siglos después.

El nuevo gliptodonte demuestra el valor de esas colecciones históricas.

Un ejemplar puede haber sido excavado hace generaciones y, sin embargo, contener información que los científicos de su época todavía no tenían herramientas suficientes para interpretar.

Una nueva especie que estaba esperando en un museo

La historia de Glyptotherium deuterophractum posee finalmente una paradoja interesante. El animal desapareció hace decenas de miles de años. Su cráneo fue recuperado en el siglo XIX. Fue dibujado, estudiado, clasificado y guardado cuidadosamente. Durante unos 150 años, diferentes especialistas supieron que el fósil existía.

Lo que no sabían era exactamente qué animal estaban mirando. La respuesta llegó en 2026 mediante la combinación de anatomía comparada, nuevas investigaciones realizadas en Brasil y Venezuela y una relectura crítica de trabajos científicos publicados desde 1839.

No fue necesario excavar una nueva cueva. La nueva especie ya estaba allí, dentro de una colección, esperando que alguien volviera a mirarla.