Fort Boyard abrirá por primera vez al público, en 2028. Se podrá visitar la fortaleza francesa que fue una estrella de la TV argentina

Después de décadas en las que solo fue posible contemplarlo desde el mar o entrar como participante de un programa de televisión, el célebre Fort Boyard abrirá sus puertas al público en 2028. La fortaleza, construida en el siglo XIX frente a la costa atlántica francesa, atraviesa una restauración de 44 millones de euros destinada a protegerla de las olas y reconstruir su histórico puerto de desembarco. Para los argentinos tiene además un componente nostálgico: allí se grabaron en 1999 y 2000 las dos temporadas locales de Fort Boyard, conducidas por Araceli González y Julián Weich para Canal 13.

Durante más de tres décadas, millones de espectadores conocieron su patio interior, sus celdas, sus pasadizos y la célebre sala del tesoro sin haber puesto nunca un pie allí. Fort Boyard, una enorme construcción de piedra levantada en medio del Atlántico frente a la costa francesa, dejará finalmente de ser un escenario inaccesible: a partir de 2028 recibirá visitantes por primera vez de manera regular.

El anuncio fue realizado por el Departamento de Charente-Maritime, propietario del monumento, que está llevando adelante un complejo proyecto de restauración para salvar la fortaleza del deterioro provocado por el océano. La apertura está prevista, según el calendario actualmente anunciado, entre comienzos de agosto y fines de octubre de 2028, aunque los detalles sobre modalidades de visita, cupos, horarios y tarifas todavía están en estudio.

Para el público argentino, la noticia tiene una resonancia especial. A fines de los años 90, Fort Boyard dejó de ser solamente una curiosidad francesa y entró en los hogares del país a través de una versión local del famoso juego televisivo.

Qué es realmente Fort Boyard

Pese a su aspecto de fortaleza medieval, Fort Boyard es una construcción del siglo XIX. Se encuentra entre la isla de Aix y la isla de Oléron, en Charente-Maritime, frente a la costa atlántica francesa y cerca del antiguo arsenal naval de Rochefort.

La idea de colocar una fortificación en medio de ese paso marítimo era mucho más antigua. Desde el siglo XVII, Francia buscaba proteger el arsenal de Rochefort de eventuales ataques navales, especialmente británicos. El problema era que los cañones emplazados en tierra no tenían entonces alcance suficiente para cubrir por completo el canal situado entre las islas.

La solución parecía simple sobre el papel y casi imposible en la práctica: construir una fortaleza sobre un banco de arena en medio del mar.

Los trabajos comenzaron finalmente en 1803, bajo Napoleón Bonaparte, pero las dificultades técnicas, los conflictos militares y largos períodos de abandono hicieron que la construcción se prolongara durante décadas. Fort Boyard no quedó oficialmente terminado hasta 1866, 63 años después del comienzo de las obras. El edificio resultante mide alrededor de 68 metros de largo, 31 de ancho y 29 de altura.

La ironía histórica fue inmediata: mientras el fuerte tardaba décadas en construirse, la artillería avanzó. Cuando estuvo terminado, los nuevos cañones instalados en las costas ya podían cubrir la zona y la gran fortaleza marítima había perdido buena parte de la función para la que había sido concebida.

Fortaleza, prisión y edificio abandonado

Su historia posterior fue igualmente singular. A partir de 1871, después de la derrota de la Comuna de París, Fort Boyard fue utilizado temporalmente como prisión. Cerca de 850 detenidos pasaron por el edificio antes de ser enviados, en muchos casos, hacia colonias penitenciarias. La etapa carcelaria duró alrededor de 18 meses.

Durante las décadas siguientes tuvo funciones militares cada vez más reducidas hasta que el Estado francés decidió desafectarlo en 1913. Después de la Primera Guerra Mundial quedó prácticamente abandonado y sufrió saqueos, falta de mantenimiento y el constante castigo del mar.

En 1962 fue vendido a un particular por 33.000 francos. Hubo proyectos para convertirlo en hotel, residencia o espacio de espectáculos, pero su aislamiento hacía extremadamente costosa cualquier intervención. Finalmente, el Departamento de Charente-Maritime se convirtió en propietario en 1989. Fue entonces cuando comenzó su segunda vida.

La televisión salvó a Fort Boyard

El hombre que cambió definitivamente la historia del lugar fue el productor francés Jacques Antoine.

Ya había utilizado el fuerte en una producción televisiva anterior, La Chasse au Trésor, y a fines de los años 80 imaginó un nuevo formato basado completamente en él: equipos encerrados dentro de una fortaleza, sometidos a pruebas físicas, acertijos y desafíos para obtener llaves y finalmente llegar hasta un tesoro.

El Departamento compró el edificio en 1989 y se realizaron importantes obras para hacerlo habitable y seguro para los equipos de televisión. Se instaló una plataforma de acceso, infraestructura energética, cocinas y espacios de circulación. El primer programa de Fort Boyard se rodó durante el verano de 1990.

La fórmula fue exportada ampliamente. Según el gobierno de Charente-Maritime, el formato llegó a ser adaptado en más de 70 países, transformando una fortificación prácticamente olvidada en uno de los edificios franceses más reconocibles por televisión.

Cuando Araceli González y Julián Weich llegaron al fuerte

La Argentina fue uno de esos países. La versión argentina de Fort Boyard debutó en Canal 13 el 5 de julio de 1999, conducida por Araceli González y Julián Weich. No se trataba de una reconstrucción realizada en un estudio porteño: los programas se grababan en el verdadero fuerte francés, y equipos de participantes argentinos viajaban hasta Charente-Maritime para enfrentar las pruebas.

La primera temporada tuvo 14 equipos. Los participantes debían superar desafíos físicos, resolver enigmas, obtener cinco llaves y conseguir finalmente el acceso a la sala del tesoro antes de que terminara el tiempo. Tigres, personajes del fuerte, pruebas de altura y espacios cerrados formaban parte de un formato bastante diferente de los concursos televisivos argentinos habituales de entonces.

El estreno tuvo un impacto considerable: alcanzó 27,4 puntos de rating, una cifra particularmente alta para un programa emitido a las 23. Semanas después continuaba alrededor de los 26 puntos y se había convertido en una de las propuestas fuertes de la televisión nocturna.

El éxito llevó a una segunda temporada en 2000, nuevamente con González y Weich y nuevamente rodada en Francia. Por eso, aunque suele recordárselo como “el programa de los años 90”, la versión argentina atravesó en realidad 1999 y 2000.

Para toda una generación de argentinos, esa es probablemente la imagen más familiar de Fort Boyard.

El mar empezó a ganar la batalla

Paradójicamente, el edificio que durante décadas desafió a participantes de televisión comenzó a perder su propia batalla contra el océano.

El fuerte había sido construido originalmente con tres elementos fundamentales de protección: una risberma, es decir, una base de grandes bloques alrededor del edificio; un havre d’accostage, pequeño puerto protegido utilizado para desembarcar; y un espolón rompeolas orientado hacia el mar abierto.

Con el paso del tiempo, el puerto y el espolón desaparecieron prácticamente por completo y la risberma quedó muy dañada. Sin esas defensas, las olas impactan directamente sobre el edificio, socavan los fondos marinos y permiten que grandes cantidades de agua entren en la fortaleza. El Departamento advierte que, sin intervención, la estructura podría acabar deteriorándose hasta poner en riesgo su supervivencia.

Un proyecto de 44 millones de euros

La restauración actual es una obra excepcional también por su complejidad.

El programa tiene un presupuesto global de 44 millones de euros y comenzó materialmente en 2025. Su objetivo no es reconstruir el edificio como si fuera nuevo, sino devolverle los elementos protectores que tuvo históricamente, adaptados con técnicas y materiales contemporáneos.

La primera gran intervención consiste en reparar la risberma de piedra alrededor de sus cimientos. Después se reconstruirá el puerto de desembarco, una pieza esencial para el futuro turístico porque permitirá que los barcos trasladen visitantes hasta la fortaleza. Finalmente se reinstalará el gran espolón rompeolas, diseñado para absorber buena parte de la energía del Atlántico antes de que alcance los muros.

Parte de esas gigantescas estructuras se está prefabricando en el puerto de Saint-Nazaire. El calendario contempla su puesta a flote durante 2026 y su instalación alrededor del fuerte durante 2027, antes de la finalización de las obras entre fines de ese año y comienzos de 2028.

El nuevo puerto es la llave para abrir el monumento

La reconstrucción del área de desembarco tiene una doble función.

Por un lado, volverá a proteger el edificio frente a las olas. Por el otro, resolverá uno de los mayores obstáculos que históricamente impidieron convertir Fort Boyard en un atractivo visitable: cómo hacer desembarcar personas de manera segura en medio del mar.

Hasta ahora, salvo equipos de producción, participantes, técnicos e invitados especiales, el interior del fuerte ha permanecido prácticamente inaccesible para el turista común.

Desde tierra, la alternativa turística habitual consiste en tomar excursiones marítimas que rodean Fort Boyard y permiten verlo desde el barco, generalmente partiendo desde La Rochelle, Fouras, Rochefort o las islas próximas.

A partir de 2028, eso cambiará.

Cómo serán las visitas

Por el momento, el gobierno departamental ha confirmado el período general de apertura, pero todavía no definió públicamente el sistema definitivo de visitas.

La previsión actualmente publicada indica que el fuerte recibirá público desde principios de agosto hasta fines de octubre, después de terminada la restauración. Las modalidades de reserva, capacidad diaria, transporte marítimo, recorrido interior y precio de las entradas siguen en elaboración.

Es razonable esperar cupos limitados: el espacio interior, las dificultades de acceso marítimo y las condiciones meteorológicas obligarán necesariamente a controlar la cantidad de visitantes.

El clima será además un factor determinante. Fort Boyard está literalmente rodeado por el Atlántico y su historia demuestra hasta qué punto oleaje, mareas y tormentas condicionan cualquier operación.

Del “fuerte inútil” a patrimonio turístico

Fort Boyard fue llamado durante años el “fort de l’inutile”, el fuerte inútil, porque quedó militarmente obsoleto prácticamente en cuanto terminó de construirse.

La televisión terminó dándole una función que ninguno de sus arquitectos podría haber imaginado.

Primero se transformó en plató. Después, en icono cultural internacional. Y ahora la fama televisiva está ayudando a financiar su conservación como patrimonio: en 2026 fue seleccionado por la Mission Patrimoine francesa y la Fundación del Patrimonio mantiene una campaña de donaciones para contribuir a su recuperación.

La apertura de 2028 completará ese recorrido. Durante más de dos siglos, Fort Boyard pasó de proyecto defensivo imposible a fortificación obsoleta; de cárcel a ruina; de edificio abandonado a uno de los decorados televisivos más reconocidos del mundo.

Y para los argentinos que a fines de los años 90 vieron a Araceli González y Julián Weich desafiar aquella mole perdida en el Atlántico, habrá finalmente una novedad que parecía improbable: se podrá viajar a Francia y entrar en el verdadero Fort Boyard sin necesidad de concursar en televisión.