Para los viajeros de Sudamérica, cruzar una frontera internacional comienza cada vez menos en el aeropuerto y cada vez más en una pantalla. Autorizaciones electrónicas, registros biométricos, bases de datos interconectadas y herramientas de inteligencia artificial están transformando los controles migratorios. Europa ya opera el EES y prepara ETIAS; el Reino Unido exige ETA a varios pasaportes sudamericanos; Estados Unidos utiliza ESTA para los chilenos y Canadá amplía sus autorizaciones electrónicas. El resultado es un viaje con menos sellos físicos, pero con muchas más verificaciones digitales antes de embarcar.
Durante décadas, para un viajero sudamericano la pregunta fundamental antes de salir al exterior era relativamente sencilla: “¿Necesito visa?”. En 2026 esa pregunta ya no alcanza. Ahora también hay que saber si el destino exige una ETA o autorización electrónica de viaje, si el pasaporte quedará registrado en un sistema biométrico, si es necesario completar una declaración antes de volar, si la autorización está vinculada electrónicamente al número de pasaporte y qué sucede si ese documento cambia antes del viaje.
Detrás de muchas de estas herramientas existe además una infraestructura menos visible en la que comienzan a intervenir algoritmos e inteligencia artificial: verificación documental, comparación de identidades, detección de inconsistencias, análisis de grandes bases de datos y gestión automatizada de viajeros.
El cambio es particularmente relevante para los sudamericanos porque algunos de sus principales destinos internacionales —Europa, Reino Unido, Estados Unidos y Canadá— están atravesando precisamente esa transformación.

La frontera empieza antes de subir al avión
Una de las ideas centrales de esta nueva etapa es que el control migratorio se está desplazando hacia el momento previo al viaje.
Antes, gran parte de la verificación ocurría al llegar: el pasajero entregaba el pasaporte a un agente, respondía algunas preguntas y recibía un sello.
Actualmente, muchos países conocen una cantidad considerable de información antes de que el avión despegue.
El viajero completa formularios electrónicos, solicita autorizaciones, transmite datos del pasaporte y proporciona información que las aerolíneas deben comunicar posteriormente a las autoridades migratorias.
Los sistemas digitales permiten entonces cruzar y verificar esos datos antes de que la persona llegue físicamente a la frontera.
El World Economic Forum señaló en junio de 2026 que tecnologías asociadas con inteligencia artificial llevan años utilizándose en los sistemas migratorios para analizar grandes volúmenes de información de identidad, evaluar datos vinculados con visas electrónicas y realizar controles biométricos mediante smart gates. Actualmente, esos usos abarcan visas, identificación, fronteras, asilo, migración laboral y predicción de flujos.
Sin embargo, existe una diferencia importante: digitalización no significa necesariamente inteligencia artificial.
Una ETA, un e-Visa o una tarjeta de llegada digital pueden funcionar sin que un sistema de IA decida si una persona puede ingresar.
La inteligencia artificial puede aparecer detrás, por ejemplo, ayudando a analizar documentos o encontrar anomalías dentro de millones de registros.
Europa: para los sudamericanos, 2026 marca un cambio importante
Europa ofrece probablemente el ejemplo más visible de esta transformación.
Desde el 10 de abril de 2026, el Entry/Exit System (EES) está plenamente operativo en los puntos fronterizos externos de los 29 países europeos que lo utilizan. El despliegue había comenzado progresivamente en octubre de 2025.
Para un turista sudamericano que viaja por una estadía corta, esto supone un cambio fundamental: el tradicional sello en el pasaporte está siendo sustituido por un registro electrónico de entradas y salidas.
En el primer cruce desde la puesta en marcha del sistema, las autoridades pueden registrar datos personales, la imagen facial y las huellas digitales del viajero. En visitas posteriores, esos datos biométricos pueden verificarse nuevamente, agilizando el procedimiento.
El sistema se aplica tanto a viajeros que necesitan visa como a aquellos que pueden entrar sin ella para estadías cortas.
Por lo tanto, afecta directamente a millones de sudamericanos.
ETIAS: varios pasaportes sudamericanos tendrán una nueva obligación
El segundo gran cambio europeo será ETIAS, el Sistema Europeo de Información y Autorización de Viajes. No es una visa.
Será una autorización electrónica previa para viajeros que actualmente pueden realizar visitas cortas sin visa a los 30 países europeos incorporados al programa.
A agosto de 2026, ETIAS todavía no está operativo y no es posible presentar solicitudes. La Unión Europea señala que comunicará la fecha exacta de inicio con antelación; otra página oficial sitúa su puesta en marcha prevista durante el último trimestre de 2026. Este trámite fue postergado ya tantas veces que es imposible asegurar con certeza cuándo empezará a regir.
Una vez lanzado, sin embargo, los viajeros latinos deberán tenerlo en cuenta. Para nuestro continente, habrá dos grupos de países:
| Pasaporte sudamericano | Situación para estadías cortas en los países europeos ETIAS |
|---|---|
| Argentina | Exento de visa; necesitará ETIAS cuando comience |
| Brasil | Exento de visa; necesitará ETIAS |
| Chile | Exento de visa; necesitará ETIAS |
| Colombia | Exento de visa; necesitará ETIAS |
| Paraguay | Exento de visa; necesitará ETIAS |
| Perú | Exento de visa; necesitará ETIAS |
| Uruguay | Exento de visa; necesitará ETIAS |
| Venezuela | Exento de visa; necesitará ETIAS |
| Bolivia | Continúa sujeto a visa Schengen; ETIAS no reemplaza la visa |
| Ecuador | Continúa sujeto a visa Schengen |
| Guyana | Continúa sujeto a visa Schengen |
| Surinam | Continúa sujeto a visa Schengen |
La propia Unión Europea incluye a Argentina, Brasil, Chile, Colombia, Paraguay, Perú, Uruguay y Venezuela entre las nacionalidades que deberán contar con ETIAS cuando el sistema entre en funcionamiento. Bolivia, Ecuador, Guyana y Surinam figuran actualmente entre los países sometidos a obligación de visa para cruzar las fronteras externas correspondientes.
Esta diferencia evita uno de los errores más habituales: ETIAS no sustituye al visado Schengen.
Está pensado fundamentalmente para quienes ya podían viajar sin visa.

ETIAS estará vinculado al pasaporte
Otro aspecto importante para quien organice un viaje con meses de anticipación es que la autorización estará electrónicamente vinculada al pasaporte utilizado en la solicitud.
Según la Unión Europea, ETIAS tendrá una validez de hasta tres años o hasta que venza el pasaporte, lo que ocurra primero.
Si el viajero renueva el documento, deberá obtener una nueva autorización.
Este modelo está extendiéndose por distintos países y plantea una nueva regla práctica:
pasaporte nuevo puede significar autorización electrónica nueva.
Ya no alcanza con guardar una confirmación impresa de una visa o permiso anterior.
Reino Unido: la ETA ya es una realidad para muchos sudamericanos
Para quienes viajan a Londres, Escocia, Gales o Irlanda del Norte, la transformación ya ocurrió.
El Reino Unido implementó su Electronic Travel Authorisation (ETA) para numerosos ciudadanos que anteriormente podían viajar sin realizar una autorización previa.
Entre los pasaportes sudamericanos actualmente sujetos a ETA figuran Argentina, Brasil, Chile, Guyana, Paraguay, Perú y Uruguay. La exigencia comenzó para estos viajeros en enero de 2025 y continúa vigente en 2026.
La autorización permite presentarse para viajes turísticos y otras visitas admitidas de hasta seis meses, aunque, como sucede con otros permisos electrónicos, no equivale a un derecho automático de entrada.
La decisión migratoria definitiva continúa produciéndose en frontera.
Para el turista, el cambio parece pequeño —un formulario antes del vuelo—, pero desde el punto de vista administrativo es profundo: la autoridad puede comenzar a verificar al pasajero antes de que llegue al territorio británico.
Estados Unidos: Chile es la excepción sudamericana con ESTA
Estados Unidos lleva más tiempo funcionando bajo esta lógica.
En Sudamérica, Chile es actualmente el único país incluido en el Visa Waiver Program estadounidense. Los ciudadanos chilenos que cumplan las condiciones pueden viajar por turismo o negocios por hasta 90 días sin solicitar una visa tradicional, pero necesitan obtener previamente una autorización ESTA.
ESTA constituye justamente uno de los antecedentes de los sistemas que después comenzaron a expandirse por otros destinos.
Y muestra algo importante: “viajar sin visa” ya no significa necesariamente viajar sin trámite previo.
El pasajero puede estar exento de un visado consular y, aun así, necesitar autorización electrónica para embarcar.
Estados Unidos también advierte que un ESTA aprobado solamente permite viajar hasta un puerto de entrada y solicitar admisión: la autorización final corresponde a las autoridades fronterizas.
Canadá: las reglas pueden depender incluso de cómo se llega
Canadá añade otro grado de complejidad.
Los viajeros exentos de visa que llegan por vía aérea necesitan normalmente una eTA, vinculada electrónicamente a su pasaporte. Puede tener una vigencia de hasta cinco años o hasta el vencimiento del documento.
Además, Canadá permite actualmente que ciudadanos de algunos países que habitualmente requieren visa puedan solicitar una eTA en determinadas circunstancias.
Esto incluye a argentinos, brasileños y uruguayos que hayan tenido una visa canadiense durante los últimos diez años o que posean una visa estadounidense de no inmigrante válida, siempre que viajen a Canadá por avión y cumplan las demás condiciones.
Pero hay una particularidad que demuestra hasta qué punto las reglas digitales pueden ser complejas: esa facilidad no se aplica de la misma manera a quienes ingresan por automóvil, autobús, tren o barco. En esos casos, esos viajeros pueden seguir necesitando una visa canadiense.
Para quien combine Estados Unidos y Canadá durante un mismo viaje, el modo de transporte puede entonces modificar el documento migratorio necesario.
La biometría sustituye progresivamente al sello
La segunda gran transformación es física. El rostro, las huellas y el pasaporte electrónico están sustituyendo progresivamente a la inspección basada exclusivamente en documentos y sellos.
Los aeropuertos incorporan puertas automáticas capaces de comparar la fotografía almacenada en el chip del pasaporte con el rostro de la persona situada frente a la cámara.
En otros casos, las imágenes o huellas se almacenan temporalmente o durante períodos determinados en sistemas migratorios.
Europa es particularmente ilustrativa: con EES, la primera entrada puede requerir la captura de fotografía facial y huellas digitales, que después sirven para verificar la identidad en cruces siguientes.
Para los pasajeros acostumbrados a buscar el sello de París, Roma o Madrid como recuerdo, incluso hay un cambio cultural: el historial del viaje estará cada vez más en una base de datos y menos en las páginas del pasaporte.
Donde entra realmente la inteligencia artificial
No todos estos mecanismos utilizan IA y conviene evitar confundir conceptos.
Un lector biométrico puede simplemente comparar determinados parámetros.
Una ETA puede estar basada en reglas informáticas convencionales.
Un portal electrónico puede limitarse a recoger datos.
Pero la IA puede incorporarse detrás de estos sistemas para examinar documentación, detectar posibles fraudes, identificar incoherencias, procesar grandes volúmenes de solicitudes, clasificar casos, responder preguntas o encontrar patrones dentro de bases de datos migratorias.
El WEF señala que su utilización en migraciones ya alcanza desde procesamiento de visas e identidad hasta gestión de fronteras y migración laboral.
Eso explica por qué el viajero puede estar utilizando un sistema apoyado por IA sin encontrarse nunca con un chatbot ni ver la expresión “inteligencia artificial” en la pantalla.
Para el viajero, la coherencia de los datos se vuelve crucial
La consecuencia práctica es importante.
En sistemas cada vez más conectados, una diferencia aparentemente menor puede generar problemas:
un número de pasaporte ingresado incorrectamente, un segundo apellido omitido, una fecha de nacimiento equivocada o una autorización electrónica obtenida con un pasaporte que luego fue reemplazado.
Antes, determinados errores podían pasar inadvertidos hasta el mostrador migratorio.
Ahora pueden detectarse antes de permitir el embarque.
Para los viajeros sudamericanos resulta especialmente aconsejable verificar que el nombre utilizado en la reserva aérea coincida con el documento de viaje y que las autorizaciones estén asociadas exactamente al pasaporte que se utilizará para volar.
Una autorización electrónica nunca garantiza la entrada
Existe otra confusión frecuente. Tener una ETA, ETIAS, ESTA o eTA aprobada no significa que el país haya garantizado el ingreso del viajero.
En la mayoría de estos modelos, la autorización permite presentarse ante la frontera o embarcar con destino al país.
La autoridad migratoria conserva la capacidad de verificar los requisitos de entrada.
Canadá lo expresa explícitamente: una eTA no garantiza admisión.
Estados Unidos aplica la misma lógica con ESTA.
Y ETIAS funcionará también como autorización previa, no como sustituto del control fronterizo.
Más rapidez, pero también nuevos problemas
Desde el punto de vista del pasajero, las ventajas son evidentes.
Menos formularios en papel, mayor automatización, posibilidad de completar gestiones desde casa y eventualmente controles fronterizos más rápidos.
Pero la digitalización genera nuevos tipos de inconvenientes.
Un viajero puede tener un vuelo dentro de pocas horas y descubrir que ingresó mal un número.
Una página oficial puede sufrir una interrupción.
Una fotografía puede no ser aceptada.
Una autorización puede quedar pendiente de revisión.
Y una persona sin tarjeta bancaria, smartphone, conectividad estable o experiencia con trámites digitales puede encontrarse en clara desventaja.
El World Economic Forum advierte precisamente sobre este punto: los sistemas migratorios basados en IA pueden mejorar servicios y acelerar procesos, pero también plantean riesgos relacionados con privacidad, vigilancia, sesgos, discriminación, ciberseguridad, falta de transparencia y exclusión digital.
También crece el problema de las páginas falsas
Existe un riesgo adicional para quienes tramitan permisos desde Sudamérica: confundir la página oficial con intermediarios que imitan el aspecto de los portales gubernamentales.
Es especialmente frecuente en autorizaciones sencillas.
Canadá, por ejemplo, advierte expresamente que existe un único sitio oficial gubernamental para solicitar la eTA y que otros portales privados pueden cobrar tarifas adicionales por gestionar el mismo trámite.
La recomendación es aplicable a prácticamente todas las autorizaciones electrónicas: comenzar siempre desde la página oficial de inmigración o gobierno del país de destino, no desde el primer anuncio que aparece en un buscador.
La irrupción de páginas creadas rápidamente con inteligencia artificial puede hacer todavía más difícil distinguir un sitio gubernamental de una imitación convincente.
La IA puede facilitar el viaje, pero también equivocarse
Existe finalmente una paradoja.
Cada vez más personas utilizan ChatGPT, Gemini y otros asistentes para saber si necesitan visa o qué documentación llevar.
Son herramientas útiles para entender procesos complejos.
Pero los requisitos migratorios constituyen precisamente uno de los campos donde una respuesta desactualizada puede arruinar un viaje.
Las reglas cambian. Los sistemas se aplazan. Se agregan nacionalidades. Las tarifas aumentan. Y una autorización que todavía no estaba operativa cuando el modelo obtuvo determinada información puede entrar en vigor semanas después.
El caso ETIAS es un ejemplo perfecto: durante años circularon fechas distintas para su lanzamiento y actualmente la propia Unión Europea advierte que todavía no recibe solicitudes.
La IA puede ayudar a interpretar.
Pero la última comprobación debería hacerse siempre en la fuente gubernamental del país de destino.
El nuevo equipaje invisible del viajero sudamericano
Pasaporte, pasaje y reserva de hotel ya no describen por sí solos la documentación necesaria para un viaje internacional.
El viajero de esta década comienza a transportar también una serie de elementos invisibles:
una identidad digital vinculada al pasaporte, autorizaciones electrónicas, registros biométricos y datos que pueden acompañarlo a través de distintos sistemas fronterizos.
La frontera empieza antes del aeropuerto y puede continuar mucho después del sello que ya no existe.
Para los sudamericanos, 2026 constituye un año especialmente representativo de esa transición. Europa ya registra digitalmente entradas y salidas; ETIAS está próximo a incorporarse; el Reino Unido opera con ETA; Estados Unidos utiliza ESTA y Canadá amplía progresivamente su sistema eTA.
La pregunta, por lo tanto, está cambiando. Ya no es solamente “¿necesito visa?”. Antes de viajar también habrá que preguntarse: “¿Qué autorización digital necesita mi pasaporte y qué información sobre mí ya estará esperando cuando llegue a la frontera?”








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