La inteligencia artificial ya cambió la forma de viajar: tres de cada cuatro turistas planean utilizarla en sus próximos viajes

La IA dejó de ser una herramienta experimental para convertirse en un nuevo intermediario del turismo. Un estudio internacional de Mindtrip, Sabre, Sojern y MMGY Travel Intelligence indica que el 54% de los viajeros ya la utilizó para planificar un viaje y el 75% prevé hacerlo en el futuro. La transformación va mucho más allá de pedir un itinerario a ChatGPT: los turistas comparan precios, descubren destinos, analizan hoteles y empiezan a aceptar que un asistente de IA intervenga directamente en las reservas. El sector turístico, sin embargo, avanza bastante más lentamente que sus clientes.

Durante años, organizar unas vacaciones significó abrir varias pestañas del navegador: buscar un vuelo, revisar mapas, comparar hoteles, leer decenas de comentarios, consultar blogs, revisar horarios y finalmente intentar ordenar toda esa información en un itinerario.

Ese modelo empieza a cambiar.

La inteligencia artificial se está convirtiendo rápidamente en una de las principales puertas de entrada al viaje, especialmente entre las generaciones más jóvenes. Ya no funciona únicamente como una herramienta para inspirarse: participa cada vez más en las decisiones sobre adónde ir, dónde dormir, cuánto gastar y qué reservar.

Los datos publicados en agosto de 2026 por Mindtrip, en colaboración con Sabre, Sojern y MMGY Travel Intelligence, muestran la magnitud del cambio: el 54% de los viajeros consultados ya utilizó inteligencia artificial para planificar viajes y el 75% afirma que piensa hacerlo en el futuro.

La adopción avanza, además, más rápido entre los turistas que entre las propias organizaciones responsables de promocionar los destinos.

Solo 22% de las organizaciones de marketing de destinos —DMO, por sus siglas en inglés— ofrece actualmente herramientas de planificación mediante IA en sus páginas web, mientras apenas 26% cuenta con una estrategia documentada sobre esta tecnología.

La brecha plantea una pregunta cada vez más importante para la industria: si un viajero empieza su búsqueda preguntando directamente a una IA, ¿qué ocurre con las páginas de turismo, agencias y plataformas que no aparecen en esa conversación?

Del buscador al asistente de viaje

Hasta hace pocos años, Google era prácticamente el punto de partida obligatorio. “Hoteles baratos en Roma”, “qué hacer cuatro días en Tokio” o “mejor época para viajar a Patagonia” eran búsquedas que abrían la puerta a decenas de páginas. La IA generativa cambia esa lógica porque permite formular preguntas mucho más complejas.

Un viajero puede pedir: “Organizame siete días en Japón para dos personas, con un presupuesto de US$2.000 sin contar vuelos, evitando grandes multitudes, con interés en gastronomía y trenes, y dejando dos tardes libres”. En segundos obtiene un esquema que antes habría requerido consultar varias fuentes.

Luego puede modificarlo: “Sacá Osaka, agregá una noche en un pueblo pequeño y decime cuánto debería presupuestar por día”. La diferencia fundamental está en la conversación. En lugar de adaptar su viaje a las categorías de un buscador, el usuario describe directamente lo que necesita y la herramienta reorganiza la propuesta.

La IA ya cambia el destino elegido

La influencia no queda limitada a ordenar información. Según el estudio de Mindtrip, 40% de los viajeros afirmó haber descubierto algún destino mediante una herramienta de inteligencia artificial, mientras que 29% llegó a modificar sus planes a partir de una recomendación generada por IA. Eso significa que estas plataformas empiezan a tener un poder que hasta hace poco estaba distribuido entre buscadores, medios especializados, redes sociales, agencias de viajes y oficinas de turismo. Las aplicaciones más habituales incluyen la investigación de itinerarios, la comparación entre vuelos, hoteles y excursiones y la búsqueda de nuevas ideas de destinos.

Otros datos del estudio muestran todavía con mayor claridad ese uso práctico: 60% utilizó IA para investigar atractivos, restaurantes o transporte; 56% para comparar precios y 43% para construir itinerarios y organizar los detalles del viaje. La IA se instala así entre la inspiración y la compra.

Millennials y Generación Z lideran el cambio

La tendencia tiene un fuerte componente generacional. Entre los Millennials consultados, 69% aseguró utilizar asistentes de inteligencia artificial con tanta frecuencia como las redes sociales para planificar viajes. Entre los integrantes de la Generación Z, el porcentaje alcanza el 63%.

Esto no significa que hayan abandonado TikTok, Instagram o YouTube. Al contrario: ambas herramientas pueden cumplir funciones diferentes. Las redes continúan teniendo un enorme peso en la inspiración visual. Un video puede despertar el deseo de viajar a una isla de Grecia, un pueblo japonés o una playa brasileña.

Después llega la IA para resolver la parte práctica: cómo llegar, cuánto cuesta, dónde conviene dormir, qué distancia existe entre los lugares, cómo funcionan los trenes y si el viaje puede realizarse con determinado presupuesto.

El resultado es una nueva secuencia: red social → IA → comparación → reserva.

Comparar 50 hoteles sin leer 5.000 comentarios

Una de las aplicaciones más útiles aparece en las reseñas. Elegir un hotel puede significar enfrentarse a centenares o miles de opiniones. La inteligencia artificial puede analizar grandes cantidades de comentarios y detectar patrones.

En lugar de leerlos uno por uno, el viajero puede recibir una síntesis: “Los huéspedes destacan la ubicación y el desayuno, pero se repiten críticas sobre aislamiento acústico y tamaño de las habitaciones”.

Este tipo de resumen cambia también la lógica de las plataformas hoteleras. La posición en una lista deja de ser el único factor importante: la IA puede buscar propiedades que respondan exactamente al conjunto de preferencias de cada usuario.

Un hotel ubicado en el puesto 35 de una búsqueda convencional podría convertirse en la primera recomendación para alguien que solicita piscina climatizada, conexión directa en transporte público, habitaciones silenciosas y opciones sin gluten.

Predecir cuándo comprar un vuelo

La inteligencia artificial tampoco empezó con ChatGPT. El turismo lleva años utilizando algoritmos y machine learning para analizar tarifas aéreas. Herramientas como Google Flights y Hopper estudian enormes volúmenes de precios históricos para identificar tendencias y señalar si una determinada tarifa parece alta, baja o normal, y si existe alguna probabilidad de que cambie.

La IA generativa agrega ahora una capa conversacional a esas capacidades. Un usuario ya no busca solamente “Buenos Aires-Madrid”. Puede pedir que se evalúen distintos aeropuertos, escalas, fechas flexibles y combinaciones de transporte para minimizar el costo total. El siguiente paso será todavía más importante: que el sistema no solo recomiende qué comprar, sino que pueda ejecutar la compra.

De recomendar a reservar: llega la IA “agente”

Ahí aparece una de las transformaciones que más observa actualmente la industria: la denominada IA agéntica o agentic AI. Hasta ahora, el modelo predominante puede resumirse así: el viajero pregunta → la IA responde → el viajero reserva. El modelo que comienza a desarrollarse sería: el viajero pide → la IA busca → compara → selecciona → realiza determinadas acciones en nombre del usuario.

Por ejemplo: “Reservame un hotel de cuatro estrellas cerca del centro de Lisboa por menos de €180 la noche, con cancelación gratuita y nota superior a 8,5”. El usuario podría establecer las condiciones y autorizar después la transacción. El estudio muestra que más de un tercio de los viajeros ya se siente cómodo con algún grado de participación de la IA dentro del proceso de reserva, nuevamente con mayor apertura entre Millennials y Generación Z. Para compañías como Sabre, esta evolución significa que la IA comienza a conectar las dos etapas que históricamente estuvieron separadas: buscar y comprar.

Un nuevo desafío para las agencias de viajes

La expansión de la IA no implica necesariamente la desaparición del agente de viajes, pero sí modifica su función. Las tareas repetitivas —comparar horarios, buscar determinadas tarifas o construir un primer borrador del itinerario— pueden automatizarse cada vez más.

El valor profesional se desplaza hacia otras áreas: resolver viajes complejos, verificar información, negociar servicios, asistir frente a cancelaciones, conocer productos específicos, garantizar reservas y asumir responsabilidad frente a problemas. En viajes de lujo, expediciones, grupos, MICE o itinerarios multidestino, la combinación entre profesional humano e inteligencia artificial puede incluso aumentar la productividad del agente. La ventaja del especialista sigue siendo importante: una IA puede producir rápidamente una respuesta incorrecta; un profesional debe poder reconocerla antes de que se convierta en un problema durante el viaje.

El gran problema: la IA también se equivoca

La velocidad no garantiza exactitud. Los sistemas generativos pueden recomendar establecimientos cerrados, horarios desactualizados, requisitos migratorios incorrectos o combinaciones de transporte imposibles.

El riesgo aumenta cuanto más sensible es la información. Un restaurante incorrecto puede representar una molestia. Un dato equivocado sobre una visa, una conexión aérea o la necesidad de una vacuna puede alterar todo un viaje. Por eso, la IA funciona mejor como herramienta de planificación y comparación que como única fuente de información. Horarios de vuelos, condiciones migratorias, restricciones sanitarias, entradas y cierres de atractivos deberían comprobarse siempre en fuentes oficiales. Esta limitación será decisiva para determinar qué empresas logran transformarse en fuentes confiables para los sistemas de IA.

Las oficinas de turismo están llegando tarde

Los datos de Mindtrip revelan posiblemente el aspecto más incómodo para los destinos. Mientras 75% de los viajeros piensa utilizar IA en próximos viajes, únicamente 22% de las DMO ofrece un planificador basado en esta tecnología. Y el público empieza a esperar esa funcionalidad.

El 63% afirmó que utilizaría un planificador de IA directamente dentro del sitio web oficial de un destino, mientras que uno de cada cuatro señaló que tendría menos probabilidades de utilizar una web turística que no ofreciera funciones de inteligencia artificial.

Para las oficinas de turismo, esto supone un cambio estratégico. Durante años, sus páginas se concentraron en inspirar: grandes fotografías, videos, artículos y listas de atractivos. El turista ahora exige algo más cercano a una herramienta: “¿Qué puedo hacer tres días si llueve?” “¿Qué parte de esta región puedo recorrer sin auto?” “¿Dónde puedo alojarme con dos chicos y un presupuesto de US$150 diarios?” “Construime un itinerario accesible para una persona con movilidad reducida”.

Curiosamente, aunque los viajeros utilizan ampliamente la IA para organizar itinerarios, solo 20% de los responsables de DMO consultados identificó la creación de itinerarios como una funcionalidad de alto valor. La diferencia muestra hasta qué punto el comportamiento del viajero está avanzando por delante del sector.

También cambia el marketing turístico

Hasta ahora, una parte considerable del marketing digital se construyó alrededor de Google. Los destinos trabajaban SEO para aparecer entre los primeros resultados. Ahora surge una nueva pregunta: ¿cómo conseguir que ChatGPT, Gemini u otro asistente recomiende un destino?

La respuesta todavía está evolucionando, pero hay un elemento que gana importancia: disponer de información digital precisa, estructurada, actualizada y confiable. Si una oficina de turismo publica correctamente horarios, eventos, transportes, atractivos, accesibilidad y temporadas, aumenta la posibilidad de que esos datos puedan alimentar respuestas útiles. Por eso, el desafío ya no consiste únicamente en convencer al turista. También será necesario convertirse en una fuente que las máquinas puedan interpretar y considerar confiable.

¿Puede la IA repartir mejor a los turistas?

Existe además una aplicación interesante frente al sobreturismo. Un sistema podría detectar que un determinado atractivo está saturado y sugerir automáticamente otra hora, barrio o experiencia. En lugar de enviar a todos los visitantes hacia los mismos diez puntos, podría personalizar miles de itinerarios diferentes en función de intereses específicos. Un amante de arquitectura podría recibir un recorrido diferente de quien busca gastronomía. Una familia con niños, otro. Un viajero que ya visitó la ciudad tres veces, otro completamente distinto. En teoría, esta hiperpersonalización podría ayudar a distribuir espacial y temporalmente los flujos turísticos.

Pero existe también el riesgo contrario. Si un sistema comienza a recomendar masivamente un pequeño restaurante, playa o pueblo, puede producir el mismo efecto que TikTok: llevar grandes cantidades de viajeros hacia un lugar que no estaba preparado para recibirlos.

El traductor que siempre viaja en el bolsillo

La transformación continúa una vez comenzado el viaje. Las aplicaciones de traducción ya permiten apuntar la cámara hacia un menú, cartel o estación y obtener una interpretación instantánea. Los modelos de voz avanzan además hacia conversaciones prácticamente simultáneas entre personas que hablan idiomas diferentes. Esto puede transformar especialmente los viajes hacia países donde la barrera lingüística desalentaba a muchos turistas.

También facilita el acceso a pequeños negocios que no disponen de personal multilingüe. La tecnología no reemplaza completamente la comunicación humana —y todavía comete errores culturales y lingüísticos—, pero reduce considerablemente uno de los obstáculos clásicos del turismo internacional.

Un asistente disponible durante las 24 horas

Aerolíneas, hoteles y plataformas integran además chatbots capaces de responder consultas a cualquier hora. Inicialmente estaban limitados a preguntas muy básicas. Los nuevos modelos pueden interpretar problemas expresados de manera natural: “Mi vuelo se retrasó y voy a perder la conexión. ¿Qué opciones tengo?” “Voy a llegar al hotel después de medianoche”. “Necesito cambiar la reserva de dos a tres personas”. El objetivo para las compañías es reducir presión sobre sus centros de atención. Para el pasajero, la ventaja potencial es la inmediatez.

El problema aparece cuando una situación necesita una excepción, una compensación o una decisión que el sistema no puede resolver. Allí sigue siendo fundamental disponer de una vía clara para llegar a una persona.

La IA ya no es una herramienta opcional para el turismo

El estudio recoge una percepción particularmente contundente entre los responsables del sector: 72% de los líderes de organizaciones de destinos considera que aquellas que no adopten inteligencia artificial durante los próximos dos años corren riesgo de perder relevancia en el descubrimiento de destinos. No significa necesariamente que todas deban desarrollar su propio ChatGPT.

Significa que deberán decidir cómo aparecer en un ecosistema donde una proporción creciente de viajeros ya no empieza el viaje visitando una web, sino formulando una pregunta. Para hoteles, aerolíneas y agencias, el cambio es similar.

El nuevo cliente espera comparar rápidamente, resumir grandes cantidades de información y recibir recomendaciones adaptadas a sus restricciones personales.

Del “¿adónde voy?” al “compralo por mí”

La evolución puede resumirse en cuatro etapas. Primero, la IA ayudó a inspirar. Después empezó a planificar. Ahora está ayudando a comparar y decidir. El próximo paso será actuar.

Cuando los asistentes puedan gestionar reservas, modificaciones y pagos bajo determinadas autorizaciones, la transformación será mucho más profunda porque la IA dejará de ser solamente una herramienta informativa y pasará a convertirse en un nuevo intermediario comercial.

Algo parecido ocurrió cuando Internet reemplazó buena parte de las consultas telefónicas y permitió reservar directamente desde una computadora. La diferencia es que esta vez el viajero no tendrá necesariamente que navegar entre decenas de webs. Podrá simplemente decir qué quiere. Y esperar una propuesta —o incluso una reserva— como respuesta.