Buenos Aires acelera por la Fórmula 1: el regreso que podría transformar al automovilismo en un nuevo motor turístico

La Fórmula 1 todavía no confirmó un Gran Premio de Argentina, pero Buenos Aires está avanzando con una pieza fundamental para volver al calendario: la transformación integral del Autódromo Oscar y Juan Gálvez. La futura pista tendrá 4,87 kilómetros, 15 curvas y capacidad para recibir hasta 150.000 espectadores por jornada. El MotoGP de 2027 será la primera gran prueba internacional. Detrás del objetivo deportivo hay otra apuesta de escala: convertir a la F1 en un evento capaz de atraer turistas regionales, impulsar hoteles, gastronomía y consumo y volver a proyectar a Buenos Aires ante una audiencia global.

Buenos Aires no tiene todavía una fecha de Fórmula 1. Tampoco existe, a agosto de 2026, un Gran Premio de Argentina anunciado en el calendario futuro de la categoría. Pero después de casi tres décadas sin monoplazas compitiendo oficialmente en la capital, la posibilidad dejó de ser solamente una expresión de deseo.

El Autódromo Oscar y Juan Gálvez atraviesa su mayor transformación en años y el Gobierno porteño tomó una decisión concreta: modificar el proyecto que originalmente estaba orientado al regreso del MotoGP para que la infraestructura quede preparada también para aspirar a la Fórmula 1.

Las obras alcanzaban a comienzos de agosto alrededor del 60% de avance. El trazado previsto para la F1 tendrá 4,87 kilómetros y 15 curvas, un ancho mínimo de 12 metros, 15 metros en la recta principal y hasta 18 metros en la primera curva. Los autos podrían alcanzar aproximadamente 340 km/h, mientras que el conjunto tendrá capacidad potencial para recibir hasta 150.000 espectadores por día.

El proyecto está desarrollado con Tilke Engineers & Architects, la firma creada por Hermann Tilke que intervino en numerosos circuitos contemporáneos de Fórmula 1, y las obras están a cargo de AUSA. La Ciudad prevé concluir esta etapa hacia fines de 2026.

El primer examen llegará poco después: MotoGP volverá a Buenos Aires en 2027, convirtiendo al renovado autódromo en escenario de una competencia internacional de máxima categoría antes de cualquier eventual regreso de la F1. El Jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, Jorge Macri, se involucró -al igual que el presidente Javier Milei- para que la F1 vuelva a orillas del Río de la Plata. En recientes declaraciones, el presidente del Ente de Turismo de la Ciudad de Buenos Aires, Valentín Díaz Gilligan, afirmó que “la cuestión ya no es de saber si la F1 vendrá a Buenos Aires, sino cuándo”. En el caso más optimista podría ser en 2027, mientras varias carreras siguen canceladas en los paises del Golfo por la guerra en Irán. Sino habrá que esperar hast 2028.

Antes de la Fórmula 1, Buenos Aires tendrá que demostrar que puede organizarla

La nueva pista constituye una condición necesaria, pero no suficiente. Para albergar un Gran Premio, el circuito deberá cumplir los requisitos técnicos y obtener la homologación correspondiente de la FIA. A eso se agregan aspectos mucho menos visibles pero igualmente importantes: seguridad, boxes, paddock, Race Control, accesos, logística, comunicaciones, infraestructura para equipos, movilidad de decenas de miles de espectadores y operación de un evento internacional durante varios días.

Parte de ese trabajo ya aparece en las obras. Se construyó un nuevo túnel de acceso al paddock, se amplían sectores de la pista y la calle de boxes, se trabaja sobre desagües y servicios y se modificó la zona del antiguo kartódromo para extender el trazado. El karting será trasladado al Parque Ribera Sur.

En medios especializados comenzó además a circular para la nueva etapa la denominación “Fangio Circuit”, en homenaje al quíntuple campeón mundial Juan Manuel Fangio. Sin embargo, las comunicaciones oficiales más recientes del Gobierno porteño siguen identificando al complejo como Autódromo Oscar y Juan Gálvez, por lo que conviene distinguir por ahora el nombre promocional del circuito de la denominación institucional del predio.

Colapinto cambió la escala de la conversación

El otro componente de la ofensiva porteña no está hecho de cemento sino de público. La llegada de Franco Colapinto a la Fórmula 1 produjo un fenómeno que quedó demostrado el 26 de abril de 2026, cuando el piloto argentino realizó una exhibición con Alpine alrededor del Monumento de los Españoles, en Palermo.

Una foto de Jorge Macri y Franco Colapinto estudiando la traza de la futura pista del Autódromo de Buenos Aires:

La Ciudad estimó una concurrencia superior a 600.000 personas. Pero para analizar el potencial turístico hay un dato incluso más significativo: más de 100.000 visitantes nacionales e internacionales habrían llegado a Buenos Aires por ese acontecimiento, la ocupación hotelera alcanzó niveles propios de un fin de semana largo y el impacto económico fue calculado por el Gobierno porteño en más de $18.000 millones.

Según la Ciudad, hubo visitantes procedentes no solamente de otras provincias argentinas, sino también de Brasil, Paraguay, Uruguay y Chile. Y aquello fue apenas un road show gratuito de un día, no un Gran Premio de tres jornadas con pilotos, equipos y público internacional.

La comparación permite dimensionar por qué Buenos Aires observa la Fórmula 1 también como una política de grandes eventos y turismo.

La carrera podría convertirse en un imán para el turismo regional

Buenos Aires tiene varias características que podrían favorecer particularmente el modelo turístico de la Fórmula 1.

La primera es su conectividad. Ezeiza y Aeroparque enlazan la capital con grandes mercados sudamericanos y con numerosos destinos internacionales. Brasil sería previsiblemente uno de los emisores más importantes, pero Uruguay, Chile, Paraguay y otros mercados regionales también están a pocas horas de vuelo.

La segunda es que la carrera no tendría que “crear” una oferta turística alrededor del circuito. Buenos Aires ya posee hotelería de todas las categorías, gastronomía, vida nocturna, compras, cultura y espectáculos suficientes para extender la estadía más allá del fin de semana deportivo.

Ese punto resulta decisivo. El negocio turístico de un Gran Premio no termina en la entrada al autódromo.

Los visitantes consumen alojamiento, restaurantes, taxis y aplicaciones de movilidad, vuelos, bares, comercios, excursiones y espectáculos. Y muchos llegan antes o permanecen después de la carrera.

La experiencia de São Paulo permite observarlo en una ciudad latinoamericana comparable por escala y diversidad de oferta.

El espejo de São Paulo: R$2.300 millones en tres días de Fórmula 1

El Gran Premio de São Paulo 2025 reunió a 303.627 espectadores y produjo un impacto económico estimado en R$2.300 millones, según un estudio de la Fundación Getulio Vargas difundido por la Prefeitura. De ese total, R$1.400 millones correspondieron a impacto directo y R$894,2 millones a efectos indirectos. El acontecimiento involucró además a unas 23.700 personas en su organización.

El cálculo municipal fue todavía más ilustrativo: por cada real invertido en el GP, R$7,14 retornaron a la economía local.

Estudios previos sobre el público de Interlagos muestran además que los turistas no llegan únicamente para mirar la carrera. Gastronomía, compras y vida nocturna aparecen entre las actividades complementarias más frecuentes.

Es exactamente el tipo de derrame que Buenos Aires podría buscar.

Palermo, San Telmo, Puerto Madero, Corrientes, los restaurantes porteños, el tango, los museos y los grandes atractivos urbanos podrían funcionar como complemento de un acontecimiento que tendría su epicentro en el sur de la ciudad.

Fórmula 1 como vidriera internacional

Existe además un impacto más difícil de calcular: la exposición de la ciudad.

Durante un fin de semana de Fórmula 1, el nombre del destino se reproduce constantemente en televisión, plataformas digitales, redes sociales y medios de decenas de países. Las transmisiones incluyen imágenes de la ciudad, referencias culturales y contenidos producidos por equipos, pilotos, patrocinadores y miles de visitantes.

Las Vegas ofrece un ejemplo extremo de esta estrategia. Desde el regreso de la F1 en 2023 hasta 2025, el Gran Premio generó un impacto económico acumulado estimado en US$3.200 millones en el sur de Nevada, según datos difundidos por la propia Fórmula 1. Las tres primeras ediciones agotaron localidades.

Una foto de las carreras de F1 en Buenos Aires en los años 1980:

En su primera edición, la competencia había atraído alrededor de 145.000 visitantes únicos y generado un impacto cercano a US$1.500 millones.

Buenos Aires tendría obviamente otra escala, otro modelo de organización y otro nivel de precios. Pero el ejemplo muestra por qué ciudades de diferentes continentes compiten por obtener una fecha.

La carrera es simultáneamente deporte, entretenimiento, promoción turística y producción de contenido global.

Una oportunidad para cambiar el mapa turístico del sur porteño

Existe otro aspecto particularmente interesante para Buenos Aires.

El autódromo está en Villa Riachuelo, lejos de los corredores turísticos clásicos de Recoleta, Palermo, San Telmo y Puerto Madero.

Una F1 obligaría a invertir en transporte, accesos, señalización, espacio público y servicios en el sur porteño y podría impulsar nuevos consumos en áreas tradicionalmente menos vinculadas con el turismo internacional.

La Ciudad ya viene utilizando el entorno para reforzar una identidad asociada al automovilismo: durante las obras del Gálvez, por ejemplo, el TC2000 disputó en marzo de 2026 una competencia callejera en los alrededores del Parque de la Ciudad.

La transformación del autódromo podría entonces tener un efecto que exceda algunos fines de semana al año, especialmente si se consolida un calendario permanente de automovilismo, motociclismo, eventos corporativos y experiencias para visitantes.

Una foto aérea de las obras de la pista:

MotoGP 2027 será el ensayo general

Antes de pensar en un Gran Premio de Argentina, todas las miradas estarán puestas en 2027.

El regreso de MotoGP a Buenos Aires permitirá medir aspectos fundamentales: funcionamiento de la nueva pista, circulación del público, transporte, accesos, capacidad del paddock, hotelería, seguridad y operación general de un acontecimiento internacional.

Coincidirá además con la condición de Buenos Aires como Capital Mundial del Deporte 2027, reconocimiento que la Ciudad está utilizando como plataforma para atraer competencias internacionales.

Un MotoGP exitoso constituiría una carta mucho más convincente ante Formula One Management que cualquier presentación institucional.

La F1 necesita saber no solo que existe pasión por el deporte, sino que la ciudad puede mover decenas de miles de personas diariamente y prestar servicios a equipos, patrocinadores, medios y turistas con estándares internacionales.

El problema: no alcanza con querer una carrera

La mayor dificultad está fuera del autódromo.

La Fórmula 1 posee un calendario limitado y una demanda enorme de posibles anfitriones. En 2026 tiene 24 Grandes Premios en 21 países y cinco continentes, con una combinación de circuitos históricos y nuevas sedes como Madrid.

Buenos Aires, por lo tanto, no compite solamente contra sus propios antecedentes o contra otros países latinoamericanos: compite por un espacio limitado dentro de uno de los calendarios deportivos más demandados del mundo.

A eso se suma la ecuación financiera. Los cánones, infraestructura y costos operativos de organizar una carrera de F1 son elevados y normalmente exigen acuerdos plurianuales.

Por eso, cualquier evaluación económica deberá medir no solo cuánto cuesta traer la carrera, sino cuánto gasto turístico adicional genera, cuánto recauda el sector público, cuánto empleo produce y qué valor promocional internacional obtiene la ciudad.

Ahí el antecedente de São Paulo resulta especialmente relevante: la continuidad de Interlagos se justifica en gran medida por su impacto sobre la economía y el turismo urbano, no solamente por la tradición deportiva.

¿2027, 2028 o 2029?

Por ahora, ninguna de esas fechas está confirmada. Un Gran Premio en 2027 aparece extremadamente difícil por los tiempos de obra, homologación, contratos y calendario. En círculos vinculados con el proyecto se mencionan 2028 y 2029 como horizontes más plausibles, pero no existe todavía un anuncio de Fórmula 1 que permita convertir esas posibilidades en fechas.

La cautela es importante porque Buenos Aires ya conoció en otras épocas proyectos de retorno que finalmente no llegaron a concretarse.

La última carrera se disputó el 12 de abril de 1998. Michael Schumacher ganó con Ferrari y Esteban Tuero fue el representante argentino. Desde entonces, la Fórmula 1 no volvió a competir oficialmente en el país.

Fangio, Reutemann y Colapinto: una historia que también puede vender turismo

Buenos Aires dispone finalmente de algo que las nuevas sedes tienen que construir desde cero: historia.

El primer Gran Premio puntuable disputado en la ciudad fue en 1953. Juan Manuel Fangio ganó cuatro veces el GP argentino en Buenos Aires, mientras Carlos Reutemann se convirtió décadas después en otra figura central del vínculo entre el país y la Fórmula 1.

Ahora es Colapinto quien conecta aquella tradición con una generación mucho más joven.

El éxito de su exhibición de abril demostró que esa historia no pertenece únicamente a los aficionados veteranos. El público fue masivo, intergeneracional y regional.

Para el turismo, esa combinación es especialmente potente: una ciudad con historia de F1, un piloto argentino contemporáneo, una fuerte cultura automovilística y una oferta urbana capaz de sostener varios días de estadía.

Una carrera que todavía no existe, pero cuyo impacto ya puede imaginarse

Buenos Aires todavía está lejos de poder anunciar “vuelve la Fórmula 1”.

Primero deberá terminar el autódromo. Luego tendrá que demostrar su funcionamiento con MotoGP, obtener las homologaciones necesarias, encontrar un esquema económico viable y, finalmente, conseguir una fecha en un calendario mundial altamente competitivo.

Pero la pregunta ya no es únicamente deportiva.

Los más de 100.000 turistas que, según datos oficiales, viajaron por una exhibición de Colapinto ofrecen una primera pista de lo que podría ocurrir con un verdadero Gran Premio.

Si Buenos Aires consiguiera trasladar al mercado argentino una parte del efecto que la F1 produce en ciudades como São Paulo, la carrera podría convertirse en uno de los grandes acontecimientos turísticos internacionales de la capital, con impacto sobre hoteles, restaurantes, aerolíneas, comercio, entretenimiento y promoción externa.

Por ahora, los autos de Fórmula 1 no tienen fecha para volver al Gálvez.

Pero el turismo ya aparece como uno de los argumentos más fuertes para intentar que lo hagan.