Ariel Ferrero, editor de Sunny News

“La Nueva York que vi desde las Torres Gemelas y que ya no existe”

Una fotografía tomada en 1998 devuelve a Ariel Ferrero a la terraza del World Trade Center. A 25 años de los atentados, recuerda sus dos visitas a las Torres Gemelas, la sensación de estar a más de 400 metros sobre Manhattan y una vista de Nueva York que desapareció para siempre.

¿Qué representa hoy para vos esa fotografía tomada en 1998 en la terraza del World Trade Center?

Con los años dejó de ser simplemente una fotografía de viaje. Durante mucho tiempo fue una imagen más de uno de mis viajes a Nueva York: yo apoyado sobre una baranda, mirando Manhattan desde la terraza del Top of the World, en la Torre Sur. Pero tres años después ese lugar dejó de existir. A 25 años del 11-S, cuando vuelvo a verla ya no observo solamente a quien era entonces, sino también todo lo que había alrededor y que en ese momento parecía eterno.

¿Qué relación tenías con Nueva York antes de esa visita?

Siempre fui un fanático de Nueva York. La considero mi segunda ciudad después de Buenos Aires. La visité por primera vez en 1994 y recuerdo perfectamente mi primera imagen de la ciudad. No fue Times Square, ni la Estatua de la Libertad, ni el Empire State. Fueron las Torres Gemelas.

Desde el aeropuerto JFK se distinguía a lo lejos su silueta recortándose sobre Manhattan. Después de haber visto Nueva York tantas veces en películas, fotografías y televisión, verlas fue como confirmar que finalmente había llegado.

¿Cuántas veces pudiste visitar las Torres Gemelas?

Dos veces, en 1995 y en 1998. Hay recuerdos que todavía permanecen muy nítidos. Uno de ellos es el lobby: era enorme, vidriado, monumental, lleno de escaleras mecánicas. Todo parecía construido en una escala diferente. Después estaba la subida hasta el observatorio Top of the World, que se encontraba en los pisos superiores de la Torre Sur. El espacio interior estaba en el piso 107 y desde allí se podía continuar hasta la terraza exterior, sobre el piso 110.

¿Qué sensación te produjo estar a más de 400 metros sobre Manhattan?

Antes de salir a la terraza me acerqué a una de aquellas ventanas angostas tan características de las Torres y miré hacia abajo. La altura impresionaba muchísimo. Yo había estado también en el Empire State Building y recuerdo haber pensado: “Qué diferencia con el Empire, que es cemento. Esto es puro hierro y vidrio”. Era una impresión personal, por supuesto, porque eran edificios construidos en épocas y con conceptos arquitectónicos muy diferentes. Pero tuve cierta sensación de inseguridad. Era una mezcla muy fuerte de fascinación y vértigo.

¿Cómo era la vista desde la terraza del Top of the World?

Después de haber vuelto muchas veces a Nueva York y de haber subido a distintos miradores, puedo decir que fue la mejor vista de Manhattan que tuve en mi vida. La ciudad parecía una enorme maqueta. Los edificios que desde la calle parecían gigantescos se volvían pequeños, las avenidas eran líneas y los autos apenas puntos. El Empire State se veía a lo lejos y, al estar al aire libre, la sensación era completamente diferente a mirar la ciudad detrás de un vidrio. En 1998, obviamente, no pensé que estaba viviendo algo irrepetible. Simplemente estaba disfrutando Nueva York.

¿Qué tenía de particular aquel observatorio?

Top of the World había abierto en 1975 y era uno de los grandes atractivos turísticos de Nueva York. Además del observatorio interior del piso 107, cuando el clima lo permitía se podía acceder a la terraza exterior, a unos 420 metros de altura. Era incluso más alta que la terraza de observación del Empire State Building. Millones de personas pasaron por allí durante casi 26 años. El observatorio recibió visitantes hasta la noche del 10 de septiembre de 2001. Fue su último día.

Las Torres Gemeles desde el Empire State Building. Marzo de 1997.

¿Hay algún detalle de aquella fotografía que hoy te resulte especialmente significativo?

Sí. No estoy mirando a la cámara. Estoy mirando Nueva York. Estoy apoyado sobre aquella baranda, contemplando Manhattan, y no había absolutamente ninguna razón para imaginar que tres años después todo eso se convertiría en historia. Las Torres formaban parte del paisaje cotidiano de Nueva York. Parecía inconcebible imaginar la ciudad sin ellas.

¿Cómo cambió tu relación con esa imagen después del 11 de septiembre de 2001?

Cambió completamente. Los atentados destruyeron las Torres y provocaron la muerte de 2.977 víctimas, además de los 19 secuestradores, en Nueva York, el Pentágono y Pensilvania. El lugar exacto desde donde se tomó aquella fotografía desapareció. Entonces la imagen dejó de ser únicamente el recuerdo de un viaje y empezó a representar también una ciudad que ya no existe.

Volviste a Ground Zero poco después de los atentados. ¿Qué recordás de aquella visita?

Estuve nuevamente allí en agosto de 2002, menos de un año después. Era inevitable comparar aquel lugar con lo que había conocido pocos años antes. Con el tiempo, Nueva York reconstruyó el sur de Manhattan. Hoy están las piscinas del 9/11 Memorial sobre las huellas de las Torres, el museo, el Oculus y el One World Trade Center dominando nuevamente el skyline. Pero aquella vista nunca puede repetirse.

¿Por qué decís que no puede repetirse, incluso aunque hoy existan miradores igual de altos?

Porque no se trata solamente de la altura. Hoy Nueva York tiene miradores espectaculares, algunos incluso a alturas similares o superiores. Pero aquella Nueva York ya no existe. La ciudad que contemplaba desde la terraza en 1998 pertenecía a otro tiempo. Era la Nueva York anterior al 11-S y a todo lo que vino después.

SunnyNews en Ground Zero. Agosto de 2002.

En 2018 volviste a mirar Manhattan desde el World Trade Center. ¿Cómo fue esa experiencia?

Subí al One World Trade Center veinte años después de aquella fotografía de 1998. La vista era nuevamente extraordinaria, pero la sensación era inevitablemente diferente. Abajo estaban las huellas de las Torres transformadas en el Memorial, mientras una parte de mi memoria seguía regresando a aquella terraza. Nueva York había reconstruido su skyline. Yo estaba nuevamente mirando la ciudad desde el World Trade Center, pero era otra Nueva York.

¿Qué es lo primero que vuelve a tu memoria cuando mirás hoy aquella foto?

Recuerdo la primera silueta de las Torres desde JFK, el enorme lobby, las escaleras mecánicas, las ventanas angostas, el vértigo, el viento en la terraza y el Empire State a lo lejos. Pero sobre todo recuerdo algo mucho más sencillo: estaba allí, apoyado sobre una baranda, mirando Nueva York. Sin saberlo, estaba contemplando una ciudad y una vista que nunca volveríamos a ver.