Estados Unidos vuelve a permitir llegar hasta la puerta de embarque sin tener un pasaje

La TSA lanzó Gateside by TSA PreCheck, un programa que permite a determinadas personas atravesar los controles de seguridad aunque no vayan a tomar un avión. Ya funciona en 13 aeropuertos y sirve para acompañar o recibir pasajeros, encontrarse con alguien durante una escala o simplemente utilizar restaurantes y comercios ubicados después del control. La idea recupera una costumbre prácticamente desaparecida en Estados Unidos después del 11-S, aunque existen antecedentes y modelos similares en otros países.

Durante décadas, acompañar a un familiar hasta la puerta de embarque o esperar allí mismo a alguien que regresaba de viaje formó parte de la experiencia cotidiana de los aeropuertos. Los atentados del 11 de septiembre de 2001 cambiaron radicalmente esa escena en Estados Unidos: las zonas posteriores a los controles de seguridad quedaron, salvo excepciones, reservadas para pasajeros con tarjeta de embarque.

Veinticinco años después, la Transportation Security Administration (TSA) comienza a recuperar parcialmente aquella posibilidad. El nuevo programa Gateside by TSA PreCheck permite que personas que no tienen un vuelo ingresen a las áreas seguras de determinados aeropuertos estadounidenses, siempre que pertenezcan a un programa de viajeros confiables, soliciten autorización previamente y sean aprobadas.

La iniciativa no significa que cualquier persona pueda presentarse en el aeropuerto y atravesar el control. El acceso tiene condiciones, cupos y controles de identidad. Pero sí representa un cambio relevante en la manera de pensar el aeropuerto: ya no exclusivamente como infraestructura de tránsito, sino también como un lugar de encuentro, gastronomía, compras y entretenimiento.

¿Para qué se puede entrar al aeropuerto si no se va a volar?

Las posibilidades previstas son bastante amplias. Un visitante aprobado puede acompañar a familiares o amigos hasta la puerta antes de su vuelo, recibirlos cuando desembarcan, asistir a un menor que viaja solo, encontrarse con una persona que está realizando una escala prolongada o acceder a restaurantes, tiendas y otros servicios situados después del control.

Es precisamente este último punto el que introduce una dimensión turística y comercial interesante. Los grandes aeropuertos han invertido durante años en gastronomía, diseño, arte, tiendas y espacios de ocio que hasta ahora solamente podían aprovechar quienes tenían un pasaje.

Con Gateside, esos sectores pueden empezar a recibir también público local. La idea ya había sido explorada con programas propios de algunos aeropuertos estadounidenses, como SEA Visitor Pass en Seattle, ONT+ en Ontario, California, y Experience MCO en Orlando. Seattle, por ejemplo, permite desde hace años que visitantes autorizados entren para comer, comprar, observar aviones o acompañar pasajeros, mientras que Ontario informó a fines de 2025 que su programa se acercaba a los 100.000 usuarios registrados.

La diferencia es que Gateside by TSA PreCheck amplía ahora el concepto bajo un programa de la propia TSA y permite además utilizar las filas de TSA PreCheck.

Quién puede solicitar el nuevo pase

Para participar es necesario contar con TSA PreCheck o con un Known Traveler Number (KTN) válido obtenido a través de alguno de los programas admitidos.

La solicitud debe hacerse online entre uno y tres días antes de la visita prevista. La autorización no es automática: depende tanto de la aprobación de seguridad como del cupo diario establecido por cada aeropuerto.

Eso significa que durante períodos de alta demanda —vacaciones, feriados o determinadas franjas horarias— puede resultar más difícil conseguir acceso.

El pase no tiene costo adicional, aunque naturalmente la persona debe haber pagado previamente la membresía correspondiente a su programa de viajero confiable. Una vez aprobada, presenta una identificación aceptada por la TSA y el pase Gateside y atraviesa el control de seguridad mediante una fila PreCheck.

El permiso sirve para acceder a la terminal, no para viajar: en ningún caso reemplaza una tarjeta de embarque.

Los 13 aeropuertos donde ya funciona

La primera etapa comprende trece aeropuertos distribuidos en distintas regiones de Estados Unidos:

  • Los Angeles International Airport (LAX)
  • Dallas Fort Worth International Airport (DFW)
  • Detroit Metropolitan Wayne County Airport (DTW)
  • Harry Reid International Airport de Las Vegas (LAS)
  • San Diego International Airport (SAN)
  • Salt Lake City International Airport (SLC)
  • John Glenn Columbus International Airport (CMH)
  • Indianapolis International Airport (IND)
  • Bill and Hillary Clinton National Airport de Little Rock (LIT)
  • Phoenix-Mesa Gateway Airport (AZA)
  • Will Rogers World Airport de Oklahoma City (OKC)
  • Eppley Airfield de Omaha (OMA)
  • Wichita Dwight D. Eisenhower National Airport (ICT)

La TSA prevé sumar más aeropuertos progresivamente, aunque todavía no anunció cuáles serán las próximas incorporaciones.

Un regreso parcial al aeropuerto anterior al 11-S

Para los estadounidenses, el componente emocional de la iniciativa es difícil de separar de su dimensión operativa.

Antes de 2001 era habitual que familiares y amigos llegaran hasta las puertas de embarque. Las nuevas medidas de seguridad implantadas después de los atentados terminaron con esa práctica y establecieron una frontera mucho más marcada entre el espacio público de la terminal y las áreas destinadas a pasajeros.

Gateside no elimina esa frontera. En realidad, introduce una excepción controlada: identidad conocida, evaluación previa, autorización individual, cupos y control de seguridad.

La TSA puede así permitir el acceso sin volver al modelo de libre circulación anterior al 11-S.

El aeropuerto también quiere convertirse en destino

Hay otro aspecto detrás de esta apertura. Los aeropuertos contemporáneos se parecen cada vez menos a simples lugares de paso.

Restaurantes de chefs reconocidos, muestras de arte, terrazas de observación, comercios locales, museos, jardines, instalaciones digitales y espacios culturales se están incorporando a las terminales. Pero buena parte de esas inversiones queda detrás del control de seguridad.

Abrirlas parcialmente a quienes no vuelan permite ampliar su público y generar nuevos ingresos comerciales.

Orlando convirtió precisamente ese argumento en uno de los ejes de Experience MCO, que comenzó como programa piloto y terminó siendo permanente. El visitante puede acceder a la Terminal C para recorrerla, comer o comprar aunque no vaya a viajar.

San Francisco incorporó en 2026 SFO Gate Explorer, pensado no solo para despedir y recibir pasajeros, sino también para acceder a exposiciones del SFO Museum, obras de arte, restaurantes y comercios.

Gateside lleva ahora esa tendencia a otra escala.

¿Existen sistemas similares fuera de Estados Unidos?

Sí, aunque Australia es probablemente el ejemplo internacional más cercano, y funciona de una manera bastante diferente.

En los vuelos domésticos australianos existe desde hace tiempo una tradición mucho más abierta respecto del acceso de quienes no vuelan. El propio Sydney Airport informa actualmente que una persona puede atravesar el control de seguridad de sus terminales domésticas para recibir o despedir a un pasajero en la puerta, aun cuando no tenga vuelo. Debe someterse al control de seguridad normal y no puede continuar más allá de la puerta de embarque. En la terminal internacional, en cambio, esa posibilidad no existe.

No se trata, por lo tanto, de solicitar previamente un pase comparable a Gateside: la lógica del sistema doméstico australiano históricamente ha permitido que personas no viajeras entren en determinadas zonas estériles después de ser inspeccionadas.

Incluso documentos del Parlamento australiano han señalado expresamente el “free access of non-travelling members of the public” a determinados sectores domésticos y el modelo utilizado en aeropuertos como Adelaide, donde quienes van a recibir o despedir pasajeros pueden ingresar después de pasar por el correspondiente control de seguridad.

Canadá: pases, pero con objetivos específicos

Canadá presenta un modelo más restrictivo. Su regulación reconoce documentos que pueden autorizar el ingreso de no pasajeros a sectores restringidos, entre ellos formularios de acompañamiento. Pero no existe un programa general equivalente a Gateside destinado simplemente a comer, comprar o visitar una terminal.

En el aeropuerto de Victoria, por ejemplo, una persona que acompaña a un viajero que requiere asistencia puede obtener un gate escort pass para atravesar el control y llegar hasta la puerta. Debe presentar identificación oficial y someterse al mismo proceso de inspección que los pasajeros.

Vancouver contempla algo semejante: en determinadas circunstancias, algunas aerolíneas domésticas pueden entregar un pase a una persona que necesita acompañar hasta la puerta a un viajero que requiere asistencia.

La diferencia con Estados Unidos es clara: el acceso canadiense responde fundamentalmente a una necesidad de acompañamiento, no a convertir la terminal en un espacio recreativo abierto a visitantes.

Nueva Zelanda: acceso excepcional para acompañantes

En Nueva Zelanda también existen casos específicos. Air New Zealand permite, por ejemplo, que determinadas personas con movilidad muy reducida utilicen un acompañante que no viaja para ayudarlas físicamente durante el embarque o desembarque en vuelos domésticos. Ese acompañante debe superar la correspondiente autorización de seguridad.

Nuevamente, se trata de una excepción funcional y no de un programa de visitantes abierto al público.

Una tendencia que puede cambiar la experiencia aeroportuaria

Por eso, la novedad estadounidense resulta especialmente interesante. No consiste simplemente en recuperar el derecho a despedirse junto al avión, sino en redefinir quién puede ser usuario de un aeropuerto.

Los pasajeros continúan siendo la prioridad y las restricciones de seguridad permanecen vigentes. Pero familiares, amigos y residentes locales pueden convertirse también en consumidores de restaurantes, comercios, exposiciones y servicios situados dentro de la terminal.

Australia demuestra que la presencia de no pasajeros después de un control de seguridad no es una idea completamente excepcional. Canadá y Nueva Zelanda muestran modelos más limitados vinculados con la asistencia. Estados Unidos, en cambio, empieza a experimentar con otra fórmula: convertir el acceso a las puertas de embarque en un beneficio controlado para viajeros confiables y, al mismo tiempo, abrir una parte del aeropuerto a quienes ese día no tienen previsto volar.

En un momento en que las grandes terminales compiten por ofrecer más gastronomía, comercio, entretenimiento y experiencias, Gateside plantea una pregunta que probablemente vuelva a aparecer en otros destinos: ¿por qué reservar todo ese aeropuerto únicamente para quienes tienen un pasaje?