Qué es la Línea de Wallace, la frontera natural invisible que separa dos mundos animales con tan solo 35 kms de distancia

Entre las islas de Bali y Lombok, en Indonesia, hay apenas unas decenas de kilómetros de mar, pero cruzarlos significa atravesar una de las fronteras naturales más extraordinarias del planeta. La llamada Línea de Wallace separa regiones con historias evolutivas diferentes y ayuda a explicar por qué tigres, orangutanes y elefantes quedaron al oeste, mientras hacia el este aparecen cacatúas, marsupiales y una extraordinaria concentración de especies endémicas. Para un viajero por Indonesia, cruzar esta línea significa recorrer en pocas horas millones de años de evolución.

En el puerto de Padangbai, en Bali, un viajero puede embarcarse rumbo a Lombok y llegar a la isla vecina unas horas más tarde. El paisaje continúa siendo tropical: volcanes, selva, playas, arrozales y un clima parecido. No existe ningún puesto fronterizo ni cartel que anuncie un cambio de continente.

Sin embargo, en algún momento durante la travesía se cruza una de las fronteras biogeográficas más importantes del mundo.

Es la Línea de Wallace, denominada así en homenaje al naturalista británico Alfred Russel Wallace. Pasa por el estrecho de Lombok, entre Bali y Lombok, y continúa hacia el norte por el estrecho de Makassar, entre Borneo y Sulawesi. A ambos lados de esta línea, animales que viven en ambientes aparentemente semejantes pertenecen a historias evolutivas profundamente diferentes.

La explicación suele resumirse diciendo que la línea divide la fauna de Asia y Australia. Es una manera útil de entenderla, pero científicamente necesita una precisión: al este de la Línea de Wallace no comienza inmediatamente Australia, sino una extraordinaria zona de transición conocida como Wallacea, donde se mezclan linajes asiáticos y australasianos y abundan especies que no viven en ninguna otra parte del planeta.

Para quienes viajan por Indonesia, esa diferencia convierte un itinerario por Bali, Lombok, Flores, Komodo o Sulawesi en algo más que un recorrido por islas tropicales. Es posible seguir sobre el terreno uno de los fenómenos que ayudaron a fundar la biogeografía moderna.

Bali y Lombok: dos islas vecinas separadas por millones de años

El ejemplo más conocido se encuentra entre Bali y Lombok. Las dos islas están separadas por el estrecho de Lombok. En algunos puntos, la distancia ronda los 35 kilómetros: poco para un ferry moderno y aparentemente también poco para dos territorios tropicales tan próximos.

Pero Wallace observó durante sus viajes del siglo XIX que las comunidades animales cambiaban de forma notable al cruzar ese brazo de mar.

En Bali reconoció grupos característicos del sudeste asiático. Del otro lado comenzaron a aparecer animales relacionados con las faunas situadas más hacia Australasia. Esa discontinuidad fue uno de los indicios que lo llevaron a pensar que la distribución de las especies dependía de la historia geológica y no simplemente del clima o de la distancia entre territorios.

Hoy, un turista puede realizar prácticamente el mismo cruce. La web oficial de turismo de Indonesia informa que los ferries públicos conectan Padangbai, en Bali, con Lembar, en Lombok, varias veces al día y que el trayecto ronda las cuatro o cinco horas; también existen embarcaciones rápidas.

En algún punto de ese viaje se atraviesa la Línea de Wallace. No se ve nada sobre el agua. Lo importante está debajo.

El verdadero muro está bajo el mar

Para comprender el fenómeno hay que retroceder hasta las grandes glaciaciones.

Hace unos 20.000 años, durante el Último Máximo Glacial, enormes cantidades de agua estaban retenidas en los hielos continentales y el nivel del mar se encontraba aproximadamente 120 metros por debajo del actual.

Las plataformas marinas poco profundas del sudeste asiático quedaron entonces expuestas. Sumatra, Java, Bali y Borneo estuvieron conectadas o mucho más estrechamente relacionadas con el continente asiático dentro de una gran masa terrestre conocida como Sundaland.

Algo semejante ocurrió más al este: Australia y Nueva Guinea formaron el territorio conocido como Sahul.

Eso permitió que numerosos animales terrestres ampliaran sus áreas de distribución.

Pero entre ambas regiones permanecieron canales oceánicos profundos que nunca quedaron convertidos en puentes terrestres, ni siquiera cuando el nivel del mar descendió considerablemente. El estrecho entre Bali y Lombok fue uno de ellos. Esa barrera de agua limitó durante millones de años el desplazamiento de gran parte de la fauna terrestre.

La Línea de Wallace es, en buena medida, la expresión visible sobre un mapa de esa geología submarina.

Del lado asiático: tigres, orangutanes y grandes mamíferos

Al oeste de la línea predominan linajes relacionados con el continente asiático.

Sumatra y Borneo albergan orangutanes. En Sumatra sobreviven también tigres, elefantes y rinocerontes. Java conserva linajes característicos del sudeste asiático y Bali tuvo incluso su propia subespecie de tigre, el tigre de Bali, extinguida durante el siglo XX.

Primates, ciervos, félidos, rinocerontes, elefantes, gibones y numerosos grupos de aves ayudan a reconocer esa continuidad biogeográfica con Asia continental.

Eso no significa que las mismas especies vivan en todas las islas, sino que sus afinidades evolutivas son predominantemente asiáticas.

Fue precisamente la repetición de estos patrones lo que llamó la atención de Wallace durante su recorrido de ocho años por el archipiélago malayo. El Natural History Museum de Londres calcula que Wallace y sus colaboradores reunieron 125.660 especímenes, entre ellos más de 5.000 especies que entonces eran nuevas para la ciencia occidental.

Al este no aparecen inmediatamente koalas y canguros

Aquí conviene corregir una simplificación habitual sobre la Línea de Wallace.

Cruzar desde Bali hacia Lombok no significa encontrar canguros y koalas en la isla siguiente.

Lombok, Flores, Timor, Sulawesi y buena parte de las Molucas pertenecen a Wallacea, la franja intermedia entre los mundos asiático y australiano. Allí conviven animales de procedencias diferentes y, sobre todo, una gran cantidad de especies que evolucionaron aisladas.

Los marsupiales comienzan a cobrar protagonismo hacia el este mediante grupos como los cuscuses, mientras aparecen también aves con afinidades australasianas, entre ellas cacatúas.

Pero la fauna típicamente australiana —canguros en sentido amplio, numerosas aves del paraíso y una diversidad mucho mayor de marsupiales— adquiere verdadero predominio más hacia Nueva Guinea y Australia.

Esa gradación es precisamente uno de los aspectos más fascinantes del fenómeno: la Línea de Wallace no funciona como una pared absolutamente impermeable. Algunos animales consiguieron cruzar distancias marinas mediante dispersión natural y posteriormente evolucionaron de forma aislada.

Wallacea: el laboratorio evolutivo entre dos continentes

La región situada entre la Línea de Wallace y otro límite biogeográfico ubicado más al este, la Línea de Lydekker, recibe el nombre de Wallacea.

Incluye Sulawesi, las Molucas y las islas menores de la Sonda, entre ellas Lombok, Flores y Timor.

Es uno de los grandes laboratorios naturales de la evolución.

Sulawesi, por ejemplo, posee varias especies endémicas de macacos y tarseros. Allí viven también los anoa, pequeños búfalos propios de la isla, y el extraordinario babirusa, un pariente de los cerdos cuyos machos desarrollan colmillos curvados hacia arriba.

Entre las aves destaca el maleo, que utiliza arena o suelo calentado naturalmente para incubar sus enormes huevos.

El Critical Ecosystem Partnership Fund señala que Sulawesi alberga al menos siete especies endémicas de macacos y cinco de tarseros, mientras que cerca de 100 especies de reptiles de Wallacea están confinadas exclusivamente a esta región.

El aislamiento convirtió a cada isla en una especie de experimento evolutivo.

El dragón de Komodo, emblema de la frontera

Uno de los animales más famosos de Wallacea es el dragón de Komodo, el lagarto viviente más grande del mundo.

Su distribución natural se concentra en un reducido conjunto de islas de Indonesia oriental, particularmente dentro y alrededor del Parque Nacional de Komodo.

El parque fue creado en 1980 inicialmente para proteger a esta especie y fue incorporado en 1991 a la lista del Patrimonio Mundial de la UNESCO. Además del gran reptil, protege sabanas, bosques monzónicos, manglares, arrecifes y áreas marinas de enorme diversidad.

Para el viajero, Labuan Bajo, en Flores, es la principal puerta de entrada. Desde allí parten las embarcaciones hacia Komodo, Rinca y Padar.

Las visitas a las áreas donde viven dragones deben realizarse siguiendo las indicaciones de los guardaparques y guías naturalistas. El parque prohíbe acercarse o tocar a los animales, alimentarlos o abandonar los senderos indicados.

Además, Indonesia comenzó a reforzar en 2026 los límites de visitantes en sectores como Komodo, Rinca y Padar como parte de una estrategia para reducir los efectos del sobreturismo.

El ser humano sí consiguió cruzar

Hay una excepción extraordinariamente importante a las barreras que dificultaron el movimiento de otros grandes mamíferos: los seres humanos.

Nuestros antepasados consiguieron atravesar esas aguas.

La existencia de poblaciones humanas antiguas en Flores demuestra que homínidos cruzaron barreras marítimas de Wallacea muchísimo antes de las embarcaciones modernas.

Uno de los descubrimientos arqueológicos más llamativos ocurrió precisamente en Flores, donde aparecieron restos de Homo floresiensis, una especie humana de pequeño tamaño conocida popularmente como “el hobbit”.

La región demuestra así algo fundamental: el mar fue una barrera muy poderosa, pero no absoluta.

Para determinadas especies capaces de volar, nadar, desplazarse accidentalmente sobre vegetación flotante o —en el caso de los humanos— utilizar algún tipo de navegación, los cruces fueron posibles.

Esos acontecimientos poco frecuentes ayudan a explicar por qué Wallacea presenta una fauna tan extraña y singular.

El naturalista que llegó a la misma idea que Darwin

La importancia de Alfred Russel Wallace excede ampliamente la línea que lleva su nombre.

Nació en 1823 y exploró el archipiélago malayo entre 1854 y 1862. Sus observaciones sobre la distribución geográfica de animales contribuyeron decisivamente al nacimiento de la biogeografía moderna.

Durante ese período llegó independientemente a una explicación de la evolución mediante selección natural muy semejante a la que Charles Darwin llevaba años desarrollando.

En 1858, los textos de ambos naturalistas fueron presentados conjuntamente ante la Linnean Society de Londres.

La discontinuidad que hoy lleva su nombre fue desarrollada por Wallace posteriormente en sus estudios zoogeográficos. El término “Wallace’s Line” fue acuñado por Thomas Henry Huxley en 1868.

Wallace relató posteriormente su viaje en The Malay Archipelago, publicado en 1869, una obra que continúa siendo uno de los grandes clásicos de exploración y ciencias naturales.

Un viaje que permite atravesar la línea

Para los turistas interesados en naturaleza, existe una manera especialmente atractiva de convertir el concepto científico en itinerario.

Puede comenzarse en Bali, todavía dentro del mundo biogeográfico vinculado con Asia, y cruzar posteriormente hacia Lombok, entrando en Wallacea.

Lombok permite combinar esa historia natural con el volcán Rinjani, playas, arrozales y la cultura sasak. El sitio oficial de turismo de Indonesia destaca precisamente al Rinjani, las playas y la vida marina como algunos de sus principales atractivos.

Desde allí es posible continuar por Sumbawa hasta Flores y Labuan Bajo, puerta del Parque Nacional de Komodo, o volar hacia Sulawesi, otra de las piezas fundamentales del rompecabezas biogeográfico.

Así, una ruta que para un turista puede parecer simplemente un circuito de islas es en realidad una travesía por distintas historias evolutivas.

También cambia el paisaje bajo el agua

La barrera que condicionó tanto a los animales terrestres funciona de manera muy diferente para la fauna marina.

El estrecho de Lombok forma parte de un sistema de circulación oceánica conocido como Indonesian Throughflow, mediante el cual grandes volúmenes de agua pasan desde el Pacífico hacia el océano Índico.

Por eso, las mismas aguas que funcionaron como barrera para muchos mamíferos terrestres son corredores para peces, cetáceos y otras especies marinas.

La región situada alrededor de Wallacea forma además parte del Triángulo de Coral, uno de los grandes centros mundiales de biodiversidad oceánica. Buceo y snorkel son hoy componentes centrales de la actividad turística en zonas como Komodo, Wakatobi y el norte de Sulawesi. La oficina oficial de turismo indonesia destaca precisamente la diversidad marina de esos destinos.

Una frontera que conviene no interpretar literalmente

La Línea de Wallace sigue siendo extraordinariamente útil, pero la ciencia moderna ha refinado mucho la imagen que Wallace pudo construir en el siglo XIX.

No todos los animales obedecen exactamente el mismo límite. Diferentes grupos tienen historias de dispersión distintas, y por eso existen otras líneas biogeográficas —como las de Weber y Lydekker— que intentan representar diferentes zonas de transición.

Tampoco es correcto afirmar que ningún animal cruza la línea.

Si así fuera, Wallacea carecería precisamente de la mezcla que la hace excepcional. Algunos grupos atravesaron el mar en diferentes momentos y posteriormente se diversificaron. Lo llamativo es que las barreras oceánicas fueron suficientemente persistentes como para impedir una mezcla completa de las faunas durante millones de años.

La línea no es entonces una muralla. Es la huella de una historia geológica y evolutiva.

El viaje de 35 kilómetros que atraviesa millones de años

Quizá allí radique el mayor atractivo del fenómeno para un viajero.

Desde una playa de Bali puede verse una región que parece geográficamente próxima y climáticamente similar. Unas horas después, al desembarcar en Lombok, nada anuncia formalmente que se acaba de cruzar uno de los límites naturales más famosos del planeta.

Pero el cambio está allí. En los pájaros. En los mamíferos que desaparecen. En los que empiezan a aparecer. En los reptiles gigantes de las islas más orientales. En los animales que evolucionaron aislados en Sulawesi. Y, sobre todo, en la increíble cantidad de especies endémicas que consiguieron establecerse en ese territorio intermedio.

La Línea de Wallace recuerda que dos lugares pueden estar separados por apenas 35 kilómetros y, al mismo tiempo, por millones de años de historia evolutiva.

Y probablemente pocas fronteras del mundo puedan cruzarse sin pasaporte y contar una historia tan grande.