Según RepCore Nations 2026, Perú, Brasil, Chile, la Argentina, México y Colombia figuran entre las 50 economías con mejor reputación mundial. El informe vincula la imagen país con el turismo, las inversiones, el talento y la confianza hacia productos y servicios.
La reputación internacional se consolida como un activo estratégico para los destinos. En un contexto global de mayor competencia por atraer viajeros, inversiones y talento, seis países de América Latina lograron ubicarse entre los 50 con mejor reputación mundial en el informe RepCore Nations 2026, elaborado por la consultora Reputation Lab.
El país latinoamericano mejor posicionado fue Perú, que ocupó el puesto 25 del ranking global y se convirtió en el único de la región dentro del top 30. Detrás se ubicaron Brasil, en el puesto 31; Chile, en el 33; Argentina, en el 36; México, en el 41; y Colombia, en el 50.
Aunque el ranking no mide exclusivamente atractivo turístico, sus resultados tienen una lectura directa para la industria de viajes: la reputación de un país influye en la confianza, en la percepción de sus productos y servicios, y en la predisposición de los viajeros a elegirlo como destino.

Qué mide RepCore Nations
El informe RepCore Nations evalúa la reputación de los países a partir del grado de admiración, respeto y confianza que despiertan, y lo explica mediante 22 atributos racionales vinculados con dimensiones económicas, políticas, sociales, culturales y medioambientales. La edición 2026 se basó en encuestas online realizadas en 36 países sobre la reputación de 74 naciones, con un total de 124.014 valoraciones; el ranking publicado incluye a las 60 mayores economías por PBI, evaluadas por ciudadanos del G7.
La medición permite observar algo que el turismo conoce bien: la decisión de viajar no depende solo de precios, conectividad o infraestructura. También intervienen percepciones más amplias, como seguridad, estabilidad, hospitalidad, cultura, calidad de vida, naturaleza, prestigio y confianza.
Perú, el mejor ubicado de la región
Perú alcanzó el puesto 25 mundial y lideró la clasificación latinoamericana. La agencia Andina destacó que el país se convirtió en el único de América Latina entre las 30 economías con mejor percepción internacional, aunque el estudio lo ubica dentro de la categoría de “reputación moderada”, lo que indica una evaluación positiva, pero todavía con margen de mejora.
Para el turismo peruano, el dato llega en un momento en el que la imagen internacional sigue apoyándose en activos muy reconocibles: Machu Picchu, Cusco, Lima, la gastronomía, la costa, la Amazonía, el patrimonio arqueológico y la diversidad cultural. El desafío es convertir esa reputación en una estrategia sostenida de promoción, capaz de distribuir mejor los flujos turísticos y ampliar el interés hacia destinos menos concentrados.
Brasil, Chile, Argentina, México y Colombia: distintos perfiles de reputación
Brasil quedó en el puesto 31, con una imagen internacional muy asociada a naturaleza, cultura popular, playas, música, diversidad y grandes eventos. Para el turismo, su reputación funciona como una plataforma de escala global, especialmente en segmentos como ecoturismo, sol y playa, turismo urbano, gastronomía, cultura afrobrasileña y experiencias amazónicas.
Chile, en el puesto 33, mantiene una reputación vinculada con estabilidad, naturaleza extrema y turismo de aventura. Sus paisajes —del desierto de Atacama a la Patagonia— y su perfil de destino sostenible son elementos que pueden capitalizarse en una agenda internacional donde la confianza ambiental pesa cada vez más.
Argentina, en el puesto 36, conserva una marca turística de fuerte carga cultural y emocional: Buenos Aires, el tango, el fútbol, la gastronomía, el vino, la Patagonia, las Cataratas del Iguazú y una amplia diversidad de paisajes. Su lugar en el ranking muestra que la reputación no depende solo de indicadores económicos: también se construye con capital simbólico, creatividad, cultura e identidad.
México, en el puesto 41, aparece como uno de los gigantes turísticos de la región, con una oferta consolidada de playas, patrimonio, gastronomía, ciudades coloniales, naturaleza y cultura viva. Colombia, en el puesto 50, cierra el grupo latinoamericano del top 50, con una imagen que en los últimos años ganó fuerza por su diversidad de destinos, turismo urbano, naturaleza, música, Caribe, Andes y Amazonía.
Japón lidera el ranking global
A nivel mundial, Japón encabezó el ranking RepCore Nations 2026, después de avanzar siete posiciones y superar a Canadá y Suiza. El top 10 quedó integrado por Japón, Canadá, Suiza, Australia, Dinamarca, Noruega, Italia, Finlandia, Nueva Zelanda y Suecia, un grupo dominado por democracias estables, altos niveles de confianza e imagen positiva en calidad de vida e instituciones.
El caso japonés es relevante para el turismo porque muestra cómo una reputación consistente puede sostener una fuerte atracción internacional: cultura, seguridad, tecnología, gastronomía, patrimonio, transporte, hospitalidad y organización urbana funcionan como capas de una misma imagen país.
Una caída general de la reputación global
El informe también advierte un deterioro generalizado. La reputación media de las 60 mayores economías del mundo cayó 0,86 puntos respecto del año anterior: 43 países empeoraron, 14 mejoraron y solo tres se mantuvieron estables.
En ese escenario, Reputation Lab sostiene que la reputación se convirtió en un activo estratégico para los países. Las naciones capaces de generar admiración, respeto y confianza cuentan con ventajas competitivas para atraer turismo, inversión y talento.
Esta lectura es importante para América Latina: en un contexto de percepción internacional más exigente, estar dentro del top 50 no garantiza resultados automáticos, pero sí ofrece una base de confianza sobre la cual construir campañas, alianzas, rutas turísticas y posicionamiento de marca país.
Por qué importa para el turismo
La relación entre reputación e ingresos turísticos aparece cuantificada en el propio informe. Reputation Lab estima que cada punto adicional de mejora en el indicador RepScore se asocia, en promedio, con un aumento del 7,2% en los ingresos turísticos y del 1% en los flujos de inversión extranjera directa.
La implicancia para los organismos de promoción es clara: la reputación no es solo un concepto intangible. Puede incidir en búsquedas, reservas, gasto, elección de destino, confianza en prestadores y disposición a pagar por productos asociados a un país.
Para el turismo latinoamericano, esto refuerza una agenda de trabajo que va más allá de la publicidad. La reputación se construye con seguridad, conectividad, infraestructura, calidad de servicios, preservación cultural y ambiental, comunicación coherente, hospitalidad y capacidad de respuesta ante crisis.
Marca país, productos y confianza
RepCore Nations 2026 también introduce el Made-In Score, un indicador que mide el valor comercial asociado al país de origen de productos y servicios. Según Reputation Lab, existe una relación estrecha entre la reputación de un país y la disposición de los consumidores a comprar sus productos, confiar en sus empresas o pagar más por bienes y servicios asociados a ese origen.
En turismo, esa idea se traduce en experiencias: un destino con buena reputación puede fortalecer su gastronomía, sus vinos, su diseño, su hotelería, sus operadores, sus productos culturales y sus economías regionales. La reputación funciona como una garantía previa, incluso antes de que el viajero compre un pasaje.
Una oportunidad para América Latina
La presencia de seis países latinoamericanos en el top 50 muestra que la región tiene activos reputacionales relevantes, aunque distribuidos de manera desigual. Perú lidera por percepción global; Brasil y México aportan escala y notoriedad; Chile suma estabilidad y naturaleza; Argentina conserva potencia cultural y paisajística; Colombia consolida una imagen turística en expansión.
La clave será convertir esa posición en políticas de largo plazo. La reputación puede abrir puertas, pero el turismo necesita sostenerlas con experiencias consistentes, información confiable, servicios formales, rutas bien articuladas, seguridad para el visitante y narrativas que conecten con las nuevas demandas internacionales.
En un mercado turístico cada vez más competitivo, la buena imagen país no reemplaza al producto. Pero puede ser el punto de partida para que un viajero elija mirar hacia América Latina.








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