El túnel del Fehmarnbelt será el túnel sumergido más largo del mundo. Tendrá unos 18 kilómetros, combinará autopista y ferrocarril eléctrico, y permitirá cruzar entre Dinamarca y Alemania en 10 minutos en auto o 7 minutos en tren. La obra busca acercar Escandinavia al corazón de Europa y reforzar el transporte ferroviario frente al avión y la ruta.
Bajo las aguas del mar Báltico avanza una de las obras de ingeniería más ambiciosas de Europa. Entre Rødbyhavn, en la isla danesa de Lolland, y Puttgarden, en la isla alemana de Fehmarn, se construye el túnel del Fehmarnbelt, una conexión fija que reemplazará al cruce en ferry y convertirá un paso marítimo en un corredor terrestre para autos, camiones y trenes.
El proyecto no consiste en perforar una montaña submarina ni en excavar un túnel como los que atraviesan los Alpes. Su método es distinto y espectacular: enormes bloques de hormigón se fabrican en tierra, se remolcan por mar, se hunden en una zanja abierta en el fondo marino y se conectan uno a otro con precisión milimétrica. En términos simples, el túnel se arma por partes y se deposita en el lecho del Báltico.

El túnel sumergido más largo del mundo

El Fehmarnbelt tendrá cerca de 18 kilómetros de longitud y será el túnel sumergido más largo del mundo. Según Femern A/S, la empresa pública danesa responsable del proyecto, la obra reducirá el tiempo de cruce entre Rødbyhavn y Puttgarden a 7 minutos en tren y 10 minutos en auto. Actualmente, el trayecto depende principalmente del ferry.
La estructura tendrá cuatro carriles de autopista y una vía ferroviaria doble electrificada. La Comisión Europea lo considera un elemento clave de integración transfronteriza entre el norte y el centro de Europa, dentro de la red transeuropea de transporte TEN-T.
La dimensión política y logística es tan importante como la técnica. El túnel permitirá acortar los tiempos entre Copenhague y Hamburgo, mejorar el transporte de mercancías, facilitar la circulación entre Escandinavia y Europa central, y reforzar la competitividad del tren en corredores donde hoy la ruta y el avión todavía tienen peso.
Una fábrica de túneles en tierra
La construcción se concentra en Rødbyhavn, donde funciona una verdadera fábrica de elementos de túnel. Allí se producen los enormes módulos de hormigón que luego serán trasladados al mar. Cada elemento estándar mide 217 metros de largo y pesa unas 73.500 toneladas, una escala difícil de imaginar: cada pieza equivale a un edificio horizontal de más de dos cuadras de extensión.

El proyecto contempla 89 elementos en total. De ellos, 79 serán elementos estándar y 10 serán elementos especiales, más cortos, con espacios técnicos adicionales para instalaciones, mantenimiento y operación. Cada módulo tendrá cinco tubos: dos para la autopista, dos para los trenes y uno central para servicios técnicos y seguridad.
El método de túnel sumergido tiene una ventaja clara: permite fabricar piezas en condiciones controladas, trasladarlas cuando están listas y ensamblarlas bajo el mar. Pero también exige una coordinación extrema. Antes de colocar cada elemento, se excava una zanja en el fondo marino, se prepara la base, se remolca el bloque, se hunde de manera controlada, se alinea con el tramo anterior y luego se cubre con capas de protección.

Los primeros módulos ya están bajo el Báltico
La obra entró en una etapa decisiva en 2026. El primer elemento fue sumergido con éxito en mayo, luego de una operación que comenzó el 4 de mayo y utilizó cinco remolcadores y la embarcación especializada IVY para trasladar la pieza desde la fábrica hasta el punto de inmersión frente a la costa danesa.
A fines de junio se instaló el segundo elemento, que debió conectarse con precisión al primero. Con esas dos piezas colocadas, más de 500 metros del futuro túnel de 18 kilómetros ya quedaron instalados en el fondo del mar Báltico.
El avance es importante porque inaugura la fase más visible del proyecto: la repetición sistemática del proceso de inmersión. Cada nuevo bloque permitirá extender el túnel bajo el mar hasta unir definitivamente Dinamarca y Alemania.
Una obra pensada para autos, trenes y mercancías
El Fehmarnbelt no será solo un túnel para automóviles. El ferrocarril es una parte central de su diseño. La conexión incluirá doble vía electrificada, lo que permitirá mover pasajeros y carga en trenes eléctricos entre Escandinavia y Europa continental.
El objetivo es que parte del tráfico de mercancías que hoy depende de camiones o rutas más largas pueda trasladarse al tren. En el discurso europeo de transporte, esta transición es clave: menos congestión vial, menos emisiones por tonelada transportada y mayor eficiencia en corredores internacionales.

Para los pasajeros, la reducción de tiempos puede modificar itinerarios. El tren entre Copenhague y Hamburgo será más competitivo, y eso puede favorecer viajes combinados por el norte de Europa sin necesidad de avión en distancias medias.
Un proyecto europeo, financiado por Dinamarca
Aunque une dos países, el proyecto tiene un liderazgo claramente danés. Dinamarca es el principal responsable del financiamiento y de la ejecución, con un modelo basado en préstamos respaldados por el Estado que se pagarán mediante futuros peajes. Femern A/S señala que el enlace será financiado con préstamos y abonado por sus usuarios.
La Comisión Europea también respalda el proyecto por su importancia estratégica. Al formar parte de la red TEN-T y ser considerado un proyecto relevante para la integración europea, el túnel se inscribe en una visión más amplia: unir puertos, regiones industriales, capitales y corredores logísticos a través de infraestructura de alta capacidad.
Por qué importa para el turismo
El impacto turístico puede ser significativo. La conexión hará más simple viajar por tierra entre Alemania, Dinamarca y el resto de Escandinavia. Para quienes recorren Europa en tren o auto, el Fehmarnbelt reducirá tiempos y hará más fluidos los circuitos entre Hamburgo, Copenhague, Malmö, Suecia y el norte del continente.
También puede beneficiar a regiones que hoy funcionan más como zonas de paso o puntos de ferry. Rødbyhavn y Fehmarn podrían ganar nueva visibilidad turística, tanto por la mejora de accesos como por el interés que suelen despertar las grandes obras de ingeniería.
Para los viajeros latinoamericanos que arman recorridos europeos, el túnel puede abrir una lógica más sencilla: combinar Alemania y Dinamarca sin depender tanto de vuelos internos, ferries o trayectos largos por ruta. En un contexto donde crecen los viajes más lentos, ferroviarios y de menor huella ambiental, este tipo de infraestructura tiene un valor especial.
El desafío ambiental
Una obra de esta escala no está libre de tensiones ambientales. Construir bajo el mar implica dragado, movimiento de sedimentos, intervención del fondo marino, control de ruido, protección de especies y monitoreo permanente de la calidad del agua. El proyecto fue diseñado con estudios ambientales y autorizaciones, pero su impacto ha sido parte del debate público durante años.
A la vez, sus defensores sostienen que, una vez operativo, el túnel puede contribuir a reducir emisiones al fortalecer el tren eléctrico y acortar recorridos. La ecuación ambiental, por lo tanto, no se mide solo en la construcción, sino también en el uso futuro del corredor y en su capacidad real de transferir tráfico desde la ruta o el avión hacia el ferrocarril.
Una nueva geografía para el norte de Europa
Cuando esté terminado, el Fehmarnbelt no será simplemente una obra récord. Redibujará la conectividad del norte europeo. Lo que hoy es un cruce marítimo condicionado por horarios de ferry se convertirá en un paso permanente, rápido y directo entre Dinamarca y Alemania.
La imagen resume bien el cambio de época: bloques de hormigón gigantes fabricados en una planta costera, remolcados por el Báltico y hundidos uno a uno hasta formar una autopista y un ferrocarril bajo el mar. Es ingeniería pesada, pero también una señal política: Europa sigue apostando a conectar regiones, reducir cuellos de botella y darle al tren un lugar más fuerte en la movilidad del futuro.
En sintesis
Ubicación: entre Rødbyhavn, Dinamarca, y Puttgarden, Alemania.
Longitud: cerca de 18 kilómetros.
Tipo de obra: túnel sumergido, construido con elementos prefabricados de hormigón colocados en el fondo marino.
Estructura: cuatro carriles de autopista y doble vía ferroviaria electrificada.
Tiempo estimado de cruce: 10 minutos en auto y 7 minutos en tren.
Cantidad de elementos: 89 módulos de hormigón.
Elementos estándar: 217 metros de largo y 73.500 toneladas cada uno.
Avance reciente: el primer elemento fue instalado en mayo de 2026 y el segundo en junio; con ambos, ya hay más de 500 metros colocados bajo el Báltico.
Objetivo: conectar mejor Escandinavia con Europa central, reducir tiempos de viaje y fortalecer el transporte ferroviario de pasajeros y mercancías.








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