En las aguas poco profundas de la bahía de Milne, al sudeste de Papúa Nueva Guinea, un equipo científico identificó una nueva especie de tiburón capaz de desplazarse sobre el fondo marino usando sus aletas como si fueran patas. Bautizado como Hemiscyllium dudgeonae, el hallazgo amplía el grupo de los llamados “walking sharks” y advierte sobre la fragilidad de los ecosistemas costeros del Pacífico.
Una nueva especie de tiburón acaba de ser reconocida por la ciencia en Papúa Nueva Guinea. Se trata de Hemiscyllium dudgeonae, un pequeño tiburón tropical del grupo de los llamados tiburones caminantes, animales que pueden desplazarse sobre arrecifes y fondos someros apoyándose en sus aletas pectorales y pélvicas.
El hallazgo ocurrió en la bahía de Milne, en el extremo sudeste de Papúa Nueva Guinea, una región de aguas poco profundas que desemboca en el mar de Salomón. Allí, las comunidades locales ya conocían la presencia de un tiburón particular, al que llaman kadedekedewa, expresión que puede traducirse de manera aproximada como “tiburón perro” o “tiburón perezoso”, en alusión a su forma lenta y oscilante de moverse.
La especie fue descripta oficialmente en el Journal of the Ocean Science Foundation por un equipo internacional de investigadores. Su nombre científico, Hemiscyllium dudgeonae, homenajea a la ecóloga y especialista en elasmobranquios Christine Dudgeon, de la University of the Sunshine Coast, quien observó y capturó a mano el primer ejemplar durante una expedición científica.
Un tiburón que “camina” sobre el arrecife
Los tiburones caminantes no caminan como un mamífero terrestre, pero sí usan sus aletas de una manera poco común entre los tiburones. En lugar de depender únicamente de la natación, pueden apoyarse y avanzar sobre el fondo marino, entre corales, pastos marinos y pozas de marea.
Esta capacidad les permite moverse en ambientes muy someros, incluso cuando la marea baja deja sectores del arrecife con poca agua. En esas condiciones, sus aletas funcionan como extremidades que los ayudan a desplazarse, buscar alimento y refugiarse.
A diferencia de los grandes tiburones oceánicos, estos animales son pequeños, bentónicos y de hábitos mayormente nocturnos. Suelen alimentarse de pequeños peces e invertebrados del fondo marino y no representan una amenaza para las personas.

Una aparición inesperada
La observación clave se produjo en marzo de 2025, cuando Christine Dudgeon exploraba aguas poco profundas de la isla de Nueva Guinea en busca de otros tiburones del género Hemiscyllium, especialmente especies de tiburones epaulette ya conocidas.
Durante una inmersión nocturna, la investigadora vio un animal de unos 75 centímetros desplazándose por el fondo. Al iluminarlo, el tiburón se detuvo. Dudgeon pudo tomarlo con cuidado, inmovilizarlo y observar un patrón corporal que no coincidía con las especies conocidas.
El detalle más llamativo estaba en la piel: manchas, puntos y pequeñas marcas claras distribuidas de una manera distinta, comparadas por los investigadores con signos de braille o código Morse. Ese patrón fue una de las primeras pistas de que podían estar frente a una especie no descripta.

Doce ejemplares y análisis genéticos
Tras el primer encuentro, el equipo continuó buscando otros individuos en la zona. En total se registraron 12 ejemplares. En nueve de ellos se tomaron muestras genéticas antes de devolverlos al mar.
Los análisis confirmaron que el tiburón tenía un patrimonio genético suficientemente diferenciado como para ser considerado una especie nueva. También se revisaron sus patrones de coloración, su distribución y su relación con especies cercanas del mismo género.
La nueva especie está emparentada con otros tiburones epaulette de Papúa Nueva Guinea, pero presenta rasgos propios. Con su descripción formal, se convierte en una nueva incorporación al reducido grupo de tiburones caminantes conocidos por la ciencia.
Un grupo pequeño y muy localizado
Los tiburones del género Hemiscyllium forman un grupo muy particular dentro de los tiburones alfombra. Están distribuidos principalmente en el norte de Australia y alrededor de Nueva Guinea, una región considerada un punto caliente de diversidad para este tipo de especies.
Su rasgo más importante desde el punto de vista de la conservación es que suelen tener áreas de distribución muy pequeñas. Muchos viven asociados a arrecifes, praderas marinas, manglares o fondos costeros específicos, y no realizan grandes desplazamientos.
Esa movilidad limitada favorece la aparición de especies diferentes en zonas relativamente cercanas, pero también las vuelve vulnerables. Si un arrecife se degrada o una bahía se transforma, una población entera puede quedar en riesgo.
Una especie descubierta y amenazada al mismo tiempo
La alegría científica por el hallazgo llegó acompañada de una advertencia. Hemiscyllium dudgeonae podría estar en peligro incluso antes de que se conozca en detalle su situación poblacional. Los investigadores señalan que su distribución parece muy restringida y que su hábitat enfrenta presiones crecientes.
Entre las amenazas aparecen el blanqueamiento de corales asociado al cambio climático, la pérdida y degradación de hábitats costeros, la pesca, el desarrollo urbano y la expansión agrícola, incluyendo plantaciones de palma aceitera en algunas zonas.
Los científicos esperan reunir más información para que la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza, UICN, pueda evaluar el estado de conservación de la especie. En el mismo grupo de tiburones caminantes de Papúa Nueva Guinea, varias especies ya figuran como amenazadas debido justamente a sus rangos geográficos reducidos.
Una sorpresa en aguas poco profundas
El descubrimiento también deja una enseñanza importante: no sólo las profundidades marinas esconden especies desconocidas. A veces, los hallazgos ocurren en aguas someras, cerca de comunidades humanas y en ecosistemas aparentemente bien conocidos.
La bahía de Milne muestra que los arrecifes costeros aún guardan una biodiversidad poco documentada. En ese sentido, la nueva especie refuerza la necesidad de estudiar y proteger ambientes que suelen quedar expuestos a múltiples presiones: pesca, desarrollo costero, contaminación, turismo desordenado y calentamiento del océano.

Por qué importa este hallazgo
Descubrir una nueva especie de tiburón en 2026 no es un dato menor. Los tiburones son animales antiguos, estudiados durante décadas, pero todavía existen grupos pequeños y localizados que la ciencia continúa describiendo. En el caso de los tiburones caminantes, cada nueva especie ayuda a comprender mejor la evolución, la distribución y la adaptación de estos peces a ambientes extremos de poca profundidad.
Además, el hallazgo tiene valor cultural. El hecho de que las comunidades locales ya tuvieran un nombre para el animal recuerda que el conocimiento tradicional puede anticipar o acompañar al conocimiento científico. Para la ciencia, la especie es nueva; para los habitantes de la región, su presencia formaba parte del entorno.
Un llamado a proteger la costa de Papúa Nueva Guinea
Hemiscyllium dudgeonae es pequeño, discreto y poco conocido, pero su descubrimiento puede convertirse en una bandera para la conservación de los arrecifes y praderas marinas de Papúa Nueva Guinea. Su supervivencia dependerá de mantener saludables los ecosistemas costeros donde vive.
Los investigadores advierten que, sin medidas de protección urgentes, la especie podría desaparecer localmente antes de que se conozcan todos sus detalles biológicos. En un planeta donde muchas especies se extinguen sin haber sido descriptas, este tiburón caminante representa una oportunidad: conocer a tiempo para conservar a tiempo.
La nueva especie demuestra que el océano todavía guarda sorpresas a la vista, incluso en aguas bajas. Y que, a veces, una criatura que parece caminar lentamente sobre el arrecife puede abrir una ventana enorme sobre la biodiversidad, la evolución y la fragilidad del mundo marino.








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