Especialistas de Turismo, Medio Ambiente, INTA y SENASA realizaron un relevamiento técnico en Andalhuala, en el departamento Santa María, para evaluar el estado del Cardón Abuelo, un ejemplar que supera los 15 metros de altura y ronda los 200 años. El cactus gigante es uno de los atractivos naturales más visitados del oeste catamarqueño y su conservación se volvió prioritaria ante el crecimiento del turismo.
Uno de los símbolos naturales más singulares de Catamarca volvió a quedar en el centro de la agenda ambiental y turística. En la localidad de Andalhuala, en el distrito San José del departamento Santa María, equipos técnicos realizaron un nuevo relevamiento para avanzar en medidas de preservación del Cardón Abuelo, considerado el cardón más alto de Sudamérica y uno de los emblemas del valle de Yokavil.
El operativo reunió a especialistas y autoridades de áreas vinculadas con Turismo, Medio Ambiente, INTA y SENASA, que llevaron adelante observaciones de campo para evaluar el estado del ejemplar y su entorno inmediato. El objetivo es definir acciones que permitan proteger tanto al cactus como al paisaje que lo rodea, en una zona donde el interés turístico creció en los últimos años.

Un gigante vegetal en el oeste catamarqueño
El Cardón Abuelo se encuentra a unos 25 kilómetros de la ciudad de Santa María, en una región de valles, sierras áridas y paisajes de fuerte identidad cultural. El ejemplar supera los 15 metros de altura y su antigüedad estimada ronda los 200 años, lo que lo convierte en un caso excepcional dentro de los cactus columnares del noroeste argentino.
Su porte monumental lo transformó en una referencia para visitantes, fotógrafos, guías y comunidades locales. No se trata sólo de una rareza botánica: el cardón forma parte del paisaje cultural de Andalhuala y del circuito turístico que conecta Santa María con otros puntos del oeste catamarqueño, en una zona donde conviven naturaleza, arqueología, tradición vitivinícola, tejidos, cerámica y memorias de antiguos asentamientos.
Por qué preocupa su conservación
El crecimiento del turismo puede ser una oportunidad para el desarrollo local, pero también genera nuevos desafíos. En el caso del Cardón Abuelo, la afluencia de visitantes obliga a ordenar accesos, definir pautas de visita y evitar impactos sobre el suelo, la vegetación cercana y la propia estructura del ejemplar.
Los cardones son organismos de crecimiento lento y muy sensibles a los cambios del entorno. Las pisadas reiteradas, la compactación del suelo, el acercamiento excesivo, la extracción de partes vegetales o la falta de señalización pueden afectar la estabilidad del ambiente donde se desarrollan. Por eso, el relevamiento técnico busca anticiparse a posibles daños y diseñar una estrategia de manejo compatible con la actividad turística.
La preservación del sitio también supone trabajar con la comunidad local. En varios registros turísticos se menciona que el acceso al cardón requiere acompañamiento o autorización, ya que se encuentra en un entorno rural y no en un parque urbano convencional. Esa condición refuerza la necesidad de promover visitas guiadas y responsables.
Un atractivo turístico que necesita planificación
El Cardón Abuelo es uno de los puntos más visitados de la región de Santa María. Su imagen —un cactus de escala poco habitual, recortado contra las sierras del Aconquija y los tonos secos del valle— lo convirtió en una postal de Catamarca. Pero, justamente por eso, su atractivo debe gestionarse con criterios de conservación.
La visita puede integrarse a un recorrido por Andalhuala, el valle de Yokavil y los alrededores de Santa María, una zona con fuerte presencia de sitios arqueológicos, caminos rurales, bodegas, talleres artesanales y miradores naturales. Para el viajero, el Cardón Abuelo representa una parada breve pero significativa: una forma de entender la dimensión temporal del paisaje, donde un ser vivo puede atravesar dos siglos de historia.

Cómo visitarlo
La base habitual para conocer el Cardón Abuelo es la ciudad de Santa María, en el oeste de Catamarca. Desde allí se puede llegar a Andalhuala por caminos locales, idealmente con guías de la zona o prestadores turísticos que conozcan los accesos permitidos y las recomendaciones de conservación.
Al tratarse de un ejemplar protegido por su valor ambiental y simbólico, conviene evitar cualquier práctica que pueda dañarlo: no trepar, no tocarlo innecesariamente, no cortar espinas ni ramas, no dejar residuos, no ingresar con vehículos fuera de los caminos habilitados y mantener distancia prudente para las fotografías.
También se recomienda consultar previamente en oficinas de turismo locales sobre el estado del acceso, horarios sugeridos, disponibilidad de guías y eventuales restricciones. La conservación del cardón dependerá, en buena medida, de que la visita turística se ordene antes de que la presión sobre el sitio resulte difícil de revertir.
Un símbolo de turismo sostenible en Catamarca
El relevamiento en Andalhuala muestra un cambio de enfoque: el valor turístico de un atractivo natural no se mide sólo por la cantidad de visitantes que recibe, sino por la capacidad de conservarlo en el tiempo. En ese sentido, el Cardón Abuelo puede convertirse en un caso modelo para el oeste catamarqueño.
Su preservación combina varios desafíos actuales del turismo de naturaleza: proteger especies singulares, ordenar el acceso, involucrar a la comunidad local, generar información científica y transformar la visita en una experiencia educativa. Frente a un cactus que creció durante más de dos siglos, la consigna parece clara: no alcanza con admirarlo; también hay que asegurar que siga en pie para las próximas generaciones.








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