Los consejos de un steward para llegar menos agotado luego de un vuelo de más de 10 horas

Desde América Latina es muy común realizar viajes largos de más de 10 horas para llegar a destino. Dormir cuando el cuerpo lo pide, moverse durante el viaje, elegir bien el asiento y llevar accesorios propios pueden marcar la diferencia en un vuelo de larga distancia. Un tripulante británico con 25 años de experiencia compartió sus recomendaciones para atravesar mejor los trayectos de más de diez horas.

Los vuelos de larga distancia son una prueba de resistencia para muchos viajeros: varias horas sentados, cambios de huso horario, comidas servidas en horarios poco habituales, aire seco, dificultad para dormir y la sensación de llegar al destino con el cuerpo ya cansado. Sin embargo, algunos hábitos simples pueden ayudar a reducir el agotamiento y mejorar la experiencia a bordo.

Después de 25 años trabajando en vuelos long-haul, el steward británico Kris Major compartió con CNN una serie de consejos prácticos para viajar en mejores condiciones. Sus recomendaciones apuntan a una idea central: en un vuelo largo, el pasajero debe anticiparse a sus propias necesidades y no depender por completo del servicio de la aerolínea.

Dormir puede ser más importante que cenar

Para quienes toman un vuelo nocturno, la prioridad debería ser el descanso. Según Major, una de las mejores decisiones es comer antes de embarcar para no perder horas valiosas esperando el servicio de comida en cabina.

Esto es especialmente importante en rutas relativamente cortas dentro del universo de los vuelos largos, como un Nueva York-Londres, donde el tiempo real de sueño puede reducirse a cinco o seis horas. Si el pasajero espera la cena, mira una película y recién después intenta dormir, probablemente llegue al destino con muy poco descanso.

El consejo del tripulante es claro: si el cuerpo pide dormir, no conviene forzarse a comer porque el carrito llegue al asiento. Los horarios de servicio de las aerolíneas no siempre están pensados según el reloj biológico del pasajero ni según el huso horario del destino.

Llevar accesorios propios de confort

Aunque muchas compañías entregan almohadas, mantas o kits básicos, Major recomienda llevar elementos personales para dormir mejor: antifaz, almohada de viaje, tapones o auriculares con cancelación de ruido y una manta liviana.

El motivo es simple: en vuelos llenos, algunos elementos pueden faltar o no resultar cómodos para todos. Además, tener los propios accesorios permite crear una rutina de descanso más familiar, algo útil en un entorno tan poco natural como la cabina de un avión.

Si el sueño no llega, tampoco conviene obsesionarse. El jet lag, la ansiedad del viaje, la luz de la cabina o los ruidos pueden dificultar el descanso. En esos casos, al menos cerrar los ojos, reducir estímulos y permanecer en reposo puede ayudar a llegar con algo más de energía.

Moverse durante el vuelo

Pasar más de diez horas sentado no es bueno para el cuerpo. Por eso, otro consejo fundamental es moverse con regularidad. No siempre hace falta caminar por el pasillo: también se pueden mover las piernas, estirar los pies, rotar los tobillos o cambiar de postura en el asiento.

Estos movimientos ayudan a mejorar la circulación y reducen la sensación de rigidez. En viajes largos, levantarse cada tanto —si las condiciones del vuelo lo permiten— también puede contribuir a disminuir la incomodidad.

La recomendación es especialmente importante para personas con tendencia a hinchazón de piernas, problemas circulatorios o molestias lumbares. En esos casos, conviene consultar previamente con un médico si se necesitan medias de compresión u otras medidas específicas.

El debate de los zapatos: sí, pero con cuidado

Major también defiende una práctica habitual entre pasajeros frecuentes: quitarse los zapatos durante el vuelo. Según el steward, hacerlo puede mejorar la circulación y aumentar la comodidad, especialmente cuando los pies se hinchan por la presión de cabina y la inmovilidad.

Pero hay una condición básica: mantener el respeto por los demás pasajeros. Lo aconsejable es viajar con medias limpias, evitar apoyar los pies en zonas compartidas y volver a calzarse para ir al baño o caminar por el avión. La comodidad propia no debería convertirse en incomodidad para los demás.

Cómo elegir el mejor asiento

La elección del asiento puede cambiar mucho la experiencia. Para quienes temen las turbulencias, Major recomienda ubicarse hacia la parte delantera del avión, donde los movimientos suelen sentirse menos que en la parte trasera.

Los pasajeros altos pueden buscar asientos con más espacio para las piernas, como los ubicados cerca de salidas de emergencia, aunque suelen tener restricciones y, en muchos casos, costo adicional. Para dormir, el steward prefiere el asiento de ventanilla, porque permite apoyar la cabeza contra la pared y evitar que otros pasajeros pidan paso.

En cambio, el asiento del medio sigue siendo el menos recomendable para un vuelo largo: limita el espacio personal, dificulta el descanso y suele generar mayor incomodidad durante todo el trayecto.

Llevar entretenimiento y snacks

Aunque los aviones de largo alcance suelen ofrecer pantallas individuales y comidas, Major recomienda no depender completamente de esos servicios. Una falla en el sistema de entretenimiento, una demora en el servicio o una comida que no se adapta al gusto del pasajero pueden hacer el viaje más incómodo.

Por eso conviene llevar auriculares, batería externa, libros, series descargadas, música, agua y algunos snacks. Estos elementos ayudan a mantener cierta autonomía durante el vuelo y evitan depender de los tiempos de la tripulación.

En el caso de los snacks, lo ideal es elegir opciones simples, livianas y fáciles de transportar. También conviene revisar las restricciones del país de destino para no ingresar alimentos no permitidos.

Prepararse antes de subir al avión

La experiencia de un vuelo largo empieza antes del embarque. Comer algo liviano, hidratarse, evitar el exceso de alcohol, llevar ropa cómoda y organizar el bolso de mano pueden hacer una diferencia importante.

Los objetos esenciales deberían quedar al alcance: documentos, medicación, cargadores, abrigo, antifaz, auriculares, artículos de higiene, una muda básica y cualquier elemento necesario durante el vuelo. Tener que levantarse varias veces para abrir el compartimiento superior puede interrumpir el descanso propio y el de otros pasajeros.

Una estrategia para llegar mejor

No existe una fórmula única para llegar descansado después de un vuelo de doce horas, pero sí hay hábitos que reducen el desgaste. Dormir cuando sea posible, moverse, elegir bien el asiento, llevar accesorios propios y no depender por completo del servicio a bordo permite recuperar algo de control en un entorno donde casi todo está pautado por la aerolínea.

Los vuelos largos seguirán siendo exigentes, pero pueden ser menos agotadores si el pasajero los encara con estrategia. En definitiva, viajar mejor no depende sólo de la clase del pasaje: también depende de pequeñas decisiones tomadas antes y durante el vuelo.