Ir y volver en avión a otra ciudad por un solo día, sin siquiera pernoctar, es una moda creciente que desafía los límites del turismo exprés. Es una práctica que viene creciendo en Europa gracias al precio que practican las compañías low-cost. Aunque gana popularidad, levanta cuestionamientos por su impacto ambiental y su escasa contribución a las economías locales.
Levantarse al amanecer en Londres, tomar un vuelo low cost a Venecia, pasear por sus canales, comer una pizza, tomarse selfies y regresar a casa esa misma noche para dormir en la propia cama. Lo que parece una maratón turística se ha convertido en una tendencia: se trata del extreme day tripping, una modalidad de viajes exprés en auge en Europa que genera tanto entusiasmo como polémica.
El concepto es simple pero vertiginoso: aprovechar los vuelos baratos para conocer un destino europeo en menos de 24 horas. Ciudades como Barcelona, Oporto, Milán, Cracovia o incluso Estocolmo reciben a estos visitantes fugaces que no pernoctan ni consumen en profundidad, pero que buscan sumar una nueva experiencia (y una nueva publicación en redes) sin romper el presupuesto.
Hasta existe un sitio web dedicado a esta nueva moda de viajes ultra cortos: Extreme Day Trips. Los perfiles más comunes son personas con tiempo limitado, bajo presupuesto o que simplemente quieren aprovechar promociones aéreas de último minuto. Se trata de oportunidades: cuando surge una oferta, la toman sin pensarlo.
Compras, cultura exprés y redes sociales
Una de las motivaciones más frecuentes detrás de estas excursiones es el ahorro: ir a hacer compras a Polonia o visitar tiendas específicas en Italia, Francia, España o Alemania. Incluso hay quienes “viajan a Milán por unas horas solo para adquirir ropa de diseñador en outlet, o que visitan Praga y regresan antes de cenar”. A esto se suma el componente simbólico: marcar un destino en el mapa y compartirlo en redes sociales. Es una tendencia que se puede vincular con la cultura de consumo acelerado; y no hay que olvidar que las microescapadas marcan un estatus social.
Críticas desde lo económico y lo ambiental
Pese a su atractivo logístico, el extreme day tripping ha generado críticas en varios frentes. Desde el punto de vista económico, los beneficios para los destinos son casi nulos. Al no pernoctar ni consumir en restaurantes formales, estos viajeros dejan poco ingreso a hoteles, agencias o comercios tradicionales. En términos ambientales, las alarmas suenan aún más fuertemente. Los vuelos de bajo costo son los principales facilitadores de esta tendencia, que suma emisiones de CO₂ al transporte aéreo en su conjunto.
Frente al crecimiento de esta práctica, algunas ciudades europeas han comenzado a aplicar medidas. Venecia, por ejemplo, implementó en 2024 un derecho de entrada para turistas de un solo día en fechas de alta afluencia, como forma de contener el turismo masivo y preservar su frágil entorno. Otro ejemplo es él de Bélgica, que introdujo un impuesto aéreo. El objetivo es claro: desincentivar el uso indiscriminado del avión para viajes de corta duración y promover formas de movilidad más sustentables.
¿Una moda efímera o un cambio de hábito?
Si bien en países como Bélgica o los Países Bajos la conciencia ecológica parece limitar la expansión del fenómeno, el extreme day tripping crece especialmente en el Reino Unido, donde la oferta de vuelos low cost y la cercanía geográfica a múltiples destinos europeos lo hacen más viable. La tendencia pone de relieve un dilema clave para el turismo contemporáneo: cómo equilibrar el deseo y el derecho de movilidad, descubrimiento y libertad con las exigencias de sustentabilidad, calidad de vida urbana y responsabilidad climática.
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