El frágil futuro del delfín franciscana, el cetáceo del Río de la Plata

El delfín franciscana, también conocido como delfín del Plata (Pontoporia blainvillei), es un mamífero marino pequeño y discreto que habita las aguas costeras y estuarios del sudeste de Sudamérica. Aunque poco conocido, este cetáceo es el único de su tipo que puede vivir tanto en agua salada como dulce, y su existencia depende de ecosistemas híbridos como el Estuario del Plata y la costa atlántica.

La franciscana alcanza entre 1,6 y 1,8 m, con peso promedio de 50 kg, y presentan un característico pico largo que representa más del 15 % de su cuerpo. De cuerpo grisáceo con vientre más claro, su aleta dorsal mayormente redondeada lo distingue de otros delfines. Viven hasta 20 años, alcanzan madurez sexual a los 5 años y después de un gestación de 10–11 meses, nacen crías que se agrupan en pequeños pods de hasta 15 individuos. Su dieta incluye más de 24 especies de peces, junto con pulpos, calamares y camarones

Distribución geográfica

El rango natural de la franciscana va desde el sur de Brasil, pasando por Uruguay, hasta la Península Valdés, en Chubut, Argentina. En la Argentina, predomina en el estuario del Río de la Plata, las costas bonaerenses y el Golfo San Matías. Su presencia excepcional en aguas continentales, ríos y estuarios destaca su adaptación única entre los cetáceos.

Estado de conservación y amenazas

La franciscana está catalogada como “Vulnerable” por la IUCN debido a la reducción de su población en un 30 % en tres generaciones (36 años). La mayor amenaza es la captura incidental en redes de pesca, especialmente en artes de trasmallo y redes de enmalle usadas en pesquerías costeras. Siendo su rango regional relativamente pequeño, las muertes accidentales frecuentes en Argentina, Brasil y Uruguay preocupan a la comunidad científica.

En 2017, la Provincia de Buenos Aires declaró Monumento Natural al delfín franciscana (Ley 14.992), reflejando un compromiso local con su protección. Sin embargo, su futuro depende de acciones concretas como censos, investigación, regulaciones más estrictas en pesca y campañas de sensibilización.

Turismo de avistaje y experiencias costeras

Aunque su pequeño tamaño y hábitos furtivos lo hacen difícil de ver, existen oportunidades para quienes deseen explorar su presencia en la costa argentina:

  • Estuario del Río de la Plata: desde localidades como Ensenada, La Plata y Berisso, operan excursiones náuticas con biólogos que combinan monitoreo ecológico con avistajes. Se recomienda viajar entre otoño e invierno, cuando las poblaciones se concentran en aguas frías y calmas.
  • Península Valdés (Chubut): además de avistaje de ballenas, es posible observar franciscanas cerca de la costa. Empresas de ecoturismo ofrecen salidas en embarcaciones que incluyen información sobre el ecosistema marino.
  • Costa bonaerense: en bahías protegidas como San Clemente del Tuyú y San Bernardo, investigadores organizan salidas de monitoreo participativo que permiten seguir individuos y registrarlos en cámara trampa colaborativa.

El ecoturismo que respeta distancias mínimas, proporciona educación ambiental y colabora con centros de rescate, contribuye a la conservación directa de la especie.

Por qué la franciscana importa

  • Indicador ecológico: su presencia indica un buen estado de salud de estuarios y estuarios marinos costeros.
  • Regulador pesquero: al consumir peces e invertebrados, ayuda a regular poblaciones, contribuyendo al equilibrio de los hábitats.
  • Turismo costero sostenible: fortalece economías locales mediante experiencias que valoran los ecosistemas marinos y motivan su preservación.

El delfín franciscana no solo es un tesoro ecológico, sino también un indicador del estado de salud de los ambientes costeros. Aunque su situación es preocupante, proyectos provinciales como en Buenos Aires y experiencias de avistaje con impacto educativo ofrecen caminos para su recuperación. Contratar operadores responsables, respetar su hábitat y apoyar investigación científica son pasos fundamentales para garantizar que este cetáceo siga siendo parte del paisaje marino sudamericano por generaciones.