Petfluencers: por qué los animales influencers pueden vender más que las personas y cómo impactan en el turismo

Perros y gatos con millones de seguidores se convirtieron en protagonistas de campañas publicitarias y recomendaciones de viajes. Una investigación científica revela que los animales influencers pueden resultar más persuasivos que los creadores de contenido humanos porque transmiten una mayor sensación de sinceridad. El fenómeno abre nuevas oportunidades para los hoteles pet-friendly, los destinos y las empresas turísticas, pero también plantea interrogantes sobre la publicidad encubierta y el bienestar animal.

Durante años, los influencers de viajes mostraron hoteles, playas, restaurantes y experiencias turísticas buscando despertar el deseo de sus seguidores. Ahora, algunos de sus competidores más eficaces tienen cuatro patas, no hablan y probablemente desconozcan que sus fotografías forman parte de una estrategia comercial.

Son los llamados petfluencers, animales que cuentan con perfiles propios en redes sociales, reúnen comunidades de seguidores y participan en campañas publicitarias. Algunos se convirtieron en verdaderas celebridades digitales, como Doug the Pug o Nala the Cat, cuyos contenidos promocionan productos que van mucho más allá de los alimentos y accesorios para mascotas.

Lo llamativo es que estos protagonistas pueden resultar más persuasivos que los influencers humanos. Una investigación publicada en Journal of Advertising Research encontró que, bajo determinadas condiciones, los consumidores muestran una mayor disposición a pagar por productos promocionados por animales.

El fenómeno adquiere especial relevancia para el turismo, donde las emociones, las recomendaciones y la confianza desempeñan un papel central en las decisiones de compra.

Por qué un gato puede ser mejor vendedor que un influencer

El estudio, desarrollado por Laura Lavertu, Katina Kulow, Kirsten Cowan y Ben Marder, incluyó cuatro investigaciones destinadas a comparar las respuestas de los consumidores ante contenidos publicitarios protagonizados por animales y personas.

En uno de los experimentos, los participantes observaron una publicación de Instagram que promocionaba una caja de vino. En una versión aparecía una influencer humana y en otra, un gato.

Los resultados mostraron que quienes habían visto la publicación del animal estaban dispuestos a pagar, en promedio, 58,08 dólares, frente a los 40,57 dólares del grupo expuesto a la influencer humana. La diferencia fue del 43 %.

La cifra no significa que los animales consigan incrementar todas las ventas en esa proporción. Corresponde a un experimento específico sobre disposición declarada a pagar y no a transacciones efectivamente realizadas.

Lo más interesante fue la explicación de los investigadores. La mayor eficacia de los animales no dependía solamente de que resultaran simpáticos o novedosos, sino de la sinceridad que los consumidores les atribuyen.

Mientras que un influencer humano puede despertar sospechas sobre sus motivaciones económicas, un perro o un gato parece ajeno a esos intereses. Esa percepción genera una conexión emocional que puede trasladarse favorablemente a la marca promocionada.

Naturalmente, detrás de cada animal existe una persona que selecciona imágenes, redacta mensajes y negocia contratos comerciales. Pero esa intervención tiende a quedar en segundo plano frente al atractivo del protagonista.

Del influencer de viajes al perro que recomienda hoteles

En el turismo, esta tendencia encuentra un terreno especialmente favorable gracias al crecimiento de los viajes con mascotas.

Perros y gatos que recorren ciudades, playas, montañas o alojamientos turísticos junto a sus propietarios protagonizan contenidos capaces de combinar dos intereses: el deseo de viajar y el vínculo afectivo con los animales.

Para los establecimientos pet-friendly, estos perfiles representan una oportunidad de comunicación. Una fotografía de un perro descansando en una habitación de hotel o disfrutando de un jardín puede resultar más atractiva que una presentación convencional de los servicios del establecimiento.

Además, el animal permite mostrar aspectos que interesan especialmente a quienes viajan acompañados por sus mascotas: la amplitud de las habitaciones, los espacios exteriores, los accesos, las condiciones de alojamiento y las posibilidades de realizar actividades juntos.

Las recomendaciones de un petfluencer también pueden impulsar la visibilidad de destinos que ofrecen playas habilitadas para perros, senderos apropiados, restaurantes con espacios exteriores o propuestas recreativas adaptadas.

Sin embargo, conviene distinguir la oportunidad comercial de la evidencia científica: el estudio mencionado demuestra mayor persuasión en determinadas campañas de productos, pero no mide directamente su efecto sobre las reservas hoteleras ni sobre la elección de destinos turísticos.

Cuando los animales se convierten en embajadores de un destino

La utilización de animales en la promoción turística no es completamente nueva. Muchos hoteles cuentan con perros o gatos residentes que se transforman en personajes queridos por los huéspedes. Algunos destinos, por su parte, utilizan animales característicos de su territorio como símbolos de identidad.

Las redes sociales permiten ampliar considerablemente esa estrategia. Un animal puede funcionar como narrador de una experiencia turística, mostrar un alojamiento desde una perspectiva diferente o aportar humor a contenidos que, de otra manera, serían puramente comerciales.

La ventaja es que estos protagonistas suelen provocar reacciones positivas sin recurrir necesariamente a discursos promocionales exagerados.

No obstante, existe una diferencia esencial entre un animal doméstico que aparece en contenidos turísticos y la utilización de fauna silvestre para atraer visitantes. En este último caso, las campañas deben evitar fomentar el contacto inapropiado, la alimentación artificial o la explotación de animales para conseguir fotografías.

La publicidad encubierta también puede tener cuatro patas

La aparente espontaneidad de los petfluencers introduce uno de los mayores problemas del fenómeno: resulta fácil olvidar que algunas publicaciones son anuncios pagos.

Si un perro aparece disfrutando de una estadía en un hotel, los seguidores pueden interpretar la experiencia como una recomendación desinteresada, incluso cuando el alojamiento fue gratuito o existió una compensación económica.

En el Reino Unido, la Advertising Standards Authority estableció orientaciones específicas para este tipo de contenidos. Las normas exigen identificar claramente la publicidad y contemplan acuerdos que incluyen pagos, comisiones o determinados beneficios en especie.

También señalan que las campañas deben evitar comportamientos peligrosos o irresponsables que otros propietarios puedan imitar.

Para el turismo, la transparencia resulta especialmente importante. Una invitación a un alojamiento, una excursión gratuita o un traslado ofrecido a cambio de publicaciones constituyen relaciones comerciales que deberían comunicarse de manera clara.

El atractivo emocional de un animal no debería utilizarse para ocultar la naturaleza publicitaria de una recomendación.

El bienestar animal, el principal límite de esta nueva tendencia

El crecimiento de los animales influencers también plantea una cuestión que suele quedar relegada: los perros y gatos no eligen convertirse en protagonistas de campañas comerciales.

Viajes frecuentes, largas jornadas de filmación, disfraces incómodos, multitudes y situaciones preparadas exclusivamente para conseguir imágenes pueden provocarles estrés o malestar.

En el turismo, el riesgo aparece cuando la búsqueda de contenidos virales lleva a trasladar animales a ambientes poco adecuados, someterlos a temperaturas extremas o exponerlos a situaciones que comprometen su seguridad.

Una campaña responsable debería adaptarse a las necesidades del animal y no al revés. La posibilidad de obtener una fotografía atractiva nunca justifica ignorar sus condiciones de bienestar.

Una nueva forma de vender experiencias turísticas

Los petfluencers muestran cómo está cambiando el marketing digital: las recomendaciones ya no dependen exclusivamente de la fama, el conocimiento o la capacidad de comunicación de una persona, sino también de las emociones que despierta quien aparece en pantalla.

Para los hoteles, destinos y empresas de viajes, los animales influencers pueden contribuir a mostrar servicios pet-friendly, llegar a comunidades específicas y construir mensajes más cercanos.

Pero la misma cualidad que los vuelve atractivos —su aparente inocencia— puede facilitar una publicidad menos transparente.

En definitiva, el fenómeno plantea una paradoja: los consumidores confían más en los animales porque no les atribuyen intereses comerciales, aunque las recomendaciones que protagonizan están cuidadosamente organizadas por personas y marcas.

La diferencia entre una buena campaña turística y una práctica cuestionable dependerá de tres factores: la autenticidad de la experiencia, la transparencia publicitaria y el respeto por el bienestar del animal.