La inteligencia artificial ya permite buscar vuelos, comparar tarifas y resolver problemas con las reservas, pero su próxima evolución podría transformar por completo la compra de pasajes. Un informe de Lufthansa Innovation Hub plantea cuatro escenarios para la próxima década: desde viajeros que siguen reservando por su cuenta hasta asistentes virtuales capaces de elegir, pagar y gestionar vuelos. La disputa también definirá quién controlará la relación con los pasajeros: las aerolíneas o las plataformas intermediarias.
Buscar un pasaje de avión podría convertirse en una tarea muy diferente dentro de pocos años. En lugar de ingresar a varias páginas, comparar horarios, revisar condiciones de equipaje y completar formularios, bastaría con explicarle a un asistente de inteligencia artificial adónde queremos viajar, cuánto estamos dispuestos a gastar y cuáles son nuestras preferencias. El sistema podría encontrar las mejores alternativas, seleccionar el vuelo e incluso concretar la compra.
Esta posibilidad, conocida como inteligencia artificial agéntica, representa una nueva etapa tecnológica. A diferencia de los asistentes que se limitan a responder preguntas o recomendar opciones, los agentes de IA pueden ejecutar acciones, interactuar con sistemas externos y completar procesos en nombre del usuario, dentro de los permisos que reciben.
Sin embargo, el sector aerocomercial todavía está lejos de adoptar masivamente este modelo. Durante la conferencia Elevate 2026, ATPCO informó que apenas el 11 % de las aerolíneas consultadas estaba trabajando activamente con agentes externos de IA para desarrollar estas experiencias.
Para analizar hacia dónde podría evolucionar el mercado, TNMT, la plataforma de investigación de Lufthansa Innovation Hub, elaboró el informe How Agentic AI Could Reshape Flight Booking in the 2030s. El estudio identifica cuatro futuros posibles a partir de dos preguntas fundamentales: cuánto control estarán dispuestos a delegar los viajeros en la inteligencia artificial y quién tendrá acceso a los datos necesarios para realizar reservas personalizadas.

Escenario 1: la IA busca vuelos, pero el pasajero decide y compra
En el primer escenario, la inteligencia artificial se convierte en la herramienta habitual para investigar viajes, pero los consumidores continúan reservando sus pasajes personalmente.
Un asistente podría comparar vuelos, explicar las diferencias entre tarifas, identificar conexiones convenientes y advertir sobre restricciones de equipaje. Sin embargo, al momento de pagar, el viajero seguiría prefiriendo ingresar a una página de reservas y confirmar la operación.
Este modelo se parece a la evolución de los buscadores actuales, con respuestas más personalizadas y capacidad para reunir información procedente de múltiples fuentes.
El inconveniente para las aerolíneas es que podrían perder protagonismo durante el proceso de búsqueda. Las agencias de viajes online y otras plataformas funcionarían como intermediarias entre los asistentes y las compañías aéreas, captando una mayor proporción de las reservas.
Desde la perspectiva del pasajero, la principal ventaja sería mantener el control de la compra sin renunciar a las herramientas de comparación que ofrece la IA.
Escenario 2: las restricciones tecnológicas fragmentan el mercado
El segundo escenario plantea una dificultad menos visible para el usuario, pero potencialmente importante: que las tensiones geopolíticas limiten el acceso de determinados mercados a los modelos más avanzados de inteligencia artificial.
El informe imagina una Europa con restricciones para utilizar algunas tecnologías desarrolladas fuera del continente. En esas circunstancias, las aerolíneas europeas podrían verse obligadas a desarrollar infraestructura propia o soluciones compartidas para mantener sus servicios de reservas inteligentes.
Este panorama introduciría nuevas diferencias entre mercados. La calidad y las capacidades de los asistentes podrían variar según el país de residencia del viajero y las restricciones tecnológicas aplicables.
La iniciativa, sin embargo, tendría costos elevados y requeriría acuerdos complejos entre aerolíneas, proveedores tecnológicos y organismos internacionales.
Para el pasajero, la consecuencia sería una experiencia menos uniforme: algunos mercados contarían con asistentes capaces de realizar operaciones avanzadas, mientras que otros dependerían de herramientas más limitadas.

Escenario 3: los asistentes compran los vuelos, pero las aerolíneas pierden contacto con el cliente
El tercer escenario es probablemente uno de los más sensibles para la industria aérea.
Aquí los consumidores ya confían en la inteligencia artificial para seleccionar vuelos, tomar decisiones y completar pagos. Sin embargo, las compañías aéreas no consiguen integrar adecuadamente sus sistemas con esos asistentes.
Como resultado, las plataformas intermediarias se convierten en las principales responsables de la relación comercial con el viajero. Los agentes de IA consultan sus sistemas, comparan las propuestas disponibles y concretan las compras sin necesidad de que el cliente visite el sitio de una aerolínea.
Las agencias de viajes online cuentan con una ventaja importante: muchas ya integran vuelos, hoteles, alquiler de autos y otros servicios en una misma plataforma, y disponen de información sobre las preferencias y hábitos de compra de sus usuarios.
Para las compañías aéreas, el riesgo sería quedar reducidas a proveedoras de asientos, mientras otros actores controlan la información del cliente, las recomendaciones y la transacción.
Para los consumidores, este escenario podría facilitar la organización de viajes completos, aunque también plantearía interrogantes sobre la transparencia de las recomendaciones, las comisiones y el uso de datos personales.
Escenario 4: las aerolíneas se integran plenamente con los agentes de IA
El cuarto escenario representa la evolución más favorable para las compañías aéreas.
Los viajeros están dispuestos a delegar decisiones y compras en asistentes inteligentes, pero las aerolíneas también han adaptado sus sistemas para que esos agentes puedan acceder directamente a sus ofertas.
De esta manera, la IA podría consultar tarifas, disponibilidad, beneficios de programas de fidelización, opciones de equipaje y servicios complementarios sin depender necesariamente de intermediarios.
El informe describe situaciones en las que un agente personal conoce las preferencias autorizadas del pasajero y puede seleccionar una propuesta de acuerdo con ellas. Por ejemplo, reservar un vuelo que permita llegar a una reunión de trabajo, evitar conexiones demasiado ajustadas, elegir un asiento de pasillo y conservar los beneficios de una determinada categoría de viajero frecuente.
La operación podría completarse dentro del propio entorno del asistente, mediante sistemas seguros de identidad, autorización y pago.
En este modelo, el pasajero mantendría el control sobre sus datos y permisos, mientras que las aerolíneas conservarían una relación comercial más directa con sus clientes.

La transformación ya comenzó, aunque todavía de manera limitada
Aunque estos cuatro escenarios se proyectan hacia la década de 2030, algunas aplicaciones de inteligencia artificial agéntica ya comenzaron a aparecer en las operaciones aéreas.
En septiembre de 2026, United Airlines incorporó a su aplicación un sistema de gestión de interrupciones que permite reorganizar automáticamente las reservas cuando se cancela un vuelo. La herramienta también puede colocar al pasajero en listas de espera para hasta tres servicios anteriores, ofreciéndole la posibilidad de cambiar si aparece una plaza disponible.
Malaysia Airlines, por su parte, presentó durante 2026 su asistente Mavis, desarrollado sobre tecnología de Ada, capaz de responder consultas y resolver solicitudes complejas, con intervención humana cuando resulta necesaria.
Estas experiencias muestran que la IA agéntica podría avanzar primero en la atención al cliente y la resolución de problemas antes de asumir el proceso completo de compra de pasajes.
La confianza será tan importante como la tecnología
Más allá de las posibilidades técnicas, uno de los obstáculos principales continúa siendo la confianza del consumidor. Delegar una búsqueda es muy diferente de autorizar una compra que puede involucrar cientos o miles de dólares, condiciones tarifarias restrictivas y datos personales sensibles.
También existen dificultades en los viajes corporativos, donde las reservas suelen estar sujetas a políticas internas, presupuestos y mecanismos de aprobación. Aunque un agente pueda encontrar la mejor opción, la responsabilidad final por el gasto continúa correspondiendo a una persona o empresa.
En este contexto, el desarrollo de herramientas de identidad digital, permisos verificables y sistemas de pago seguros será decisivo para ampliar la autonomía de los asistentes.
El estudio de TNMT no pretende determinar cuál de los cuatro escenarios terminará imponiéndose. Su propósito es mostrar cómo diferentes combinaciones de confianza, regulación y acceso a la información podrían transformar el mercado aéreo.
Lo que parece cada vez más probable es que la inteligencia artificial modificará la manera de descubrir, comparar y reservar vuelos. La gran incógnita es hasta dónde estarán dispuestos a delegar los viajeros y si las aerolíneas conseguirán mantener una relación directa con ellos.
En los próximos años, la competencia aerocomercial podría dejar de concentrarse exclusivamente en aparecer primero en los buscadores o vender pasajes a través de una aplicación. También se disputará un lugar entre las opciones que los agentes de inteligencia artificial comprendan, seleccionen y recomienden.








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