Las diez conductas que más molestan en un avión: de invadir el asiento vecino a viajar descalzo

Una encuesta revela cuáles son los comportamientos que más irritan a los pasajeros durante un vuelo. Fotografiar por la ventanilla invadiendo el espacio ajeno, filmar a otros viajeros sin permiso y escuchar música sin auriculares encabezan las quejas. El estudio refleja cómo las redes sociales y las nuevas costumbres personales están modificando las reglas de convivencia a bordo.

Viajar en avión supone compartir durante varias horas un espacio reducido con personas desconocidas. Entre asientos estrechos, equipaje de mano y movimientos limitados, la convivencia puede volverse complicada cuando algunos pasajeros se comportan como si estuvieran en su propia casa. Y aunque las discusiones por los respaldos reclinados o los apoyabrazos siguen siendo habituales, una investigación reciente muestra que las principales molestias están relacionadas con hábitos mucho más actuales.

Una encuesta encargada por Booking.com a la consultora Opinium, realizada entre el 5 y el 9 de junio de 2026, reveló que el 61 % de los viajeros considera que los pasajeros se toman demasiadas libertades durante los vuelos. Entre las situaciones más irritantes aparecen comportamientos vinculados con el uso de teléfonos, las redes sociales, la higiene personal y el respeto del espacio ajeno.

Las conductas más molestas durante un vuelo

El dato más curioso del relevamiento es que la conducta que genera mayor irritación no está relacionada con el ruido ni con la higiene, sino con algo tan habitual durante un viaje como tomar fotografías por la ventanilla.

El 41 % de los encuestados manifestó su molestia ante quienes se inclinan sobre el pasajero que ocupa el asiento junto a la ventana para fotografiar o filmar el paisaje. Lo que para algunos representa la oportunidad de obtener una buena imagen, para otros constituye una invasión del espacio personal, especialmente cuando implica acercar el teléfono al rostro de un desconocido.

En segundo lugar aparece otra situación vinculada con las cámaras: el 38 % rechaza ser filmado sin consentimiento y aparecer involuntariamente en videos destinados a las redes sociales. El mismo porcentaje corresponde a quienes se sienten molestos cuando otros pasajeros escuchan música, miran películas o reproducen contenidos desde sus dispositivos sin utilizar auriculares.

Comidas, pies descalzos y otras costumbres que generan conflictos

Los olores también ocupan un lugar importante entre las quejas. El 34 % de los viajeros considera molesto que alguien lleve alimentos demasiado olorosos o que puedan ensuciar el entorno. Aunque cada pasajero tiene derecho a alimentarse, determinados platos pueden resultar invasivos en una cabina compartida.

La siguiente posición corresponde a quienes permanecen descalzos durante el vuelo, una costumbre rechazada por el 27 % de los consultados. La búsqueda de comodidad, especialmente durante los trayectos largos, puede entrar en conflicto con las expectativas de higiene y convivencia de los demás pasajeros.

Las prácticas relacionadas con las redes sociales también generan tensiones. El 24 % se siente molesto ante quienes utilizan la cabina como escenario para grabar videos, repetir tomas o producir contenidos para TikTok e Instagram.

Más abajo aparecen hábitos que trasladan al avión actividades propias del hogar: hacerse la manicura (17 %), caminar repetidamente por el pasillo para cumplir objetivos de actividad física (16 %), realizar rutinas de belleza y cuidado personal (13 %) o utilizar hilo dental (1 %).

Aunque estas últimas conductas registran porcentajes menores, muestran hasta qué punto los límites entre el espacio privado y el espacio compartido pueden desdibujarse durante un viaje.

El avión, un espacio compartido donde cambian las reglas de convivencia

Los resultados no se limitan a identificar comportamientos irritantes. También muestran una transformación en las expectativas de los viajeros, cada vez más acostumbrados a utilizar dispositivos electrónicos, producir contenido digital o mantener sus rutinas de bienestar durante los desplazamientos.

Según los datos recogidos en Francia, el 77 % de los encuestados considera que su comodidad es una prioridad, especialmente en los vuelos de larga distancia. Sin embargo, el 85 % cree que deberían respetarse las mismas normas de convivencia que rigen en otros transportes públicos.

Cuando surge un conflicto, las reacciones también son diferentes. El 42 % prefiere intervenir de manera educada para señalar la molestia, mientras que el 19 % se limita a manifestar su descontento mediante gestos o miradas de desaprobación.

Además, aproximadamente la mitad de los encuestados considera que las aerolíneas deberían establecer restricciones más claras respecto de la reproducción de contenidos sin auriculares y las fotografías o filmaciones realizadas sin consentimiento.

¿Cómo evitar convertirse en el pasajero más molesto?

Las conclusiones del estudio ofrecen algunas orientaciones sencillas para mejorar la convivencia. Utilizar auriculares, pedir permiso antes de fotografiar o filmar cerca de otros pasajeros, evitar comidas demasiado olorosas y reservar determinadas rutinas de higiene para el baño son medidas que pueden reducir las molestias.

También conviene recordar que levantarse para estirar las piernas es recomendable durante los vuelos prolongados, siempre que las condiciones de seguridad lo permitan, pero eso no significa que los pasillos puedan utilizarse libremente como espacios de entrenamiento.

La encuesta corresponde a viajeros franceses y, por lo tanto, sus resultados no pueden extrapolarse automáticamente a todos los países. Sin embargo, permite observar una tendencia que atraviesa la experiencia aérea contemporánea: mientras los pasajeros buscan mayor comodidad y personalización, también esperan que los demás respeten ciertos límites.

En definitiva, viajar en avión implica compartir un espacio en el que las decisiones individuales tienen consecuencias inmediatas sobre quienes están alrededor. Y, como demuestra el relevamiento, muchas veces no son las grandes incomodidades del transporte aéreo las que generan mayor irritación, sino los pequeños gestos cotidianos que podrían evitarse con un poco de consideración.