El habitante más famoso de la remota isla del Atlántico Sur es considerado el animal terrestre vivo más longevo del mundo. Llegó de las islas Seychelles a Santa Elena en 1882, cuando ya era adulto, y una nueva investigación científica acaba de encontrar en sus células pistas que podrían ayudar a entender cómo algunas tortugas logran atravesar casi dos siglos de vida.
Hay destinos que se explican por sus paisajes, otros por su historia y algunos por una combinación de naturaleza y personajes que terminan convirtiéndose en símbolos. Santa Elena, territorio británico de ultramar perdido en el Atlántico Sur, tiene a todos ellos, pero existe un habitante que concentra una parte singular de su identidad: Jonathan, una tortuga gigante de Aldabra que tiene una edad estimada de 194 años y es reconocida como el animal terrestre vivo más longevo del planeta.
Su historia es extraordinaria incluso para una especie famosa por su longevidad. Jonathan habría nacido alrededor de 1832 y llegó a Santa Elena desde las Seychelles en 1882, ya completamente desarrollado. Las estimaciones de edad se basan en registros históricos y en las dimensiones de su caparazón documentadas cuando arribó a la isla, que indican que ya era un adulto de varias décadas. En 2022, las autoridades de Santa Elena celebraron oficialmente su 190.º cumpleaños.
Desde entonces, Jonathan vive en los terrenos de Plantation House, la residencia oficial del gobernador de Santa Elena, en el distrito de St Paul’s. Allí comparte el espacio con otras tortugas gigantes y se convirtió en una de las principales atracciones de la isla. En abril de 2026, el gobierno de Santa Elena debió salir públicamente a desmentir versiones falsas sobre su muerte y confirmó que Jonathan continuaba vivo y bien, bajo el cuidado del personal de Plantation House y del servicio veterinario local.
La importancia de Jonathan trascendió incluso el récord de longevidad. En junio de 2026, Guinness World Records lo incorporó a su categoría de ICON, una distinción destinada a personas, animales o logros que adquirieron una relevancia internacional excepcional. Para Santa Elena, el reconocimiento funciona también como una poderosa herramienta de promoción turística: Jonathan se convirtió en una suerte de embajador viviente de una isla cuya propuesta combina historia, biodiversidad, senderismo y aislamiento geográfico.

Una tortuga que puede ayudar a estudiar el envejecimiento
La fascinación que despierta Jonathan no es solamente turística. Su extraordinaria edad lo convirtió también en objeto de interés científico. Un estudio publicado el 7 de octubre de 2026 en Science Advances analizó su genoma y su metiloma —el conjunto de modificaciones químicas que regulan la actividad de los genes sin cambiar la secuencia del ADN— para buscar pistas sobre los mecanismos que podrían explicar su longevidad.
Los investigadores identificaron 287 variantes genéticas particulares de Jonathan relacionadas con procesos que intervienen en el envejecimiento, entre ellos la reparación del ADN, la regulación de la insulina, la inflamación y la supresión de tumores. El análisis del epigenoma también mostró características llamativas: algunas regiones relacionadas con la producción de energía en las mitocondrias, el procesamiento del ARN y la reparación del material genético presentan niveles de estabilidad que se asemejan más a los observados en tortugas mucho más jóvenes que a los esperables en un animal de casi dos siglos.
Jonathan y otras tortugas de su especie a su llegada a Santa Elena, en 1882.

Eso no significa que los científicos hayan encontrado una fórmula para detener el envejecimiento. El estudio se basa en un único ejemplar, por lo que todavía no permite establecer una relación causal entre esas características genéticas y los 194 años de Jonathan. Los propios investigadores plantean que será necesario estudiar más individuos y comprender cómo funcionan concretamente esas variantes antes de determinar si podrían aportar conocimientos aplicables a otras especies, incluida la humana.

Para la ciencia, sin embargo, Jonathan representa una oportunidad excepcional. Las tortugas gigantes de Aldabra y de Galápagos se encuentran entre los animales terrestres más longevos conocidos, y estudiar cómo mantienen durante tanto tiempo la reparación celular, la función mitocondrial y otros procesos biológicos puede ayudar a comprender mejor los mecanismos del envejecimiento.
Dónde conocer a Jonathan
Para el viajero, el punto de referencia es Plantation House, situada aproximadamente 3,6 kilómetros al sur de Jamestown. La residencia fue construida entre 1791 y 1792 por la Compañía Británica de las Indias Orientales y continúa siendo la residencia oficial del gobernador. Jonathan ocupa allí los terrenos exteriores, donde suele vérselo pastando.
La visita puede combinarse con un recorrido histórico por Plantation House y con la observación de las tortugas. Las condiciones de acceso no deben darse por sentadas: la última instrucción oficial específica que encontré sobre Jonathan señala que no se permite ingresar al paddock salvo mediante una visita previamente programada y acompañada. Por eso, lo recomendable es consultar y reservar con anticipación a través de St Helena Tourism, especialmente si el objetivo principal del viaje es conocer a Jonathan.

La oficina de turismo funciona en The Canister, en Main Street, Jamestown, y actualmente publica como datos de contacto el teléfono +290 22158 y el correo visit@sainthelena.gov.sh. También concentra información sobre alojamiento, excursiones, transporte y actividades.
Cómo llegar desde Sudamérica
Llegar a Santa Elena requiere planificación porque se trata de uno de los destinos más remotos del Atlántico. Desde 2017 la isla cuenta con aeropuerto y el enlace aéreo regular está operado por Airlink. El servicio habitual conecta Johannesburg con St Helena una vez por semana, los sábados. Además, está previsto un servicio estacional los martes entre Ciudad del Cabo y Santa Elena desde mediados de diciembre de 2026 hasta mediados de marzo de 2027. También existe una conexión mensual con Ascensión.

Para un viajero argentino, esto significa que una de las alternativas más lógicas consiste en organizar primero el viaje hasta Sudáfrica y desde allí continuar hacia Santa Elena. La escasa frecuencia de los vuelos hace que no sea un destino apropiado para improvisar: conviene diseñar el itinerario alrededor de las conexiones disponibles y prever margen suficiente ante eventuales cambios operativos o meteorológicos.
La experiencia reciente de 2026 demostró además la importancia de esa planificación. En febrero, el aeropuerto debió suspender temporalmente los vuelos comerciales por problemas relacionados con su categoría de seguridad; las operaciones de Airlink se reanudaron el 17 de febrero después de recuperar la certificación necesaria. El episodio afectó directamente al sector turístico de la isla.
Más que una visita a una tortuga
Viajar hasta Plantation House exclusivamente para ver a Jonathan puede ser el motivo inicial, pero difícilmente sea suficiente para justificar el largo desplazamiento hasta Santa Elena. La isla ofrece una combinación poco habitual de patrimonio histórico y naturaleza: fue lugar de exilio de Napoleón Bonaparte, conserva construcciones vinculadas a la Compañía de las Indias Orientales y posee una biodiversidad extraordinaria, con especies endémicas tanto terrestres como marinas.

Entre las experiencias se encuentran las caminatas conocidas como Post Box Walks, el ascenso de los 699 escalones de Jacob’s Ladder, recorridos por bosques y zonas de conservación, buceo, observación de fauna marina y excursiones para avistar tiburones ballena. La propia estrategia turística de la isla busca posicionarla como un destino de naturaleza y aventura, además de su patrimonio histórico.

Nuestros consejos para quienes quieran conocer a Jonathan
Reservar antes de viajar. Por la limitada frecuencia aérea y la escala reducida de la infraestructura turística, es conveniente organizar vuelos, alojamiento, transporte y visita a Plantation House con anticipación.
Confirmar la visita a Jonathan. Las condiciones de acceso pueden cambiar y no conviene asumir que el paddock está abierto libremente. La oficina de St Helena Tourism puede confirmar horarios, disponibilidad y modalidad de visita.
Respetar al animal. Jonathan es extremadamente longevo y actualmente tiene problemas de visión relacionados con la edad. La experiencia debe centrarse en observarlo sin tocarlo, alimentarlo por cuenta propia ni intentar alterar su comportamiento. El objetivo es conocer a un animal extraordinario sin convertirlo en un objeto de interacción turística.
Prever seguro de viaje. Las autoridades recomiendan contar con cobertura médica adecuada y, para determinadas solicitudes migratorias, específicamente con seguro que contemple evacuación médica. Por la ubicación remota de la isla, es una precaución especialmente importante.

Llevar medios de pago alternativos. El dólar local es la libra de Santa Elena, vinculada a la libra esterlina a una relación de uno a uno. Las tarjetas internacionales tienen una aceptación creciente, pero no son aceptadas universalmente, por lo que conviene contar con efectivo.
Revisar los requisitos migratorios. La normativa depende de la nacionalidad y del pasaporte utilizado. Argentina no figura actualmente entre los países cuyos pasaportes requieren e-visa para ingresar, pero la entrada sigue sujeta al control migratorio y los requisitos pueden modificarse. La herramienta oficial de inmigración permite verificar el caso concreto antes de viajar.
Planificar una estadía más larga que una escala. Santa Elena recompensa especialmente al viajero que dispone de varios días para recorrerla. Jonathan puede ser el hilo conductor de la visita, pero su verdadero atractivo está en la combinación entre un animal que atravesó casi dos siglos de historia y una isla donde la distancia, la conservación y la naturaleza siguen formando parte de la experiencia cotidiana.









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