Durante casi cuatro décadas no hubo registros confirmados de la gallineta austral y llegó a considerarse que podía haber desaparecido. El seguimiento realizado en la Estación Biológica El Unco, en Parque Patagonia, está permitiendo conocer mejor sus hábitos, reproducción y relación con los humedales de la estepa.
Puede estar a pocos metros, desplazándose entre los juncos y emitiendo su característico llamado, pero encontrarla a simple vista es otra historia. La gallineta austral (Rallus antarcticus) es una de las aves más difíciles de observar de la Patagonia y buena parte de lo que hoy se conoce sobre ella proviene, precisamente, de aprender a detectarla sin necesidad de verla.
Con apenas unos 65 gramos de peso, esta pequeña ave está especialmente adaptada para vivir en humedales con vegetación densa. Su cuerpo angosto y sus patas y dedos largos le permiten desplazarse por pequeños túneles entre los juncos y el pastizal, donde encuentra refugio, alimento y espacios para reproducirse.
“Muchas veces sabemos que una gallineta está en determinado lugar por su vocalización o porque aparece en una cámara trampa. Es mucho más fácil oírla que verla”, explica Emanuel Jacquier, integrante del equipo que estudia la especie en Parque Patagonia.

Una especie que volvió a aparecer
La dificultad para observarla contribuyó durante años a que se supiera muy poco sobre la situación de la gallineta austral. Durante casi cuatro décadas no hubo registros confirmados y llegó a pensarse que la especie podía haberse extinguido.
La situación cambió en enero de 1998, cuando una gallineta austral fue observada en Estancia La Angostura, Santa Cruz. A partir de ese hallazgo comenzaron nuevas búsquedas que permitieron localizar otras poblaciones en distintos puntos de la Patagonia.

La especie no estaba extinta, pero su situación continúa siendo poco conocida. Se trata de un ave rara, con poblaciones pequeñas y localizadas, y todavía existen importantes interrogantes acerca de su distribución y dinámica poblacional.
Su estrecha dependencia de los humedales de la estepa patagónica constituye uno de los principales motivos de preocupación. La pérdida o degradación de estos ambientes puede afectar directamente los lugares donde la gallineta encuentra alimento, refugio y condiciones para reproducirse.
Cámaras, anillos y transmisores para seguir sus movimientos
En la Estación Biológica El Unco, el seguimiento sistemático de la especie comenzó en 2019 mediante cámaras trampa. El método permitió confirmar su presencia y obtener información sobre sus movimientos, pero para conocer en profundidad la vida de estas aves era necesario avanzar hacia nuevas herramientas de investigación.

El equipo desarrolló entonces un método de captura que permitió anillar a los ejemplares con combinaciones de colores. De esta manera, una gallineta podía ser reconocida posteriormente sin necesidad de volver a atraparla. Más adelante se incorporaron transmisores VHF, una herramienta que permitió ampliar considerablemente la información sobre sus desplazamientos.
A lo largo de los años de trabajo fueron capturadas, anilladas e identificadas más de cien gallinetas. Aunque la cantidad actual de ejemplares no puede determinarse con precisión, los registros permiten observar señales positivas: la población se reproduce, aparecen nuevos individuos y las aves comenzaron a utilizar sectores del humedal donde anteriormente no habían sido registradas.


La recuperación del humedal también modifica el hábitat
El seguimiento de la gallineta está vinculado a un proceso más amplio de recuperación ambiental en El Unco. Mientras se estudiaba a la especie, también se trabajó sobre el humedal y el flujo del agua, con medidas como la exclusión del ganado. Como consecuencia, el juncal aumentó considerablemente su superficie.

Con el paso de los años, los investigadores comenzaron a registrar gallinetas utilizando nuevos sectores, reproduciéndose y permaneciendo allí durante distintas temporadas. El fenómeno permite observar que la conservación de una especie no depende solamente de proteger individuos, sino también de recuperar las condiciones ambientales que necesita.
En ese proceso aparece además otra especie: el coipo. Sus desplazamientos y hábitos alimentarios generan canales y senderos entre la vegetación que las gallinetas utilizan. La relación todavía está siendo estudiada, pero plantea una perspectiva más amplia sobre la recuperación de los humedales: no se trata únicamente de recuperar especies aisladas, sino también los procesos ecológicos y las interacciones que mantienen funcionando estos ambientes.
Algunas migran y otras permanecen durante el invierno
El seguimiento también permitió descubrir comportamientos que todavía generan preguntas. No todas las gallinetas abandonan El Unco durante el invierno. Algunas permanecen en el humedal incluso cuando una parte importante de la superficie queda congelada.

“Posiblemente no todas hagan lo mismo y estemos frente a una población parcialmente migratoria”, señala Jacquier. Determinar qué ejemplares se desplazan, hacia dónde lo hacen y qué lugares utilizan durante los meses más fríos es uno de los interrogantes que todavía busca responder el equipo.
La reproducción también comenzó a aportar información inédita. Los investigadores detectaron dos eventos reproductivos dentro de una misma temporada y, durante 2025, pudieron seguir dos nidos activos. Las cámaras mostraron que ambos integrantes de la pareja participan del cuidado de las crías y que los pichones abandonan el nido antes de que hayan transcurrido 48 horas.
Cada uno de estos registros contribuye a reconstruir la historia natural de una especie sobre la que todavía existen grandes vacíos de información.
Conocer el humedal para conservar la especie
Una de las preguntas centrales ahora es determinar qué características necesita un humedal para que la gallineta pueda permanecer, reproducirse y atravesar el invierno. Encontrar esas condiciones permitiría identificar otros ambientes de la Patagonia que podrían ofrecer hábitats adecuados y establecer prioridades de conservación.
“Entender qué características tiene un humedal donde la especie permanece, se reproduce y logra atravesar el invierno puede ayudarnos a reconocer qué condiciones deberíamos conservar o recuperar en otros humedales”, explica Jacquier.
El desafío para los próximos años será ampliar el conocimiento sobre la distribución, abundancia y dinámica de las poblaciones de gallineta austral en la Patagonia. Para ello será necesario profundizar el trabajo conjunto entre equipos de investigación, autoridades provinciales y otras instituciones, además de compartir información y establecer criterios comunes para evaluar el estado de las poblaciones.
Mientras tanto, en los humedales patagónicos la búsqueda continúa. Para encontrar a la gallineta austral no siempre hace falta verla: a veces alcanza con detenerse, escuchar entre los juncos y saber reconocer que detrás de esa vocalización puede estar una de las aves más esquivas de la región.









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