Pôdo amplía su red de cabinas privadas para trabajar en aeropuertos y espacios de tránsito

La empresa especializada en espacios de trabajo privados e insonorizados suma seis cabinas en la T4 de Madrid-Barajas y consolida una red de ocho ubicaciones activas en España. El modelo apunta a viajeros y profesionales que necesitan trabajar, mantener reuniones o realizar videollamadas durante sus desplazamientos, sin depender de una oficina tradicional.

El tiempo de espera en un aeropuerto puede convertirse en una extensión de la jornada laboral. Entre vuelos, conexiones y momentos previos al embarque, los viajeros de negocios y los profesionales que trabajan en movilidad necesitan cada vez más espacios donde puedan mantener una reunión, responder correos o conectarse a una videollamada sin recurrir a una sala de espera o a un espacio público.

En ese contexto se inscribe la expansión de Pôdo, una red de cabinas privadas e insonorizadas concebidas para trabajar fuera de la oficina. La compañía acaba de incorporar seis unidades en la Terminal T4 del Aeropuerto Adolfo Suárez Madrid-Barajas, en lo que constituye el primer arrendamiento de Aena para la instalación de este tipo de cabinas privadas de trabajo en un aeropuerto español.

La incorporación en Madrid forma parte de una estrategia más amplia: llevar estos espacios a lugares de tránsito y alta afluencia donde las personas necesitan contar con un ámbito privado durante períodos breves. La red de Pôdo suma actualmente ocho ubicaciones activas en España y está presente en ciudades como Barcelona, Madrid, Málaga y Bilbao, además de contar con cabinas en otros espacios de uso cotidiano, entre ellos universidades, clínicas, centros comerciales y estaciones.

Cabinas para trabajar entre un vuelo y otro

En Madrid-Barajas, las seis unidades están ubicadas en la zona de embarque de la T4 y distribuidas en dos bloques de tres cabinas. Uno se encuentra entre las puertas J40 y J41 y el segundo entre las J58 y J59. Cada bloque dispone de dos cabinas individuales y una grupal, de manera que pueden utilizarse tanto para tareas que requieren concentración como para reuniones o actividades compartidas.

La propuesta busca resolver uno de los principales inconvenientes de trabajar en espacios de tránsito: el ruido. Según los datos aportados por la compañía, el 59% de los trabajadores identifica el ruido como la principal distracción en entornos compartidos. Frente a ese problema, las cabinas están diseñadas como espacios cerrados e insonorizados, con conexión wifi privada, ventilación continua y una iluminación interior adaptable.

El sistema también apunta a simplificar el acceso. Los usuarios pueden reservar y pagar a través de la aplicación de Pôdo o utilizar un quiosco de pago, con facturación automática y un mecanismo de entrada digital. No se requiere una membresía ni una llave física, y el servicio está pensado para utilizarse bajo demanda y durante el tiempo que cada pasajero necesite.

Esta característica resulta especialmente relevante en los aeropuertos, donde la permanencia puede estar condicionada por los horarios de los vuelos y las conexiones. Una persona con una escala de una hora puede necesitar únicamente un espacio breve para una llamada, mientras que un viajero con varias horas entre vuelos puede aprovecharlo para avanzar con su jornada laboral.

Una nueva infraestructura para el viajero conectado

La expansión de estos espacios acompaña una transformación en la forma de trabajar durante los desplazamientos. El teletrabajo y los modelos híbridos han hecho que la oficina ya no sea necesariamente un lugar físico único, y los períodos de viaje pueden formar parte de la jornada laboral.

En España, según los datos incluidos por Pôdo en el anuncio de la nueva instalación, más de 3,2 millones de personas teletrabajan y aproximadamente una cuarta parte lo hace de manera total o parcial. Para este segmento, la infraestructura disponible en aeropuertos, estaciones y otros puntos de tránsito adquiere una función que va más allá de la comodidad.

En el caso del turismo, el fenómeno tiene una conexión directa con los viajes de negocios y el denominado bleisure, especialmente cuando los pasajeros combinan actividades profesionales con estadías turísticas. Contar con un espacio privado durante una conexión permite, por ejemplo, realizar una videollamada antes de continuar hacia el destino, participar de una reunión internacional o resolver tareas pendientes sin tener que abandonar el aeropuerto.

La misma lógica puede trasladarse a otros establecimientos turísticos. Hoteles, centros de convenciones, estaciones y terminales de transporte son espacios donde los viajeros pueden necesitar privacidad para trabajar aun cuando su viaje no tenga exclusivamente un propósito empresarial.

Una red que busca salir del modelo de oficina

La llegada a Madrid-Barajas representa para Pôdo la incorporación de un nuevo tipo de ubicación dentro de una red que ya se extiende por distintos entornos. La compañía plantea sus cabinas como una infraestructura flexible que puede instalarse allí donde existe una concentración de personas que necesitan trabajar durante períodos determinados.

Además de aeropuertos, su presencia en universidades, clínicas, centros comerciales y estaciones muestra una estrategia basada en acercar el espacio de trabajo al lugar donde se encuentra el usuario, en vez de esperar que este se desplace hacia una oficina convencional.

“Nuestro objetivo es facilitar que los usuarios puedan disponer de un espacio privado y preparado para trabajar allí donde lo necesiten, sin depender de infraestructuras fijas ni de procesos complejos”, explica Ramón Pau Tomás, cofundador de Pôdo.

El concepto también modifica la relación entre viaje y productividad. El aeropuerto deja de ser exclusivamente el lugar donde comienza o termina un viaje y puede convertirse, durante unas horas, en un espacio de trabajo. Para los destinos turísticos, esta evolución puede resultar especialmente relevante a medida que los viajeros combinan desplazamientos profesionales, vacaciones y trabajo remoto en un mismo itinerario.