Cuáles son los dos sitios con géiseres en la Argentina

Los Tachos, en el norte de Neuquén, es uno de los principales sitios de la Argentina donde se observan géiseres y otras manifestaciones geotérmicas. El caso del géiser de Cátua, en cambio, requiere una aclaración geográfica: aunque se accede desde la localidad jujeña de Cátua, se encuentra en territorio chileno, muy cerca de la frontera.

Cuando se habla de géiseres, las imágenes suelen llevar a Yellowstone, Islandia, Nueva Zelanda o al vecino Chile, con los campos de El Tatio. Sin embargo, la Cordillera de los Andes también concentra manifestaciones geotérmicas en el territorio argentino, aunque de dimensiones mucho menores y, en general, mucho menos conocidas. En el norte de Neuquén, el Área Natural Protegida Domuyo reúne géiseres, fumarolas, vertientes y cursos de agua caliente en un paisaje de alta montaña.

Uno de los sitios más particulares es Los Tachos, ubicado sobre el arroyo Covunco, en las proximidades de Varvarco. El gobierno de Neuquén lo identifica como un lugar singular dentro del sistema geotérmico del Domuyo, donde el agua emerge a muy alta temperatura y se transforma en vapor. El área protegida, de más de 92.000 hectáreas, concentra además otros fenómenos como Las Olletas, Aguas Calientes, El Humazo, La Bramadora y Rincón de las Papas.

Los Tachos: agua hirviendo al pie del Domuyo

El acceso a Los Tachos forma parte de una experiencia de turismo de naturaleza que combina ruta, paisaje cordillerano y una caminata corta. Desde Chos Malal se continúa por la Ruta Nacional 40 hasta Andacollo y luego por la Ruta Provincial 43 hacia Varvarco-Invernada Vieja. Desde allí se ingresa por un camino de ripio hacia el Área Natural Protegida Domuyo y se continúa hasta el sector desde donde parte el sendero hacia los géiseres. La provincia recomienda consultar previamente el estado de los caminos y registrar el ingreso ante los guardaparques.

Varvarco funciona como una de las puertas de entrada a este territorio. La localidad se encuentra rodeada de atractivos naturales y es también punto de partida para conocer Los Bolillos, Aguas Calientes, el Cajón del Atreuco y distintos sectores del Domuyo. La caminata hacia Los Tachos demanda aproximadamente 40 minutos, según información turística provincial, y permite descender hasta el nivel del arroyo donde aparecen las manifestaciones geotérmicas.

La particularidad de Los Tachos está en el contraste entre el paisaje de montaña y la actividad que se desarrolla bajo la superficie. El sistema geotérmico del Domuyo es alimentado por el calor interno de la Tierra y genera diferentes expresiones: desde aguas termales y fumarolas hasta géiseres. En el área existen fuentes que alcanzan temperaturas cercanas a los 90 °C, por lo que se trata de un ambiente que requiere precaución y respeto por los sectores delimitados.

El fenómeno adquiere todavía más interés cuando se observa el conjunto. A pocos kilómetros aparecen Las Olletas, donde se registran numerosas vertientes y cursos de agua termales e hipertermales, además de pequeños géiseres. Aguas Calientes, por su parte, permite experimentar otro aspecto del mismo sistema geotérmico, con pozones termales naturales en un entorno cordillerano.

Un paisaje geotérmico poco conocido

Los géiseres se producen cuando confluyen tres elementos: una fuente de calor subterránea, agua que se infiltra desde la superficie y un sistema de conductos capaz de acumular presión. Cuando esa presión se libera, el agua caliente y el vapor ascienden hacia la superficie. Por eso estos fenómenos están estrechamente relacionados con regiones de actividad volcánica o geotérmica.

En el caso del Domuyo, la actividad no se limita a un único punto. El conjunto de manifestaciones termales permite interpretar el funcionamiento geológico de una región en la que la montaña, el agua y el calor subterráneo están permanentemente conectados. El propio gobierno neuquino define al área como uno de los centros geotérmicos más importantes de la provincia.

La experiencia turística, por lo tanto, no consiste solamente en llegar hasta un chorro de agua. El camino desde Varvarco atraviesa un paisaje de grandes contrastes, con formaciones rocosas, arroyos, cañadones y la presencia dominante del Domuyo, que con 4.709 metros sobre el nivel del mar es la mayor elevación de la Patagonia, según información provincial.

El caso del géiser de Cátua: un atractivo asociado a Jujuy, pero en Chile

Hay otro fenómeno que suele aparecer en los mapas y publicaciones sobre los géiseres de la región como si estuviera dentro de la Argentina: el denominado géiser de Cátua. Aquí es necesaria una precisión importante para los viajeros.

La localidad de Cátua está en Jujuy, en el departamento Susques, dentro de la Puna argentina. Pero el géiser al que se hace referencia se encuentra en territorio chileno, a unos 37 kilómetros de Cátua y cerca del antiguo paso de Huaytiquina. Así lo señala el propio Manual de Guías de Turismo Idóneos de la provincia de Jujuy.

La particularidad es que, pese a estar del otro lado de la frontera, el acceso se realiza desde Cátua, por lo que el fenómeno quedó fuertemente asociado a la localidad argentina. El mismo documento oficial señala que no existe acceso desde Chile y que el camino hacia el géiser parte de Cátua.

El paisaje es especialmente llamativo durante el invierno. Las temperaturas extremadamente bajas de la Puna hacen que el agua que emerge se congele alrededor de la fuente y forme estructuras de hielo, mientras que el chorro continúa surgiendo desde el centro. En verano, cuando desaparece parte de esa acumulación de hielo, queda visible principalmente la emisión de agua.

Hay además una particularidad geológica e histórica: según el manual jujeño, la aparición del géiser está vinculada con una perforación que permitió que el agua comenzara a emerger. Por eso, más que presentarlo simplemente como un equivalente argentino de los grandes géiseres naturales de Yellowstone o El Tatio, conviene entenderlo como una manifestación termal situada en un paisaje de frontera y alta montaña.

Dos experiencias muy diferentes

Los Tachos y el géiser de Cátua están vinculados por la geotermia y por el paisaje andino, pero representan experiencias diferentes. Los Tachos se encuentran efectivamente en territorio argentino, dentro del Área Natural Protegida Domuyo, y forman parte de un sistema geotérmico que incluye numerosos géiseres, fumarolas y aguas termales. Cátua, en cambio, es una localidad argentina desde la cual se accede a un géiser ubicado en territorio chileno.

La diferencia también es relevante desde el punto de vista turístico. En Neuquén, los géiseres forman parte de un circuito más amplio alrededor de Varvarco y el Domuyo, que puede combinarse con trekking, observación del paisaje, termas, formaciones geológicas y experiencias vinculadas con la cultura rural del norte neuquino. La provincia incluso está trabajando en el desarrollo turístico de Varvarco como puerta de entrada a estos atractivos.

En ambos casos, se trata de lugares para los que la planificación resulta fundamental. Son ambientes de montaña, con caminos que pueden presentar dificultades y fenómenos de temperaturas extremas. En Los Tachos, además, la recomendación oficial es consultar el estado de las rutas y registrar el ingreso ante los guardaparques antes de emprender la visita.

Más que competir con los grandes campos geotérmicos del mundo por el tamaño de sus erupciones, estos sitios ofrecen otra posibilidad: descubrir que el paisaje argentino también guarda una geografía de agua caliente, vapor y actividad subterránea. En el caso del Domuyo, esa combinación se encuentra además integrada a uno de los territorios naturales más singulares del norte de la Patagonia.