El biólogo y emprendedor indonesio Kevin Kumala desarrolló junto a Avani Eco bolsas fabricadas principalmente con almidón de mandioca. El material es biodegradable y compostable, y la empresa asegura que puede descomponerse en pocos meses bajo condiciones adecuadas. La innovación nació como respuesta a la contaminación por plásticos que afecta a Bali y hoy forma parte de una línea de envases de origen vegetal.
Bali es conocida por sus playas, sus arrozales y sus paisajes tropicales, pero también enfrenta desde hace años uno de los problemas ambientales asociados al turismo y al crecimiento urbano: la acumulación de residuos plásticos. En ese contexto surgió una iniciativa que buscó desarrollar una alternativa a las bolsas convencionales utilizando una materia prima abundante en el sudeste asiático: la mandioca.
El proyecto fue impulsado por Kevin Kumala, biólogo y emprendedor indonesio, quien creó Avani Eco en 2014 con el objetivo de desarrollar productos de packaging a partir de recursos renovables. La compañía continúa actualmente comercializando bolsas de mandioca y otros productos elaborados con materiales de origen vegetal.

Una bolsa fabricada con almidón de mandioca
La propuesta se basa principalmente en almidón industrial de mandioca, combinado con derivados de aceites vegetales y otros materiales de origen natural. Según Avani Eco, sus bolsas de mandioca no contienen componentes derivados del petróleo y están diseñadas para ser biodegradables y compostables.
La empresa explica que utiliza almidón de mandioca de grado industrial, sin finalidad alimentaria, como uno de los componentes principales del material. Esto permite transformar una materia prima vegetal en un producto destinado a sustituir determinadas bolsas plásticas de uso cotidiano.
La innovación llamó especialmente la atención por una demostración realizada por Kumala durante los primeros años del proyecto: una muestra de la bolsa era colocada en agua caliente y se disolvía rápidamente. La compañía mantiene actualmente que sus bolsas pueden disolverse en agua a aproximadamente 80 °C, aunque señala que el destino recomendado al finalizar su utilización es el compostaje y no simplemente arrojar el material al agua.
¿Cuánto tarda en degradarse?
Aquí es importante distinguir entre disolución, biodegradación y compostaje, tres procesos que no son equivalentes.
Según la información actual de Avani, una bolsa de mandioca puede compostarse mediante métodos domésticos y tardar alrededor de 180 días, dependiendo de las condiciones del compostaje. La empresa también indica que puede degradarse en cuestión de meses en otras condiciones.
La compañía recomienda, además, conservar las bolsas protegidas de la humedad y del contacto directo con agua durante su almacenamiento. Esto responde a una característica lógica del material: al estar elaborado a partir de componentes naturales, resulta más sensible a determinadas condiciones ambientales que una bolsa convencional derivada del petróleo.
Actualmente, Avani comercializa distintos formatos de bolsas de mandioca, incluidos modelos para transportar productos secos y bolsas destinadas a residuos. Algunas de ellas se venden en paquetes y también pueden personalizarse para empresas.

La historia comenzó como respuesta a la contaminación de Bali
La idea de Kumala estuvo vinculada desde el comienzo con su relación con el mar. Aficionado al surf y al buceo, el emprendedor había observado directamente la presencia de residuos plásticos en las costas de Bali.
La preocupación no era menor. Indonesia es uno de los países asiáticos que enfrentan grandes dificultades para gestionar el crecimiento del consumo de plásticos y la disposición de residuos, especialmente en un territorio insular donde los desechos pueden alcanzar rápidamente ríos, playas y ecosistemas marinos.
La respuesta de Avani fue desarrollar una familia de productos que no se limita a las bolsas. La compañía actualmente ofrece también envases de papel, productos fabricados con PLA derivado del almidón de maíz, artículos de bagazo de caña de azúcar y otros productos compostables.
Una alternativa que también plantea interrogantes
El desarrollo de materiales de origen vegetal constituye una alternativa al plástico convencional, pero que un material sea de origen vegetal no significa automáticamente que pueda degradarse en cualquier ambiente.
El Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) ha advertido que los materiales biodegradables y compostables tienen comportamientos diferentes según su composición y las condiciones ambientales. Algunos requieren temperaturas, humedad y sistemas de compostaje específicos para completar su degradación.
Por eso, el destino final es una parte fundamental de la ecuación. Una bolsa de mandioca diseñada para compostarse no debería interpretarse como un producto que puede descartarse indiscriminadamente en la naturaleza. El propio PNUMA señala que los términos “biodegradable” y “compostable” necesitan estar acompañados por información clara sobre las condiciones necesarias para que el proceso ocurra.
También existe una diferencia importante entre la afirmación de que un producto puede disolverse en agua caliente y la de que se degradará rápidamente en el océano. El PNUMA ha advertido específicamente que los materiales biodegradables no necesariamente se descomponen de manera completa en el medio marino.
De una innovación de Bali a una industria internacional
La propuesta dejó de ser solamente un experimento local. Según Avani, la compañía ya trabaja con más de 10.000 clientes en más de 50 países y continúa desarrollando productos de packaging a partir de recursos renovables.
La empresa también comercializa actualmente bolsas de mandioca para distintos usos. Uno de sus modelos de tamaño mediano, por ejemplo, está fabricado con almidón industrial de mandioca y derivados de aceite vegetal, y se presenta como biodegradable y compostable en meses.
El modelo plantea así una de las líneas de innovación que están transformando la industria del packaging: en lugar de buscar solamente materiales plásticos que duren menos tiempo, desarrollar productos cuyo ciclo de vida pueda integrarse con sistemas de compostaje y recuperación de materiales.
Para Bali, donde la relación entre turismo, playas y residuos es particularmente visible, la experiencia tiene además una dimensión local. La bolsa de mandioca surgió como una respuesta a un problema concreto de la isla y terminó convirtiéndose en un producto que busca demostrar que la sustitución del plástico puede comenzar también a partir de materias primas disponibles en el propio territorio.








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