Del papel a las calles de Buenos Aires: quién era el Loco Chávez, un personaje de historieta que se convirtió en atracción turística

El periodista creado por Carlos Trillo y Horacio Altuna para su famosa tira “El Loco Chávez” volvió al Paseo de la Historieta después de una restauración realizada por el Museo Perlotti. La escultura del Loco Chávez fue reinaugurada en marzo de 2026 y emplazada en el cruce de Avenida Belgrano y Balcarce. El personaje, publicado diariamente entre 1975 y 1987, forma parte de un circuito dedicado a los mayores éxitos de la historieta argentina a lo largo de las décadas.

Bigote, morral al hombro y aspecto de periodista que parece estar a punto de salir detrás de una noticia. El Loco Chávez volvió a ocupar un lugar en las calles de Buenos Aires después de atravesar un proceso de restauración destinado a recuperar una de las esculturas más reconocibles del Paseo de la Historieta.

La figura fue reinaugurada el 20 de marzo de 2026, a las 12, en Avenida Belgrano y Balcarce, dentro de las actividades de la Bienal de Historieta de Buenos Aires. El trabajo de recuperación estuvo a cargo del equipo de conservación del Museo de Esculturas Luis Perlotti, que intervino la obra después del deterioro producido por la exposición permanente al espacio público y distintos actos de vandalismo.

Su regreso tiene una dimensión que va más allá de la restauración de una estatua. Hugo “El Loco” Chávez fue durante doce años uno de los personajes cotidianos de Buenos Aires: apareció diariamente en la contratapa de Clarín, caminó por calles identificables, habló de fútbol y política, atravesó problemas económicos, pasó horas en redacciones y bares y convirtió el oficio periodístico en una puerta de entrada para observar la vida argentina. La escultura recuperada devuelve ahora ese personaje al territorio que inspiró buena parte de sus aventuras.

Quién era El Loco Chávez

La tira nació en 1975, cuando el guionista Carlos Trillo y el dibujante Horacio Altuna presentaron un proyecto para la renovada contratapa de Clarín. Comenzó a publicarse el 26 de julio de ese año y permaneció hasta noviembre de 1987. Fue además la primera historieta que ambos autores realizaron juntos, inicio de una sociedad creativa que posteriormente produciría obras como Las puertitas del Sr. López y El último recreo.

En sus primeras entregas, Chávez era corresponsal en el extranjero. Pero en 1976 regresó a Buenos Aires y comenzó a trabajar en una redacción periodística. A partir de allí, la ciudad pasó a tener un papel fundamental.

Sus historias combinaban trabajo, relaciones amorosas, amistades, fútbol, política, dificultades económicas y observaciones sobre la realidad social. Los fondos dibujados por Altuna permitían reconocer calles, cafés y escenas porteñas, mientras Trillo encontraba en el periodista un personaje capaz de circular entre distintos ambientes y registrar los cambios del país.

El protagonista distaba de ser un héroe convencional. Era canchero, seductor, impulsivo, con problemas de dinero y una capacidad casi constante para meterse en situaciones complicadas. Pero precisamente esa imperfección contribuyó a convertirlo en un personaje reconocible.

Una historieta que acompañó doce años de historia argentina

Entre 1975 y 1987 ocurrieron algunos de los períodos más turbulentos de la historia reciente del país. La tira comenzó antes del golpe militar de 1976, atravesó la dictadura, la Guerra de Malvinas, la recuperación democrática de 1983 y los primeros años del gobierno de Raúl Alfonsín.

El Loco Chávez no funcionaba como una crónica política explícita, pero la realidad aparecía continuamente alrededor del protagonista: en el trabajo, las conversaciones, los conflictos económicos, las relaciones personales y el clima de la ciudad.

Esa capacidad de registrar la época explica por qué hoy puede leerse también como un documento de cultura popular.

El propio oficio del protagonista resulta significativo. Chávez era periodista y la redacción se convertía en uno de los escenarios donde la realidad exterior ingresaba a la historieta. En marzo de 2026, la Bienal dedicó precisamente una conversación a “El Loco Chávez: historieta, periodismo y cultura popular”, una señal de la vigencia que conserva ese cruce entre ficción, prensa y sociedad.

La estatua con Horacio Altuno, uno de los dos creadores del personaje:

Pampita, Malone y una galería de personajes porteños

El universo de Chávez no estaba construido solamente alrededor de su protagonista. Entre sus personajes recurrentes aparecieron Malone, su amigo intelectual; Balderi, su jefe; Homero, vinculado con el mundo del tango y los bares; y una extensa galería de mujeres que se convirtió en uno de los elementos más recordados del trabajo gráfico de Altuna.

Entre ellas, Pampita adquirió un lugar central.

La relación entre ambos terminó definiendo el cierre de la tira. El 10 de noviembre de 1987, Chávez y Pampita partieron hacia España y al día siguiente se publicó la última entrega. El final tenía además ecos biográficos: Altuna se había radicado en España años antes y desarrollaba allí una importante carrera internacional.

De las viñetas a una escultura porteña

Casi tres décadas después de la despedida del personaje, Buenos Aires decidió incorporarlo físicamente a su paisaje urbano.

La escultura realizada por el artista Pablo Irrgang fue inaugurada originalmente en marzo de 2015, en la esquina de Juana Manso y Azucena Villaflor, en Puerto Madero. Horacio Altuna participó de aquella presentación, que incorporó formalmente al personaje al Paseo de la Historieta.

Con el tiempo, la obra sufrió los efectos habituales de una pieza instalada en el espacio público. La restauración realizada por el Museo Perlotti permitió recuperar sus rasgos característicos y devolverla al circuito en 2026.

Su nueva ubicación está en el entorno de Avenida Belgrano y Balcarce, en Monserrat. La guía actual del Gobierno porteño sitúa a El Loco Chávez en Avenida Belgrano al 280, dentro del sector del Paseo que reúne varias de sus esculturas más conocidas.

El Paseo de la Historieta, un museo sin paredes

La presencia del Loco Chávez cobra mayor sentido cuando se la observa como parte de un recorrido.

El Paseo de la Historieta nació en 2012 y utiliza las calles de San Telmo, Monserrat y el entorno del bajo porteño como una suerte de museo al aire libre dedicado al cómic argentino. Mafalda fue uno de sus puntos iniciales y con el tiempo se sumaron figuras de distintas épocas y estilos.

Actualmente, caminando por el circuito es posible encontrarse con Mafalda, Susanita y Manolito; Isidoro Cañones; Larguirucho; Clemente; Don Fulgencio; Patoruzú; Inodoro Pereyra y Mendieta; El Eternauta; Tía Vicenta; Don Nicola; Las Chicas de Divito; Patoruzito e Isidorito, entre otros personajes.

El resultado permite recorrer más de medio siglo de cultura gráfica argentina sin ingresar a una sala de exposición.

Para el turismo, tiene además una particularidad: la historieta aparece integrada con barrios históricos, cafés, edificios patrimoniales, calles adoquinadas y otros atractivos del casco antiguo de Buenos Aires.

Cómo incorporar al Loco Chávez en un recorrido turístico

La ubicación permite integrarlo fácilmente con otros personajes del paseo. En Avenida Belgrano y Balcarce se encuentran también Las Chicas de Divito, mientras que a pocas cuadras aparecen Clemente, Don Fulgencio, Patoruzú, Larguirucho y otros protagonistas. Mafalda, Susanita y Manolito están en Defensa y Chile, uno de los puntos más concurridos del circuito.

Eso permite construir una caminata que combine historieta y patrimonio urbano entre Monserrat y San Telmo, con extensiones hacia Plaza de Mayo, el Cabildo, la Manzana de las Luces, el Mercado de San Telmo y Parque Lezama.

El paseo es de acceso libre y no exige horarios, aunque recorrerlo durante el día permite observar mejor las esculturas y combinarlo con otros atractivos de la zona.

El periodista que volvió a la esquina

La restauración tiene finalmente algo de regreso simbólico.

El Loco Chávez comenzó su historia viajando por el mundo como corresponsal, pero encontró su identidad definitiva cuando regresó a Buenos Aires. Allí estuvieron su redacción, sus amigos, sus amores, sus problemas y buena parte de las calles que Altuna dibujó durante más de una década.

En 1987 se fue ficticiamente a España. En 2015 regresó convertido en escultura. Y en 2026, después de pasar por los talleres de restauración, volvió otra vez al espacio público.

Ahora permanece en Avenida Belgrano y Balcarce, con su bigote y su morral recuperados, como parte de una ruta que permite leer Buenos Aires a través de sus historietas.

Para quienes conocieron al personaje cada mañana en el diario es un encuentro con la memoria. Para quienes nunca lo leyeron, puede ser la puerta de entrada a una época de la historieta argentina en la que un periodista de tinta y papel consiguió convertirse, durante doce años, en uno de los porteños más conocidos de la ciudad.