El mapa que revela hasta dónde viajan los pingüinos de Magallanes desde Cabo Vírgenes

Un seguimiento con GPS realizado en la Reserva Provincial Cabo Vírgenes, en Santa Cruz, permitió reconstruir los viajes de alimentación de los pingüinos de Magallanes durante la temporada reproductiva. Los primeros resultados muestran que utilizan un área marina mucho mayor de la estimada y refuerzan la necesidad de proteger los ambientes que rodean a una de las mayores colonias de la especie.

En el extremo sur de la Patagonia argentina, donde la estepa termina frente al Atlántico, la Reserva Provincial Cabo Vírgenes protege un paisaje estrechamente ligado a uno de sus habitantes más emblemáticos: el pingüino de Magallanes. Pero una nueva investigación acaba de demostrar que, para comprender verdaderamente la vida de esta colonia, no alcanza con mirar la costa.

Durante la temporada reproductiva de 2025, investigadores colocaron dispositivos GPS en pingüinos adultos para seguir sus desplazamientos en el mar mientras buscaban alimento. Los primeros recorridos reconstruidos dibujan sobre el mapa una trama que se extiende mucho más allá de los límites terrestres y costeros de la reserva.

El resultado ofrece una perspectiva poco habitual para quienes visitan Cabo Vírgenes: los pingüinos que se observan caminando entre los nidos pueden recorrer enormes extensiones del mar antes de regresar a tierra.

Una colonia de 240.000 pingüinos en el extremo de Santa Cruz

Cabo Vírgenes alberga la colonia continental más austral del mundo de pingüinos de Magallanes. Según el censo realizado en 2025, en el área viven alrededor de 240.000 ejemplares.

Las características de este sector costero de Santa Cruz proporcionan condiciones especialmente adecuadas para su reproducción. Allí transcurre una etapa decisiva del ciclo de la especie, cuando los adultos deben alternar la permanencia en la colonia con sucesivos viajes hacia el mar en busca de alimento.

Durante diciembre de 2025, en plena etapa de crianza temprana, los investigadores equiparon con GPS a varios adultos. Finalmente pudieron analizarse ocho viajes correspondientes a siete individuos, una muestra que todavía es considerada preliminar pero que ya permitió obtener información significativa.

La investigación reúne al Consejo Agrario Provincial de Santa Cruz, la Fundación Por el Mar, Wildlife Conservation Society Argentina (WCS), la Universidad Nacional de la Patagonia Austral (UNPA) y el CONICET.

Los viajes que no se ven desde la costa

Una vez que abandonan la colonia, los pingüinos pueden desplazarse durante kilómetros siguiendo la disponibilidad de sus presas. En Cabo Vírgenes, su dieta está basada principalmente en la sardina fueguina.

El problema para los animales —y el desafío para quienes estudian su comportamiento— es que los cardúmenes no permanecen siempre en el mismo lugar. Las condiciones oceanográficas modifican su distribución y obligan a los pingüinos a adaptar continuamente sus recorridos.

El mapa elaborado a partir de los GPS reveló precisamente esa variabilidad.

Los ejemplares analizados no siguieron una única ruta ni utilizaron siempre las mismas zonas del mar. Incluso en el único individuo del que pudieron obtenerse dos viajes, los recorridos fueron diferentes.

Para los investigadores, esta flexibilidad constituye uno de los elementos que será necesario estudiar durante varias temporadas.

Un área de más de 5.500 kilómetros cuadrados

Uno de los datos más llamativos surgió al calcular el área núcleo utilizada conjuntamente por los animales monitoreados.

El estudio determinó una superficie de 5.543,2 kilómetros cuadrados, considerablemente mayor que los 2.322 kilómetros cuadrados estimados en investigaciones anteriores.

La diferencia podría indicar que durante aquella temporada los pingüinos estuvieron más dispersos o necesitaron ampliar su área de búsqueda para encontrar alimento.

Todavía es demasiado pronto para determinar si se trata de un cambio permanente. Las condiciones del mar varían cada año, al igual que la localización de las presas, por lo que los científicos planean repetir el seguimiento, incorporar más ejemplares y comparar diferentes temporadas.

El mapa que puede ayudar a proteger el mar

El trabajo tiene una finalidad que va mucho más allá de conocer la curiosa geografía de los viajes de estas aves.

Determinar qué áreas son las importantes para la búsqueda de alimento es vital porque son las que necesitamos proteger más o tener más cuidado respecto de potenciales amenazas”, explicó el investigador Esteban Frere, que participa del proyecto junto con Melina Barrionuevo.

El estudio analiza además la relación entre los desplazamientos de los pingüinos y el tráfico marítimo y las instalaciones existentes en el mar. No se buscan únicamente áreas de alimentación, sino también sectores en los que los animales permanecen durante períodos prolongados o descansan.

Para la administración de la reserva, poder identificar esos lugares puede convertirse en una herramienta de planificación.

Identificar los patrones recurrentes de uso del espacio marino nos ayudará a diseñar herramientas de ordenamiento espacial y adaptar la planificación de la Reserva Provincial Cabo Vírgenes a las necesidades reales del ecosistema que custodia”, señaló Hugo Garay, presidente del Consejo Agrario Provincial.

En la misma línea, la directora provincial de Áreas Protegidas, Marisol Espino, sostuvo que los resultados muestran la necesidad de articular políticas de conservación marina capaces de resguardar los sectores estratégicos utilizados por los ejemplares para alimentarse y descansar.

Cabo Vírgenes: mirar la colonia y también el océano

El estudio agrega una nueva dimensión a la experiencia de conocer Cabo Vírgenes. La imagen habitual es la de miles de pingüinos desplazándose por tierra, entrando y saliendo de sus nidos o avanzando hacia la costa. El seguimiento satelital permite completar esa escena con aquello que el visitante no puede ver.

Cada vez que un adulto desaparece en el océano comienza un recorrido que puede llevarlo a sectores muy alejados de la colonia antes de regresar con alimento.

El mapa convierte esos movimientos invisibles en líneas concretas y muestra hasta qué punto la conservación de una colonia terrestre depende también de lo que ocurre muchos kilómetros mar adentro.

Una fotografía que recién comienza

Los científicos insisten en que los datos obtenidos durante 2025 representan una primera aproximación.

Los recorridos registrados pueden haber estado condicionados por las características particulares de aquella temporada. Por eso, los próximos relevamientos buscarán determinar qué zonas aparecen repetidamente en los mapas y cuáles son utilizadas únicamente bajo determinadas condiciones ambientales.

A medida que se acumulen años de información, podrá construirse una cartografía mucho más precisa del espacio marino verdaderamente necesario para la supervivencia de la colonia.

Y ese conocimiento puede cambiar también la manera de entender Cabo Vírgenes: no solamente como el lugar donde viven cientos de miles de pingüinos, sino como el punto de partida de una red de viajes que conecta la costa patagónica con miles de kilómetros cuadrados del Atlántico Sur.