En el extremo oriental de Tierra del Fuego, la Cordillera de los Andes termina hundiéndose en el Atlántico entre paredes abruptas, valles glaciares inundados y aguas que alcanzan casi 200 metros de profundidad. Un estudio científico identificó 18 fiordos en la Isla de los Estados, una concentración única en el país. Pero hay un dato que obliga a hacer una precisión: Bahía Lapataia, cerca de Ushuaia, también es reconocida como fiordo.

Cuando se habla de fiordos, el imaginario suele trasladarse casi automáticamente a Noruega, Islandia, Groenlandia o la costa chilena de la Patagonia. Son paisajes moldeados durante miles de años por enormes masas de hielo: los glaciares avanzan sobre las montañas, excavan valles profundos con perfil transversal en forma de “U” y, cuando el hielo retrocede y aumenta el nivel del mar, el océano ocupa esas depresiones. El resultado es una entrada marina alargada, profunda y rodeada por laderas escarpadas.
La Argentina posee ejemplos de este tipo de paisaje, pero están concentrados en uno de los territorios más inaccesibles del país. En la Isla de los Estados, al este de la Isla Grande de Tierra del Fuego, un estudio realizado por Juan Federico Ponce, Jorge Rabassa y Oscar Martínez e investigadores vinculados al CADIC-CONICET relevó 18 fiordos. El trabajo señala una particularidad todavía más significativa: es el único sector argentino donde la mayor parte de las costas está ocupada por estas geoformas glaciares.

La isla donde los Andes desaparecen bajo el mar
La explicación está en la geografía. La Isla de los Estados constituye el extremo sudoriental emergido de la Cordillera de los Andes. Está separada de la Isla Grande por el estrecho de Le Maire, un paso de alrededor de 30 kilómetros conocido históricamente por sus fuertes corrientes, vientos y mares difíciles. La isla tiene unos 63 kilómetros de longitud y llega a estrecharse hasta apenas 500 metros en el istmo entre Puerto Cook y Puerto Vancouver.
Allí el paisaje fue intensamente modelado por los hielos del Pleistoceno. Los investigadores cartografiaron 79 circos glaciares, 48 artesas y 18 fiordos; las antiguas masas de hielo llegaron a cubrir aproximadamente el 42 % de la superficie actual de la isla. Cuando terminó la última gran glaciación y el nivel oceánico ascendió, muchas de esas artesas quedaron inundadas y se transformaron en los brazos de mar actuales.

Algunos nombres que parecen simplemente puertos o bahías esconden, en realidad, esa historia geológica. Puerto Parry, Puerto Hoppner, Puerto Basil Hall, Puerto Cook, Puerto Vancouver, Puerto San Juan del Salvamento y Bahía Blossom figuran entre los fiordos estudiados. Puerto Basil Hall es el de mayor superficie, con unos 8,4 kilómetros cuadrados, mientras que Puerto Parry alcanza una profundidad máxima de aproximadamente 188 metros. En Bahía Blossom, la continuación submarina del valle glaciar puede seguirse durante más de seis kilómetros.
La imagen actual es el resultado de esa combinación entre hielo, roca y océano. Montañas agudas se levantan directamente desde el agua, los bosques subantárticos llegan prácticamente hasta la costa y más de 120 lagos y lagunas alimentan arroyos y cascadas. La plataforma oficial Visit Argentina describe el lugar como una sucesión de “fiordos profundos”, playas de piedra, turberas, bosques, picos y espejos de agua, además de destacar una fauna que incluye lobos marinos, orcas, ballenas y una importante población de pingüinos de penacho amarillo.
Entonces, ¿son realmente los únicos fiordos de Argentina?
Aquí aparece una precisión importante. Es frecuente encontrar la afirmación de que los únicos fiordos argentinos están en la Isla de los Estados, e incluso la página oficial de la reserva fueguina utiliza esa formulación. El trabajo científico de Ponce, Rabassa y Martínez es algo más específico: señala que la isla es el único lugar del país “cuyas costas están en su mayoría ocupadas por fiordos”.
La diferencia no es menor porque existe Bahía Lapataia, dentro del Parque Nacional Tierra del Fuego, unos 20 kilómetros al oeste de Ushuaia. La Administración de Parques Nacionales la identifica explícitamente como el “único fiordo argentino del canal Beagle”. Su origen también es glaciar: el valle fue excavado por hielo y posteriormente invadido por el mar.

La historia geológica de Lapataia es todavía más interesante. Un estudio publicado en Quaternary Science Reviews reconstruyó el valle Lago Roca —actual lago Acigami— Lapataia como un paleofiordo. Hace alrededor de 7.500 a 8.000 años, después de la retirada de los glaciares, el mar penetraba mucho más hacia el interior que en la actualidad y llegaba hasta la cuenca ocupada hoy por el lago. Posteriormente descendió el nivel relativo del mar y el sector interior quedó aislado y volvió a convertirse en un cuerpo de agua dulce.
Por eso, desde el punto de vista geográfico, la formulación más precisa es que la Isla de los Estados concentra los grandes fiordos propiamente dichos de la Argentina y es el único territorio nacional cuyas costas están mayoritariamente formadas por ellos, mientras que Bahía Lapataia constituye el otro caso reconocido en territorio argentino y el único del canal Beagle.
Un paisaje argentino que casi nadie puede visitar
Existe además una diferencia turística considerable entre ambos lugares. Llegar a Bahía Lapataia es sencillo: está dentro del Parque Nacional Tierra del Fuego y la Ruta Nacional 3 termina precisamente en esa zona. Desde Ushuaia puede visitarse en vehículo, excursión organizada o combinando el recorrido con el Tren del Fin del Mundo, y existen senderos y miradores que permiten observar el paisaje glaciar desde tierra.

La Isla de los Estados pertenece, en cambio, a otro universo de viaje. Es una Reserva Provincial Ecológica, Histórica y Turística y el desembarco no funciona como una excursión convencional desde Ushuaia. El acceso requiere navegación por el canal Beagle y el estrecho de Le Maire —o por el Mar Argentino desde el área de Río Grande— y la provincia exige una solicitud específica de ingreso, con documentación de los viajeros, datos de la embarcación, itinerario, cronograma y motivo de la visita.
Esa dificultad de acceso contribuyó a conservar uno de los paisajes menos transformados del territorio argentino. En enero de 2026, incluso una campaña científica del CONICET y la UBA necesitó apoyo de la Armada Argentina para desarrollar investigaciones arqueológicas en la isla, evidencia de que sigue siendo un territorio remoto pese a encontrarse a apenas unas decenas de kilómetros de la costa oriental de Tierra del Fuego.

La paradoja geográfica es notable: para encontrar un paisaje que parece propio de los fiordos noruegos no es necesario abandonar la Argentina. Hay que seguir la Cordillera de los Andes hasta su extremo, cruzar uno de los estrechos más difíciles del Atlántico Sur y llegar al punto donde las montañas dejan de formar una cadena continental para convertirse en paredes rocosas que se hunden directamente en el mar.








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