Por qué los niños se marean más en auto, avión o barco y qué hacer para evitarlo

Náuseas, palidez, sudor frío, cansancio y vómitos pueden transformar un viaje familiar en una experiencia complicada. La cinetosis o mareo por movimiento afecta especialmente a los niños entre los 2 y los 12 años, con un pico de sensibilidad aproximadamente entre los 7 y los 12. La causa está en un conflicto entre lo que perciben los ojos, el oído interno y el resto del cuerpo. Mirar el horizonte, reducir el uso de pantallas, comer liviano y hacer pausas son algunas de las medidas que pueden ayudar.

Una ruta con curvas, un ferry que se mueve con el oleaje o incluso un vuelo con turbulencias pueden provocar malestar en cualquier persona. Pero quienes viajan con chicos saben que el problema aparece con particular frecuencia durante la infancia.

El llamado mareo por movimiento, cinetosis o mal de los transportes es especialmente común entre los 2 y los 12 años. Los menores de 2 años suelen ser poco susceptibles y, después de la infancia, la sensibilidad normalmente disminuye progresivamente. El CDC estadounidense señala que alcanza su máximo entre los 7 y los 12 años.

La explicación no está simplemente en que los chicos tengan un “estómago sensible”. El fenómeno comienza mucho antes, en el cerebro.

Cuando los ojos y el oído interno cuentan historias diferentes

Para mantener el equilibrio y saber cómo se mueve nuestro cuerpo, el cerebro combina información de varios sistemas.

El oído interno, a través del sistema vestibular, detecta aceleraciones, curvas y cambios de posición. Los ojos informan qué está ocurriendo alrededor, mientras que músculos y articulaciones envían datos sobre la posición corporal.

El problema aparece cuando esas señales no coinciden.

Un ejemplo clásico es el de un niño sentado en la parte trasera de un automóvil. Su oído interno percibe que el vehículo acelera, frena y dobla, pero si mira hacia abajo para leer o jugar con una tablet, sus ojos están viendo una imagen prácticamente inmóvil.

El cerebro recibe entonces dos mensajes incompatibles: “nos estamos moviendo” y “estamos quietos” al mismo tiempo.

La teoría del conflicto sensorial es actualmente la explicación más aceptada para la cinetosis. Esa discordancia termina activando mecanismos cerebrales asociados con náuseas, sudoración, mareos y vómitos.

¿Por qué sucede más durante la infancia?

No existe una explicación única y completamente establecida sobre por qué algunos niños se marean mucho y otros prácticamente nunca.

Sí se sabe que la susceptibilidad varía fuertemente con la edad. El sistema encargado de integrar la información visual, vestibular y corporal continúa desarrollándose durante la infancia, y en ese período los chicos parecen ser especialmente sensibles a las discrepancias entre esas señales.

También intervienen diferencias individuales. El CDC señala que las personas con antecedentes de migraña, vértigo o trastornos vestibulares son más propensas a padecer cinetosis y que los factores genéticos pueden explicar una parte importante de la variabilidad entre personas.

Curiosamente, los bebés y menores de aproximadamente 2 años suelen verse mucho menos afectados. La susceptibilidad aumenta posteriormente, alcanza su máximo durante la edad escolar y tiende a reducirse en la adolescencia y adultez, posiblemente porque el organismo desarrolla cierta habituación a los movimientos repetidos.

Las pantallas pueden empeorar el viaje

Una de las estrategias más habituales para entretener a un chico durante un viaje largo puede ser, precisamente, una de las peores si tiene tendencia a marearse.

Leer, mirar una película, utilizar una tablet o jugar con un teléfono obliga a fijar la vista en algo situado dentro del vehículo, aumentando la contradicción entre la información visual y el movimiento detectado por el oído interno.

Por eso, Mayo Clinic recomienda reducir estas actividades y alentar al niño a mirar hacia afuera, especialmente hacia objetos lejanos o hacia el horizonte.

Los audiolibros, música, canciones, conversaciones y juegos orales pueden ser alternativas más apropiadas para mantenerlo entretenido sin obligarlo a mirar hacia abajo.

Qué comer antes de salir

Ni viajar con el estómago completamente vacío ni ofrecer una comida abundante inmediatamente antes de partir suele ser una buena estrategia.

Para chicos con antecedentes de cinetosis, Mayo Clinic recomienda evitar comidas pesadas, picantes o muy grasas antes del viaje y, si necesitan comer, optar por una colación pequeña y sencilla, por ejemplo galletitas secas acompañadas por una bebida.

La buena ventilación también puede ayudar. Aire fresco o acondicionado y evitar olores intensos dentro del automóvil son medidas sencillas que pueden disminuir el malestar.

El lugar elegido también importa

La sensación de movimiento no es igual en todas las partes de un vehículo.

En un avión, los asientos próximos al borde delantero del ala suelen experimentar menos movimiento que los sectores traseros. En un barco, las zonas centrales y próximas al nivel del agua tienden a moverse menos. En tren, viajar mirando hacia adelante y junto a una ventana puede ayudar a reducir el conflicto visual.

En automóvil, poder observar el camino favorece la coincidencia entre lo que ven los ojos y lo que siente el cuerpo.

Sin embargo, la prevención del mareo nunca debe imponerse sobre las normas de seguridad infantil. Un niño debe viajar siempre utilizando el sistema de retención correspondiente a su edad, peso y talla y en la ubicación indicada por las normas de seguridad vial. No debe trasladarse al asiento delantero únicamente para evitar la cinetosis.

Qué hacer si empieza a sentirse mal

Los primeros síntomas no siempre son náuseas.

Algunos chicos comienzan con palidez, bostezos, pérdida del apetito, cansancio, sudor frío o irritabilidad antes de decir que sienten ganas de vomitar.

Reconocer esas señales permite actuar antes.

Si se viaja en auto, una de las medidas más efectivas es detenerse en un lugar seguro, permitir que el niño salga, camine unos minutos o descanse con los ojos cerrados. Colocar un paño fresco sobre la frente también puede aliviar el malestar.

En un transporte donde no es posible detenerse, puede ayudar mantener la cabeza apoyada y lo más quieta posible, mirar hacia el horizonte y buscar aire fresco.

¿Sirven los medicamentos?

Existen medicamentos capaces de prevenir la cinetosis, pero en niños deben utilizarse con particular precaución y siguiendo indicaciones médicas o farmacéuticas adecuadas para la edad.

El CDC recomienda probar primero las medidas no farmacológicas. Algunos antihistamínicos sedantes pueden utilizarse en determinadas edades, pero pueden causar somnolencia y, paradójicamente, algunos niños reaccionan con agitación. Una sedación excesiva también puede resultar peligrosa.

Por ese motivo, no conviene administrar un medicamento para el mareo por primera vez justo antes de emprender un viaje sin haber consultado previamente con el pediatra.

El CDC desaconseja además el uso de escopolamina en niños debido al riesgo de efectos adversos neurológicos, como confusión y alucinaciones.

La disponibilidad, las edades autorizadas y las formulaciones cambian también de un país a otro, de modo que las indicaciones que aparecen en productos comercializados en Estados Unidos no deben trasladarse automáticamente a Argentina u otros mercados.

Siete medidas sencillas para probar antes del próximo viaje

Para los chicos que suelen marearse, una combinación de hábitos puede producir más efecto que una única medida:

  • Evitar libros, celulares, tablets y videojuegos durante el movimiento.
  • Incentivar que miren por la ventana hacia un punto lejano o el horizonte.
  • Ofrecer comidas pequeñas y livianas antes de partir.
  • Mantener buena ventilación y evitar olores intensos.
  • Utilizar música, audiocuentos y conversaciones como entretenimiento.
  • Programar pausas frecuentes en viajes largos en auto.
  • Si es posible, viajar durante el horario habitual de sueño del niño, ya que dormir puede reducir la exposición al conflicto visual.

Un problema frecuente que suele disminuir con la edad

Para muchas familias, la buena noticia es que la cinetosis infantil suele mejorar a medida que los chicos crecen.

La repetición de experiencias de movimiento puede permitir que el cerebro vaya ajustando su “modelo interno” y aprenda a interpretar con mayor facilidad las señales contradictorias. Este proceso de habituación es una de las razones propuestas para explicar por qué el problema disminuye después de la adolescencia.

Si los episodios son extremadamente intensos, aparecen incluso sin estar viajando, persisten mucho tiempo después de que el movimiento terminó o se acompañan de otros síntomas neurológicos o auditivos, conviene consultar con un profesional de la salud para descartar otras causas.

Para la mayoría de los chicos, sin embargo, el problema responde al funcionamiento normal de un sistema sensorial especialmente sensible durante ciertos años de la infancia. Y algunas decisiones simples —menos pantalla, más horizonte, aire fresco, comidas livianas y pausas— pueden hacer una diferencia importante entre un viaje difícil y uno mucho más llevadero.