Google Earth incorporó por primera vez generación de imágenes con inteligencia artificial sobre sus vistas satelitales, aéreas y 3D. Con Nano Banana 2, el usuario puede elegir un punto del mapa, escribir una instrucción y obtener una recreación visual del pasado, una propuesta arquitectónica, una infografía o una versión futura del lugar. Desde la Plaza de Mayo de 1810 hasta las Misiones Jesuíticas o la desaparecida Villa Epecuén, la herramienta abre nuevas posibilidades para explorar el patrimonio y los destinos argentinos, aunque sus imágenes deben entenderse como visualizaciones generativas y no como reconstrucciones históricas documentales.
Durante más de dos décadas, Google Earth permitió hacer algo que alguna vez parecía extraordinario: desplazarse desde una computadora por prácticamente cualquier punto del planeta, acercarse a ciudades, recorrer paisajes en tres dimensiones y observar territorios completos desde el aire. Desde fines de julio de 2026, la experiencia agrega una posibilidad diferente: ya no se limita a mostrar cómo es un lugar, sino que permite pedirle a la inteligencia artificial que imagine cómo pudo haber sido o cómo podría transformarse.
La nueva función integra Nano Banana 2, el modelo de generación de imágenes de Gemini, directamente en la versión web de Google Earth. El procedimiento es sencillo: se busca un punto del planeta, se encuadra la vista, se selecciona “Crear imagen” y se escribe una instrucción en lenguaje natural. El sistema toma como referencia las imágenes satelitales, aéreas y tridimensionales de Earth y genera sobre esa base una nueva representación visual. Google informó que la función está disponible mundialmente en la versión web.
Para viajeros, docentes, arquitectos y aficionados a la historia, el cambio convierte el mapa en algo parecido a un enorme laboratorio de imaginación geográfica.
De mirar un mapa a preguntarle “¿cómo era esto antes?”
Uno de los usos que Google propone expresamente es la visualización histórica.
El ejemplo elegido por la compañía es Pompeya: el usuario puede situarse sobre las ruinas actuales y pedir una representación hiperrealista del lugar antes de la erupción del Vesubio. La inteligencia artificial mantiene como referencia el emplazamiento real y genera sobre él edificios, calles y escenas correspondientes al período solicitado.
Trasladado a la Argentina, las posibilidades son numerosas.
Una de las más evidentes aparece en Plaza de Mayo. La plaza es el espacio público más antiguo de Buenos Aires y fue escenario central de los acontecimientos de mayo de 1810. El Cabildo que vemos actualmente tampoco conserva exactamente la configuración que tenía entonces: sufrió varias modificaciones y perdió arcos de sus alas durante las grandes transformaciones urbanas de fines del siglo XIX y comienzos del XX.
En Google Earth podría enfocarse la plaza actual y escribir algo parecido a: “Recreá de manera históricamente plausible la Plaza de Mayo el 25 de mayo de 1810, con el Cabildo según su aspecto de esa época, las construcciones coloniales y los medios de transporte utilizados entonces”.
El resultado permitiría comparar en una misma perspectiva la Buenos Aires contemporánea con la escala urbana de comienzos del siglo XIX.
Pero hay una diferencia fundamental: la imagen generada no equivale a una reconstrucción científica del pasado. Puede ser útil para visualizar, enseñar o despertar preguntas, pero cualquier detalle histórico debe contrastarse con planos, fotografías, documentación arqueológica y especialistas. La propia documentación de Gemini recomienda utilizar criterio antes de confiar, publicar o utilizar contenidos generados por sus modelos.

San Ignacio Miní antes de convertirse en ruinas
Otro ejemplo argentino particularmente atractivo es San Ignacio Miní, en Misiones.
Las reducciones jesuíticas de los guaraníes conservan restos de templos, viviendas, talleres y otros espacios que permiten interpretar cómo estaban organizadas aquellas comunidades. San Ignacio es actualmente uno de los conjuntos mejor conservados y forma parte, junto con otras misiones de la región, del patrimonio reconocido por UNESCO.
Hasta ahora, imaginar esos muros completos exigía recurrir a dibujos, reconstrucciones arqueológicas o recreaciones audiovisuales.
Con la nueva función se puede partir directamente de la vista aérea actual y pedir algo como: “Visualizá San Ignacio Miní durante el período de funcionamiento de la reducción jesuítico-guaraní, reconstruyendo el templo, viviendas y talleres sobre las estructuras actuales, con criterios históricos y sin modificar la geografía del sitio”.
El resultado podría resultar especialmente útil como primera aproximación antes de una visita real.
Y también puede utilizarse al revés: visitar las ruinas, aprender sobre ellas y después utilizar Earth para ensayar diferentes hipótesis visuales de reconstrucción.
Epecuén: volver a colocar la ciudad debajo de las ruinas
Pocos lugares argentinos parecen tan adecuados para experimentar con esta tecnología como Villa Lago Epecuén.
La antigua localidad termal bonaerense quedó devastada por la inundación de 1985 y, cuando las aguas retrocedieron muchos años después, dejaron expuestas ruinas, calles y árboles afectados por la sal. Es uno de los paisajes más singulares de la provincia de Buenos Aires.
El visitante que hoy camina por Epecuén tiene que realizar constantemente un ejercicio de imaginación: donde hay paredes destruidas hubo hoteles; donde aparecen calles vacías circularon automóviles y turistas; donde hoy domina un paisaje casi fantasmagórico funcionó un balneario termal.
Google Earth permitiría situarse sobre el área y solicitar, por ejemplo, una visualización de Villa Epecuén antes de la inundación, conservando la trama urbana y reconstruyendo edificios a partir del paisaje actual.

Aquí la utilidad puede ir más allá de producir una imagen atractiva. Comparada con fotografías y planos históricos, la herramienta podría servir como recurso educativo para comprender cuánto cambió físicamente el territorio.
La Quebrada de Humahuaca antes de la llegada española
La tecnología también puede utilizarse en lugares donde las capas históricas son mucho más antiguas.
En la Quebrada de Humahuaca, por ejemplo, podría seleccionarse un sector próximo a un asentamiento arqueológico y pedir una visualización de cómo pudo haber sido ocupado antes de la conquista española.

Ese tipo de ejercicio exige todavía más prudencia.
La apariencia de viviendas, cultivos, caminos, vestimenta o actividades humanas no debería inventarse libremente si se presenta como historia. La generación podría resultar útil si se acompaña de información arqueológica y bibliográfica previa, pero debe identificarse siempre como una interpretación visual producida por IA.
La diferencia entre “mostrar cómo era” y “imaginar cómo pudo haber sido” se vuelve especialmente importante con estas herramientas.
Cinco ideas para probar Google Earth con lugares argentinos
Las posibilidades no se limitan a reconstruir el pasado. Algunos experimentos interesantes podrían ser:
- Plaza de Mayo en 1810: comparar el centro político actual con una recreación de la Buenos Aires de la Revolución de Mayo. La plaza es uno de los grandes escenarios históricos nacionales.
- San Ignacio Miní en pleno funcionamiento: reconstruir visualmente templo, viviendas y talleres de la reducción sobre las ruinas conservadas actualmente.
- Villa Epecuén antes de 1985: devolver calles, hoteles y viviendas al paisaje que hoy ocupan sus ruinas.
- Una Buenos Aires del futuro: imaginar sectores urbanos con más árboles, ciclovías, transporte eléctrico o recuperación de espacios públicos, dejando claro que se trata de una propuesta hipotética y no de un proyecto oficial.
- Una intervención turística antes de construirla: elegir un terreno concreto y visualizar cómo podría integrarse un centro de visitantes, un pequeño alojamiento o un espacio recreativo en el paisaje, uno de los usos profesionales que Google señala específicamente para arquitectos y desarrolladores.
También puede crear infografías sobre el lugar que estamos mirando
La integración va un poco más allá de transformar fotografías.
Google Earth permite pedirle a Nano Banana 2 que convierta un lugar en una infografía. En el ejemplo oficial de Google, un usuario observa la Estatua de la Libertad y solicita una pieza gráfica con información histórica: Gemini busca datos relevantes y Nano Banana construye la visualización.
Aplicado al turismo argentino, se podría recorrer el glaciar Perito Moreno y solicitar una infografía sobre glaciares; enfocar las Cataratas del Iguazú y crear una explicación de la geografía del sistema de saltos; o colocarse sobre el delta del Paraná y pedir una pieza que explique qué es un delta y cómo se organiza su red de cursos de agua.
Nano Banana 2 fue desarrollado precisamente con capacidades para combinar generación gráfica, conocimiento del mundo y representación de texto, incluida la creación de diagramas e infografías.
Para docentes y divulgadores aparece una aplicación especialmente interesante: el mapa deja de ser solamente la ilustración de una clase y puede convertirse en el punto de partida para producir material explicativo.
¿Cómo quedaría una obra antes de construirla?
Otra utilización puede resultar relevante para destinos turísticos, municipios, arquitectos y desarrolladores.
Google propone utilizar la vista real de un terreno y pedir que la IA incorpore allí un proyecto futuro. En su demostración, un lote vacío de Tokio se transforma en un distrito comercial y un terreno junto a un lago recibe una cabaña moderna realizada hipotéticamente con materiales sustentables.
En la Argentina esto podría utilizarse para visualizar, por ejemplo, cómo quedaría un mirador antes de construirlo, qué impacto paisajístico tendría un alojamiento, cómo podría reorganizarse un paseo costero o cómo se integraría un parque a un sector urbano.
No sustituye un proyecto arquitectónico, un estudio ambiental ni una representación técnica.
Pero sí puede resolver una etapa que normalmente resulta difícil para quien no interpreta planos: entender visualmente una idea antes de que exista.

Imaginar la ciudad dentro de cien años
Después está el uso más libre.
Nada obliga a pedir una representación históricamente plausible o un proyecto realizable. Google propone también transformar un lugar conocido y proyectarlo un siglo hacia adelante, incluso con elementos propios de la ciencia ficción.
Así, podría pedirse una Buenos Aires de 2126, con transporte automatizado y edificios integrados con vegetación; imaginar una Mendoza futura atravesada por corredores verdes; proyectar cómo podría verse Rosario con nuevas áreas públicas sobre el Paraná; o transformar Ushuaia en una ciudad polar futurista.
En esos casos ya no hay intención documental. La geografía real funciona simplemente como escenario para imaginar.
Y allí aparece una de las novedades más interesantes de la herramienta: hasta ahora, una imagen generativa comenzaba generalmente con una página en blanco. En Google Earth, empieza con un lugar que existe.

Una herramienta atractiva para planificar viajes
Para el turismo, la integración tiene otro potencial menos espectacular pero muy práctico.
Antes de una visita se puede recorrer un destino, estudiar la relación entre atractivos, visualizar la escala del paisaje y después utilizar la IA para obtener materiales explicativos personalizados.
Un viajero interesado en arquitectura puede pedir una infografía sobre un edificio. Una familia puede generar una imagen que muestre cómo era el lugar que conocerán al día siguiente. Un docente puede preparar una excursión histórica y un aficionado a la arqueología puede utilizar el paisaje actual para entender dónde se distribuían antiguamente los asentamientos.
Google Earth deja así de ser solamente una herramienta para mirar antes de viajar.
Empieza a servir también para preguntarse qué había allí antes de que llegáramos.
El gran límite: una imagen convincente puede ser falsa
La potencia visual introduce, al mismo tiempo, una precaución fundamental.
Nano Banana 2 puede producir imágenes de alta fidelidad, seguir instrucciones complejas y utilizar conocimiento del mundo real para crear escenas plausibles. Pero plausible no significa verdadero.
Una recreación de Plaza de Mayo puede colocar correctamente muchos elementos y equivocarse en otros. Una reconstrucción de una misión jesuítica puede inventar detalles arquitectónicos. Y una imagen futurista, por definición, no constituye una predicción.
Por eso, cuanto más histórica o científicamente específica sea la consulta, más importante resulta trabajar con buenas instrucciones y después verificar el resultado.
La mejor utilización quizá no sea preguntar: “mostrame exactamente cómo era”.
Es más prudente pedir: “generá una visualización basada en la información histórica disponible” y utilizarla como punto de partida para investigar.
Un planeta que ahora también se puede imaginar
Google Earth nació con una promesa extraordinariamente sencilla: permitir observar el planeta desde cualquier lugar.
La incorporación de inteligencia artificial cambia sutilmente aquella idea.
Ahora es posible situarse sobre una plaza, una ruina, un barrio o un paisaje, conservar su geografía real y pedir que el tiempo avance o retroceda; que aparezca un edificio que todavía no existe; que se reconstruya visualmente algo desaparecido o que el territorio se convierta en una explicación gráfica.
Desde el Cabildo de 1810 hasta una Buenos Aires imaginada para el próximo siglo, la Argentina ofrece material prácticamente inagotable.
El desafío será recordar que Google Earth continúa mostrando la geografía real, mientras que Nano Banana agrega otra capa completamente diferente: la de lo posible, lo hipotético y lo imaginado.
Y quizá allí esté la parte más interesante de la novedad. Ya no se trata solamente de viajar virtualmente por el planeta.
También podemos preguntarle cómo habría sido llegar unos siglos antes.








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