España, Italia y Francia encabezan un estudio privado sobre la resistencia social al turismo en Europa. Las manifestaciones de 2025 y 2026 muestran que el malestar se concentra en la vivienda, el costo de vida, la congestión y la pérdida de espacios barriales. El fenómeno también aparece en destinos como Ciudad de México, Bali, Maui y Japón, aunque no siempre implica un rechazo generalizado a los visitantes.
El turismo internacional continúa creciendo, pero en algunos de los destinos más visitados también aumenta el malestar de los residentes. Las protestas con pistolas de agua en Barcelona, las campañas contra las cajas de llaves de los alquileres temporarios en Florencia y las movilizaciones contra los cruceros son algunas de las expresiones más visibles de una tensión que atraviesa ciudades, islas y regiones costeras.
En junio de 2026, Euronews difundió un estudio de la plataforma privada JB.com que ubicó a España, Italia y Francia como los tres países europeos donde la reacción contra el turismo masivo resulta más intensa. El informe analizó 30 países y combinó cuatro variables: cantidad e intensidad de las protestas, atención mediática, impuestos turísticos y proporción entre visitantes y residentes. Chipre y Albania quedaron en el extremo opuesto, sin manifestaciones antiturísticas documentadas y con menor presión regulatoria.
Sin embargo, la palabra “hostilidad” requiere una aclaración. No se trata de una clasificación oficial ni de una encuesta que mida directamente la actitud de toda la población hacia los extranjeros. El índice mezcla protestas sociales con tasas, regulaciones y densidad turística, variables que pueden expresar tanto rechazo como políticas destinadas a gestionar mejor la actividad. Por lo tanto, describe sobre todo el nivel de conflicto alrededor del modelo turístico, y no necesariamente la hospitalidad cotidiana que encontrará cada viajero.

España, epicentro de las protestas
España ocupa el primer lugar del estudio y es el país donde las manifestaciones adquirieron mayor extensión territorial. La investigación identificó protestas en más de 40 ciudades y destinos, desde Barcelona y Málaga hasta las islas Canarias y Baleares. Cataluña recibió alrededor de 20,1 millones de turistas en 2025, mientras que el número de visitantes internacionales continuó creciendo durante los primeros meses de 2026.
El 15 de junio de 2025, centenares de manifestantes recorrieron Barcelona con carteles, silbatos, humo de colores y pistolas de agua. Algunas personas rociaron a visitantes sentados en bares y colocaron adhesivos con mensajes como “Turista, volvé a casa” en hoteles y comercios. Las acciones formaron parte de una jornada coordinada en España, Portugal e Italia contra el aumento de los alquileres, la expulsión de residentes y la transformación de los centros urbanos.
En Palma de Mallorca, unas 5.000 personas participaron ese mismo día en una movilización contra el turismo masivo. También hubo concentraciones en Ibiza, Granada, San Sebastián y otras ciudades españolas. Los organizadores reclamaron una reducción efectiva de la presión turística, y no solo medidas destinadas a distribuir mejor los visitantes.
Las protestas continuaron durante 2026. El 26 de julio, residentes de Mallorca volvieron a marchar para advertir que la isla había llegado a un “punto de quiebre” por los efectos del turismo sobre el ambiente, la cultura y la vida cotidiana.
Canarias: vivienda, agua y servicios saturados
En mayo de 2025, miles de personas se movilizaron en las principales islas Canarias bajo el lema “Canarias tiene un límite”. Los reclamos se centraron en el precio de la vivienda, la congestión vial, la presión sobre los servicios públicos y el consumo de agua asociado con la expansión hotelera y residencial.
El archipiélago recibe más de un millón de turistas extranjeros por mes y posee alrededor de 2,2 millones de habitantes. Los manifestantes no pidieron eliminar el turismo, una de las principales actividades económicas de las islas, sino limitar su crecimiento y frenar nuevos proyectos que, según denuncian, aumentan la presión sobre un territorio con infraestructura y recursos limitados.
Este caso muestra que las protestas no siempre nacen del número absoluto de visitantes. También influyen la concentración temporal, la disponibilidad de vivienda, la capacidad de los sistemas sanitarios y de transporte, el acceso al agua y la distribución de los beneficios económicos.

Italia: las cajas de llaves como símbolo
Italia quedó en el segundo puesto del índice, con protestas y campañas ciudadanas registradas en Venecia, Roma, Florencia, Nápoles y Milán. Una parte importante del malestar se dirige contra los alquileres de corta duración y la transformación de viviendas residenciales en alojamientos turísticos.
En Florencia, grupos vecinales comenzaron a marcar con cruces rojas las cajas de seguridad utilizadas para entregar las llaves de departamentos turísticos sin contacto personal. En febrero de 2025, el gobierno municipal ordenó retirarlas y estableció multas de hasta 400 euros para los propietarios que incumplieran la norma. La ciudad tenía entonces alrededor de 15.000 unidades destinadas a alquileres breves, según representantes de la campaña “Salvemos Florencia para vivir en ella”.
En Venecia, las protestas de junio de 2025 se concentraron frente a dos nuevos establecimientos que añadirían alrededor de 1.500 camas hoteleras. Los activistas reclamaron frenar la ampliación de la capacidad turística en una ciudad cuyo centro histórico pierde población residente desde hace décadas.
La ciudad también volvió a cobrar una tasa a determinados excursionistas durante jornadas de alta demanda en abril, mayo, junio y julio. Aunque este tipo de tarifa fue incluido por el estudio entre los indicadores de “hostilidad”, también puede interpretarse como una herramienta de gestión para distinguir entre visitantes que pernoctan y quienes permanecen solo unas horas.
Francia y el rechazo a los cruceros
Francia aparece tercera en la clasificación privada. Euronews señala protestas y campañas en París, Marsella y Niza, además de una movilización creciente contra los grandes cruceros en destinos costeros. Los cuestionamientos abarcan la contaminación, la ocupación del espacio portuario, la concentración de excursionistas y el reducido gasto local que puede dejar una escala breve.
La oposición a los cruceros muestra que no todo el debate gira alrededor de la vivienda. En los puertos, los conflictos también se relacionan con la calidad del aire, el tránsito de pasajeros durante pocas horas y la capacidad de los centros históricos para absorber llegadas simultáneas de miles de personas.

Portugal se suma a la protesta regional
Aunque no integra el trío principal del ranking, Portugal participó en las manifestaciones coordinadas de junio de 2025. En Lisboa, los residentes marcharon con cacerolas y carteles contra la turistificación, los alquileres temporarios y el aumento del costo de la vivienda.
La articulación de organizaciones de España, Italia y Portugal refleja un cambio en el movimiento: las protestas dejaron de ser episodios aislados y comenzaron a coordinarse a escala regional. La alianza Southern Europe Against Overtourism sostiene que la presión turística comparte mecanismos similares en las ciudades mediterráneas, en particular la expansión de alojamientos temporarios, la precariedad laboral y la pérdida de población estable.
Ciudad de México: cuando la protesta derivó en ataques
El malestar no se limita a Europa. En julio de 2025, centenares de personas marcharon por los barrios Roma y Condesa, en Ciudad de México, para protestar contra la gentrificación, los alquileres temporarios y el aumento de residentes extranjeros con ingresos en dólares. Una minoría rompió vidrieras y hostigó a personas extranjeras, lo que llevó a las autoridades a condenar las expresiones xenófobas.
La presidenta Claudia Sheinbaum reconoció que la falta de vivienda accesible constituía un problema legítimo, pero sostuvo que ningún reclamo justificaba exigir la expulsión de una nacionalidad. El gobierno de la capital anunció luego una propuesta para limitar los aumentos de alquiler, ampliar la oferta habitacional y regular los efectos de la gentrificación.

El caso mexicano es uno de los ejemplos más claros de cómo una protesta contra un modelo urbano puede transformarse en hostilidad directa hacia visitantes o residentes extranjeros. También evidencia el riesgo de responsabilizar individualmente al turista por problemas vinculados con la regulación inmobiliaria, la inversión especulativa y la escasez de vivienda.
Bali: extranjeros que crean espacios para extranjeros
En Bali, la tensión adquirió una forma diferente durante 2026. Una docente indonesia denunció que había sido rechazada por un club de corredores gestionado por extranjeros, mientras que su esposo británico había sido aceptado. Los organizadores atribuyeron el episodio a un error del sistema, pero la polémica creció hasta provocar la intervención de las autoridades migratorias y la prohibición de reingreso para dos responsables neerlandeses.
El caso activó un malestar más amplio por el crecimiento de enclaves para expatriados y nómades digitales en zonas como Canggu y Uluwatu. Residentes y funcionarios mencionaron el aumento del costo de la vivienda, los problemas de tránsito, el trabajo ilegal de extranjeros y las faltas de respeto en lugares sagrados como motivos de una frustración acumulada. Bali recibió 6,9 millones de visitantes extranjeros en 2025, por encima de su máximo anterior a la pandemia.
Las voces locales citadas en la cobertura aclararon que el reclamo no era contra todos los extranjeros, sino contra quienes incumplen las normas, trabajan sin autorización o actúan como si las comunidades locales no tuvieran autoridad sobre su propio territorio.
Maui: recuperar viviendas para los residentes
En Maui, Hawái, la resistencia social se canalizó principalmente a través de la política de vivienda. En julio de 2025, una comisión del Consejo del Condado avanzó con un proyecto destinado a retirar del mercado vacacional miles de departamentos ubicados en zonas residenciales y devolverlos al alquiler de largo plazo.
Los alquileres turísticos representaban entonces alrededor del 21% de las viviendas del condado. Un análisis de la Universidad de Hawái estimó que la reforma podría sumar más de 6.100 unidades al mercado residencial, aunque también reduciría la oferta turística, el gasto de los visitantes y parte de la actividad económica.
La propuesta surgió después de reclamos de sobrevivientes de los incendios de Lahaina y de organizaciones que acamparon en una playa turística. El alcalde Richard Bissen afirmó que el turismo debía continuar, pero sin vaciar los barrios ni obligar a las familias locales a abandonar la isla.
Japón: preocupación sin rechazo generalizado
Japón enfrenta problemas de congestión en Kioto, el monte Fuji y otros destinos, pero el panorama es más matizado. Una encuesta de la ciudad de Kioto citada en marzo de 2026 indicó que el 70% de los residentes seguía reconociendo la importancia económica y cultural del turismo.
Las autoridades respondieron con previsiones de afluencia, cámaras para consultar en tiempo real la ocupación de los atractivos, autobuses expresos para turistas y servicios de almacenamiento y traslado de equipaje. Los especialistas consultados señalaron que existe preocupación por la alteración de la vida cotidiana y la pérdida de identidad barrial, pero no un rechazo generalizado a los visitantes.
Este ejemplo resulta útil para no confundir cualquier regulación o queja vecinal con hostilidad. Un destino puede valorar los beneficios del turismo y, al mismo tiempo, limitar determinadas conductas o concentraciones.
¿Los habitantes rechazan a los turistas o al modelo turístico?
En la mayoría de las protestas europeas, los organizadores sostienen que su objetivo no es atacar a quienes viajan, sino cambiar un sistema que prioriza el crecimiento de las llegadas por encima de la vivienda, los servicios públicos y la vida barrial. Sin embargo, acciones como rociar a visitantes, escribir consignas contra extranjeros o acosar a personas por su nacionalidad trasladan el conflicto estructural al plano individual.
Las pistolas de agua utilizadas en Barcelona fueron presentadas como una acción simbólica, pero contribuyeron a instalar la idea de que los viajeros eran el blanco de la protesta. En Ciudad de México, la violencia de un grupo pequeño terminó opacando demandas más amplias sobre alquileres y gentrificación.
La palabra “antiturismo” simplifica, por lo tanto, realidades diferentes. Dentro del mismo movimiento pueden convivir reclamos por mejores regulaciones, propuestas de decrecimiento, rechazo a nuevos hoteles, críticas a las plataformas digitales y episodios explícitos de xenofobia.
Qué significa para quienes viajan
Para los turistas, este escenario no implica dejar de visitar todos los destinos donde existen protestas. Sí exige informarse sobre las condiciones locales y evitar la idea de que el pago de una reserva vuelve automáticamente disponible cualquier vivienda, barrio, camino o espacio natural.
Viajar fuera de los momentos de máxima demanda, utilizar alojamientos habilitados, respetar las restricciones de acceso, evitar conductas invasivas y contratar servicios gestionados por residentes puede reducir parte de la presión. Estas decisiones no resuelven la crisis de vivienda ni reemplazan la regulación pública, pero disminuyen los conflictos más inmediatos.
También es importante no confrontar con una manifestación ni fotografiar a quienes protestan como si fueran una atracción. Una movilización puede provocar cortes, cambios en el transporte o cierres temporales, por lo que conviene revisar la información local antes de trasladarse.
El principal mensaje de las protestas de 2025 y 2026 no es que el viaje vaya a desaparecer. Es que un número creciente de comunidades pretende recuperar capacidad de decisión sobre el volumen, la forma y los lugares en los que se desarrolla el turismo.








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