La guerra menos pensada: la expansión humana en África austral agrava el conflicto entre comunidades y elefantes

El crecimiento de la población, la extensión de las tierras agrícolas y la construcción de infraestructura están reduciendo el espacio disponible para los elefantes de sabana. Un estudio proyecta que las áreas con alto riesgo de incursiones en cultivos podrían aumentar entre un 33 % y un 100 % hacia 2085. El cambio climático intensificará el problema, pero no sería su causa principal.

La recuperación de algunas poblaciones de elefantes de sabana en África austral representa un avance después de décadas de caza furtiva. Sin embargo, ese proceso ocurre al mismo tiempo que las ciudades, los campos de cultivo, las rutas y los cercos se expanden sobre territorios utilizados históricamente por estos animales.

El resultado es una superposición cada vez mayor entre las necesidades de las comunidades rurales y los desplazamientos de los elefantes. Cuando los animales ingresan en zonas agrícolas pueden destruir en pocas horas cultivos de los que depende la economía de una familia. También se registran daños en viviendas, infraestructura, sistemas de abastecimiento de agua y, en los casos más graves, heridas o muertes de personas y animales.

Una investigación publicada en la revista científica PNAS Nexus advierte que esta tensión podría crecer con fuerza durante las próximas décadas. Según sus proyecciones, la superficie expuesta a un alto riesgo de conflictos entre humanos y elefantes aumentaría entre un 33% y un 100% hacia 2085, según la evolución demográfica, económica, territorial y climática de la región.

El uso del suelo, por encima del cambio climático

El estudio concluye que el principal motor del conflicto no es el cambio climático, sino la expansión de la huella humana. El aumento de la población, la conversión de áreas naturales en tierras agrícolas y el crecimiento de los espacios urbanizados explicaron mejor la frecuencia de las incursiones de elefantes que las variaciones climáticas observadas durante el período analizado.

Esto no significa que el clima carezca de importancia. La aridez y la reducción de agua y alimento dentro de las áreas protegidas pueden empujar a los elefantes hacia zonas cultivadas. Sin embargo, los modelos muestran que la ocupación humana del territorio y la modificación del paisaje tienen un peso mayor en el aumento de los incidentes.

De hecho, los escenarios con mayor expansión demográfica y agrícola produjeron las proyecciones más preocupantes, incluso cuando no eran los que anticipaban el calentamiento más intenso. Para los investigadores, esto demuestra que las decisiones sobre el uso del suelo pueden influir tanto o más que la evolución del clima en la futura convivencia con la fauna.

Un territorio compartido por 290.000 elefantes

África austral alberga más de 290.000 elefantes de sabana, alrededor del 70% de la población continental de esta especie. En distintas áreas, sus poblaciones se estabilizaron o comenzaron a recuperarse después de años de persecución y caza furtiva. Al mismo tiempo, la población humana regional crece aproximadamente un 2,5% anual, con el consiguiente avance de asentamientos, campos e infraestructura.

Para estudiar las consecuencias de esta transformación, el equipo utilizó registros de incursiones en cultivos recopilados entre 2004 y 2020 en reservas comunitarias de Namibia. Luego combinó métodos estadísticos y modelos de aprendizaje automático para identificar los factores asociados con los incidentes y proyectar el riesgo sobre un paisaje transfronterizo que comprende el norte de Namibia, gran parte del norte de Botsuana y sectores de Angola y Zambia.

La región contiene parques nacionales, reservas, corredores de fauna, comunidades rurales y áreas agrícolas. Entre los principales espacios protegidos considerados se encuentran Etosha, Chobe, Moremi, Khaudum, Sioma Ngwezi, Nxai Pan y Makgadikgadi Pans.

La época de lluvias concentra más incidentes

Los registros mostraron una marcada estacionalidad. Las incursiones en cultivos fueron más de diez veces más frecuentes durante la temporada húmeda que durante la estación seca. En esos meses, los campos ofrecen alimentos concentrados y altamente nutritivos, capaces de atraer a los elefantes hacia zonas ocupadas por personas.

La mayor frecuencia durante las lluvias no contradice el efecto de la sequía. Cuando disminuye la disponibilidad de agua o vegetación dentro de una reserva, los animales pueden desplazarse hacia campos cercanos. Una vez allí, la presencia de cultivos aumenta las probabilidades de daños y de encuentros peligrosos con los agricultores.

Los modelos identificaron como variables relevantes la densidad de población, la proporción de tierras cultivadas y construidas, la cobertura de árboles y pastizales, la cercanía a ríos, la productividad de la vegetación y la distancia respecto de rutas, cercos y áreas protegidas.

Rutas y cercos que modifican los desplazamientos

Las carreteras y los cercos destinados a controlar la fauna también pueden alterar la circulación de los elefantes. Aunque estas barreras buscan separar actividades humanas y animales, en algunos sectores terminan concentrando los desplazamientos en pasos determinados o impidiendo que los ejemplares accedan a rutas tradicionales.

El estudio encontró una mayor probabilidad de conflicto en zonas próximas a cercos y en determinados espacios condicionados por la red vial. Esto muestra que la infraestructura no solo ocupa superficie: también puede reorganizar la manera en que los elefantes se mueven por el territorio.

Uno de los puntos especialmente sensibles es la región de Zambezi, en el extremo oriental de Namibia. Su mayor humedad favorece la agricultura y una densidad de población superior a la de otras áreas del país, pero también funciona como corredor entre importantes reservas de elefantes, como Chobe y Sioma Ngwezi.

Los mapas elaborados por los investigadores señalan además riesgos persistentes en el norte de Namibia, las regiones de Kavango y Zambezi, el delta del Okavango y el borde oriental de la reserva de Moremi. Las proyecciones indican que estos focos podrían mantenerse y extenderse hacia 2085.

El costo para las comunidades rurales

La expresión “conflicto entre humanos y elefantes” puede resultar abstracta, pero sus consecuencias son concretas. Muchas de las comunidades afectadas dependen de la agricultura de subsistencia y cuentan con escasos recursos para reconstruir cercos, viviendas o depósitos dañados.

Una incursión nocturna puede destruir cosechas destinadas a alimentar a una familia durante varios meses. En Namibia, los daños provocados por elefantes pueden incluso superar los beneficios económicos que algunas comunidades reciben por actividades turísticas o por el aprovechamiento regulado de la fauna.

La situación también amenaza la conservación. Cuando la población local percibe que debe asumir los costos de proteger a los animales sin recibir una compensación suficiente, puede disminuir el apoyo a las áreas protegidas. En situaciones extremas, los incidentes derivan en la eliminación de ejemplares considerados peligrosos.

Por eso, el objetivo no consiste simplemente en conservar más elefantes, sino en crear condiciones para que esa recuperación no comprometa la seguridad ni los medios de vida de quienes comparten el territorio.

Cómo reducir los futuros puntos de conflicto

La investigación plantea que conocer con anticipación los lugares donde aumentará el riesgo ofrece una oportunidad para intervenir antes de que los incidentes se vuelvan habituales.

Una de las principales herramientas es la planificación territorial. Evitar nuevos cultivos, carreteras o asentamientos en corredores utilizados por los elefantes puede reducir la superposición entre actividades humanas y desplazamientos de fauna. También es necesario mantener conectadas las áreas protegidas para que los animales no queden obligados a atravesar campos y poblados.

Los autores mencionan además sistemas locales de monitoreo, patrullas comunitarias, alertas tempranas y métodos de disuasión destinados a alejar a los elefantes sin dañarlos. La protección de los cultivos, las compensaciones por pérdidas y el acceso seguro al agua son otras medidas que pueden disminuir los costos soportados por las familias.

Los investigadores aclaran que sus proyecciones tienen limitaciones. Los modelos mantienen relativamente estable la distribución futura de los elefantes y dependen de registros comunitarios que podrían no incluir todos los incidentes. Tampoco pueden anticipar con exactitud cambios políticos, económicos o ecológicos ocurridos durante las próximas seis décadas.

Aun así, la conclusión general aparece con claridad: si la expansión urbana y agrícola continúa sin considerar las rutas de la fauna, los encuentros aumentarán. El cambio climático agravará la escasez de recursos, pero el rumbo del conflicto dependerá en gran medida de decisiones humanas que todavía pueden modificarse.

En África austral, proteger a los elefantes y garantizar la seguridad de las comunidades no son objetivos opuestos. Ambos dependen de una misma condición: conservar suficiente espacio y planificar un territorio donde personas y animales puedan desplazarse sin convertir cada nueva frontera agrícola en un futuro escenario de conflicto.