En el centro de Entre Ríos, los nombres de las calles aparecen escritos en castellano y con caracteres hebreos. La señalización anticipa la historia de Villa Clara, una localidad nacida de la colonización judía que conserva sinagogas, cementerios, una antigua escuela, un museo y las huellas de los llamados gauchos judíos.
Villa Clara no es oficialmente una ciudad bilingüe. Sin embargo, basta caminar unas pocas cuadras para descubrir una particularidad poco frecuente en la Argentina: los carteles que identifican sus calles están escritos tanto en castellano como en hebreo.
La iniciativa comenzó a concretarse en 2023, cuando el municipio instaló los primeros nomencladores bilingües en distintos tramos de la avenida San Martín y anunció que la señalización se extendería al resto de la localidad. Más que una curiosidad urbana, los carteles funcionan como una declaración de identidad: recuerdan que este pequeño pueblo entrerriano nació alrededor de una de las colonias agrícolas judías más importantes del país.
Visitar Villa Clara permite acercarse a una historia de migraciones, persecuciones, trabajo rural y adaptación cultural. También ayuda a comprender cómo las costumbres judías se encontraron con el campo entrerriano y dieron origen a una identidad singular, en la que conviven palabras en castellano, hebreo e ídish con tradiciones criollas, agricultura, ferrocarril y cooperativismo.

De la colonia agrícola al pueblo entrerriano
La historia de la zona comenzó antes de la fundación formal de Villa Clara. En 1892 llegó un primer grupo de inmigrantes judíos procedentes de Europa oriental, muchos de ellos escapando de la violencia y las restricciones impuestas en el Imperio ruso. Algunos se instalaron en la colonia Spangemberg, luego llamada Bélez en recuerdo de la localidad de Belz que habían dejado atrás. Las primeras actas comunitarias fueron escritas en ídish, porque buena parte de los recién llegados todavía no hablaba castellano.

La colonización fue impulsada por la Jewish Colonization Association, creada por el barón Mauricio de Hirsch para facilitar el asentamiento de familias judías en colonias agrícolas de la Argentina y otros países. La extensa Colonia Clara recibió su nombre en homenaje a Clara Bischoffsheim, esposa del filántropo.
Aunque los inmigrantes ya vivían y trabajaban en el área desde fines del siglo XIX, la fecha que Villa Clara reconoce como fundacional es el 27 de enero de 1902. Ese día llegó el primer tren a la estación levantada en un paraje rodeado de espinillos. El ferrocarril permitió consolidar el núcleo urbano, movilizar la producción agrícola y conectar la colonia con otros puntos de Entre Ríos.
En esas tierras, familias que venían de contextos urbanos o aldeanos tuvieron que aprender a sembrar, criar animales y organizar establecimientos rurales. De ese encuentro entre inmigración judía y vida de campo surgió la figura de los “gauchos judíos”, una expresión que resume la adaptación de los colonos a las llanuras argentinas sin abandonar sus prácticas religiosas, familiares y comunitarias.
Un pueblo escrito en dos alfabetos
Los nomencladores son hoy una de las primeras señales de ese pasado. Calles y avenidas presentan sus nombres en castellano y, debajo, en caracteres hebreos. No significa que el hebreo sea una lengua de uso cotidiano para toda la población ni que Villa Clara posea un régimen oficial de bilingüismo. La señalización tiene un carácter patrimonial y conmemorativo.

También permite introducir una diferencia importante. El ídish fue la lengua cotidiana de muchos inmigrantes llegados desde Europa oriental y se escribía con el alfabeto hebreo. El hebreo, en cambio, estaba vinculado principalmente con la religión, los textos sagrados y la enseñanza. En las instituciones educativas de las colonias podían coexistir el castellano, necesario para integrarse al nuevo país; el ídish, empleado en la vida familiar y cultural, y el hebreo, utilizado para el estudio religioso.
Por eso, los carteles actuales no solo sirven para orientarse. Remiten a un entramado lingüístico más amplio y convierten un paseo por el pueblo en una introducción a la historia de la inmigración judía argentina.
La Sinagoga Beith Jacob
Uno de los edificios centrales del circuito es la Sinagoga Beith Jacob, situada en la intersección de Soberanía e Hipólito Yrigoyen. Fue construida entre 1912 y 1917, cuando la comunidad necesitó un espacio de mayores dimensiones para sus actividades espirituales, educativas y sociales.

El templo conserva elementos característicos de las sinagogas de las colonias agrícolas. En su interior posee un entrepiso que balconea sobre la planta baja, al que se accede por una escalera de madera y que antiguamente era utilizado por las mujeres durante las celebraciones. Su estructura combina pilares de mampostería y columnas de fundición, una solución poco habitual entre los templos rurales de la región. El municipio informa que el edificio se mantiene en buen estado de conservación.
La sinagoga no debe visitarse únicamente como una pieza arquitectónica. Durante décadas fue un lugar de reunión, estudio, celebración y transmisión comunitaria. Allí se organizaban ceremonias religiosas, se discutían asuntos colectivos y se sostenían vínculos entre familias dispersas en las colonias rurales.
La antigua Talmud Torá y la enseñanza del hebreo
Antes de la construcción de Beith Jacob, la vida religiosa y educativa se desarrollaba en la Talmud Torá, que funcionaba simultáneamente como casa de oración y centro de estudios. Cuando el nuevo templo quedó habilitado, el edificio anterior pasó a utilizarse como Escuela Hebrea.
La cronología municipal también registra la creación, en 1905, de la denominada Sinagoga de los Artesanos, luego vinculada con la escuela. Estos espacios muestran que la educación estuvo presente desde las primeras etapas de la colonia y que no se limitaba a la enseñanza religiosa: también acompañaba el aprendizaje del castellano y la integración de los niños a la sociedad argentina.
Esa tradición no desapareció por completo. En Villa Clara todavía se desarrollan actividades de enseñanza de hebreo y judaísmo para niños. Una difusión reciente mostró un aula integrada por apenas cinco alumnos, una escala mínima que evidencia tanto la reducción de la comunidad como el esfuerzo por mantener la transmisión cultural entre generaciones.
La continuidad de las clases convierte a la escuela en algo más que un sitio histórico. En un pueblo ubicado a miles de kilómetros de Israel y de los grandes centros urbanos judíos de la Argentina, el hebreo sigue siendo parte de una memoria activa.
El Museo Histórico Regional y la llegada del tren
Otro punto fundamental es el Museo Histórico Regional, inaugurado en 1996 a partir de un proyecto educativo y comunitario. Estudiantes y docentes participaron en la recuperación de documentos y objetos que se encontraban dispersos en galpones y dependencias locales.

El museo funciona en la estación ferroviaria y reúne piezas vinculadas con la inmigración, la agricultura, los antiguos oficios, las instituciones, la medicina rural, la vida doméstica y el ferrocarril. Entre sus fondos hay actas fundacionales, herramientas de labranza, fotografías, documentación comunitaria e instrumental médico de comienzos del siglo XX.
La ubicación no es casual. El tren definió el emplazamiento del pueblo y marcó su fecha fundacional. Recorrer la antigua estación permite imaginar la llegada de pasajeros, correspondencia, mercaderías y productos agrícolas en una época en la que el ferrocarril era el principal vínculo entre las colonias y el resto del país.
El Cementerio Israelita Clara-Bélez
El cementerio israelita es uno de los testimonios más antiguos de la colonización: su origen se remonta a 1892, el mismo año en que arribó el primer contingente de inmigrantes. Sus lápidas permiten reconstruir apellidos, procedencias, vínculos familiares y formas de expresar el duelo dentro de las comunidades rurales.
El actual cementerio Clara-Bélez nació de la unión de dos comunidades y se encuentra dentro del área urbana. Como ocurre con otros cementerios de las colonias judías entrerrianas, debe recorrerse con respeto y, preferentemente, como parte de una visita guiada que ayude a interpretar sus inscripciones y símbolos.
La visita permite comprender una dimensión menos visible de la inmigración. Los colonos no solo construyeron viviendas y campos productivos: también organizaron instituciones para acompañar el nacimiento, la educación, la vida religiosa y la muerte.
Otros lugares para conocer en Villa Clara
El circuito patrimonial se completa con la ex Sinagoga de los Artesanos, la Parroquia Cristo Rey, la Casa Social Barón Hirsch, la Menorá del Centenario y el obelisco local, cuyas imágenes evocan la inmigración, el trabajo agrícola y el ferrocarril. También se conserva un antiguo almacén de ramos generales, representativo de los comercios que abastecían a las familias rurales.

La presencia de una parroquia católica junto con templos y símbolos judíos permite observar cómo el pueblo fue incorporando nuevas migraciones y tradiciones. A los primeros colonos judíos se sumaron habitantes de origen alemán, belga, italiano, español, suizo y de otras procedencias, además de familias criollas.
Para quienes desean agregar una pausa al aire libre, el Camping Bergara se encuentra junto al arroyo del mismo nombre y dispone de un entorno arbolado y senderos para observar vegetación autóctona. Su funcionamiento y los servicios habilitados deben confirmarse antes del viaje, especialmente fuera de la temporada de verano.
Una parada de la ruta de las colonias judías
Villa Clara forma parte del circuito histórico y cultural de las colonias judías de Entre Ríos, junto con Basavilbaso, Villa Domínguez, Ingeniero Sajaroff, Carmel y Villaguay, entre otras localidades. La propuesta reúne sinagogas, cementerios, escuelas, museos, antiguas cooperativas, hospitales y establecimientos rurales.
La provincia trabaja actualmente en el programa Rincones con Historia, destinado a fortalecer la preservación y la actividad turística de estas comunidades. El proyecto busca integrar el patrimonio material —edificios, archivos y objetos— con expresiones inmateriales como los relatos familiares, la gastronomía, la música y las prácticas religiosas.
Una visita exclusiva a Villa Clara puede organizarse en medio día, aunque conviene reservar una jornada para recorrer el museo, la sinagoga, la escuela, los cementerios y el resto de los espacios sin apuro. Para comprender el conjunto de las colonias judías entrerrianas, el circuito completo requiere al menos dos o tres días.

Cómo organizar la visita
Villa Clara está situada en el departamento Villaguay, en el centro de Entre Ríos, y posee acceso desde la Ruta Nacional 18. Puede combinarse fácilmente con una estadía en Villaguay y con visitas a Villa Domínguez e Ingeniero Sajaroff.
Aunque algunos edificios pueden observarse desde el exterior, la experiencia cambia cuando se realiza con acompañamiento local. Las explicaciones permiten interpretar las inscripciones, conocer el uso original de los espacios y reconstruir historias que no siempre aparecen en carteles o vitrinas.
Por tratarse de templos, cementerios y edificios comunitarios con horarios variables, es recomendable coordinar la visita antes de viajar. El área de Turismo de Villa Clara informa el teléfono 3447 559690 y el correo electrónico turismovillaclara@gmail.com para consultas y recorridos guiados.
También conviene verificar los horarios del Museo Histórico Regional, la apertura de la Sinagoga Beith Jacob y el acceso a la Escuela Hebrea. Durante la visita a los espacios religiosos se debe utilizar ropa adecuada, evitar ingresar mientras se desarrolla una ceremonia y consultar antes de tomar fotografías.
Un legado que todavía forma parte del presente
Villa Clara no conserva su historia únicamente detrás de las vitrinas. La memoria aparece en el nombre de una avenida, en una menorá, en las letras hebreas de los carteles y en un aula donde un pequeño grupo todavía aprende el idioma y las tradiciones de sus antepasados.

La localidad permite descubrir una dimensión menos conocida de Entre Ríos: la de familias que huyeron de la persecución, atravesaron el océano y aprendieron a trabajar una tierra completamente nueva. Fundaron escuelas, cementerios, sinagogas, cooperativas y espacios de asistencia mutua. Con el tiempo, sus costumbres se integraron con las de los habitantes criollos y con las de otras comunidades inmigrantes.
Caminar por Villa Clara es leer esa historia en dos alfabetos. Los carteles bilingües llaman la atención, pero lo más importante está detrás de ellos: una memoria que continúa presente en los edificios, en los documentos y en las personas que sostienen la identidad de uno de los pueblos más singulares del centro entrerriano.








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