Fotos de alojamientos creadas con IA: cómo detectar imágenes falsas antes de reservar

La inteligencia artificial permite crear habitaciones, piscinas y paisajes difíciles de distinguir de una fotografía auténtica. El problema aumenta cuando una oferta atractiva conduce a pagos inseguros o propiedades inexistentes. Casi siete de cada diez adultos argentinos confundieron imágenes artificiales de propiedades con fotografías reales. Comparar fuentes, revisar opiniones y analizar los detalles visuales puede reducir el riesgo de fraude.

La expansión de las herramientas de inteligencia artificial generativa introdujo un nuevo riesgo en la contratación de alojamientos por internet. Hoy es posible crear en pocos minutos fotografías convincentes de habitaciones, casas, piscinas o playas que no existen o que presentan diferencias importantes con la propiedad ofrecida.

La dificultad para reconocerlas quedó reflejada en un relevamiento de Ipsos realizado en la Argentina: casi el 70% de los adultos consultados no identificó correctamente imágenes de propiedades generadas con inteligencia artificial y las consideró reales.

El mismo estudio mostró que el 82% de los encuestados percibe que las estafas digitales son más convincentes que en el pasado, mientras que el 62% considera que el uso de inteligencia artificial volvió más compleja su detección.

A pesar de esos resultados, el 57% sostuvo que se siente capaz de reconocer un sitio web o un correo electrónico falso. La diferencia entre la confianza declarada y la capacidad efectiva de distinguir imágenes artificiales expone uno de los principales desafíos de la seguridad digital aplicada al turismo.

Las ofertas económicas pueden aumentar el riesgo

El precio sigue siendo uno de los factores que más influye en la decisión de compra y también uno de los recursos utilizados para impulsar operaciones fraudulentas. Cerca del 70% de los argentinos busca reducir el gasto de sus próximas vacaciones y la mitad aceptaría pagar mediante transferencia bancaria si recibiera una tarifa más baja.

Además, un 23% estaría dispuesto a reservar en un sitio desconocido para acceder a una oferta conveniente. Este tipo de operaciones puede dejar al viajero sin mecanismos de protección o posibilidades de recuperar el dinero ante un incumplimiento.

Las redes sociales también intervienen cada vez más en la planificación. El 46% de los consultados afirmó utilizarlas para organizar sus viajes y el 22% señaló que tendría mayor predisposición a reservar una propuesta promocionada por una celebridad o un creador de contenido.

La recomendación de una figura conocida, sin embargo, no reemplaza la verificación de la propiedad, la identidad del anunciante ni las condiciones de pago.

Una de cada cinco fotos presenta indicios de manipulación

El problema no se limita a los anuncios completamente falsos. La inteligencia artificial también puede utilizarse para modificar imágenes de alojamientos existentes y mostrar espacios más grandes, luminosos o atractivos que en la realidad.

Un análisis de ABCD Agency y ContentGuard examinó más de 25.000 fotografías correspondientes a unos 700 hoteles. Entre las imágenes evaluadas en detalle, alrededor del 19% fue clasificado como sospechoso de haber sido generado o modificado mediante inteligencia artificial.

En algunos mercados urbanos, la proporción superó el 30%. El estudio advirtió que las alteraciones pueden afectar tanto las fotografías de las instalaciones como las imágenes complementarias utilizadas para promocionar el destino.

Jens Kramosch, especialista en deepfakes y fundador de ContentGuard, explicó que la edición de fotografías hoteleras no es un fenómeno nuevo, pero que la IA amplió considerablemente sus posibilidades. Ya no se trata únicamente de mejorar la luz o corregir el color: estas herramientas pueden recrear sectores completos, alterar proporciones o eliminar elementos de una escena.

Datos difundidos por Hotel News Resource también sitúan en torno a una de cada cinco la cantidad de fotografías de alojamientos con señales de manipulación. En paralelo, un estudio de Getty Images, citado por La Réclame, indicó que el 70% de los viajeros deposita mayor confianza en imágenes cuya autenticidad puede comprobarse.

Qué detalles permiten reconocer una imagen artificial

Las inconsistencias suelen aparecer en los elementos secundarios de la fotografía. Textos ilegibles, muebles con formas extrañas, reflejos que no coinciden, sombras en direcciones diferentes u objetos repetidos pueden revelar el uso de inteligencia artificial.

También conviene observar las proporciones. Una habitación demasiado amplia, una piscina de dimensiones poco creíbles o una playa que parece ubicarse a pocos metros del alojamiento pueden ser el resultado de una edición destinada a mejorar artificialmente la oferta.

Los colores excesivamente intensos, las superficies sin imperfecciones y una iluminación uniforme en toda la escena son otras señales que justifican una revisión adicional.

La comparación es una de las herramientas más útiles. Buscar fotografías de huéspedes, consultar reseñas recientes y revisar el alojamiento en distintos sitios permite detectar diferencias entre la presentación comercial y la experiencia real.

Una búsqueda inversa de imágenes también puede mostrar si la misma fotografía fue utilizada en anuncios de propiedades diferentes o si pertenece a otro establecimiento.

La seguridad no depende solo de las fotos

Detectar una imagen dudosa es importante, pero no suficiente. Antes de reservar, se recomienda verificar la dirección, consultar las condiciones de cancelación y evitar pagos solicitados por fuera de canales con protección al consumidor.

Las transferencias a cuentas particulares, los descuentos condicionados a una decisión inmediata y los mensajes que intentan trasladar la conversación a aplicaciones externas deben considerarse señales de alerta.

Desde Faro Digital sostienen que la prevención requiere comprender mejor el funcionamiento de los entornos digitales. Julia D’Amore Bajos, responsable de Cooperación Internacional y líder de proyectos de la organización, advirtió que la velocidad y la atención fragmentada pueden favorecer decisiones impulsivas.

“En un contexto donde la inteligencia artificial vuelve más sofisticados los engaños, los territorios digitales necesitan no solo usuarios, sino ciudadanos críticos”, afirmó.

La creciente calidad de las imágenes artificiales obliga a modificar los hábitos de reserva. Una fotografía atractiva ya no alcanza como prueba de que una propiedad existe o coincide con lo anunciado. La verificación cruzada, la lectura de opiniones recientes y el uso de medios de pago protegidos se vuelven pasos centrales antes de contratar un alojamiento online.