Aeropuertos y biodiversidad: cuando las pistas también pueden ser refugios para la fauna

Grandes superficies de pastizales, humedales y áreas no urbanizadas dentro de predios aeroportuarios están siendo estudiadas y gestionadas como espacios de conservación. La tendencia crece en Europa, América Latina y otros mercados, aunque plantea un equilibrio delicado entre naturaleza, seguridad aérea y expansión de infraestructura.

Durante décadas, los aeropuertos fueron vistos sobre todo como infraestructuras de cemento, pistas, terminales, plataformas y estacionamientos. Sin embargo, detrás de esa imagen aparece una realidad más compleja: muchos predios aeroportuarios incluyen grandes extensiones de pastizales, taludes, zonas húmedas, áreas forestadas o terrenos con baja presencia humana que pueden funcionar como refugios para especies de flora y fauna.

El tema gana espacio en la agenda ambiental del transporte aéreo porque combina dos prioridades que no siempre son fáciles de conciliar: la conservación de la biodiversidad y la seguridad operacional. La Organización de Aviación Civil Internacional advierte que los aeropuertos deben gestionar fauna y vegetación por razones de seguridad, pero también reconoce que los terrenos aeroportuarios pueden ofrecer hábitats y que la gestión moderna debe reconciliar conservación y prevención de riesgos. 

Pastizales, humedales y zonas no urbanizadas

La particularidad de muchos aeropuertos es que, por razones operativas, conservan superficies abiertas relativamente libres de edificación. Esas áreas no son reservas naturales en sentido estricto, pero pueden convertirse en corredores ecológicos, sitios de alimentación, reproducción o descanso para insectos, aves, pequeños mamíferos y flora nativa.

La gestión, sin embargo, exige precisión. No se trata de atraer fauna sin control, sino de conocer qué especies están presentes, qué riesgos pueden representar y qué medidas permiten sostener ecosistemas compatibles con la actividad aérea. La OACI señala que la evolución del manejo de fauna en aeropuertos va desde la eliminación indiscriminada de “peligros” hacia un enfoque de gestión de riesgo más estructurado, que considere especies, hábitats y seguridad de las operaciones. 

Quito: un “laboratorio natural” dentro del aeropuerto

Uno de los casos más citados en América Latina es el del Aeropuerto Internacional Mariscal Sucre de Quito, en Ecuador. A través del proyecto Laboratorio Natural UIO, el aeropuerto convirtió 150 hectáreas de su área concesionada en un espacio destinado a conservación, restauración ecológica y ciencia. La iniciativa recibió en 2025 el Green Airport Recognition de ACI-LAC. 

Según la información oficial del aeropuerto, el proyecto incluye más de 72 hectáreas de bosque seco andino restauradas12.000 árboles nativos plantados, una captura estimada de 400 toneladas de CO₂ por año y la liberación de más de 160 animales silvestres. El caso resulta relevante porque no propone expulsar toda forma de vida del predio, sino organizar una convivencia controlada entre operaciones aéreas, monitoreo científico y conservación. 

Heathrow: biodiversidad en el aeropuerto más transitado del Reino Unido

En Europa, el aeropuerto de Heathrow, en Londres, muestra otra escala del fenómeno. La terminal administra alrededor de 170 hectáreas distribuidas en 13 sitios de biodiversidad, equivalentes a cerca del 10% del terreno total del aeropuerto. En esos espacios se registraron más de 3.000 especies, incluida una especie de hongo identificada como nueva para la ciencia, según la información institucional del aeropuerto. 

Heathrow también mantiene sitios abiertos al público y conserva desde 2008 el reconocimiento Biodiversity Benchmarkde The Wildlife Trusts. Este tipo de iniciativas muestra que los aeropuertos pueden trabajar sobre biodiversidad no solo en áreas periféricas o rurales, sino también en entornos urbanos de alta presión territorial. 

Milán-Malpensa y el uso de inteligencia artificial

La innovación tecnológica empieza a sumarse al monitoreo ambiental. En Italia, el aeropuerto Milán-Malpensa probó en 2026 un robot con inteligencia artificial para monitorear biodiversidad dentro del proyecto europeo OLGA, una iniciativa financiada por la Unión Europea para desarrollar soluciones ambientales en aeropuertos. El sistema apunta a relevar vegetación, detectar especies invasoras y generar información útil para la gestión ecológica de los predios. 

Malpensa es un caso interesante por su escala: el aeropuerto cubre unas 2.000 hectáreas y se ubica junto al Parque Natural del Valle del Ticino, lo que lo convierte en un espacio estratégico para pensar conexiones ecológicas entre infraestructura y territorio. El proyecto OLGA, iniciado en 2021, trabaja con aeropuertos como París-Charles de Gaulle, Milán-Malpensa, Zagreb y Cluj, con objetivos que incluyen reducción de emisiones, calidad del aire, eficiencia energética y preservación de biodiversidad. 

Francia: del inventario científico al sello ambiental

Francia también avanzó en el relevamiento de biodiversidad aeroportuaria. La asociación Aéro Biodiversité trabaja desde hace años en inventarios, seguimiento científico y certificación de plataformas aéreas. En 2026 informó que doce aeropuertos franceses recibieron o renovaron el sello aérobio, que distingue acciones de gestión ecológica en predios aeroportuarios. 

El enfoque francés es útil como referencia porque incorpora inventarios periódicos, auditorías y participación científica. Aéro Biodiversité sostiene que los aeropuertos franceses contienen grandes superficies de praderas y espacios verdes, y que esas áreas pueden funcionar como santuarios discretos para fauna y flora, al estar cerradas al público y menos expuestas a ciertas presiones urbanas. 

Singapur: biodiversidad también dentro de la terminal

No todos los ejemplos están vinculados a grandes predios naturales. En el aeropuerto Changi, en Singapur, la biodiversidad también aparece integrada a la experiencia del pasajero. Su Butterfly Garden, ubicado en la Terminal 3, es presentado por el propio aeropuerto como el primer jardín de mariposas dentro de una terminal aérea. El espacio reúne vegetación tropical, una cascada de seis metros y más de 1.000 mariposas de hasta 40 especies a lo largo del año. 

Aunque es un caso distinto al de los pastizales o humedales aeroportuarios, sirve para mostrar otra dimensión de la tendencia: los aeropuertos también pueden usar jardines, espacios educativos y áreas verdes interiores para sensibilizar a los viajeros sobre especies, ciclos de vida y conservación.

Inglaterra endurece las reglas para grandes infraestructuras

La cuestión ya no se limita a buenas prácticas voluntarias. En Inglaterra, el sistema de Biodiversity Net Gain será obligatorio para proyectos de infraestructura de importancia nacional a partir del 2 de noviembre de 2026, incluidos los proyectos aeroportuarios que requieran una orden de desarrollo. Los desarrolladores deberán demostrar al menos un 10% de ganancia neta de biodiversidad respecto del valor previo del hábitat. 

El gobierno británico publicó además una declaración específica para aeropuertos, donde establece cómo los proyectos aeroportuarios deben calcular, demostrar y verificar esa ganancia de biodiversidad. La medida anticipa un cambio de fondo: los nuevos desarrollos ya no podrán limitarse a mitigar impactos, sino que deberán probar mejoras medibles en el ambiente. 

Argentina: seguridad operacional, gestión ambiental y primeros pasos

En Argentina, la discusión aparece principalmente vinculada con gestión ambiental, control de fauna y seguridad operacional. El Manual de Gestión Ambiental Integral para Aeropuertos de ANAC y ORSNA establece que todos los aeropuertos deben contar con programas de prevención y control de fauna porque puede afectar la seguridad de las aeronaves. El documento también incorpora criterios ambientales de prevención, estándares, concientización y mejora de prácticas. 

Ese mismo manual señala que la variable ambiental debe integrarse en los procesos aeroportuarios, en la planificación de nuevos aeropuertos y en las obras de mantenimiento o refuncionalización. Además, recomienda estudios de fauna silvestre que identifiquen especies presentes, abundancias, ambientes, movimientos diarios y estacionales, estado de conservación y riesgo para las operaciones aéreas. 

En el plano corporativo, Aeropuertos Argentina informa programas de sustentabilidad vinculados con eficiencia energética, infraestructura sustentable, turismo sostenible y reforestación. Entre sus acciones ambientales, menciona la forestación con especies autóctonas para preservar biodiversidad, reducir huella de carbono y gestionar recursos de manera responsable, con prioridad en la seguridad operacional; entre los proyectos recientes figuran plantaciones en Ezeiza, Bariloche, Iguazú y San Luis. 

El límite: cuando la expansión amenaza los ecosistemas

La idea de “aeropuertos refugio” tiene límites claros. Los predios aeroportuarios pueden conservar biodiversidad en áreas no operativas, pero las ampliaciones de pistas, terminales o servicios pueden afectar humedales, pastizales y ecosistemas valiosos.

El caso del aeropuerto Barcelona-El Prat muestra esa tensión. Organizaciones ambientales como SEO/BirdLife rechazaron la ampliación por su posible impacto sobre el Delta del Llobregat y la laguna de La Ricarda, un espacio integrado a la Red Natura 2000. La entidad cuestiona además que las compensaciones artificiales puedan reemplazar adecuadamente el valor ecológico de ese humedal. 

En Canadá, la zona de humedales del Technoparc de Montreal, cerca del aeropuerto Montréal-Trudeau, también es objeto de controversia. Grupos ciudadanos y ambientales señalan que esos terrenos combinan marisma, bosque y campo, y que forman un ecosistema interconectado con alta biodiversidad en plena isla de Montreal. 

Un nuevo desafío para la aviación

Los aeropuertos no reemplazan a las áreas naturales protegidas. Tampoco pueden gestionarse como reservas abiertas sin considerar el riesgo de colisiones con aves u otros animales. Pero la evidencia internacional muestra que sus grandes superficies verdes pueden tener un papel ambiental mayor del que se les asignaba.

El desafío está en la gestión fina: inventarios de especies, control de fauna con criterios científicos, reducción de químicos, manejo diferenciado de pastizales, restauración de áreas degradadas, control de invasoras y planificación territorial. En ese punto, la biodiversidad deja de ser un agregado decorativo y empieza a formar parte de la operación aeroportuaria.

En un sector presionado por la agenda climática, la biodiversidad aparece como una nueva frontera de sostenibilidad. Ya no alcanza con hablar de combustibles sostenibles, eficiencia energética o reducción de emisiones. Los aeropuertos también deberán demostrar cómo ocupan, cuidan y transforman los territorios donde operan.

Para tomar en cuenta

Qué significa biodiversidad aeroportuaria: Es el conjunto de especies, hábitats y procesos naturales presentes dentro o alrededor de un aeropuerto, especialmente en pastizales, humedales, áreas forestadas, taludes y zonas no urbanizadas.

Por qué importa: Muchos aeropuertos tienen grandes terrenos cerrados al público, con baja urbanización y menor presión directa que otros espacios periurbanos. Bien gestionados, pueden funcionar como refugios para especies compatibles con la seguridad aérea.

Cuál es el principal riesgo: La fauna, sobre todo aves y mamíferos, puede representar un peligro para las operaciones si aumenta el riesgo de colisiones. Por eso la conservación debe combinarse con programas de prevención y control de fauna.

Ejemplos destacados: Quito protege 150 hectáreas como Laboratorio Natural UIO; Heathrow gestiona 170 hectáreas en 13 sitios de biodiversidad; Milán-Malpensa prueba monitoreo con inteligencia artificial; Changi integra un jardín de mariposas en su terminal; Francia avanza con sellos ambientales para aeropuertos; Inglaterra exigirá ganancia neta de biodiversidad para grandes proyectos desde noviembre de 2026.

Argentina: La normativa ambiental aeroportuaria nacional prioriza la seguridad operacional e incluye programas de prevención y control de fauna. Aeropuertos Argentina informa acciones de reforestación con especies autóctonas en distintos aeropuertos del país.

Punto crítico: La biodiversidad aeroportuaria puede ser una oportunidad, pero no debe usarse para justificar expansiones que destruyan humedales, pastizales u otros ecosistemas de alto valor.