Una investigación realizada en el zoológico de Barcelona mostró que algunas jirafas pueden recordar cantidades, actualizarlas mentalmente y elegir el recipiente con más alimento. El hallazgo suma evidencia sobre habilidades numéricas en especies alejadas de los primates.
Las jirafas, conocidas por su altura, su particular anatomía y su vida en las sabanas africanas, acaban de sumar un nuevo atributo a su perfil: también podrían tener habilidades numéricas más complejas de lo que se pensaba. Un estudio realizado por investigadores de la Universidad de Barcelona, con participación de especialistas de España y Alemania, mostró que estos grandes herbívoros son capaces de resolver tareas simples de suma para identificar dónde hay más comida.

La investigación, publicada el 26 de junio en la revista Nature, se realizó con cuatro jirafas del zoológico de Barcelona y buscó evaluar si estos animales podían combinar mentalmente dos cantidades después de observar cambios en recipientes con alimento. El experimento no consistió en enseñarles números ni símbolos, sino en medir una capacidad más básica: recordar cuánta comida había en un lugar, registrar una modificación posterior y tomar una decisión en función de esa información.
El dato resulta relevante porque, hasta ahora, las capacidades aritméticas simples habían sido documentadas principalmente en humanos, algunos primates y ciertas aves. La nueva prueba con jirafas amplía ese panorama y refuerza la idea de que distintas líneas evolutivas podrían haber desarrollado herramientas cognitivas para evaluar cantidades, especialmente cuando esas habilidades resultan útiles para sobrevivir en ambientes complejos.
Un experimento con cajas y zanahorias
La prueba diseñada por los investigadores utilizó recipientes de colores y trozos de zanahoria como recompensa. Las jirafas observaban primero dos cajas amarillas con cantidades diferentes de alimento. Luego, una vez cerrados esos recipientes, se les mostraba una tercera caja verde con más comida. Su contenido era agregado a una de las cajas amarillas sin que las jirafas pudieran ver el resultado final.

A partir de esa información parcial, los animales debían elegir cuál de las dos cajas amarillas contenía más alimento. Para hacerlo correctamente, no alcanzaba con recordar la cantidad inicial: tenían que actualizar mentalmente esa cantidad después de la incorporación de nuevos trozos de zanahoria. Es decir, debían operar con una representación interna de lo que habían visto.
Dos de las cuatro jirafas participantes lograron resolver los ejercicios de adición y eligieron los recipientes más abundantes. Para los investigadores, ese resultado sugiere que estos animales pueden recordar cantidades observadas, incorporar mentalmente cambios posteriores y usar esa información para tomar una decisión ventajosa.
El hallazgo no significa que las jirafas “hagan cuentas” del mismo modo que los humanos, ni que comprendan números abstractos. Pero sí indica que pueden manejar cantidades de forma flexible y utilizar esa información en situaciones donde no tienen acceso visual directo al resultado final. En términos cognitivos, esa diferencia es importante: la elección se basa en memoria, comparación y actualización mental.
La resta, una tarea más difícil
El experimento también incluyó pruebas de sustracción y operaciones más complejas en varios pasos. En esos casos, las jirafas no lograron el mismo nivel de éxito. Para las pruebas de resta, la caja verde estaba vacía y se utilizaba para retirar alimento de los recipientes amarillos. Ninguna de las participantes consiguió resolver de manera consistente ese tipo de ejercicio.
Los investigadores señalan que la dificultad no resulta sorprendente. Incluso en humanos, la sustracción suele ser más exigente que la adición, ya que requiere procesos de control y actualización más complejos. Según explicó Iker Loidi, coautor del estudio e investigador en psicología clínica y psicobiología, la resta activa áreas cerebrales vinculadas con un procesamiento más complejo y controlado, algo que podría explicar por qué las jirafas no obtuvieron los mismos resultados en esa instancia.
La diferencia entre suma y resta también ayuda a dimensionar el hallazgo. La prueba no muestra una capacidad matemática general, sino una habilidad específica para combinar cantidades en determinados contextos. Aun así, esa capacidad ya resulta significativa para una especie que tradicionalmente no ocupaba un lugar central en los estudios sobre cognición animal avanzada.
Una habilidad útil en la vida salvaje
Una de las preguntas centrales del estudio es por qué las jirafas habrían desarrollado esta clase de habilidades. La respuesta podría estar en su modo de vida. En la naturaleza, estos animales se desplazan en ambientes donde los recursos alimenticios no están distribuidos de manera uniforme. Sus principales fuentes de alimento, como las acacias, aparecen en distintas zonas y con diferentes niveles de disponibilidad.

Además, las jirafas viven en sociedades dinámicas, con grupos que se forman, se separan y se reorganizan según las condiciones del entorno. En ese contexto, poder evaluar dónde hay más alimento, cuándo conviene desplazarse y qué opción ofrece mayores beneficios puede ser una ventaja adaptativa.
La capacidad de comparar cantidades no sería entonces una curiosidad aislada, sino una herramienta vinculada con decisiones cotidianas de supervivencia. Elegir entre dos fuentes de comida, recordar cuál era más abundante o actualizar esa información después de un cambio puede marcar diferencias en la eficiencia de búsqueda de alimento.
Más allá de los primates
El estudio se suma a una línea de investigación que en los últimos años viene ampliando el mapa de la inteligencia animal. Las capacidades cognitivas complejas ya no se consideran exclusivas de humanos y primates cercanos. Aves, cetáceos, elefantes y otras especies han mostrado habilidades de memoria, comunicación, resolución de problemas o reconocimiento de cantidades en distintos contextos experimentales.
El caso de las jirafas resulta especialmente interesante porque pertenece a un grupo menos estudiado en este tipo de pruebas. Su inclusión permite pensar que ciertas habilidades numéricas pudieron surgir de manera independiente en especies muy diferentes, impulsadas por necesidades ecológicas concretas.
En lugar de medir la inteligencia animal con parámetros exclusivamente humanos, investigaciones como esta permiten observar cómo cada especie resuelve problemas vinculados con su ambiente. Para una jirafa, evaluar cantidades de alimento disponible puede ser una forma práctica de inteligencia, ligada al movimiento, la alimentación y la toma de decisiones en la sabana.
El resultado del estudio no convierte a las jirafas en expertas matemáticas, pero sí obliga a revisar algunas ideas sobre sus capacidades. Detrás de su imagen serena y de su andar pausado, estos animales parecen contar con herramientas cognitivas más sofisticadas de lo que se creía. Y, al menos cuando hay zanahorias de por medio, algunas pueden sumar mentalmente lo suficiente como para elegir la mejor opción.








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