Los osos del Himalaya detrás del mito del yeti

El yéti, también llamado “abominable hombre de las nieves”, forma parte del imaginario del Himalaya desde hace siglos. Huellas gigantes, relatos de sherpas y expediciones de montaña alimentaron la leyenda, pero los análisis genéticos realizados sobre supuestos restos de yéti apuntan a una explicación más terrestre: osos pardos, osos negros asiáticos y otros animales conocidos.

Durante décadas, el yéti ocupó un lugar privilegiado entre los grandes misterios de la naturaleza. Se lo describió como una criatura alta, cubierta de pelo, capaz de caminar erguida por las montañas nevadas del Himalaya. Para algunos viajeros fue una leyenda local; para otros, una especie desconocida todavía no identificada por la ciencia. Pero cada nueva investigación genética parece acercar el mito a una explicación más concreta: detrás de muchas supuestas pruebas del yéti habría osos del Himalaya, del Tíbet y otros mamíferos conocidos.

El interés occidental por el “abominable hombre de las nieves” creció en el siglo XX, al ritmo de las grandes expediciones al Everest y a otras montañas del Himalaya. Huellas enormes en la nieve, relatos de pobladores locales y testimonios de alpinistas ayudaron a construir una figura ambigua, a medio camino entre el folclore, la zoología y la aventura. Reuters recuerda que los relatos sobre una bestia peluda en el Himalaya capturan la imaginación de los escaladores en Nepal desde la década de 1920.

Qué es el yéti

El yéti es un críptido, es decir, una criatura cuya existencia es sostenida por relatos, huellas, testimonios o supuestos restos, pero que no cuenta con pruebas científicas verificadas. En la tradición popular se lo asocia sobre todo con Nepal, el Tíbet y las altas montañas del Himalaya. Su imagen varía según la fuente: a veces aparece como un ser simiesco; otras, como un animal parecido a un oso; y en algunos relatos, como una figura casi humana adaptada al frío extremo.

Conviene aclarar una confusión frecuente: yéti y Bigfoot no son exactamente lo mismo. El yéti pertenece al imaginario del Himalaya; Bigfoot o Sasquatch corresponde sobre todo a los relatos de América del Norte. Ambos son críptidos famosos y suelen compararse, pero proceden de geografías, tradiciones y mitologías distintas.

La pregunta central es si el yéti podría ser un animal real aún no identificado. La respuesta científica actual es prudente, pero bastante clara: no hay evidencia comprobada de la existencia de una especie desconocida que corresponda al yéti. Lo que sí existe es un conjunto de relatos persistentes y algunas evidencias indirectas —sobre todo pelos, huesos, pieles o huellas— que, cuando fueron analizadas, se explicaron mayormente por animales conocidos.

Huellas gigantes y relatos de montaña

Uno de los episodios recientes más comentados ocurrió en 2019, cuando el Ejército de la India difundió imágenes de supuestas huellas de yéti cerca del monte Makalu, en Nepal. Según el reporte, las marcas medían 32 por 15 pulgadas, es decir, unos 81 por 38 centímetros. La noticia dio la vuelta al mundo, aunque también generó escepticismo inmediato entre especialistas.

La propia información sobre esas huellas mostraba el problema habitual con este tipo de hallazgos: una marca en la nieve puede deformarse por viento, deshielo, superposición de pasos o deslizamientos. Daniel C. Taylor, explorador que investigó la zona de Makalu-Barun y escribió sobre el misterio del yéti, dijo entonces a Reuters que probablemente se trataba de huellas de oso.

Este tipo de confusión es común en ambientes de alta montaña. La nieve no conserva las formas de manera estable; las huellas se agrandan, se funden, se alargan o se vuelven irreconocibles. Un animal caminando sobre una pendiente puede dejar rastros que, horas después, parecen pertenecer a una criatura mucho mayor.

Lo que reveló el ADN

La gran diferencia entre el yéti tradicional y el yéti estudiado por la ciencia aparece con los análisis genéticos. En 2014, un equipo liderado por Bryan Sykes publicó en Proceedings of the Royal Society B uno de los primeros estudios sistemáticos sobre pelos atribuidos a críptidos como yéti, Bigfoot y otros supuestos primates anómalos. El trabajo analizó 30 muestras de pelo y concluyó que, salvo dos muestras himalayas con afinidad genética cercana a un oso polar paleolítico, el resto pertenecía a mamíferos actuales conocidos.

Ese estudio fue importante porque trasladó el debate desde el terreno del testimonio hacia el de la evidencia. La conclusión no probó la existencia del yéti; por el contrario, mostró que muchas muestras atribuidas a criaturas misteriosas pertenecían a animales comunes o al menos ya conocidos por la ciencia. El propio artículo señalaba que nunca se había autenticado un cuerpo ni un fósil reciente de estas supuestas criaturas anómalas.

En 2017, una investigación liderada por Charlotte Lindqvist fue más lejos. El equipo analizó nueve especímenes atribuidos al yéti, entre ellos huesos, dientes, piel, pelos y excrementos recolectados en el Himalaya y la meseta tibetana. El resultado fue contundente: una muestra pertenecía a un perro y las otras ocho correspondían a osos asiáticos, incluyendo oso negro asiático, oso pardo del Himalaya y oso pardo tibetano.

La Royal Society resumió la conclusión de ese trabajo de manera clara: la base biológica de la leyenda del yéti parece encontrarse en osos pardos y negros locales, no en una criatura mítica ni en una especie de oso desconocida.

Por qué los osos pudieron alimentar la leyenda

La hipótesis de los osos es consistente por varias razones. Los osos del Himalaya viven en regiones remotas, pueden ser difíciles de observar, dejan huellas grandes y, en determinadas circunstancias, pueden erguirse sobre sus patas traseras. En nieve profunda o deformada, sus rastros pueden parecer casi humanos o adquirir dimensiones exageradas.

Además, las especies de osos de la región no son simples animales “comunes” en términos ecológicos. Algunas poblaciones son escasas, están aisladas y resultan poco conocidas. El estudio de Lindqvist no solo buscaba resolver el misterio del yéti, sino también aportar información sobre la evolución de los osos asiáticos. La Universidad de Buffalo explicó que los osos pardos del Himalaya pertenecen a una línea evolutiva diferenciada que se separó tempranamente de otros osos pardos modernos, posiblemente hace unos 650.000 años, en un contexto de glaciaciones y aislamiento geográfico.

Huellas de osos en las nieve del Himalaya, que fueron presentadas por pruebas de la existencia del yeti:

Esto no convierte al yéti en real, pero sí ayuda a entender por qué la leyenda pudo surgir. En un paisaje extremo, con animales poco vistos, huellas deformadas, relatos transmitidos por generaciones y una fuerte tradición oral, un oso puede transformarse en algo mucho más grande que un oso.

Un mito con valor cultural y turístico

Que la ciencia no haya encontrado pruebas de un yéti real no reduce necesariamente el interés del mito. Al contrario, la leyenda forma parte del patrimonio cultural del Himalaya y del imaginario de los viajes de montaña. En Nepal, Tíbet, Bután y otras regiones himalayas, el yéti aparece en relatos locales, museos, símbolos turísticos, literatura de viaje y productos culturales.

Para el turismo, el yéti funciona como una puerta de entrada a temas más amplios: la relación entre humanos y montañas, el valor de las tradiciones orales, la fragilidad de los ecosistemas de altura y la conservación de especies reales, como los osos del Himalaya. En ese sentido, la pregunta “¿existe el yéti?” puede llevar a otra más urgente: qué animales, paisajes y culturas están detrás de la leyenda y cómo protegerlos.

La investigación genética también tiene un efecto inesperado: desplaza la atención hacia los osos, animales que sí existen, que son ecológicamente importantes y que enfrentan amenazas de conservación. Lindqvist señaló que las poblaciones de osos de la región son vulnerables o críticamente amenazadas y que se conoce poco sobre su historia y estructura genética.

Una de las imágenes que recorren regularmente los medios del mundo para afirmar que el yeti existe:

Entonces, ¿animal real o criatura de leyenda?

Con la evidencia disponible, el yéti sigue siendo una criatura de leyenda. No hay restos corporales, fósiles recientes, fotografías concluyentes ni muestras genéticas que prueben la existencia de un gran primate desconocido viviendo en el Himalaya. Lo que sí hay son relatos, huellas discutidas y objetos atribuidos al yéti que, cuando fueron analizados, terminaron vinculados a osos, perros, humanos u otros animales.

La explicación científica más sólida no destruye el misterio: lo transforma. El yéti ya no aparece como una especie escondida, sino como una construcción cultural nacida de montañas reales, animales reales y experiencias humanas en un paisaje extremo.

En el fondo, su permanencia dice tanto sobre la imaginación como sobre la naturaleza. El Himalaya sigue siendo un territorio de alturas, sombras, glaciares, bosques remotos y fauna difícil de observar. Allí, una huella en la nieve todavía puede convertirse en relato. Y un oso, visto apenas durante unos segundos entre los árboles, puede seguir alimentando una de las leyendas más persistentes del mundo.

En síntesis

¿Existe el yéti? No hay pruebas científicas verificadas de que exista una especie desconocida correspondiente al yéti.

¿Qué dicen los estudios de ADN? Las muestras atribuidas al yéti analizadas por investigadores pertenecen mayoritariamente a osos del Himalaya, osos tibetanos, osos negros asiáticos, perros u otros animales conocidos.

¿Dónde vive el mito del yéti? Principalmente en el Himalaya, en regiones de Nepal, Tíbet, Bután e India.

¿Yéti y Bigfoot son lo mismo? No. Ambos son críptidos populares, pero el yéti pertenece al imaginario del Himalaya y Bigfoot al de América del Norte.

¿Por qué se habla de osos? Porque los osos de la región pueden dejar huellas grandes, erguirse sobre sus patas traseras y vivir en zonas remotas, lo que pudo alimentar relatos sobre una criatura misteriosa.