En Itacaré, sobre una colina rodeada por 62 hectáreas de Mata Atlántica preservada, el grupo sueco-brasileño Barracuda acaba de presentar OKA, una villa privada de nueve suites, piscina de 800 metros cuadrados, spa, chef propio, concierge y experiencias inmersivas incluidas. Con tarifas desde US$ 30.000 por noche, se posiciona como uno de los alojamientos más exclusivos de Brasil.
Alojarse en OKA no implica reservar una habitación. Implica tomar una casa entera, instalarse en la cima de una colina frente al Atlántico y vivir durante algunos días dentro de un ecosistema diseñado para reunir naturaleza, arquitectura brasileña, gastronomía local, bienestar y privacidad absoluta.
La nueva villa privada del grupo sueco Barracuda se encuentra en Itacaré, en el estado de Bahía, uno de los destinos más buscados de la costa brasileña por su combinación de playas, selva atlántica, ríos, cultura local y surf. Pero OKA lleva esa experiencia a otro nivel: ocupa el punto más alto de una reserva natural de 62 hectáreas preservadas por el grupo y ofrece vistas panorámicas de 270 grados al océano.
Con tarifas desde US$ 30.000 por noche más impuestos, la propiedad se presenta como la experiencia más ambiciosa de Barracuda, un grupo con más de 15 años de trayectoria en hospitalidad de alto nivel en Brasil. La estadía incluye el alquiler exclusivo de la villa, pensión completa, chef privado, concierge, spa, gimnasio, bar, cava de vinos brasileños, traslados al aeropuerto y experiencias diseñadas para conectar con Itacaré.
“Esta es la expresión más completa de la filosofía Barracuda”, afirma Juliana Ghiotto, CEO y cofundadora del grupo. “Es un proyecto completamente brasileño en su arquitectura, diseño, materiales, gastronomía y experiencias. Una casa creada para revelar lo mejor de Brasil”.

Una casa para alojarse sin compartirla con nadie
OKA fue pensada como una villa de uso exclusivo. No se alquila por habitación ni funciona como hotel tradicional. Quienes reservan acceden a toda la propiedad: 3.500 metros cuadrados construidos, nueve suites, áreas sociales, spa, gimnasio, cava, cocina profesional, terrazas, helipuerto y una piscina que rodea buena parte de la residencia.
La escala impresiona. La piscina tiene 800 metros cuadrados, dos carriles de 25 metros, zonas poco profundas, pequeñas playas internas y espacios que alternan sol y sombra. El agua funciona como elemento central de la arquitectura: no sólo refresca, sino que integra la casa al paisaje y multiplica las vistas hacia el mar y la vegetación.

La villa cuenta con una Suite Master de 150 metros cuadrados, distribuida en dos niveles y ubicada en un volumen independiente. En la planta baja hay sala de estar, comedor, minibar, sala de televisión, biblioteca y acceso directo a la galería de ocio, donde se encuentran la sala de juegos, la cava, el gimnasio y el spa. En la planta superior, el dormitorio se abre hacia la piscina y hacia las vistas del mar y del bosque.
Las otras ocho suites, de 45 metros cuadrados cada una, se ubican en un volumen separado y mantienen una estética serena, cálida y contemporánea.
Lujo todo incluido, pero con identidad local
La propuesta de OKA se apoya en un modelo todo incluido, aunque muy distinto al de un resort convencional. Aquí la experiencia está guiada por un chef dedicado, que funciona como director gastronómico de la estadía. Desayunos, almuerzos, cenas y momentos culinarios especiales están incluidos y se diseñan en torno a los sabores de Itacaré, los productos locales y las tradiciones de Bahía.

La gastronomía ocupa un lugar central. La cocina profesional, equipada con tecnología de nivel internacional, permite convertir cada comida en una experiencia privada. La cava, por su parte, presenta una selección curada de vinos brasileños, reforzando la idea de una hospitalidad sofisticada pero profundamente conectada con el territorio.
El paquete también incluye las Barracuda Journeys, experiencias exclusivas de la marca que buscan revelar el destino desde adentro: recorridos en barco por el río, sesiones de surf con surfistas locales, encuentros con la cultura de Itacaré y actividades pensadas para construir una relación más auténtica con el lugar.
No se trata sólo de lujo material. La apuesta del grupo es presentar un lujo con propósito, asociado a la presencia, la belleza, la pausa y la conexión con la naturaleza.
“OKA es un portal: un ecosistema concebido para desacelerar y reencontrarse con lo esencial”, sostiene Ghiotto. “Para nosotros, eso es lujo con propósito”.

Arquitectura brasileña con mirada escandinava
El proyecto arquitectónico lleva la firma de Eduardo Ribeiro Leite, responsable también de la estética distintiva de Barracuda. La propuesta combina rigor y simplicidad escandinava con materiales, colores y ritmos de Brasil.
La implantación parte de la topografía. Los volúmenes no se imponen como una pieza ajena, sino que emergen entre la vegetación como si hubieran estado allí desde siempre. La circulación fluye entre interior y exterior, con transiciones suaves, terrazas abiertas y espacios que se integran al entorno.
La casa fue construida alrededor de los árboles, no a pesar de ellos. Antes de iniciar las obras, cada ejemplar del terreno fue identificado y mapeado. Esa decisión se relaciona con el concepto de paisajismo desarrollado por Sidney Linhares, definido por Barracuda como ecogénesis: restaurar, plantar y preservar.

La vegetación nativa de la Mata Atlántica regenera áreas degradadas, filtra la luz, atrae aves, proyecta sombra y refresca los interiores. En OKA, arquitectura y naturaleza no compiten: conviven.
Diseño, artesanía bahiana y piezas brasileñas
Los interiores fueron concebidos por Janice Miguel, quien desarrolló una estética de gran escala pero atmósfera íntima. La casa impresiona por sus dimensiones, pero el interior busca transmitir calma, profundidad y autenticidad.

Todo fue producido en Brasil, con pocas piezas cuidadosamente seleccionadas y fuerte presencia de materiales nobles. La mesa principal del comedor, tallada a partir de un único tronco de pequiá de seis metros de largo, es uno de los centros simbólicos de la casa. Junto a las sillas Brisa, de Carlos Motta, y las lámparas Oca, realizadas en fibra de banano por Divinos, crea un conjunto que celebra la artesanía brasileña.
En la sala de estar, piezas de Oscar Niemeyer dialogan con diseños contemporáneos y materiales de fuerte carácter. El banco Una, de Janice Miguel, fue esculpido a partir de un tronco de pequiá carbonizado mediante la técnica japonesa shou sugi ban. La mesa Mona, tallada en un bloque de cuarcita Golden Fusion, funciona casi como una escultura.

En la Suite Master, la cama Dobra, de Guilherme Wentz, está fabricada con textiles reciclados. El sillón Catimbau, de Tiago Braga, combina algodón reciclado con bordados artesanales en lana. En las suites de huéspedes, el sillón Siri, de Claudia Moreira Salles, elaborado en madera de sucupira y lino, presenta a los visitantes la riqueza del diseño brasileño contemporáneo.
La iluminación escenográfica, diseñada por Airton Pimenta, de Lightworks, trabaja por capas. De día, la luz natural atraviesa paneles de vidrio y superficies de madera. De noche, la casa cambia de ritmo y se vuelve más íntima, envuelta en una atmósfera suave y poética.
Un santuario de bienestar
OKA también fue concebida como un espacio de bienestar integral. La experiencia incluye spa, gimnasio boutique, masajes, tratamientos y programas específicos para combatir el jet lag, favorecer la relajación o aumentar los niveles de energía.
El gimnasio está revestido en maderas claras y combina equipamiento funcional con pesas esculpidas a mano por artesanos brasileños en colaboración con Tora Brasil. Cada pieza incorpora un código QR que permite rastrear el origen de la madera, el proceso de producción y la certificación FSC, que garantiza una gestión forestal responsable.

El spa incorpora un circuito de aguas con diferentes temperaturas, cold plunge, jacuzzi y sauna. Los masajes y tratamientos forman parte de la experiencia incluida, lo que refuerza la idea de una villa diseñada para alojarse sin salir, con todo el servicio disponible dentro de la propiedad.
Itacaré como escenario
El destino también pesa. Itacaré es uno de los lugares más atractivos del litoral bahiano, con playas rodeadas por selva, ríos, manglares, cultura afrobrasileña, gastronomía local y una fuerte escena de surf. A diferencia de otros enclaves de playa más urbanizados, conserva una relación muy directa con la naturaleza.
OKA busca apoyarse en esa identidad y no borrarla. Barracuda afirma trabajar desde hace años con una visión de impacto positivo: equipo integrado mayoritariamente por talento local, cadenas de suministro regionales y conocimiento profundo del territorio. Según el grupo, el 80% del equipo está compuesto por personas locales, una decisión que forma parte de su lectura de hospitalidad regenerativa.

El resultado es una experiencia de ultra lujo que intenta diferenciarse de los formatos más estandarizados. En lugar de importar códigos internacionales, OKA busca construir su propio lenguaje desde Brasil.
Cuánto cuesta y qué incluye
Las tarifas parten de US$ 30.000 por noche más impuestos y la villa está disponible únicamente para alquiler integral. La reserva queda sujeta a disponibilidad.
La experiencia incluye pensión completa con menús personalizados durante todo el día, equipo de servicio dedicado, concierge, chef privado, cava con vinos brasileños seleccionados, servicio de bar, tratamientos de spa y bienestar, gimnasio boutique, piscina de 800 metros cuadrados, Barracuda Journeys en Itacaré, organización de eventos privados para huéspedes, traslados al aeropuerto en vehículo privado y helipuerto.
Por sus características, OKA apunta a familias, grupos de amigos, celebraciones privadas, viajeros de alto poder adquisitivo y huéspedes que buscan privacidad total, servicio personalizado y una inmersión en destino sin renunciar a estándares extremos de confort.
El lujo como pausa
OKA llega en un momento en que el lujo turístico se redefine. La exclusividad ya no se mide sólo por el precio, el tamaño o la privacidad, sino también por la capacidad de ofrecer experiencias con identidad, baja exposición, bienestar, diseño, gastronomía y conexión territorial.
En ese sentido, la villa de Itacaré condensa varias tendencias del viaje contemporáneo: alquiler privado, naturaleza preservada, servicios todo incluido de alta gama, arquitectura integrada al paisaje, bienestar personalizado y experiencias locales curadas.
A USD 30.000 por noche, OKA no busca ser accesible. Busca ser excepcional. Su promesa no es simplemente alojarse en la villa más cara de Brasil, sino vivir una versión muy particular del país: íntima, escenográfica, natural, artesanal y profundamente ligada al territorio bahiano.
En una industria donde el lujo muchas veces se parece demasiado en cualquier parte del mundo, OKA apuesta por lo contrario: que la experiencia sólo pueda ocurrir allí, en esa colina de Itacaré, entre la Mata Atlántica y el océano.








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