El brote de hantavirus Andes vinculado al crucero MV Hondius volvió a poner el foco en una amenaza sanitaria conocida pero poco visible: las enfermedades transmitidas por roedores. Aunque la OMS considera bajo el riesgo para la población general, el caso expone un problema de fondo más amplio: la alteración de ecosistemas, la deforestación, la expansión agrícola, el turismo de naturaleza y la mayor convivencia entre humanos y fauna silvestre pueden aumentar las oportunidades de contagio.
El hantavirus no es una enfermedad nueva. Es una familia de virus distribuida en varias regiones del mundo, con distintos reservorios animales y distintos cuadros clínicos. En América, puede causar síndrome cardiopulmonar por hantavirus, una enfermedad grave que afecta pulmones y corazón; en Europa y Asia, otras especies de hantavirus producen principalmente fiebre hemorrágica con síndrome renal. La Organización Mundial de la Salud recuerda que cada hantavirus suele estar asociado a una especie particular de roedor, que puede portar el virus sin enfermar, y que la transmisión a humanos ocurre sobre todo por contacto con orina, heces o saliva contaminada de roedores infectados.
La alarma reciente se activó por el brote del virus Andes asociado al crucero MV Hondius, que partió de Ushuaia el 1 de abril. La OMS informó que, al 8 de mayo de 2026, se habían reportado ocho casos, incluidos tres fallecimientos, y que seis de ellos habían sido confirmados por laboratorio como infecciones por virus Andes. El organismo evaluó como bajo el riesgo para la población global, aunque consideró moderado el riesgo para pasajeros y tripulantes del barco.
El vínculo entre ambiente, roedores y enfermedad
La clave para entender el riesgo no está sólo en el virus, sino en el ambiente donde viven los roedores que lo transmiten. Cuando un bosque se fragmenta, se tala o se transforma en áreas agrícolas, urbanas o periurbanas, muchas especies desaparecen o retroceden. Pero otras, más oportunistas, se adaptan muy bien a los ambientes alterados: encuentran alimento en cultivos, residuos, galpones, viviendas, campamentos o bordes de caminos.
Ese cambio puede modificar la composición de las comunidades de pequeños mamíferos. En paisajes degradados, algunas especies reservorio pueden volverse más abundantes y aumentar la probabilidad de contacto con personas. Una revisión sistemática sobre cobertura del suelo, uso de la tierra y riesgo de infección por hantavirus encontró que el uso agrícola del suelo se asoció positivamente con mayor riesgo de infección humana, en particular en China y Brasil; en Europa, en cambio, la relación con el bosque es distinta porque algunos reservorios, como el topillo rojo asociado al virus Puumala, son especies forestales.
Por eso, no hay una fórmula única. La deforestación puede aumentar el riesgo cuando favorece a roedores generalistas o acerca las poblaciones humanas a reservorios silvestres; pero en otros contextos, el riesgo está ligado a actividades en bosques donde el reservorio natural ya circula. La conclusión sanitaria es la misma: los cambios de uso del suelo alteran el equilibrio entre humanos, roedores y virus.
La deforestación como factor de riesgo
La evidencia más clara proviene de estudios en América Latina. En la Mata Atlántica brasileña, una investigación publicada en Science of the Total Environment analizó cómo la restauración forestal podría reducir la abundancia de roedores reservorio de hantavirus. El trabajo señala que el riesgo de transmisión está directamente relacionado con la abundancia de esos roedores y que, en el escenario de restauración evaluado, la probabilidad de transmisión del síndrome cardiopulmonar por hantavirus podría disminuir en cerca del 45% del territorio estudiado, beneficiando a unos 2,8 millones de personas.
El mismo estudio subraya que la pérdida y fragmentación de bosques, junto con la conversión de hábitats naturales en áreas agrícolas, tiende a aumentar la abundancia de especies reservorio generalistas y la prevalencia del virus en esas poblaciones. En otras palabras: cuando el paisaje pierde complejidad, pueden prosperar especies que conviven mejor con la actividad humana y que, al mismo tiempo, mantienen el virus en circulación.
Varias caras de la deforestación en Ushuaia para construcciones cada vez más precarias y urbanizaciones anárquicas:


Esta lógica se relaciona con el llamado efecto de dilución: en ecosistemas con mayor diversidad, las especies no reservorio pueden reducir la transmisión al “diluir” los contactos entre individuos de la especie que sí mantiene el virus. Un estudio publicado en Scientific Reports resume que, cuando las especies difieren en susceptibilidad a un patógeno, una mayor diversidad puede asociarse con menor prevalencia de infección en los hospedadores.
Ushuaia y el brote del MV Hondius: una hipótesis bajo investigación
El caso de Ushuaia muestra la sensibilidad de estas investigaciones. Tras el brote del MV Hondius, se planteó como hipótesis que algunos pasajeros pudieron haber estado expuestos a roedores durante actividades de turismo de naturaleza en el extremo sur de Argentina, incluida una salida de observación de aves en un área vinculada al relleno sanitario local. La OMS señala que las investigaciones sobre la historia de viaje y las posibles exposiciones del primer caso siguen abiertas, y que sugieren una posible exposición a roedores durante actividades de avistaje de aves, sin establecer aún una fuente definitiva.
Las autoridades de Tierra del Fuego rechazaron que Ushuaia sea señalada como origen del brote y remarcaron que la provincia no tenía antecedentes conocidos de casos por esa variante. AP informó que funcionarios locales cuestionaron la hipótesis del basural y recordaron que los pasajeros habían viajado durante meses por Argentina, Chile y Uruguay antes de embarcar.
Así crece la deforestación en Ushuaia, sobre las laderas de la Cordillera Fueguina:

La prudencia es central: no se puede afirmar que Ushuaia haya sido el foco. Pero el episodio sí permite señalar un riesgo general. Los basurales, residuos mal gestionados, galpones, campings, senderos con presencia de roedores y actividades de naturaleza en zonas endémicas pueden aumentar la exposición humana si no existen medidas de prevención.
Francia: el riesgo forestal del virus Puumala
En Europa, el ejemplo francés muestra otra dinámica. Santé publique France informa que los hantavirus están presentes principalmente en el cuarto nordeste de Francia, donde los casos humanos se asocian sobre todo al virus Puumala. Los pequeños brotes pueden ocurrir especialmente en primavera y verano, y las variaciones de incidencia se relacionan con la dinámica poblacional de los roedores reservorio y con la circulación viral entre ellos.

En Francia, las personas más expuestas son quienes viven cerca de bosques o hábitats favorables a roedores, quienes trabajan en bosques o zonas rurales y quienes realizan actividades forestales. Entre las situaciones de riesgo, la autoridad sanitaria menciona manipulación de madera, limpieza de lugares cerrados durante mucho tiempo y actividades que levantan polvo o remueven suelo en espacios potencialmente contaminados.
Este caso es importante porque muestra que el problema no siempre se reduce a “menos bosque, más virus”. En Francia, el riesgo se vincula con ecosistemas forestales donde vive el reservorio, el campagnol roussâtre o topillo rojo. El peligro aumenta cuando las actividades humanas entran en contacto con esos ambientes sin precauciones: trabajos forestales, caza, caminatas, limpieza de cabañas, galpones o viviendas rurales cerradas.
América Latina: virus Andes, turismo de naturaleza y expansión territorial
En América del Sur, el virus Andes es el más preocupante porque es el único hantavirus para el que se documentó transmisión limitada entre personas, generalmente en contactos estrechos y prolongados. La OMS señala que esa transmisión se ha registrado sobre todo en Argentina y Chile, y que suele poder contenerse con detección temprana, aislamiento, manejo clínico y rastreo de contactos.
El basural de Ushuaia, punto de partida de la epidemia de Hantavirus a bordo del crucero Hondius:

Argentina mantiene vigilancia epidemiológica por hantavirus. El Ministerio de Salud informó en mayo de 2026 la actualización del Boletín Epidemiológico Nacional con datos específicos sobre hantavirus y seguimiento del brote vinculado al crucero. Además, las autoridades sanitarias argentinas recuerdan que el síndrome cardiopulmonar por hantavirus puede comenzar con síntomas similares a un cuadro gripal —fiebre, dolores musculares, escalofríos, cefalea, náuseas, vómitos, dolor abdominal y diarrea— y progresar a insuficiencia respiratoria aguda y shock cardiogénico.
Las zonas de bosque andino-patagónico, áreas rurales, campings, cabañas y espacios donde hay contacto con roedores silvestres requieren medidas preventivas. La expansión de actividades turísticas hacia áreas remotas también aumenta la necesidad de información clara para visitantes: no acampar cerca de basura, no ingresar a galpones o cabañas sin ventilar, evitar contacto con roedores y limpiar superficies potencialmente contaminadas con métodos seguros.
El turismo de naturaleza también debe adaptarse
El turismo de naturaleza no es el problema en sí. El riesgo aparece cuando se desarrolla sin gestión ambiental, sin control de residuos y sin información sanitaria. Observación de aves, trekking, campamentos, pesca, estancias, refugios de montaña, cruceros de expedición y recorridos por áreas remotas pueden exponer a viajeros a ambientes donde circulan roedores reservorio.
El caso del MV Hondius muestra cómo una exposición posiblemente ocurrida en tierra puede transformarse luego en un evento internacional por la movilidad turística. La OMS remarcó que el ambiente del barco aumentaba el riesgo por los espacios compartidos, la convivencia estrecha y la exposición prolongada entre pasajeros y tripulantes.
Para reducir riesgos, no alcanza con actuar cuando aparece un caso. Se necesitan protocolos previos: manejo de residuos en áreas naturales, control de roedores en alojamientos, ventilación y limpieza segura de cabañas, educación a guías y viajeros, información visible en zonas endémicas y coordinación entre salud, ambiente y turismo.

Qué puede pasar en otras regiones del mundo
Los hantavirus tienen distribución global. La agencia británica UKHSA recuerda que están presentes en áreas de Europa, África, Asia y Sudamérica, y que las infecciones humanas tienden a ocurrir donde personas y roedores coexisten, especialmente en entornos rurales y agrícolas, aunque también pueden aparecer en galpones, graneros, cabañas o casas de vacaciones donde anidaron roedores.
La OMS estima que las infecciones por hantavirus son relativamente poco comunes a escala global, pero pueden tener alta letalidad según la región y el virus. En Asia oriental, especialmente China y Corea del Sur, se notifican miles de casos anuales; en Europa, varios miles, principalmente en regiones donde circula Puumala; y en América, el síndrome cardiopulmonar por hantavirus es más raro, pero con letalidad habitualmente elevada.
En ese contexto, la deforestación, la expansión agrícola, el crecimiento urbano desordenado, el cambio climático y la pérdida de biodiversidad no deben verse como asuntos ambientales separados de la salud pública. Son factores que pueden modificar la distribución de roedores, su abundancia, el contacto con humanos y la circulación de virus.
Prevención: la barrera más eficaz sigue siendo reducir el contacto con roedores
No existe una vacuna de uso general contra los hantavirus ni un tratamiento antiviral específico que cure la enfermedad. La OMS indica que la atención médica temprana y el soporte clínico son claves para mejorar la supervivencia, y que la prevención depende sobre todo de reducir el contacto entre personas y roedores infectados.
Las medidas básicas incluyen sellar aberturas por donde puedan entrar roedores, almacenar alimentos en recipientes cerrados, mantener limpios hogares, depósitos y lugares de trabajo, evitar la acumulación de basura, ventilar espacios cerrados antes de ingresar y no barrer ni aspirar excrementos de roedores en seco. La OMS recomienda humedecer o desinfectar áreas contaminadas antes de limpiar y reforzar la higiene de manos.
En zonas turísticas o rurales, estas indicaciones deberían incorporarse a guías de viaje, señalización en parques, protocolos de alojamientos, campings y excursiones. Para trabajadores forestales, agrícolas, guías de naturaleza y personal de limpieza, la capacitación debe ser específica.
La alerta de fondo: conservar también es prevenir epidemias
El riesgo de hantavirus no se resuelve sólo con hospitales, laboratorios y cuarentenas. Empieza mucho antes, en la forma en que se organizan los territorios. Deforestar, fragmentar hábitats, acercar basura a la fauna, expandir cultivos sin barreras ambientales o promover turismo en áreas silvestres sin protocolos puede aumentar la probabilidad de exposición a roedores infectados.
El mensaje no es de pánico: la mayoría de las personas no está en riesgo inmediato y los brotes pueden contenerse con vigilancia, aislamiento y rastreo. Pero el brote del MV Hondius funciona como advertencia. En un mundo de viajes rápidos, cruceros de expedición y presión creciente sobre ambientes naturales, una exposición local puede convertirse en un problema internacional.
La salud humana, la salud animal y la salud de los ecosistemas forman parte de un mismo sistema. En el caso de los hantavirus, proteger bosques, manejar residuos, restaurar ambientes degradados y reducir el contacto riesgoso con roedores no son sólo medidas ambientales: son políticas de prevención sanitaria.








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