Mientras los vuelos de cabotaje registran un crecimiento sostenido en Argentina, impulsados en gran medida por el colapso de la red vial y la falta de alternativas ferroviarias eficientes, el país aún enfrenta una paradoja estructural. Pese al aumento de pasajeros, Argentina mantiene una de las tasas de vuelos por habitante más bajas de la región, condicionada por una carga impositiva que supera el 50% del valor del pasaje y una conectividad federal que todavía resulta insuficiente. El avión surge así no solo como una opción de transporte, sino como una vía de escape necesaria ante rutas nacionales que presentan niveles críticos de deterioro y siniestralidad.
Desde 2024, los viajes en avión dentro de Argentina han mostrado un crecimiento sostenido, alcanzando cifras significativas como los casi 3 millones de pasajeros en marzo de 2026. Sin embargo, este fenómeno no responde únicamente a una mejora en el sector aerocomercial, sino que funciona como una vía de escape ante el deterioro histórico de la red vial y ferroviaria. A pesar de este incremento, el país mantiene una de las tasas de vuelos por habitante más bajas de la región.
La red vial: Una “trampa mortal” que empuja a los pasajeros al aire
El desvío de pasajeros hacia el avión coincide con una crisis profunda en las carreteras nacionales. Según un informe técnico de los trabajadores de Vialidad Nacional, el 70% de la red vial se encuentra deteriorada debido a la parálisis de la obra pública y la falta de mantenimiento preventivo.
Este abandono ha transformado rutas estratégicas en trayectos de alto riesgo:
- Ruta Nacional 11 (Resistencia, +80 % de vuelos): A más de 20 años de tragedias emblemáticas, la ruta sigue siendo una sola cinta asfáltica sin banquinas en gran parte de su extensión.
- Ruta Nacional 3 (Trelew, +49 % y Viedma, +16 %): El tránsito pesado de las industrias petrolera y pesquera colapsa una carretera que a menudo presenta congelamiento y carece de infraestructura de autovía.
- Ruta Nacional 33 (Bahía Blanca, +30 %): Conocida por su alta siniestralidad, conecta los puertos de Rosario y Bahía Blanca sin haber cumplido las promesas de convertirse en autopista.
- Ruta Nacional 38 (Catamarca, +22 %): Apodada “la ruta de la muerte”, soporta un tránsito densísimo entre Córdoba y Tucumán sin la seguridad de una autovía.

La inseguridad vial es alarmante: en 2025, las víctimas fatales en accidentes de tránsito aumentaron un 14 % interanual, alcanzando las 4.369 muertes (un promedio de 12 personas por día).
El sistema ferroviario: De “hoteles sobre ruedas” a la obsolescencia
El tren, que supo tener más de 40.000 kilómetros de vías, hoy no representa una alternativa competitiva frente al avión o el ómnibus. El desmantelamiento estructural de la red argentina (una de las más completas del mundo a principios del siglo XX) comenzó tras la nacionalización de 1948. En la actualidad, aunque existen servicios operativos desde Retiro hacia Rosario, Córdoba y Tucumán, el estado de las vías obliga a tiempos de viaje excesivos:
- El trayecto a Tucumán supera las 31 horas.
- A Córdoba demora 18 horas, incumpliendo frecuentemente los horarios.
- A Rosario tarda 6 horas y media, mientras que un ómnibus realiza el mismo recorrido en 4 horas.

La Argentina en el contexto regional: Conectividad limitada y altos costos
A pesar del aumento en el número de pasajeros, el avión en Argentina sigue siendo percibido como un privilegio y no como un servicio masivo. El país presenta el promedio de vuelos por habitante más bajo de América Latina, realizando solo una fracción de los viajes internos comparado con vecinos como Chile o Colombia.
Factores que frenan el crecimiento:
- Carga Impositiva: Los impuestos y tasas aeroportuarias pueden representar más del 50 % del valor final del pasaje.
- Falta de Competencia: El mercado depende de solo tres compañías aéreas, lo que limita las rutas y frecuencias.
- Centralismo: La mayoría de los aeropuertos secundarios cuentan con apenas un par de conexiones diarias, y muchas ciudades pobladas carecen de conectividad aérea notable.
Este escenario genera que, aunque los argentinos busquen el avión para evitar las “emboscadas” de las rutas, el sistema aerocomercial todavía tiene un largo camino para alcanzar los estándares de competitividad y acceso de la región.








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