Una especie de delfines “sin” nariz y con “tatuajes” en la piel

El delfín de Risso es una especie oceánica de gran tamaño, reconocible por su cuerpo cubierto de cicatrices blancas y su cabeza redondeada sin hocico marcado. Presente en mares templados, subtropicales y tropicales, también habita el Mediterráneo. Cómo es, de qué se alimenta, cuál es su estado de conservación y por qué sigue siendo un cetáceo poco conocido.

El delfín de Risso (Grampus griseus – también llamado delfín gris) es uno de los cetáceos más llamativos del mundo marino. Aunque pertenece a la familia de los delfines, su aspecto lo diferencia con claridad de especies más conocidas: tiene una cabeza redondeada, un cuerpo robusto, una gran aleta dorsal y una piel que, con la edad, se va cubriendo de cicatrices blancas hasta volver a algunos ejemplares casi totalmente claros.

Se trata de un mamífero marino de hábitos principalmente oceánicos, asociado a aguas profundas, y distribuido en buena parte de los océanos del planeta. A pesar de su amplia presencia, sigue siendo una especie difícil de estudiar y relativamente poco conocida en comparación con otros delfines.

Cómo es el delfín de Risso

El delfín de Risso puede medir entre 2,6 y 5 metros, aunque muchos adultos se ubican en el rango de 3 a 4,5 metros, y pesar entre 300 y 500 kilos. Los recién nacidos miden cerca de 1,1 a 1,5 metros. Su cuerpo tiene una forma particular: la parte delantera es muy robusta y la posterior se afina de manera marcada hacia la cola.

Uno de sus rasgos más distintivos es la cabeza, con un “melón” muy desarrollado y prácticamente sin hocico visible. También presenta una singularidad dentaria: no tiene dientes en la mandíbula superior y solo conserva entre 2 y 7 pares de dientes puntiagudos en la inferior.

Su coloración cambia con la edad. Nace con tonos grises o pardo claros, se oscurece durante los primeros años y luego, a medida que acumula cicatrices lineales en la piel, se aclara progresivamente. Esas marcas son consecuencia de interacciones sociales con otros individuos y resultan tan características que ayudan a identificar ejemplares concretos en estudios científicos.

Dónde vive y cuál es su distribución

El delfín de Risso es una especie pelágica, es decir, asociada al mar abierto. Suele frecuentar aguas de entre 400 y 1.000 metros de profundidad, aunque también puede acercarse al borde de la plataforma continental e incluso, ocasionalmente, a zonas costeras.

Su distribución es muy amplia: está presente en todos los océanos templados, subtropicales y tropicales, aproximadamente entre los 60° norte y 50° sur, y también en el mar Mediterráneo. Es, por lo tanto, una especie cosmopolita, aunque no siempre fácil de observar por sus hábitos discretos y su preferencia por áreas profundas.

Alimentación y comportamiento

A diferencia de otros delfines que cazan peces con frecuencia, el delfín de Risso es sobre todo teutófago: su dieta se basa casi exclusivamente en cefalópodos, como calamares y sepias. Solo de manera ocasional consume peces pequeños. La búsqueda de alimento ocurre sobre todo por la noche y puede realizar inmersiones de caza de hasta media hora.

En superficie suele mostrarse como un animal relativamente calmo y reservado. Nada de forma lenta, dejando ver la parte delantera del cuerpo y su gran aleta dorsal. Según una de las fuentes aportadas, cuando se desplaza en superficie puede mostrar actividad intensa y saltos acrobáticos; otra lo describe como menos saltador que otros delfínidos y más proclive a posturas curiosas, como emerger verticalmente con la cabeza o con la cola fuera del agua. En conjunto, esto sugiere que su conducta visible puede variar según el contexto y el grupo observado.

Vive en grupos de 10 a 50 individuos con cierta frecuencia, aunque cerca de la costa también se lo ve en agrupaciones más pequeñas y, mar adentro, puede formar concentraciones mucho mayores.

Reproducción y ciclo de vida

El delfín de Risso tiene una reproducción lenta, algo habitual entre los cetáceos. La madurez sexual llega alrededor de los 10 años, la gestación dura cerca de 13 meses y, en promedio, las hembras tienen una cría cada tres años. No se conoce una estación reproductiva fija claramente establecida.

Este ritmo demográfico lento hace que cualquier presión sostenida sobre la especie pueda tener efectos importantes a largo plazo, porque la recuperación poblacional no es rápida.

Estado de conservación y protección

Sobre su situación de conservación, las fuentes aportadas muestran matices. Una ficha la ubica a nivel global en la categoría “Preocupación menor” (LC) de la UICN, mientras que otra subraya que la falta de datos ha dificultado su evaluación en ciertos contextos y remarca que sigue siendo una especie compleja de estudiar.

Más allá de esa diferencia, ambas coinciden en un punto central: el delfín de Risso está protegido por normativa y aparece incluido en distintos acuerdos y convenios internacionales de conservación de fauna marina.

Como ocurre con muchos cetáceos, el delfín de Risso enfrenta varias amenazas de origen humano. Entre las principales aparecen:

  • capturas accidentales en pesquerías;
  • contaminación marina;
  • ingestión de plásticos, en especial bolsas que puede confundir con cefalópodos;
  • y en algunos lugares, caza directa.

Su comportamiento más bien esquivo hace que, en comparación con otras especies, sea menos vulnerable al turismo de observación de cetáceos, aunque eso no elimina la necesidad de mantener distancias y respetar la regulación en el mar.

Por qué sigue siendo un animal poco conocido

A pesar de su presencia global, el delfín de Risso continúa siendo un cetáceo de estudio complejo. Su preferencia por aguas profundas, su relativa rareza en ciertas costas y la dificultad de seguir a los grupos en mar abierto limitan el conocimiento disponible. Por eso, programas de conteo aéreo, fotoidentificación y ciencia ciudadana siguen siendo claves para mejorar la información sobre la especie.

En definitiva, el delfín de Risso es uno de los mamíferos marinos más singulares del planeta: grande, enigmático, marcado por cicatrices que cuentan su historia y todavía parcialmente envuelto en misterio. Su amplia distribución no debería ocultar una realidad básica: como tantos otros cetáceos, depende de mares más limpios y mejor protegidos para sostener su futuro.