Sacarse los zapatos en el avión puede parecer un gesto inofensivo, sobre todo en vuelos largos, cuando la comodidad se vuelve prioridad. Sin embargo, especialistas en viajes y ex tripulantes advierten que esta costumbre puede traer problemas de higiene, riesgos en una evacuación y molestias para otros pasajeros. En un espacio cerrado como la cabina, mantener el calzado puesto no es solo una cuestión de protocolo: también puede ser una medida práctica de seguridad.
No sacarse los zapatos en el avión es una medida sencilla que ayuda a reducir riesgos. Puede parecer un detalle menor, pero suma en tres frentes clave: higiene, seguridad y convivencia En tiempos en que cada vez más personas buscan viajar cómodas, vale recordar que la comodidad no siempre pasa por estar descalzo. A veces, la mejor decisión para un vuelo más seguro y limpio es justamente la más simple: dejarse los zapatos puestos.
La falsa sensación de limpieza dentro del avión
Aunque el interior de un avión suele verse prolijo, eso no significa que los pisos estén profundamente desinfectados entre un vuelo y otro. En las escalas cortas, los equipos de limpieza trabajan con muy poco tiempo y, en general, priorizan lo visible: retirar residuos grandes, acomodar la cabina y dejar una buena impresión estética.
Eso implica que los suelos del avión no siempre reciben una limpieza profunda entre rotaciones. Por eso, caminar descalzo o solo con medias puede exponer al pasajero a restos de suciedad, bacterias y fluidos que no necesariamente se ven a simple vista.
El baño del avión, el punto más crítico
Uno de los lugares más delicados es el sanitario. Entrar al baño de un avión sin zapatos es una práctica especialmente desaconsejada. En ese espacio puede haber salpicaduras, bebidas derramadas o fluidos que terminan empapando las medias o entrando en contacto directo con la piel.
Además, una vez que el pasajero vuelve a ponerse el calzado, puede trasladar esa suciedad fuera del avión y llevarla incluso hasta su casa. En ese sentido, el riesgo no es solo momentáneo, sino también posterior al viaje.
Mantener los zapatos puestos también es una cuestión de seguridad
Más allá de la higiene, hay un motivo todavía más importante para no quitarse los zapatos durante un vuelo: una eventual evacuación de emergencia. Si hubiera que abandonar la aeronave de forma repentina, el piso podría estar cubierto de restos de vidrio, partes metálicas, superficies calientes u otros elementos peligrosos.
En ese escenario, salir descalzo o perder tiempo buscando el calzado debajo del asiento puede complicar la evacuación y aumentar la posibilidad de lesiones. Por eso, la recomendación más repetida entre ex miembros de tripulación es simple: usar zapatos cómodos, pero no sacárselos durante el vuelo.

Un gesto de comodidad que puede incomodar a los demás
En la cabina, donde muchas personas comparten varias horas en un espacio reducido, también entra en juego la convivencia. Sacarse los zapatos puede generar olores molestos que se expanden rápidamente y afectan a otros pasajeros. Lo que para una persona es una forma de relajarse, para otra puede resultar muy incómodo.
En los vuelos, el confort individual tiene un límite claro: no debería perjudicar al resto. En ese sentido, mantener el calzado puesto también es una forma de respeto.
Qué tipo de calzado conviene usar para viajar en avión
La mejor opción no es viajar con zapatos incómodos, sino elegir un calzado que combine practicidad y seguridad. Lo ideal es optar por:
- zapatillas o zapatos livianos
- modelos fáciles de poner y sacar en controles de seguridad
- calzado cerrado, especialmente en vuelos largos
Este tipo de elección permite viajar más cómodo sin resignar protección.
Otro detalle poco pensado: los compartimentos superiores también se ensucian
Las advertencias del personal de vuelo no se limitan al piso. También suelen señalar que los compartimientos de equipaje de mano acumulan suciedad proveniente de las ruedas de las valijas, además de posibles derrames de cosméticos o lociones. Por eso, tampoco conviene apoyar directamente allí prendas delicadas, abrigos o ropa que después vaya a estar en contacto con la cara o el cuerpo.








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